lunes, 6 de marzo de 2017

Sube el Volumen

 Acompañamiento para la Gestión del Cambio 


(Pulsa la flecha de play para ver el vídeo)

Sube el volumen. Mira hacia afuera y observa cómo la gente está ocupada con sus vidas.

Y piensa: ¿por qué estoy aquí en este planeta?

¿Cuál es el significado de todo esto?, ¿La pena?, ¿La lucha?, ¿El amor?,  ¿A qué?

Tanto si eres creyente en Dios como si no, puedes tratar al menos de ser una buena persona..., el Amor puede ser una buena respuesta.

Una de mis películas favoritas, Interestellar, de cuya magnífica banda sonora es autor el gran Hans Zimmer (uno de mis compositores favoritos) te transporta a otra dimensión. En esta película se habla de los universos paralelos, de las distorsiones espacio-temporales.



No es fácil entenderla, es una película de las de discurrir y permite profundizar un poco en la relatividad y en las emociones.

Tiene mucha trama emocional.

Unos días antes de escribir esta reflexión le pregunté a mi hija de 11 años entonces:
- ¿Cómo estás?
Y me contestó: 
- ¡Viva!

Joer, en una sola palabra, cuántas cosas ¿no? Y dicha por una niña de 11 años, qué quieres que te diga...
 
Me puse a reflexionar (no es difícil eso en mi) y dando unas cuantas vueltas, muchas, llegué a Interestellar.

El cine es una buena referencia a tener en cuenta. Las películas cuentan historias de personas y de acontecimientos que les suceden y de lugares. Aunque, ojo, la historia más importante es la tuya propia, no te vayas a olvidar.

Las películas cuentan también historias del pasado y del futuro. 

Y en esas historias podemos ver el presente de los personajes.

También nos muestran las emociones. 


En esta cinta del director Christopher Nolan, se suman muchas cosas: Pasado, futuro, tiempo, espacio, emociones, ciencia...

Da que pensar. Mucho si uno se pone:

Relatividad general, dilatación temporal, agujeros negros y paradojas asociadas a viajes en el tiempo.

Física teórica. 

A mi me apasiona. No soy ningún experto para nada, pero reconozco que toda esa información científica me hace tomar conciencia de lo relativo que es todo. Y me ayuda a lidiar con los "problemas" que percibo como tales en mi vida.

En la película, la humanidad no tiene futuro. 

A veces me pregunto por el futuro de la humanidad. 
Todo son dudas. 

Pero hay una esperanza en esa historia. 

Un "Ellos" que nos regalan un futuro. 

"Ellos", seres de otra civilización que viven en un espacio - tiempo de cinco dimensiones, paralelo a nuestro espacio- tiempo de cuatro dimensiones. 

"Ellos" han creado un agujero de gusano que conecta nuestra galaxia con otra galaxia (de nuestro universo o de algún otro universo paralelo) 
El punto de entrada se encuentra en las cercanías de Saturno. Y el punto de salida está en un sistema planetario con siete planetas en órbita alrededor de un agujero negro supermasivo.
 
Los protagonistas sólo visitan tres de ellos.

Estos seres que viven en cinco dimensiones incitan a un científico a proponer una misión espacial rumbo a ese sistema planetario, en busca de un planeta habitable que regale un futuro a la humanidad en alguno de los tres planetas: Miller, Edmunds y Mann.

¿Pero en cuál?

El protagonista, debe abandonar entre lágrimas a su hija, que se quedará en la Tierra y acabará siendo una famosa física teórica, completando el trabajo iniciado por el profesor que recibió la señal. 

Una teoría cuántica de la gravedad.

Complicadillo ¿verdad?

El espectador medio no tiene conocimientos de física y en la película varios protagonistas tratan de explicarle los conceptos básicos de la física de los agujeros negros en rotación, el horizonte de sucesos y la ergosfera, así como la diferencia entre la singularidad de un agujero negro de Schwarschild y uno de Kerr.

