martes, 15 de septiembre de 2026

Realidad Paralela

 

Acompañamiento para la gestión del Cambio




REALIDAD PARALELA - ANESTESIA EMOCIONAL

Hace tiempo que no veo series y tampoco veo películas habitualmente. Sí de vez en cuando, pero es algo esporádico.

En casa y por lo que sé en muchas casas, ver series es un deporte, especialmente en los y las adolescentes, que devoran temporadas completas y catálogos enteros de las plataformas.

A mi me gusta el cine y una buena serie. También me gusta el arroz con leche y no lo como todos los días, lo como de vez en cuando.

Cuando se consume contenido audiovisual constantemente se produce una saturación del cerebro y se merman capacidades de procesamiento, reflexión e incluso disfrute, aunque la persona que ve tantas historias seguidas sienta que es algo placentero. Lo es porque cumple la función de proporcionar la dosis que el cerebro reclama, pero se pierde profundidad y acaba siendo sólo consumo que incrementa la lista de lo visto. Otra cosa es la vivencia de la película, su calidad, la profundidad de la historia y la reflexión. 

Cuando el cine constituye una evasión de la realidad, se convierte en un refugio a tiempo completo con el que anestesiar una insatisfacción vital, un estado de ansiedad, una situación social, la soledad. Realmente lo que se hace es contemplar cómo viven y afrontan sus problemas otros. Es más sencillo vivir las emociones de los personajes de las series que afrontar las nuestras.

Además, si se consume cine o series en exceso se abre la puerta a una realidad paralela que está en la ficción. Si se pasa mucho tiempo en la ficción se resta tiempo al mundo real y esto puede alterar nuestra percepción de la realidad o de las relaciones humanas y crearse expectativas irreales sobre el éxito, el amor, la amistad, las relaciones familiares, la violencia.

El tiempo es finito. El día dura lo que dura y además de descansar, que debería ocupar una tercera parte del tiempo, hay una serie de cosas que hay que hacer y que, si se está deslizando pantallas en el móvil o tirados viendo series en el ordenador, la tele o el teléfono, pues simplemente dejan de hacerse o se descuidan. Puede ser el ejercicio físico, la higiene personal y las tareas del hogar, limpieza, orden, la compra, la comida (que normalmente se convierte en un acto impulsivo alejado de lo saludable) Y por supuesto las obligaciones académicas o laborales. Vamos, procrastinación pura.

Además, ver series o películas constantemente pueden conducir al aislamiento (lo mismo pasa con el uso del móvil) pudiendo pasar a ser la preferencia frente a otros planes. A veces el plan es ver una serie con amigos, lo que sería mejor que verla solos, pero puede ser desconexión igual, si el consumo es excesivo, como lo es quedar con amigos y pasarse el tiempo con el móvil, juntos pero cada uno en su pantalla.

Si el consumo de series y contenidos multimedia es constante constituye un hábito que puede derivar en adicción y suponer una pérdida de atención crónica. La visualización de contenido “masticado” y rápido, disminuye la capacidad de concentración para tareas largas en el mundo real, el estudio, la lectura de un libro, un proyecto, las obligaciones. Las horas pasan y pasan y se vuelven improductivas. Mucho tiempo dedicado al consumo fácil y sin esfuerzo.

No digo que la afición al cine sea algo malo, pero una cosa es la afición y otra muy distinta es la adicción. Imagina que te gusta el fútbol y ves partidos sin cesar o que te gusta el cine y vas a una sala de cine a diario una o varias veces. No es sólo el tiempo dedicado sino la falta de control y las consecuencias a medio y largo plazo del consumo. Si se vuelve adictivo puede ser compulsivo y comerse mucho tiempo que necesitamos para otras cosas que están a este lado de la pantalla.

Si el consumo de series o películas tiene como fin desconectarse, no pensar, evadirse de la realidad, estamos ante una adicción que no va a ir a menos, pasando cada vez más tiempo y profundizando cada vez menos. Porque no es lo mismo ver cine como un cinéfilo, con criterio de elección, análisis del guion y la fotografía, información sobre el director o directora, los actores y actrices, con verdadera afición y afán de conocimiento, reposando lo visto, compartiendo con otras personas aficionadas, enriqueciendo la vida cultural, que ser un consumidor o consumidora que colecciona visualizaciones de innumerables series completas y catálogos de películas sin medir el tiempo consumido, ni cuándo se emplea y pasando de una a la siguiente, sintiendo ansiedad o sensación de urgencia sino se está viendo algo o no se ve la última serie.

