lunes, 6 de abril de 2026

Grotescas Trayectorias

 

Acompañamiento para la gestión del Cambio




GROTESCAS TRAYECTORIAS

Hoy es uno de esos días en los que la reflexión profunda es inevitable. Reflexionar es siempre conveniente, pero hay veces en las que es imprescindible. Hoy es uno de esos días.

Ha pasado algo serio, alguien se ha acercado de más al borde del precipicio, a la frontera de la vida y el susto ha sido grande. Eso es lo que me hace reflexionar hoy, un día después de este episodio, que ha sido rápido y se ha resuelto bien. Bueno, realmente lo ha resuelto bien la persona protagonista, afortunadamente.

Mientras ahora camino con mi perro por el campo, pienso en lo efímero de nuestra existencia y en su fragilidad. Y también pienso que una acción ejecutada en segundos o minutos puede traer consecuencias para décadas. Lamentablemente, este espacio de reflexión no existe en muchas ocasiones en las que, como en esta, alguien decide acercarse a ese lugar, a esa frontera. No siempre con intención de traspasarla, pero sí atraída por el romanticismo que trae consigo la muerte, la gran niveladora, con esa promesa de eternidad y paz.

A veces la tentación de poner fin voluntariamente a la propia vida es grande, sobre todo si la experiencia vital resulta abrumadora e insostenible. Es comprensible y es una salida, no cabe duda. Pero ¿una salida hacia dónde?, ¿y paz para quién?

Mi convencimiento es que tenemos la inmensa fortuna de experimentar la vida, de vivir. Y es bueno recrearse en esa idea, aunque sea desde el punto de vista exclusivamente biológico. Pero existe también esa dimensión trascendental, ese para qué y también ese para quién, que conecta con los demás y con las personas a quienes dejamos nuestro legado, sea este el que sea, positivo o negativo.

Estos días, coincidiendo con la misión de la Nasa y el proyecto Artemis 2, he leído mucho y he visto muchos vídeos sobre la misma. Una hazaña tecnológica y científica, poniendo a cuatro seres humanos rumbo a la luna. Y he reflexionado sobre trayectorias y estelas.

Cuando se encienden los motores de los propulsores, se desata el mismo infierno y el artefacto comienza a elevarse, ganando altura a una velocidad de proyectil. Fuerzas descomunales ponen la nave espacial en órbita en minutos, dejando tras de sí la estela de la trayectoria del cohete en su ascenso. Una estela que es un trazo de esa trayectoria dibujada en el aire en forma de humo.

Me acuerdo de la catástrofe ocurrida en el lanzamiento del transbordador Challenger, que se desintegró a los 73 segundos de vuelo en enero de 1986 y en el que perdieron la vida sus siete tripulantes. 73 segundos y fin de la misión y de la vida de esas siete personas, proyectos vitales truncados, familias y entornos destrozados.

Me viene la imagen del momento de la explosión y de lo que se dibujó a continuación en el cielo. La estela hasta ese momento era un trazo uniforme de la trayectoria parabólica prevista. Tras la explosión ese trazo armonioso se tornó en un dibujo grotesco, desde una trayectoria hacia la órbita prevista para el transbordador y su misión, a varias trayectorias hacia ninguna parte de las diferentes partes del cohete y el transbordador que transportaba. Todo saltó por los aires, la misión terminó ahí mismo y la trayectoria se interrumpió violentamente, la de la nave espacial que no llegó al espacio y las de la tripulación, trayectorias vitales que no llegarían a ninguna parte.

La muerte, sobrevenida violentamente interrumpiendo bruscamente las trayectorias vitales de cada una de esas personas, que 73 segundos antes sentían el comienzo del empuje brutal del despegue hacia el espacio. La muerte que llegó de pronto y sin avisar, como suele hacer, dejando esas estelas grotescas de los pedazos en llamas volando cada uno hacia un lado y hacia ninguna parte.

Si asimilamos la estela a lo que queda para los demás, es bastante gráfico. Me imagino a los familiares, amigos y compañeros tras el desastre inesperado y violento. Estelas vitales también distorsionadas a los 73 segundos de vuelo, dibujando formas grotescas en el aire. Vidas rotas por la pérdida y el horror de la muerte segando bruscamente las de esas siete desafortunadas personas.

En este caso hablamos de una muerte por accidente, no buscada. En el caso de una muerte buscada, el dibujo de trayectorias grotescas podemos imaginarlo igual para las personas allegadas, padres, madres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, compañeros y compañeras, familiares… Igual.