Cosa que realmente, al menos en mi caso, no lograron.

Pero, a lo que quiero ir es a la parte emocional. Ahí sí me manejo algo mejor.

Esta película marca un punto de inflexión al saber combinar los hechos científicamente posibles y predictivos de la ciencia en el futuro, en combinación con la fuerza impulsora de las emociones: Amor, Esperanza, Rabia, Deseo de Explorar, Inconformismo.

Fusión de la Razón con las Emociones que nos impulsan a actuar.

Ante el Desánimo, el Amor nos mueve para encontrar una solución razonable.

Inconformismo ante la mediocridad.

Sin Valentía no hay Superación.

El héroe moderno se arriesga para salvar a los demás.

Necesidad emocional de estar en conexión con los demás y de hacer algo que aporte soluciones a la sociedad.

En la película Interstellar podemos sentir la Ciencia, la Filosofía y las Emociones todas juntas e interdependientes. Eso es lo que hace diferente a esta película, que habla de mucho más que de viajes interestelares.

La actriz Anne Hatthaway, que encarna a una de las protagonistas, comenta:
 
"En Interstellar nos enfrentamos a la sensación de pérdida y sacrificio, las dos mayores emociones que puedes reflejar en el cine".

La película emociona y mucho. Abruma desde su espectacularidad épica.

Interestellar es un viaje a través de las estrellas hecho desde el corazón. 

Lo único que puede salvar a la humanidad del fin es la propia humanidad, el amor como fuerza capaz de todo, como recurso fundamental sobre el que edificar el resto. 

"Antes mirábamos hacia el cielo y nos preguntábamos  cuál sería nuestro lugar en las estrellas, ahora miramos hacia abajo angustiados por cuál será nuestro lugar entre el polvo" 

Esta frase, dicha por el protagonista, es una buena muestra de esas emociones de las que hablo. Esperanza, angustia...

Por encima de la ciencia están los sentimientos. 

Esta es probablemente la película de Nolan con más carga emocional. 

Todo se reduce al amor, el amor está por encima de la ciencia y lo racional. Esto enriquece la ficción y le aporta un valor mucho más humano. 

Al comienzo, la película se centra mucho en la construcción de los personajes para que podamos entender sus motivaciones y cómo se relacionan entre sí. 

Después hay una parte de acción, sin olvidar nunca el lado sensible, para acabar de forma muy emocional, con una emotiva escena

Y es que la base de todo es la relación entre un padre y su hija, un vínculo que está, para mi, muy bien creado y desarrollado.




En fin, emociones humanas, en un contexto de ciencia y aventura espacial.

No tengo que decir que el espacio me apasiona, también la ciencia y sobre todo las emociones.

Sube el volumen y a sentir.
(Si no has visto la película, la recomiendo)

Jorge Arizcun

miércoles, 1 de marzo de 2017

Instantes de luz

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





Bueno, pues ya se va acabando este lunes.

El tiempo pasa rápido... ¿o no?

Realmente es para pensarlo. El tiempo. 

Hablaba en otra entrada de la relatividad, de que hay que relativizar. El tiempo sí que es relativo. Y tanto.

Y lo cierto es que el tiempo no existe, es una percepción y un invento humano. Solo hay un tiempo, el presente, el ahora. 

Y el tiempo es lo que hay entre el ahora y el siguiente ahora. ¿Qué siguiente ahora?, ¿el de una milésima de segundo después?, ¿el de un segundo después?, ¿el de una hora después?, ¿el de un día, o una semana, o un mes, o un año, o un siglo después? 

Pues ese tiempo no existe. Porque después no existe. Y cuando existe es ahora.

La percepción del paso del tiempo es eso, una percepción. Y la tenemos porque hemos tenido que inventar esa medida, al tener conciencia del pasado y del futuro.

Somos la única especie del planeta que usa el reloj. Y las unidades de medida establecidas son arbitrarias. Inventadas.

