
Acompañamiento para la gestión del Cambio
REALIDAD PARALELA - ANESTESIA EMOCIONAL
Hace tiempo que no veo series y tampoco veo películas habitualmente. Sí de vez en cuando, pero es algo esporádico.
En casa y por lo que sé en muchas casas, ver series es un deporte, especialmente en los y las adolescentes, que devoran temporadas completas y catálogos enteros de las plataformas.
A mi me gusta el cine y una buena serie. También me gusta el arroz con leche y no lo como todos los días, lo como de vez en cuando.
Cuando se consume contenido audiovisual constantemente se produce una saturación del cerebro y se merman capacidades de procesamiento, reflexión e incluso disfrute, aunque la persona que ve tantas historias seguidas sienta que es algo placentero. Lo es porque cumple la función de proporcionar la dosis que el cerebro reclama, pero se pierde profundidad y acaba siendo sólo consumo que incrementa la lista de lo visto. Otra cosa es la vivencia de la película, su calidad, la profundidad de la historia y la reflexión.
Cuando el cine constituye una evasión de la realidad, se convierte en un refugio a tiempo completo con el que anestesiar una insatisfacción vital, un estado de ansiedad, una situación social, la soledad. Realmente lo que se hace es contemplar cómo viven y afrontan sus problemas otros. Es más sencillo vivir las emociones de los personajes de las series que afrontar las nuestras.
Además, si se consume cine o series en exceso se abre la puerta a una realidad paralela que está en la ficción. Si se pasa mucho tiempo en la ficción se resta tiempo al mundo real y esto puede alterar nuestra percepción de la realidad o de las relaciones humanas y crearse expectativas irreales sobre el éxito, el amor, la amistad, las relaciones familiares, la violencia.
El tiempo es finito. El día dura lo que dura y además de descansar, que debería ocupar una tercera parte del tiempo, hay una serie de cosas que hay que hacer y que, si se está deslizando pantallas en el móvil o tirados viendo series en el ordenador, la tele o el teléfono, pues simplemente dejan de hacerse o se descuidan. Puede ser el ejercicio físico, la higiene personal y las tareas del hogar, limpieza, orden, la compra, la comida (que normalmente se convierte en un acto impulsivo alejado de lo saludable) Y por supuesto las obligaciones académicas o laborales. Vamos, procrastinación pura.
Además, ver series o películas constantemente pueden conducir al aislamiento (lo mismo pasa con el uso del móvil) pudiendo pasar a ser la preferencia frente a otros planes. A veces el plan es ver una serie con amigos, lo que sería mejor que verla solos, pero puede ser desconexión igual, si el consumo es excesivo, como lo es quedar con amigos y pasarse el tiempo con el móvil, juntos pero cada uno en su pantalla.
Si el consumo de series y contenidos multimedia es constante constituye un hábito que puede derivar en adicción y suponer una pérdida de atención crónica. La visualización de contenido “masticado” y rápido, disminuye la capacidad de concentración para tareas largas en el mundo real, el estudio, la lectura de un libro, un proyecto, las obligaciones. Las horas pasan y pasan y se vuelven improductivas. Mucho tiempo dedicado al consumo fácil y sin esfuerzo.
No digo que la afición al cine sea algo malo, pero una cosa es la afición y otra muy distinta es la adicción. Imagina que te gusta el fútbol y ves partidos sin cesar o que te gusta el cine y vas a una sala de cine a diario una o varias veces. No es sólo el tiempo dedicado sino la falta de control y las consecuencias a medio y largo plazo del consumo. Si se vuelve adictivo puede ser compulsivo y comerse mucho tiempo que necesitamos para otras cosas que están a este lado de la pantalla.