La incomprensión de la muerte es la misma, la injusticia se percibe igual, pero la pérdida por elección añade aún mayor desconcierto, incomprensión y sacudida.

La vida pende de un hilo siempre, la queramos o no. En instantes podemos perderla y las consecuencias son siempre para las personas que quedan en este lado de la vida.

Esta semana, hace 5 días dio comienzo la misión de la Nasa con el encendido de los motores del cohete para poner rumbo al espacio y rumbo a la luna. Una misión calculada al detalle y las vidas de los cuatro tripulantes en juego. Como los siete de la misión del transbordador que hace cuarenta años sonreían antes de entrar en la nave, como lo hacían hace unos días los cuatro de la misión Artemis 2. Igual de sonrientes, igual de nerviosos supongo, e ilusionados. Igual de convencidos de que todo iba a salir bien… Aquella del Challenger duró los 73 segundos que se añadieron a las vidas de esas siete personas, ignorantes mientras sonreían previamente al despegue del poco tiempo que les quedaba. Conscientes de los riesgos sí, pero convencidas de que iban a completar la misión y regresar a sus proyectos vitales, a sus familias y quehaceres.

Trayectorias grotescas quedaron dibujadas en el aire y se disolvieron mientras los pedazos caían al mar.

Esas nuevas trayectorias, no pensadas ni planeadas de las personas que quedan, esas consecuencias imprevisibles forman parte del legado. Y eso merece la pena pensarlo, si es que se puede, antes de acercarnos al borde.

Si eres astronauta es inevitable la cercanía a ese borde, a ese límite de la vida. Cualquiera al sentir la vibración, la violenta fuerza de empuje, la aceleración, el estruendo, puede tomar conciencia de que está transitando las cercanías de la muerte. Aunque cualquiera en su vida cotidiana, sin saberlo, también las esté transitando. Nadie sabe si le quedan sólo 73 segundos de vida.

Pero si alguien decide poner fin a su vida tiene la certeza prácticamente segura de que le queda muy poco tiempo, el que transcurra entre la acción elegida y el desenlace. Aunque queda la posibilidad de abortar la misión, como ocurrió ayer con la persona de la que he comenzado hablando al principio, que decidió en su soledad no seguir adelante y avisar.

Todo ocurre en instantes. Unos pocos más y, como le pasó a la misión del Challenger STS-51-L (que así se llamaba), la trayectoria hubiese sido truncada y hubiera impactado de lleno en las trayectorias de otras personas que verían esos trazos grotescos de las suyas propias al saltar todo por los aires.

En cualquier caso, a pesar del dramatismo de muchos acontecimientos vitales, en especial los de pérdidas de vidas y los accidentes o enfermedades que no han terminado en muerte hay una consecuencia importante que es el aprendizaje. Siempre aprender, es nuestro destino y nuestra misión vital. Aprender y crecer.

Este aprendizaje puede ser el más valioso y hay que aprovecharlo en beneficio propio y en el de otros.

Yo he estado ahí, en las simas oscuras de la depresión, auténticas arenas movedizas que te hunden más y más. Ves una salida en el fin de todo. Lo que no ves es las consecuencias. Simplemente no puedes verlas. Pero hay otras salidas alternativas a cruzar la frontera de la que no hay retorno. Y son caminos de vida, de crecimiento, de canalizar esa fuerza de empuje para corregir la trayectoria, para retomar la misión de vivir, de crecer, de ayudar y dejar un legado positivo. La valentía ahí es buscar ayuda y trabajar para salir poco a poco de esas arenas movedizas que te atrapan y te hunden con cada movimiento. Con esa ayuda se logra salir y alejarse de la frontera tentadora de la muerte.

Si alguien ha estado ahí sabe de lo que hablo y puede estar segura que si no hace nada más, tarde o temprano regresará. Se trata de vencer esa fuerza de atracción que a veces es gigantesca, como la fuerza de los motores de un cohete y recanalizarla como fuerza de impulso vital. La oportunidad que se abre es inmensa para uno mismo y para los demás.

Este tipo de experiencias abren nuestra mente a la reflexión profunda y activan una fuerza de voluntad poderosa, con la certeza de que esa frontera se cruzará tarde o temprano, dejando que el destino nos alcance, pero no yendo nosotros a buscarlo.