Si os fijáis, el tiempo no pasa igual para todo el mundo. Cuando se es joven, parece que el tiempo pasase lentamente y cuando se es viejo lo contrario.

Dependiendo de la actividad que se esté haciendo, la percepción del paso del tiempo es distinta.

¿Cómo detener el tiempo?  Solo hay una forma: vivir el presente, el exacto instante en el que se está vivo.

En el presente sólo existe el instante presente. Que no es tangible, ni medible. ¿Qué es un instante? Si eres un oso perezoso es una cosa y si eres una mosca es otra.

Es muy complicado de entender, por eso hemos puesto nombre a las fracciones de tiempo. Y vemos el tiempo como un continuo pasar, como algo lineal, que avanza desde el pasado hasta el futuro, pasando por el momento presente.

Pero el tiempo puede detenerse, o así podemos percibirlo nosotros, por ejemplo en una situación límite. 

¿Y que pasa cuando morimos?, ¿se detiene el tiempo para nosotros?, ¿pasa el tiempo por nuestro recuerdo en la mente de los que quedan? 

Cuando Albert Einstein publicó su famosa teoría de la relatividad, de la que salió la famosa fórmula de: energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado, demostró que el tiempo físico es absolutamente relativo.

Si viajas a la velocidad de la luz, el tiempo se detiene. Tu llegas en un segundo, pero para los que se quedan en la tierra habrás tardado muchos años.

Además del tiempo físico existe el tiempo psicológico.
El tiempo físico depende del estado de movimiento del observador.

En el tiempo psicológico, hoy, cuando casi han transcurrido 24 horas para todos desde que comenzó, según esa escala de tiempo, la percepción de esas 24 horas es completamente distinta de una persona a otra. 

A unos se les habrá hecho eterno, a otros les habrá parecido muy corto y otros no habrán tenido conciencia del tiempo.

Hay personas que no llevan reloj, aunque todos con los dispositivos móviles, al menos en el primer mundo, tenemos acceso a uno y el tiempo se mide en todos lados, salvo como digo, en aquellos lugares en los que no hay acceso a la tecnología. Aún así, el paso de los días y las estaciones, suponen un patrón de medida.

Al igual que el tiempo físico es relativo, el psicológico también lo es. Aún más. 

Y hay algo que nos tiene en la incertidumbre más absoluta: ¿qué tiempo nos queda de estar vivos? ¿cuánto falta para el día o el instante de mi muerte?

Eso no podemos saberlo. Y esa incertidumbre puede ser angustiosa, si nos detenemos a menudo a pensar en ella.

Pero puede ser también un aliciente que nos incite a pensar que nuestra experiencia humana, corporal, terrenal, o como queramos llamar a nuestro tiempo vivos en nuestro cuerpo físico, no es proporcional al tiempo de reloj o de calendario que vivamos. 

Es lo que hagamos durante ese tiempo lo que vale. 

Si los instantes vividos plenamente conscientes pudieran iluminarse y los que han pasado desapercibidos permanecieran apagados, la suma de los instantes de dos personas que vivieran exactamente el mismo tiempo físico sería la misma.

¿Y si contáramos los instantes iluminados y los oscuros? Aquí sí que habría diferencias.

Los instantes apagados, son como tiempo que hubiésemos estado en coma. No vividos por nuestra conciencia.

La vida puede ser muy larga o muy corta, depende de cuánta luz sume. 

Esta es una forma bastante gráfica de verlo. Sin tantos tecnicismos. 

Es lo que hacemos con cada instante lo que vale, independientemente del numero de instantes en los que estemos vivos. 

Los instantes desperdiciados, o que han pasado sin estar nosotros presentes, son instantes de vida desperdiciados. Aunque los sentidos hayan estado ahí, percibiendo, ese presente, ese instante, no habrá sido vivido y será un instante apagado.

En la retícula de instantes que finalmente habrá conformado nuestra vida, la cantidad de instantes iluminados serán los que cuenten.