“Esa ya me la he visto” es una expresión muy habitual entre quienes consumen habitualmente series y películas y acumulan cientos de ellas vistas. ¿Cuánto tiempo requiere y consume este hábito? Mucho, muchísimo. Además de tiempo consume cerebro.

Si tienes dudas sobre si eres adicto o adicta, fíjate en si sientes culpabilidad o frustración por el tiempo que pierdes (aquí aún hay esperanza) o si defiendes este hábito como un pasatiempo más y algo importante, si notas cambios en tu estado de ánimo cuando no tienes pantallas cerca (este es un indicador claro)

Cuidado con los atajos. Si buscas hacer tareas complejas que requieren concentración, esfuerzo, tiempo y constancia, mediante atajos, principalmente buscando contenidos multimedia relacionados, que sean resumidos, rápidos y que hayan desarrollado otros, no es que seas vago o vaga, ni que te falte capacidad o inteligencia. Esto es un síntoma de que tu cerebro está hiperestimulado por las pantallas y busca más pantallas, gratificación y resultados instantáneos. Tu mente está acostumbrada a la rapidez de consumo de series, pelis o móvil, por lo que ponerse a trabajar en cualquier proyecto o tarea que requiera concentración o repetición te genera un “aburrimiento doloroso” (literalmente puede llagar a producir dolor físico en determinado grado de adicción)

Procrastinas porque esas tareas y sus resultados te generan ansiedad por dos cosas: el esfuerzo que tienes que hacer y la posibilidad de fracaso.

No te fíes de los atajos, suelen ser ineficaces, no ayudan a realizar correctamente las tareas que tenemos que hacer y sólo buscan usar el mínimo tiempo y esfuerzo. Si se trata de algo intelectual los atajos dan una sensación falsa de aprendizaje. Sólo funciona la memoria a corto plazo, sin consolidación de la información.

Lo mejor es dedicar el tiempo que requiere cada cosa. Si voy a leer un libro, leerlo, no buscar resúmenes, si voy a realizar una tarea doméstica, hacerla empleando el tiempo necesario para hacerla bien, si voy a estudiar, organizarme y dedicar el tiempo y la concentración que requiere.

Es difícil cuando el cerebro grita: “¡¡¡quiero ver una serie!!!” pero poco a poco puede hacerse callar esa voz. Dite a ti mismo, a ti misma: “veremos la serie cuando yo diga, cuando toque

Lo mejor es asignar un tiempo determinado al día o a la semana para ver series o películas. Y cuando estemos viéndolas sólo hacer eso, no estar a la vez con el móvil, que es muy típico y es señal de la focalización sin foco (focalizo en la actividad de ver cosas, pero sin focalizar en el contenido mismo) Así, dedicando el tiempo y la atención consciente, se entrena la disciplina y la concentración.

No hace falta verlo todo, como si el mundo fuese a terminarse ya. Es como intentar comérselo todo. Está bien probar platos o ver series, pero con control, sin compulsión. Disfrutando del tiempo elegido para hacerlo, del hecho de hacerlo y del contenido de la serie o el plato.

Digamos que las series, las películas, el móvil o la comida no están prohibidas, pero hay que ganárselas. Hay que reeducar al cerebro para que procese y comprenda que el esfuerzo va antes que el placer. Sí deben estar prohibidas cuando no toquen. Es simple, aunque para la mente de una persona adicta es bastante difícil. Suele haber caos y hay que ordenarlo, como se ordena la habitación, el horario o cualquier otra cosa. Se requiere disciplina y para esta no hay atajos, hay que trabajarla.

Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Septiembre 2026







domingo, 13 de septiembre de 2026

Deslizar el dátil

  

Acompañamiento para la gestión del Cambio






"DESLIZAR EL DÁTIL"

He descubierto que tras un tiempo consumiendo contenido en redes sociales, principalmente Instagram y practicar el hábito del scrolling, mi mente se ha vuelto más perezosa y me cuesta mucho generar, procrastino más y tengo mi mente más vacía de mis propios criterios.

Ese gesto sencillo de deslizar el dedo por la pantalla es un hábito tremendamente adictivo que hace que disminuyan o atrofien otras capacidades, básicamente porque te quita tiempo, mucho tiempo. El cerebro se vuelve pasivo para la acción y receptivo para el contenido. Y los algoritmos te muestran continuamente aquello sobre lo que has mostrado interés. El sistema de recompensa está activado y busca la dosis de placer rápido y sin esfuerzo. Una trampa.