Todo esto he pensado hoy. Es domingo de Resurrección y puedo ver el significado trascendente que tiene y que ayer mismo comprobé. Que cada cual vive su pasión y lleva su cruz, pero que puede renacer, resucitar de ese estado de muerte en vida. Que existe esa fuerza divina que a veces se manifiesta en el momento preciso haciéndonos despertar, tomando conciencia de que esas voces embaucadoras que nos atraen como cantos armoniosos y llenos de sentido hacia nuestra perdición, realmente son voces distorsionadas de grotescos espectros que sólo saben dibujar grotescas trayectorias, que causan tanto daño.

Así que, y mira adonde he llegado en esta reflexión, feliz Pascua de Resurrección, seas o no una persona cristiana o creyente. Desde ese punto de corrección de la trayectoria vital se abre un mundo nuevo de posibilidades que, bien canalizadas, generan esa fuerza de empuje que necesitamos no solo para seguir aquí respirando, sino para ayudar a otras personas que sienten esa atracción de poner fin a su sufrimiento de la forma más finalista y más dramática.

No hemos venido aquí a sufrir. No se nos ha dado la posibilidad de experimentar esta aventura vital para desperdiciarla. Todo lo contrario.

Feliz misión y que la trayectoria equilibrada y estable te lleve lejos, allá donde deseas, dibujando una estela limpia y uniforme en el aire, que otros puedan observar y tratar de seguir.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Abril 2026





domingo, 26 de enero de 2025

Fuerza Interior

 

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Existe una fuerza interna que necesitamos para no sobrevivir, sino para vivir activamente, lo que sea, lo que surja, lo que toque, da igual.

Es necesario que esa fuerza interior permanezca intacta pase lo que pase, para poder adaptarse a todo lo que vaya ocurriendo, a todos los acontecimientos y circunstancias que la vida vaya poniéndonos por delante, da igual lo que sea.

Fuerza interior para no pensar en las cosas de forma negativa, para no darle a los sucesos fuerza en sí mismos. Son solo sucesos y la fuerza está dentro para sortearlos, para vivirlos, para adaptarnos, para aprender y esa fuerza interior es una energía que se va retroalimentando en cada vuelta de la espiral que se alimenta de los giros que da.

Qué más da qué y sobre todo que más da quién.

Son decorados y son extras, actores secundarios de cada escena. No les debemos dar fuerza, simplemente observarlos, aprender y continuar independientemente de el decorado y los actores. Siempre independientemente, no somos en función de las cosas y no somos en función de las personas. Solo somos y todo depende de nuestra fuerza interior y de quién somos realmente, que es lo que nos toca averiguar.

Conectar con momentos difíciles que hayan tenido lugar en la vida es bueno. Hacer esa conexión y tomar conciencia del momento en que ocurrieron, quién estaba allí y lo más importante: como recordamos esos momentos, cómo sucedieron, qué emociones nos produjeron y como logramos superar esas situaciones.

Escribo esto durante un paseo por el monte con mi perro.

Cuando vas con un perro por el monte, aquel va igual, da lo mismo el terreno por el que vaya, da lo mismo si el camino es cuesta arriba, si tiene más o menos piedras, si es cuesta abajo, si tiene obstáculos. Da lo mismo, el perro va exactamente igual en cada terreno, tiene la misma zancada va caminando con ese trote característico con esos saltitos típicos en su andar y puede, si tiene interés, correr en una cuesta muy pronunciada hacia arriba, solamente depende del interés, solamente depende de él, no del terreno. 

El perro va a ir al mismo ritmo y va a aceptar que el terreno es cambiante sin más protesta, sin sentarse, sin desfallecer, simplemente va a continuar. 

Porque el perro no lleva carga mental, simplemente camina, trota, va y viene, explora, no lleva el peso que llevamos los humanos, el peso mental que nos hace desfallecer, frenar, juzgar. 

Él no lleva nada de eso. 

Simplemente cuando se despierta está al cien por cien. Si hace calor tira, si hace frío tira, si hace sol tira, si llueve tira. Tira todo el tiempo y se para a descansar cuando lo necesita físicamente, no porque su mente le diga "no puedes más", "esto es demasiado empinado", "hace mucho calor"... no, el perro tira porque está en su naturaleza y porque no tiene carga mental, por eso no pierde energía y le cuesta tan poco recuperarla. 

El perro pisa con decisión, con firmeza, con confianza y con fuerza, se adapta al terreno y transita por él tranquilo, sin miedo. 

Sólo necesita su fuerza interior, que se realimenta con su movimiento y con su actitud curiosa y constante. 