En nuestra mano está que el siguiente instante, que podría ser el último, sea un instante de luz. 

Poner luz en nuestra vida es cosa nuestra. Entrenar la conciencia del momento presente, no vivir en automático, es la fuente de energía de esa luz.

Ilumina tu vida. Sé consciente de ella. Vive.


Jorge Arizcun



lunes, 27 de febrero de 2017

Ganarse la Vida

  

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Ganarse la vida. 

¿Qué diantres significa eso?

El lenguaje crea realidades y la realidad que esa frase crea es perversa. Hay que ganarse la vida. No vives y ya, como un delfín o un girasol, no.

Tienes que ganártela. Porque la vida no es un regalo, hay que poder pagarla.

El lenguaje es poderoso, ¿te das cuenta? Y se instala en el subconsciente. 

Yo me gané la vida por el solo hecho de nacer. Por eso ya me la gané. 

Pero, ¡ah no! ¡que soy un humano occidental! ¡del primer mundo!
¡ah!, ¡haber nacido de otra especie!  Se siente...

Y claro. Como la vida no te la has ganado, pues a ganársela. A sufrir. 

Y da igual. Te la ganas y un día ya no. 

No cuenta mucho lo de antes. Te jodes y a ganársela otra vez, porque la has perdido. 

Pero si yo estudié y he trabajado mucho y duro...

Ya. Pero eso fue antes. Ahora no. Ahora tienes que volver a ganarte la vida. 

¿No es absurdo y dramático esto?

¿Y si no me la ganó? 

Pues, prepárate para pasarlas canutas. 

Porque vas a pasarlo mal..

O no. Porque es decisión mía cómo lo paso.

Pero la sociedad en la que vivo es así. Si no produces no ganas. Si no ganas no vives. 

O sí.

¿Qué es vivir? ¿tener dinero para poder comprar? 

Demasiado superficial ¿no?

Y demasiado absurdo. 

Y demasiado terrible.

Yo tengo que venderme a cambio de dinero y así "me gano la vida", sino la pierdo.

Sin entrar en más análisis, es un disparate.

¿Te acuerdas de los indígenas de los que hablaba en otra entrada?
Sí, esos pobrecitos que vivían junto al mar y la selva, sin dinero en plena naturaleza tropical...
 
Puede vivirse de otra manera. Sin la competición por tener, por ganar, sin la amenaza de perder. 

La vida no se gana. Se vive. Pero parece que aquí no. 

Pues nada. Habrá que ganársela. Como sea. Y ¿ese como sea, qué? 

¡Cuidado!. Que puede ser de muchas formas, algunas no muy bien vistas o incluso rechazadas. 

Eso no, tienes que ganarte la vida decentemente. ¡Uf! Define eso...

De verdad que de puro absurdo es dramático. Este se gana la vida, este no... 

Así, tal cual.

Pero..., ¡no hay peros! Si no te la ganas, no te la mereces.

Mejor ser delfín o girasol. Pero eso no se elige.

Cuánta gente no se merece la vida porque no se la gana. Ganar o perder. De eso se trata. 

Algo habría que hacer ¿no? 

Se me ocurre que podemos ser personas, iguales. Seres vivos que se han ganado el derecho a vivir tan solo por nacer. No unidades de producción y consumo. 

Yo, de momento lo reflexiono, lo escribo y lo comparto. ¿Me gano la vida haciéndolo? Si cobro por ello sí. Sino no. 

Elijo seguir haciéndolo. Igual estoy haciendo el idiota. Espero que no. 

¿Me lees? 

¡Quita, quita!,  que tengo que ganarme la vida. 

¿Qué vida?


Jorge Arizcun

domingo, 26 de febrero de 2017

La Vida Sigue

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal




La vida sigue

Y no espera por nadie. 

Todo pasa en instantes. Hasta la misma vida lo es.

Entonces, ¿por qué pararse? ¿por qué tanto preocuparse? Y ¿de qué? 
¿vale la pena?