He comprobado cómo la parte lógica y racional de mi cerebro, la que hace que ahora esté escribiendo disciplinadamente, manteniendo a raya los impulsos, especialmente el de mirar el móvil y desconectarme obteniendo placer instantáneo, efímero e inútil, pierde eficacia y puede permanecer desconectada por largo tiempo. Normalmente tiempo improductivo.

Mi cerebro quiere su dosis de dopamina, le da igual si es una foto, un vídeo, un mensaje, incluso el contenido mismo. Porque puede parecer que se consumen cosas relacionadas con temas que nos interesan, pero cuando se hace scroll, se consume de todo y se produce un efecto “bola de nieve” consumiendo más y más. Más dosis de dopamina, más adicción, más pérdida de tiempo y de capacidades.

Así que he decidido que basta. Me gusta escribir, me gusta leer libros, me gusta caminar, trabajar, estudiar. Me gusta tener el control de lo que hago. Y desde luego el scrolling es una adicción, que como todas las adicciones conlleva la pérdida de control.

Vuelvo a escribir y vuelvo a trabajar externa e internamente. Recupero el control.

Yo antes dibujaba, estudiaba y tocaba la batería, montaba en bici, leía libros constantemente, hacía senderismo, nadaba, iba a la biblioteca, al cine, escribía con constancia, tenía más vida social.

La verdad es que la tecnología de consumo a mi no me está siendo de mucha ayuda, más bien lo contrario. Me hace peor, me ha hecho peor. Me ha limitado en vez de potenciarme. Aún en este momento, de vez en cuando me pillo cambiando de pantalla para revisar el Whatsapp, el correo, las noticias.

Acabo de cerrar esas ventanas. No necesito consultar ni ver nada ahora. Ahora estoy escribiendo y no quiero distracciones que me asalten y me hagan procrastinar. No quiero que mi cerebro impulsivo gane constantemente la batalla a mi cerebro racional. No quiero desperdiciar alegremente milenios de evolución, dejando que mi córtex cerebral, mi cerebro más evolucionado pierda capacidad y retroceda. Es absurdo y un despropósito, así que lo pongo a funcionar conscientemente para que controle mis impulsos y de momento parar de scrollear (vaya palabra…, voy a cambiarla por “deslizar el dátil”)

Ya no soy un adolescente con el circuito de recompensa en máxima alerta y a pleno funcionamiento todo el tiempo. Ellos y ellas, adolescentes, tienen un problema con esto hasta más o menos los 24 años, que es cuando termina de desarrollarse la corteza prefrontal de su cerebro. Es una faena porque les pilla ese desarrollo cuando más necesitarían usar ese cerebro racional y cuando menos deberían procrastinar. Pero así son las cosas. Y no sólo pasa en adolescentes. Lamentablemente también cada vez más en adultos.

Yo me doy cuenta. Ya lo sabía, pero me dejé llevar un tiempo. El móvil está muy bien y el ordenador y el chat gpt. Son avances tecnológicos increíbles, pero mal utilizados nos restan inteligencia y hacen que nuestro cerebro más evolucionado pierda potencia al reducir su uso, dejando paso al cerebro más primitivo que funciona impulsivamente, no se concentra y necesita estímulo inmediato.

Pienso en mi perro y en que si pudiera acceder al uso de un móvil, no podría parar de deslizar el dátil y se olvidaría de comer… Da miedo pensarlo. Pero en la realidad humana pasa eso y cosas peores que afectan negativamente a las personas. Ese hábito activa la entrada a lo que se denomina estado de flujo, que es un estado mental en el que la dificultad de la tarea que se está realizando se ajusta al nivel de habilidad y atención que se tiene. Entonces se entra en una fase de distorsión temporal, al ser absorbida toda la atención por los contenidos cambiantes y perfectamente dirigidos por el algoritmo, sin darte cuenta del paso del tiempo y del movimiento automático del dedo (que es la máxima habilidad requerida), deslizando sin parar y a lo mejor esas dos o tres horas se han pasado viendo videos de gatitos, de tonterías, de comidas, coches, noticias sobre algún tema concreto, lo que sea…, llegando a perder el sentido lo que vemos. Ese tiempo es un tiempo literalmente desperdiciado. Se produce una focalización sin foco. Focalizamos en la experiencia misma de consumir contenido sin focalizar en él. La experiencia por defecto es hacer eso, anulando todo lo demás.