Esa es la fuerza interior que necesitamos y debemos potenciar y alimentar en esa espiral de energía que es necesario mantener girando.

Jorge Arizcun

domingo, 31 de marzo de 2024

¿Qué tiempo hace... en tu interior?

Acompañamiento para Gestión del Cambio
Crecimiento Personal




Hoy hace uno de esos días que invitan a no salir, a quedarse en casa, leyendo, o viendo la tele, tapados con una manta. 

Llueve, hace frío, hay una luz gris que nos lleva a cierto estado de ánimo.

Pero no. No es el día, ni el frío, ni la lluvia, ni la luz. Nada de eso nos puede llevar a ningún estado de ánimo. 

Sólo puede hacerlo nuestra mente, con nuestros pensamientos. Pensamientos incesantes que boicotean nuestra vida, si les dejamos.

Pero esto está ya dicho y redicho. De nada sirve repetirlo y repetirlo. Hay que hacer.

¿Y qué podemos hacer?

Pues muchas cosas. Pero no hace falta buscar cosas complicadas, no. Se puede hacer algo muy interesante que es no seguir esos pensamientos, parar  y observarlos.

Porque si la dejamos a la mente, que va a su aire, dominarnos, va a jorobarnos el día.

Podemos hacer cosas. Siempre hay algo que podemos hacer para no seguir a esos pensamientos, que tienden a paralizarnos con ese mensaje negativo. Hoy porque hace un día frío y gris, otro día porque hará un día caluroso y demasiado luminoso, o con mucho polen para la alergia, o con mucho viento..., da igual. 

La mente inventará pensamientos para que no hagamos.

Pues hay que hacer. Es la única manera. Hacer. Lo que sea. 

Para no hacer caso a esa voz de nuestro pensamiento que quiere que nos lamentemos, que no hagamos nada, que nos quedemos tirados, tapados, que durmamos o que nos anulemos con la tele durante horas.

Mejor será hacer. Moverse.

¿Qué nos gusta? Y ¿qué no nos gusta? Porque hay que hacer de todo, lo que nos gusta y lo que no, que son apreciaciones subjetivas.

Y sólo hay que ponerse.

El decorado es lo de menos. Me refiero al exterior, al tiempo, a la luz, a la lluvia o a lo que sea. 

Es lo de dentro lo que importa. El problema es que ese mal tiempo, o lo que percibamos cada uno como mal tiempo o desapacible, se instale en nuestro interior.

Porque no hay peor frío que el interior, ni peor humedad, ni peor oscuridad. Y sólo son pensamientos.

Tenemos que darnos cuenta de esto y repetirlo. Son pensamientos, que me provocan emociones, ante las que reacciono.

Uno puede somatizar como consecuencia de lo que piensa. Puede incluso enfermar.

Es muy potente la mente. Pero no lo es más que nosotros, que nuestro ser. 

Siendo de verdad, estando presentes y atentos, podemos combatir y derrotar a esos saboteadores mentales que son los pensamientos que nos dicen, vaya día, qué asco de tiempo, qué frío, qué calor, qué mierda...

Y ninguna de esas cosas son importantes, ni son buenas o malas, tan solo son. 

Es nuestra mente la que las etiqueta y la que produce reacciones físicas en nuestro cuerpo, la que puede alterarnos el ánimo.

La mente. Cuánto se ha escrito sobre ella y sobre los pensamientos.

Y cuánto hemos leído y escuchado, que no nos ha valido para nada, porque volvemos una y otra vez a los patrones de comportamiento y a las reacciones automáticas a esos estímulos.

Lo importante es: ¿cómo estamos realmente? En nuestro interior profundo. ¿Estamos en paz?

Si estamos en paz, nada de lo anterior nos puede ocurrir, porque estaremos vibrando en la misma frecuencia que el todo y aceptaremos sin juicios todo, tal y como venga.

No existe el mal tiempo, existe el tiempo atmosférico, que es cambiante y consecuencia de leyes físicas. Es necesario que sea así. Y es correcto y perfecto.

Que nos guste o no depende de nosotros. ¿Y por qué elegimos que no nos gusta?

Porque es una elección. Es ver las cosas de forma positiva o no. No quiero decir negativa, sino menos positiva, así vamos entrenando.

Todo tiene su parte buena, todo. Hasta los días grises y lluviosos.

Podemos disfrutar, viendo una buena película, tapados con la manta, sin lamentar nada. 