Si el consumo de series o películas tiene como fin desconectarse, no pensar, evadirse de la realidad, estamos ante una adicción que no va a ir a menos, pasando cada vez más tiempo y profundizando cada vez menos. Porque no es lo mismo ver cine como un cinéfilo, con criterio de elección, análisis del guion y la fotografía, información sobre el director o directora, los actores y actrices, con verdadera afición y afán de conocimiento, reposando lo visto, compartiendo con otras personas aficionadas, enriqueciendo la vida cultural, que ser un consumidor o consumidora que colecciona visualizaciones de innumerables series completas y catálogos de películas sin medir el tiempo consumido, ni cuándo se emplea y pasando de una a la siguiente, sintiendo ansiedad o sensación de urgencia sino se está viendo algo o no se ve la última serie.
“Esa ya me la he visto” es una expresión muy habitual entre quienes consumen habitualmente series y películas y acumulan cientos de ellas vistas. ¿Cuánto tiempo requiere y consume este hábito? Mucho, muchísimo. Además de tiempo consume cerebro.
Si tienes dudas sobre si eres adicto o adicta, fíjate en si sientes culpabilidad o frustración por el tiempo que pierdes (aquí aún hay esperanza) o si defiendes este hábito como un pasatiempo más y algo importante, si notas cambios en tu estado de ánimo cuando no tienes pantallas cerca (este es un indicador claro)
Cuidado con los atajos. Si buscas hacer tareas complejas que requieren concentración, esfuerzo, tiempo y constancia, mediante atajos, principalmente buscando contenidos multimedia relacionados, que sean resumidos, rápidos y que hayan desarrollado otros, no es que seas vago o vaga, ni que te falte capacidad o inteligencia. Esto es un síntoma de que tu cerebro está hiperestimulado por las pantallas y busca más pantallas, gratificación y resultados instantáneos. Tu mente está acostumbrada a la rapidez de consumo de series, pelis o móvil, por lo que ponerse a trabajar en cualquier proyecto o tarea que requiera concentración o repetición te genera un “aburrimiento doloroso” (literalmente puede llagar a producir dolor físico en determinado grado de adicción)
Procrastinas porque esas tareas y sus resultados te generan ansiedad por dos cosas: el esfuerzo que tienes que hacer y la posibilidad de fracaso.
No te fíes de los atajos, suelen ser ineficaces, no ayudan a realizar correctamente las tareas que tenemos que hacer y sólo buscan usar el mínimo tiempo y esfuerzo. Si se trata de algo intelectual los atajos dan una sensación falsa de aprendizaje. Sólo funciona la memoria a corto plazo, sin consolidación de la información.
Lo mejor es dedicar el tiempo que requiere cada cosa. Si voy a leer un libro, leerlo, no buscar resúmenes, si voy a realizar una tarea doméstica, hacerla empleando el tiempo necesario para hacerla bien, si voy a estudiar, organizarme y dedicar el tiempo y la concentración que requiere.
Es difícil cuando el cerebro grita: “¡¡¡quiero ver una serie!!!” pero poco a poco puede hacerse callar esa voz. Dite a ti mismo, a ti misma: “veremos la serie cuando yo diga, cuando toque”
Lo mejor es asignar un tiempo determinado al día o a la semana para ver series o películas. Y cuando estemos viéndolas sólo hacer eso, no estar a la vez con el móvil, que es muy típico y es señal de la focalización sin foco (focalizo en la actividad de ver cosas, pero sin focalizar en el contenido mismo) Así, dedicando el tiempo y la atención consciente, se entrena la disciplina y la concentración.
No hace falta verlo todo, como si el mundo fuese a terminarse ya. Es como intentar comérselo todo. Está bien probar platos o ver series, pero con control, sin compulsión. Disfrutando del tiempo elegido para hacerlo, del hecho de hacerlo y del contenido de la serie o el plato.
Digamos que las series, las películas, el móvil o la comida no están prohibidas, pero hay que ganárselas. Hay que reeducar al cerebro para que procese y comprenda que el esfuerzo va antes que el placer. Sí deben estar prohibidas cuando no toquen. Es simple, aunque para la mente de una persona adicta es bastante difícil. Suele haber caos y hay que ordenarlo, como se ordena la habitación, el horario o cualquier otra cosa. Se requiere disciplina y para esta no hay atajos, hay que trabajarla.