Se vuelve una adicción cuando el impulso es incontrolable y tiene un impacto funcional negativo en el comportamiento y en el resto de la vida de la persona. Eso es la procrastinación. Y puede producir síndrome de abstinencia. Quítale a un adolescente viciado el móvil si quieres comprobar cómo se desata el infierno.

Yo he decidido no regresar a la adolescencia en lo que respecta al uso del móvil, redes, etc. He decidido detener el uso compulsivo, inconsciente y absurdo de las tecnologías y sólo hacerlo en mi beneficio consciente, para mi productividad y mi crecimiento personal y profesional. Con control.

Ahora estoy escribiendo en un portátil y estoy utilizando la tecnología. Esta concreta que me permite escribir este artículo, sin distraerme con otras cosas. Mientras lo hago escucho música a través de mis audífonos, gracias también a la tecnología y la aplicación de reproducción de música. Es también una elección consciente, así como la música que escucho.

Antes he caminado con mi perro y sin el móvil. Lo recomiendo. Se despiertan los sentidos. Lo jodido de esto es comprobar cómo los podemos mantener dormidos y todo lo que nos perdemos.

Tomar conciencia de esto y aplicar la disciplina y la inteligencia para separar en mi día a día el tiempo con y sin móvil me permite elegir no usarlo sin sentido y no permitir que sea un recurso por defecto, un gesto automático no decidido.

Seguro que va a haber resistencia de mi mente. De hecho la hay. Bien, estoy dispuesto a vencerla.

Ah! Acabo de poner mi teléfono en blanco y negro. Mucho menos atractivo.

Vuelvo al mundo tridimensional y de multisentidos.

Ya seguiré contando qué tal. Te animo a darle una vuelta a esto y probar a recuperar el control, a hacer las cosas que hacías o que te gustaría hacer, pero que el móvil no te deja. Te animo a recuperarte y a cerrar el grifo de pérdida miserable de tiempo

 

Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Septiembre 2026





lunes, 6 de abril de 2026

Grotescas Trayectorias

 

Acompañamiento para la gestión del Cambio




GROTESCAS TRAYECTORIAS

Hoy es uno de esos días en los que la reflexión profunda es inevitable. Reflexionar es siempre conveniente, pero hay veces en las que es imprescindible. Hoy es uno de esos días.

Ha pasado algo serio, alguien se ha acercado de más al borde del precipicio, a la frontera de la vida y el susto ha sido grande. Eso es lo que me hace reflexionar hoy, un día después de este episodio, que ha sido rápido y se ha resuelto bien. Bueno, realmente lo ha resuelto bien la persona protagonista, afortunadamente.

Mientras ahora camino con mi perro por el campo, pienso en lo efímero de nuestra existencia y en su fragilidad. Y también pienso que una acción ejecutada en segundos o minutos puede traer consecuencias para décadas. Lamentablemente, este espacio de reflexión no existe en muchas ocasiones en las que, como en esta, alguien decide acercarse a ese lugar, a esa frontera. No siempre con intención de traspasarla, pero sí atraída por el romanticismo que trae consigo la muerte, la gran niveladora, con esa promesa de eternidad y paz.

A veces la tentación de poner fin voluntariamente a la propia vida es grande, sobre todo si la experiencia vital resulta abrumadora e insostenible. Es comprensible y es una salida, no cabe duda. Pero ¿una salida hacia dónde?, ¿y paz para quién?

Mi convencimiento es que tenemos la inmensa fortuna de experimentar la vida, de vivir. Y es bueno recrearse en esa idea, aunque sea desde el punto de vista exclusivamente biológico. Pero existe también esa dimensión trascendental, ese para qué y también ese para quién, que conecta con los demás y con las personas a quienes dejamos nuestro legado, sea este el que sea, positivo o negativo.

Estos días, coincidiendo con la misión de la Nasa y el proyecto Artemis 2, he leído mucho y he visto muchos vídeos sobre la misma. Una hazaña tecnológica y científica, poniendo a cuatro seres humanos rumbo a la luna. Y he reflexionado sobre trayectorias y estelas.

Cuando se encienden los motores de los propulsores, se desata el mismo infierno y el artefacto comienza a elevarse, ganando altura a una velocidad de proyectil. Fuerzas descomunales ponen la nave espacial en órbita en minutos, dejando tras de sí la estela de la trayectoria del cohete en su ascenso. Una estela que es un trazo de esa trayectoria dibujada en el aire en forma de humo.