Apetecen esos días grises y desapacibles, porque si los vemos de forma positiva, nos invitan a pasar esas tardes calentitos en casa haciendo cosas que pueden hacerse en casa (no sólo estar en el sofá tragándonos lo que nos echen, desganados y tristes)

Pero también puede salirse a la calle, y puede ser gratificante, claro que sí, un paseo bien abrigados, buen calzado, ropa de agua, paraguas..., en compañía o solos. Y parar a tomar un café y leer un rato nuestro libro en la cafetería o conversar si vamos con alguien.

Bueno, hace frío, llueve, hace viento..., ¿y qué?

¿Qué tiene eso que ver con nuestro bienestar interior?

Si nosotros estamos bien, nada de eso nos va a afectar. Lo que no es correcto es pensar que estamos de una u otra manera en función del exterior. Ahí está el error.

¿Qué culpa tendrá la madre naturaleza de cómo nos encontremos nosotros?

Todo está bien ahí fuera. Es como es. Lo que debemos preguntarnos es por qué yo estoy así, melancólic@, triste, apátic@. Y en eso debemos trabajar.

¿Qué nos está pasando? Observémonos ¿por qué reaccionamos así?

Es importante conocernos, hacer por conocernos y no achacar a causas externas lo que nos pasa. Porque es dentro donde debemos mirar y actuar.

Podemos meditar, buscar la conexión con nuestro yo, hacer deporte y hacerlo con nuestro cuerpo, leer, escuchar música, escribir, como estoy yo haciendo ahora.

Trabajar, estudiar, jugar, caminar, cocinar, hacer bricolaje, planchar, conversar, hacer deporte, meditar...

Podemos hacer todo lo que nos apetezca hacer. Lo malo es que no nos apetezca hacer nada. Esa apatía, ese dejar pasar el tiempo sin aprovecharlo. Ese lamentarse.

Sólo nosotros decidimos dónde colocarnos, en la acción o en la inacción y el lamento.

No hay días grises. Hay días, con toda la gama de colores. Predominarán más unos u otros dependiendo de la estación. Y es lo correcto.

No dejemos que los pensamientos nos controlen provocando emociones a las que reaccionamos. La tristeza, la euforia, el miedo, el placer, el ánimo, son eso, emociones. 

Nosotros no somos nuestras emociones. Y la reacción a las mismas es cosa nuestra.

Un día gris y lluvioso no afecta para nada a nuestra supervivencia, no supone ninguna diferencia en cuanto a la experiencia. 

Es un día para vivir, eligiendo y adaptándonos. Observando con atención qué es lo que sentimos y porqué.

Es más que probable que acontecimientos del pasado, relacionados con días como el de hoy, condicionen nuestro presente. Y hay que saberlo. Ser conscientes que todo es producto de nuestra mente. Y elegir.

Pudiendo elegir estar bien, que podemos, ¿por qué elegir lo contrario?

Hoy hace un gran día. Porque estamos vivos y podemos hacer muchas cosas. 

Recordemos que estamos vivos. Sólo eso debería bastar, pero a veces no basta. 

Sobre esto sí merece la pena reflexionar. 

Lluvia o sol, frío o calor, da igual. Eso es lo del exterior.

¿Qué tiempo hace en tu interior?

Jorge Arizcun
Octubre 2024

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domingo, 12 de noviembre de 2023

Nadie es de nadie

Acompañamiento para Gestión del Cambio 


Nadie es de nadie 
Te encuentras a las personas por circunstancias, digamos que por "casualidad", aunque las casualidades no existen. Existen las causalidades, que es distinto... 

Según esto, salvo la familia, que no eliges y que supuestamente has de "aguantar" toda la vida, los amigos y las parejas aparecen por algo y se cuelan en nuestra vida. Eso es algo que nosotros permitimos. Decidimos a quién le levantamos la barrera para que pase. 

De ahí a que aquel o aquella a los que se les permite franquear esa barrera, "tome posesión" va un trecho. 

Mucho trecho. Insalvable.

Nadie es de nadie. Y ninguna persona puede creer que otra es suya. Quien lo cree, tiene un problema serio. 

De la otra parte, quien se cree de alguien no tiene un problema menor.

Las personas, igual que entran salen. Deben hacerlo si así lo queremos. Es una simple cuestión de respeto. Si yo quiero estar con alguien y esa persona no lo quiere, tengo que respetarlo. No podemos apegarnos más que a nosotros mismos, y ni eso.