Tengo una historia, mía, como la de muchas otras personas. Ni mejor ni peor. Ni buena ni mala. 

Ayer tuve que tomar una decisión. Una difícil decisión por su trascendencia. 

Y ese momento era impensable dos días antes. Porque era absolutamente imposible de prever.

Ayer tuve que decidir que a mi perra kyra le hicieran la eutanasia.

Muchas personas se enfrentan a una decisión así y los que tienen mascota saben que es un momento muy duro, ya que afecta mucho y afloran emociones fuertes y encontradas.

Kyra estaba bien. Muy bien. Y antes de ayer ya no. Un problema interno medular la dejó paralizada de los cuartos traseros. De golpe. Así, de un día para otro.

Y también de golpe te ves envuelto en una vorágine de acontecimientos y sentimientos. 

En pocas horas todo cambia y se altera. Cuento lo de mi perra por el desenlace, que afortunadamente puede decidirse. La eutanasia es un derecho y una opción que tienen los animales. Las personas, salvo en algunos países, no.

Y cuando reflexiono ahora, un día después de lo que yo personalmente viví como un momento terrible, me doy cuenta que depende. 

Terrible para mi. No para kyra. Porque era lo mejor para ella. Tuvo suerte de que su dueño estuviese ahí para tomar la decisión. La mejor decisión para ella.

No la que me hubiera gustado tomar. 

Pero no es cuestión de gustos, si de lo que es correcto. 

Y aún esto depende. Correcto para mi, según yo lo veo. Para otra persona quizás no.

Al final es una decisión. Y hay que tomarla, en uno o en otro sentido. Y ocurre así, de repente. Sin esperarlo, sin poder prepararse.

Y al día siguiente te das cuenta una vez más que la vida sigue, que todos los seres tenemos nuestro tiempo y que es correcto así. Porque así funciona la vida.

Kyra era joven y fuerte. Tan fuerte y vital que su lesión la provocó su fuerza y su vitalidad. Vivió su tiempo con plenitud física, con mucho cariño y a tope. Como era ella. 

Vino en el momento justo y se fue cuando le tocó irse. Sin más. 

¿Podía preverse? No. Sucedió. Como sucede todo.

Por eso no vale la pena preocuparse. No es razonable tratar de saber del futuro. Ni del de mañana. Ni del de dentro de un momento. 

Kyra vivía en el ahora, sin preocupaciones. Sin comerse el coco. Cada momento. Intensamente. 

No se decía, "no corras tanto que te vas a romper", no. Corría todo lo que podía y siempre que podía. Era su naturaleza. Y la envidio.

Todo estaba siempre bien en su mundo. Un ser puro sin contaminación mental. 

Viviendo. Sin más.

No es mal espejo en el que mirarse. 

Yo creo que hay que aprender mucho de la naturaleza. De los animales. De los seres vivos, los ecosistemas. 

Pero de eso puedes darte cuenta si tras un acontecimiento como el que viví yo ayer, junto a mi querido hermano, que me acompañó y ayudo en este trance, tratas de sacar una enseñanza. 

Yo creo que la he sacado y que la experiencia valió la pena. Sino, ¿para qué las lágrimas?

Sólo para sentir la emoción que algo así provoca. Y para reflexionar: ¿qué tengo que aprender de esto?

Pues esta reflexión es parte de ese aprendizaje. 

Kyra no era mía. Era parte del todo, como todos los seres y objetos. Vino a mi vida y compartimos un tiempo. Y fue una experiencia buena para los dos y para los que compartieron también tiempo con ella.

Sin más. Vino y se marchó. 

Pero hay algo que se resiste a esta aceptación. La mente, el apego del ego
.

Hoy kyra vive en mi recuerdo de ella y mi vida continúa. En mi mano está sonreír ante ese recuerdo o sufrir porque ya no está. 