Me acuerdo de la catástrofe ocurrida en el lanzamiento del transbordador Challenger, que se desintegró a los 73 segundos de vuelo en enero de 1986 y en el que perdieron la vida sus siete tripulantes. 73 segundos y fin de la misión y de la vida de esas siete personas, proyectos vitales truncados, familias y entornos destrozados.

Me viene la imagen del momento de la explosión y de lo que se dibujó a continuación en el cielo. La estela hasta ese momento era un trazo uniforme de la trayectoria parabólica prevista. Tras la explosión ese trazo armonioso se tornó en un dibujo grotesco, desde una trayectoria hacia la órbita prevista para el transbordador y su misión, a varias trayectorias hacia ninguna parte de las diferentes partes del cohete y el transbordador que transportaba. Todo saltó por los aires, la misión terminó ahí mismo y la trayectoria se interrumpió violentamente, la de la nave espacial que no llegó al espacio y las de la tripulación, trayectorias vitales que no llegarían a ninguna parte.

La muerte, sobrevenida violentamente interrumpiendo bruscamente las trayectorias vitales de cada una de esas personas, que 73 segundos antes sentían el comienzo del empuje brutal del despegue hacia el espacio. La muerte que llegó de pronto y sin avisar, como suele hacer, dejando esas estelas grotescas de los pedazos en llamas volando cada uno hacia un lado y hacia ninguna parte.

Si asimilamos la estela a lo que queda para los demás, es bastante gráfico. Me imagino a los familiares, amigos y compañeros tras el desastre inesperado y violento. Estelas vitales también distorsionadas a los 73 segundos de vuelo, dibujando formas grotescas en el aire. Vidas rotas por la pérdida y el horror de la muerte segando bruscamente las de esas siete desafortunadas personas.

En este caso hablamos de una muerte por accidente, no buscada. En el caso de una muerte buscada, el dibujo de trayectorias grotescas podemos imaginarlo igual para las personas allegadas, padres, madres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, compañeros y compañeras, familiares… Igual.

La incomprensión de la muerte es la misma, la injusticia se percibe igual, pero la pérdida por elección añade aún mayor desconcierto, incomprensión y sacudida.

La vida pende de un hilo siempre, la queramos o no. En instantes podemos perderla y las consecuencias son siempre para las personas que quedan en este lado de la vida.

Esta semana, hace 5 días dio comienzo la misión de la Nasa con el encendido de los motores del cohete para poner rumbo al espacio y rumbo a la luna. Una misión calculada al detalle y las vidas de los cuatro tripulantes en juego. Como los siete de la misión del transbordador que hace cuarenta años sonreían antes de entrar en la nave, como lo hacían hace unos días los cuatro de la misión Artemis 2. Igual de sonrientes, igual de nerviosos supongo, e ilusionados. Igual de convencidos de que todo iba a salir bien… Aquella del Challenger duró los 73 segundos que se añadieron a las vidas de esas siete personas, ignorantes mientras sonreían previamente al despegue del poco tiempo que les quedaba. Conscientes de los riesgos sí, pero convencidas de que iban a completar la misión y regresar a sus proyectos vitales, a sus familias y quehaceres.

Trayectorias grotescas quedaron dibujadas en el aire y se disolvieron mientras los pedazos caían al mar.

Esas nuevas trayectorias, no pensadas ni planeadas de las personas que quedan, esas consecuencias imprevisibles forman parte del legado. Y eso merece la pena pensarlo, si es que se puede, antes de acercarnos al borde.

Si eres astronauta es inevitable la cercanía a ese borde, a ese límite de la vida. Cualquiera al sentir la vibración, la violenta fuerza de empuje, la aceleración, el estruendo, puede tomar conciencia de que está transitando las cercanías de la muerte. Aunque cualquiera en su vida cotidiana, sin saberlo, también las esté transitando. Nadie sabe si le quedan sólo 73 segundos de vida.

Pero si alguien decide poner fin a su vida tiene la certeza prácticamente segura de que le queda muy poco tiempo, el que transcurra entre la acción elegida y el desenlace. Aunque queda la posibilidad de abortar la misión, como ocurrió ayer con la persona de la que he comenzado hablando al principio, que decidió en su soledad no seguir adelante y avisar.