La posesión necesita... exorcismo. 

Es una agresión, es una invasión.

Nadie es de nadie. Ni los hijos son de los padres, ni los padres son de los s hijos, ni se es de la pareja, ni del amigo. Los posesivos son peligrosos: mi mujer, mi marido, mi madre, mi padre, mi hijo, mi amigo... 

Así hablamos, pero no está bien.

Nadie es de otra persona. O más bien, lo es desde su libertad de elegir. Y si se decide que hasta aquí, así debe ser. Si eso no se respeta, las situaciones se complican y mucho. 

Respetémonos. Reconozcamos la individualidad y la libertad de elegir, de cambiar, de tomar otros caminos y compañía de viaje.

Cada persona lo querría para si misma ¿no? 
¿Tú lo querrías para ti?

Pues no quieras algo distinto para los demás.

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Todo tiene solución

Acompañamiento para Gestión del Cambio 

Todo tiene solución y como puedes elegir, en tu mano está decidir tu nivel de excelencia. 

¿Cómo? 

Desarrollando nuevos modelos mentales. 

¿Cómo? 

Cambiando tu mapa del territorio, porque este no puedes cambiarlo, sólo puedes ocuparte del mapa.

Así tomas conciencia de que puedes cambiar tu foco, centrándote en la solución, dejando a un lado el problema, sea el que sea. 

Esto te conduce a mejorar tu nivel de excelencia como persona.

Cuanto más trabajes en cambiar tu mapa centrándote en las soluciones en vez de en los problemas, más mejorarás.
 
Más adelante veremos cómo cambiar tu mapa...

De momento céntrate en lo que deseas, en tu meta, tu objetivo, en ese cambio que quieres lograr.

En la medida en que interiorices que todo tiene solución, tomarás conciencia de la inexistencia de límites. Estos te los pones tú con tu mapa. 

Puedes llegar donde quieras y alcanzar el máximo nivel de excelencia si realmente te lo propones.

En este momento y en relación con lo que ahora quieres cambiar trata de definir tu meta, visualizándola y qué nivel de excelencia personal quieres lograr, en relación a esa meta, sin que te reste en otras áreas de tu vida. 

La excelencia de una parte debe sumar al conjunto.

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lunes, 30 de enero de 2023

Donde hay patrón...

 

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Esta frase que todos conocemos, o la gran mayoría, se refiere al mundo de la náutica y la marina. Pero es extensible a todos los ámbitos organizativos en los que existe una escala jerárquica.

En las organizaciones más evolucionadas que han adoptado organigramas planos, esta frase tiene una aplicación muy relativa e incluso no tiene aplicación ninguna, al haberse implementado modelos colaborativos plenos, con un trabajo intenso en la gestión de los equipos y el fomento de la responsabilidad.

Pero lo diferencial, lo que hace que estos modelos tengan éxito, es el trabajo en la actitud de los miembros de esos equipos que lideran en sus parcelas de responsabilidad y lo hacen también cuando, debido a la arquitectura de esos organigramas, deben asumir responsabilidades diversas, dentro del modelo colaborativo propuesto. Todos los miembros del equipo están para todos y todos comparten el liderazgo y la responsabilidad.

Ante una dificultad o un fracaso, todos los miembros del equipo asumen la responsabilidad, que es compartida. 

En este tipo de equipos, cuando se relacionan con otros equipos en un plano más amplio, logran coordinarse de una forma engrasada y sin fricciones. La visión de la organización indica el camino y los miembros de los equipos que interactúan, generan un equipo más grande, con la misma premisa colaborativa y de responsabilidad compartida.

En este tipo de organizaciones no hay cabida para lo que se denomina "escurrir el bulto", "mirar para otro lado", "eludir responsabilidades", "procrastinar", "escaquearse"..., en definitiva, no hay empleados o responsables estrella. No se mira a ninguno de los miembros en especial, salvo al que por circunstancias o cronograma del proyecto, haya asumido la responsabilidad y el liderazgo de esa etapa o fase concreta, con el consenso del resto. Pero este tipo de responsabilidad no es de jefatura sino de coordinación. 

No existe el "eso no es mi parcela", "esto corresponde a fulano o a fulana", no. Porque es cosa del equipo. La comunicación fluye en horizontal con la certeza de que todos los integrantes del equipo son conocedores de la información, de que el nivel de competencia es el mismo en todas las personas y que aunque existan especializaciones concretas en determinadas parcelas de gestión, cualquiera está capacitado para ocuparse de cualquier asunto, aunque el nivel competencial no sea el mismo. 