Estoy triste pero también contento. Todo ha sido como tenía que ser. No como yo hubiera querido que fuera. Y aceptarlo es crecer a partir de ahí.

La experiencia de ayer fue intensa. Pero ni buena ni mala. Sólo fue.

Y para terminar esta reflexión, en este día raro, un regalo que me hizo ayer mi hijo de 14 años con esta frase:

"Papi, cuando pierdes algo o a alguien querido queda un sitio para que venga algo o alguien nuevo. Y hay que esperarlo con ilusión"

Pues con ilusión lo espero y espero que sea tan maravilloso e intenso como lo ha sido kyra. 

Hasta siempre compañera. Y gracias por la enseñanza.




Jorge Arizcun

domingo, 19 de febrero de 2017

A VECES LOS SUEÑOS SE CUMPLEN

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





Esta es una frase que escuché este fin de semana en una presentación de fotografía, en boca de la fotógrafa que logró llevarla a cabo.

La vida tiene momentos tristes y momentos muy felices​. Esta vez le tocaba a esta fotógrafa uno de esos momentos de felicidad y plenitud, que se transmitía e irradiaba con su expresión, con el brillo de sus ojos y su sonrisa.

Claro que los sueños se cumplen. 

Ahí están, para perseguirlos y hacerlos realidad. 

En el caso de esta profesional, de la que, aparte de saber que es fotógrafa y que le ha llevado un año preparar el proyecto, no sé nada de su vida, ni de si en esa vida lo ha pasado bien, mal o muy mal. 

O las tres cosas.

Lo que está claro es que su expresión reflejaba la satisfacción por un sueño cumplido, t
ras perseguirlo, lo que conlleva creer en él, creer en uno mismo y trabajar para hacerlo realidad.

Tampoco sé las dificultades que ha tenido que superar, ni cuántas veces estuvo tentada de abandonar.

Todo eso quedó atrás y se suma a la satisfacción de haber superado los obstáculos y las voces que le sugerían, bien por mirar al pasado o por temor al futuro, que no lo intentara.

Ella perseveró y el resultado no sólo es por el magnífico trabajo realizado, sino por la fortaleza y la perseverancia.

Es un buen ejemplo de reflexión. Cuántas veces ni siquiera se intenta y queda ahí como un sueño incumplido, por no perseguirlo.

A veces un sueño, que puede parecernos descabellado poder cumplir, es precisamente el que podríamos hacer realidad si nos atreviéramos a pensar que es posible y diéramos el primer paso.

Y cuántas veces ese sueño que nosotros sí nos atreveríamos a intentar, no puede hacerse realidad porque no lo hacemos por miedo a lo que puedan decir o pensar otras personas.

Estamos llenos de miedos y de estereotipos de vida. 

Y la vida es todo menos un estereotipo. 

Es un campo de infinitas posibilidades. 

Creer es crear.

La realidad la creamos nosotros, si queremos y creemos que podemos hacerlo.

Porque uno de los saltos evolutivos importantes es el de llegar a saber que podemos crear nuestra realidad. 

No que podemos. Saber que lo hacemos constantemente. 

Y cuando se llega a ese estado de evolución personal, a los imposibles se les empiezan a caer las dos primeras letras y ese campo de infinitas posibilidades, en el que se incluyen todos los sueños, se nos abre. 

Y sabemos que querer es poder. 

Y nos atrevemos a dar ese primer paso en la dirección de nuestra intención, que es cumplirlo.

A veces los sueños se cumplen, pero no lo hacen ellos solos. 

Somos nosotros los que hacemos que se cumplan, creyendo que son posibles y que somos capaces. 

Sólo así nos podemos atrever a intentar hacer que se cumplan y podemos mirarlos de frente sin miedo, ni a nosotros ni a lo que puedan decir o pensar los demás.

Yo voy a intentar cumplir el mío, ¿y tú?

Por cierto, la exposición de fotografía fue una pasada. Y la satisfacción de la autora más.
Creer es crear.

Jorge Arizcun