Es un modelo en el que no existe ese "ya te envié un mail", porque no se elude la responsabilidad y aunque se haya enviado un mail a otro miembro del equipo, eso no significa que me quito el asunto de encima, que lo paso y paso. No. En este modelo no se delega, se colabora y el envío de un mail es el inicio de una colaboración. 

Pero este modelo es utópico para muchas organizaciones, para la mayoría. Porque las inercias son en demasiadas ocasiones insalvables y los cambios hacia otros modelos, debido a esas inercias resultan tremendamente difíciles. 

Puede que algunas personas dentro de las organizaciones se vean con fuerza, energía y talento suficientes para dar un paso al frente e intentar iniciar ese camino, comenzando por convencer al escalafón superior del organigrama que se pretende aplanar. Son conscientes de las barreras que se van a encontrar, de las dificultades, de que pueden ser percibidas como una amenaza. 

La idea de estas personas puede ser brillante y puede escalar a esas estancias superiores. Puede también ser aprobada y puesta en marcha. Y ahí comienza el trabajo titánico de convencer a compañeros y tratar de implementar el modelo poco a poco. Estas personas tienen una dificultad añadida y es que además de su trabajo y responsabilidades habituales, de su día a día, tienen ese otro de implementación del nuevo modelo, que supone no sólo un trabajo de diseño del mismo, sino su puesta en marcha, hablando con el resto de miembros, convenciendo, creando procedimientos nuevos, estableciendo los objetivos, las formaciones, el seguimiento, los indicadores, los métodos de medición, reuniones, pruebas y errores..., en definitiva, un trabajo multidisciplinar, simultaneado con el trabajo habitual.

La alarma se ha creado, las personas construyen sus defensas, la dirección se impacienta y el proyecto se ve zarandeado desde muchos lados. Si no ocurre nada extraordinario que desestabilice el devenir habitual de la gestión, el proyecto puede ser viable. Pero si en ese periodo crítico de implementación ocurre algo imprevisto y de suficiente alcance, el proyecto de cambio, por muy bueno que sea en la teoría, ve acortados sus plazos radicalmente y la inercia se convierte en una corriente de arrastre casi imposible de vencer.

El imprevisto o la circunstancia alterante de la gestión, casi de forma mágica se percibe como consecuencia directa del intento de implementar el nuevo modelo, atribuyéndose responsabilidades directas a quien o a quienes trataban de llevarlo a cabo, sin dar apenas tiempo casi ni para empezar. El día a día se complica debido a esas circunstancias e imprevistos y el proyecto se cae, se desmantela, cayendo como un castillo de naipes, que es como era apreciado por casi todos en el fondo.

La dirección recula y la inercia se adueña de nuevo de la gestión. 

Y en general todas las personas que miraban con recelo ese cambio, que como todos los cambios tiene el rechazo de antemano, respiran tranquilas, de nuevo seguras en lo conocido, en lo que "siempre se ha hecho", en "lo que funciona"

Y la dirección recupera con fuerza su papel de ordeno y mando. Como debe ser. 

Aunque hay organizaciones que lo logran, que vencen la inercia y se despojan de la caspa y el polvo de la inercia. Que se reinventan y que de la mano de esas personas soñadoras y molestas, que tratan de cambiar las cosas, los paradigmas y los viejos modelos, implementando no sin dificultad ese modelo colaborativo y evolucionado que supone de verdad un valor diferencial interno y externo.

Pero en las organizaciones, como en los barcos, donde hay patrón no manda marinero. Eso del liderazgo compartido, del modelo colaborativo, de la responsabilidad compartida, del todos a una, de la delegación eficaz por parte de la dirección, de la misión y la visión asumidas por todos los miembros, son experimentos. La disrupción es para otro tipo de organizaciones. Para determinados sectores tecnológicos o digitales... Demasiado moderno. Mejor lo conocido. Déjate de inventos.

Y esas personas soñadoras y valientes, las que tiran del carro y a la mínima les pasa el carro cargado de inercia por encima, se quedan en el camino a la espera de otra oportunidad de poner su talento de nuevo al servicio del cambio, convencidas de que encontrarán cómo, dónde y con quién. Entretanto, algo más grises, se pliegan al conocido ordeno y mando, de nuevo como uno o una más de la tropa de marinería, haciendo lo que siempre se ha hecho, lo que funciona (aunque no lo haga muy bien) y navegando en la inercia, cumpliendo órdenes.

Soñando, en los momentos de respiro de las tareas de siempre, con otras maneras, otros sistemas, otros modelos, otras personas..., suena la sirena de incorporación al servicio y de cumplir las órdenes sin cuestionarse nada. La "única forma" de llegar a buen puerto. La navegación de toda la vida, vamos.

Señor, sí señor!!


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Enero 2023



¿hablamos?




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sábado, 12 de noviembre de 2022

A veces se gana y a veces se Aprende



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 

En ocasiones la vida enseña a través de la pérdida.

No todo puede salir bien y no siempre las cosas están bajo control.

Todo está interrelacionado y al ser sistemas funcionando, en algún punto del sistema puede haber fallo. No es preciso que el sistema esté mal diseñado en su conjunto, sino que puede ocurrir (y ocurre constantemente) que el fallo se produzca en ese punto concreto que afecta a todo el resultado. 

Evitar que pase es la tarea. Hacer imposible que pase es una falacia. Precisaría tener una supervisión de cada punto. Y una supervisión de la supervisión. 

En determinados ámbitos con mucha sofisticación, cómo puede ser el aeroespacial, o el quirúrgico, o en el mundo de los coches y motos de competición, o en el militar, la aviación, la energía nuclear o química, etc., los protocolos de control y supervisión son muy estrictos. Mucho. Y aún así hay fallos. No es posible eliminarlos. Y se producen daños, accidentes, pérdidas cuantiosas.

Aprender de esos fallos es lo importante. Puede que el diseño de lo que sea (un proceso, un componente, un sistema) aparentemente sea bueno y al no fallar nada normalmente, hacernos creer que existe la seguridad de que no va a fallar si no lo ha hecho antes. Hasta que el fallo se produce y el análisis revela que uno o varios puntos del sistema (el que sea) no eran tan buenos, o estaban mal montados o implementados. O hubo fatiga de materiales o humana. 

Es tras el análisis cuando hay que aprender. El fallo es un coste, pero ese coste supone (o debe suponer) un peaje a pagar para la mejora, inherente a toda actividad, desde la más simple a la más compleja.

El aprendizaje es lo más importante aquí.

En el lanzamiento de la misión Apolo 1, los astronautas murieron abrasados en el módulo de mando en una prueba de lanzamiento en Cabo Cañaveral, el 27 de enero de 1967, un mes antes de la fecha de lanzamiento prevista.
Un incendio en la cabina durante la prueba acabó con la vida de los tres tripulantes: el comandante Virgil I. "Gus" Grissom, el piloto del módulo de mando Edward H. White II y el piloto del módulo lunar Roger B. Chaffee, destruyendo también el módulo de mando.

Este accidente paralizó el programa espacial durante un tiempo. Las muertes de los astronautas se atribuyeron a una serie de defectos de diseño y construcción con materiales letales en el módulo de mando del Apolo. Los vuelos tripulados del programa quedaron suspendidos durante 20 meses mientras se corregían los problemas encontrados. Después se reanudó el programa tras subsanar esos fallos.

Las pérdidas fueron tremendas. Además de las más importantes que fueron las vidas de los tres astronautas, las económicas y las de credibilidad y reputación fueron muy grandes.

Se perdió mucho. Pero se aprendió mucho. A un alto coste.

El programa espacial ha continuado y ha seguido habiendo fallos. En sistemas con protocolos de control súper estrictos, como también lo son los de la Fórmula 1. hay accidentes y averías costosísimas.

A veces no sólo no es posible detectar a tiempo el fallo, que es también en muchas ocasiones una concatenación de fallos distintos. 

Un pequeño conato de incendio en un pequeño almacén auxiliar puede provocar un incendio incontrolable en un rascacielos.

Los errores o los fallos pueden ser leves al comienzo y desembocar en otros más serios y de mayor repercusión.

Lo peor no es el fallo o el error. Es no aprender.

Ese no aprendizaje es la verdadera pérdida. La de la oportunidad de corregir y el resto de crecer y mejorar.

Nadie ni nada está libre de fallar. Estrepitosamente a veces (el fallo se mide por la gravedad de la consecuencia) Inevitablemente a veces.

Así son los sistemas y las personas (que también son sistemas que fallan)
El fallo o el error nos dan la oportunidad de aprender. No hacerlo es lo verdaderamente grave.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Noviembre 2022



¿hablamos?




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