Todo ocurre en instantes. Unos pocos más y, como le pasó a la misión del Challenger STS-51-L (que así se llamaba), la trayectoria hubiese sido truncada y hubiera impactado de lleno en las trayectorias de otras personas que verían esos trazos grotescos de las suyas propias al saltar todo por los aires.

En cualquier caso, a pesar del dramatismo de muchos acontecimientos vitales, en especial los de pérdidas de vidas y los accidentes o enfermedades que no han terminado en muerte hay una consecuencia importante que es el aprendizaje. Siempre aprender, es nuestro destino y nuestra misión vital. Aprender y crecer.

Este aprendizaje puede ser el más valioso y hay que aprovecharlo en beneficio propio y en el de otros.

Yo he estado ahí, en las simas oscuras de la depresión, auténticas arenas movedizas que te hunden más y más. Ves una salida en el fin de todo. Lo que no ves es las consecuencias. Simplemente no puedes verlas. Pero hay otras salidas alternativas a cruzar la frontera de la que no hay retorno. Y son caminos de vida, de crecimiento, de canalizar esa fuerza de empuje para corregir la trayectoria, para retomar la misión de vivir, de crecer, de ayudar y dejar un legado positivo. La valentía ahí es buscar ayuda y trabajar para salir poco a poco de esas arenas movedizas que te atrapan y te hunden con cada movimiento. Con esa ayuda se logra salir y alejarse de la frontera tentadora de la muerte.

Si alguien ha estado ahí sabe de lo que hablo y puede estar segura que si no hace nada más, tarde o temprano regresará. Se trata de vencer esa fuerza de atracción que a veces es gigantesca, como la fuerza de los motores de un cohete y recanalizarla como fuerza de impulso vital. La oportunidad que se abre es inmensa para uno mismo y para los demás.

Este tipo de experiencias abren nuestra mente a la reflexión profunda y activan una fuerza de voluntad poderosa, con la certeza de que esa frontera se cruzará tarde o temprano, dejando que el destino nos alcance, pero no yendo nosotros a buscarlo.

Todo esto he pensado hoy. Es domingo de Resurrección y puedo ver el significado trascendente que tiene y que ayer mismo comprobé. Que cada cual vive su pasión y lleva su cruz, pero que puede renacer, resucitar de ese estado de muerte en vida. Que existe esa fuerza divina que a veces se manifiesta en el momento preciso haciéndonos despertar, tomando conciencia de que esas voces embaucadoras que nos atraen como cantos armoniosos y llenos de sentido hacia nuestra perdición, realmente son voces distorsionadas de grotescos espectros que sólo saben dibujar grotescas trayectorias, que causan tanto daño.

Así que, y mira adonde he llegado en esta reflexión, feliz Pascua de Resurrección, seas o no una persona cristiana o creyente. Desde ese punto de corrección de la trayectoria vital se abre un mundo nuevo de posibilidades que, bien canalizadas, generan esa fuerza de empuje que necesitamos no solo para seguir aquí respirando, sino para ayudar a otras personas que sienten esa atracción de poner fin a su sufrimiento de la forma más finalista y más dramática.

No hemos venido aquí a sufrir. No se nos ha dado la posibilidad de experimentar esta aventura vital para desperdiciarla. Todo lo contrario.

Feliz misión y que la trayectoria equilibrada y estable te lleve lejos, allá donde deseas, dibujando una estela limpia y uniforme en el aire, que otros puedan observar y tratar de seguir.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Abril 2026





domingo, 26 de enero de 2025

Fuerza Interior

 

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Existe una fuerza interna que necesitamos para no sobrevivir, sino para vivir activamente, lo que sea, lo que surja, lo que toque, da igual.

Es necesario que esa fuerza interior permanezca intacta pase lo que pase, para poder adaptarse a todo lo que vaya ocurriendo, a todos los acontecimientos y circunstancias que la vida vaya poniéndonos por delante, da igual lo que sea.

Fuerza interior para no pensar en las cosas de forma negativa, para no darle a los sucesos fuerza en sí mismos. Son solo sucesos y la fuerza está dentro para sortearlos, para vivirlos, para adaptarnos, para aprender y esa fuerza interior es una energía que se va retroalimentando en cada vuelta de la espiral que se alimenta de los giros que da.

Qué más da qué y sobre todo que más da quién.

Son decorados y son extras, actores secundarios de cada escena. No les debemos dar fuerza, simplemente observarlos, aprender y continuar independientemente de el decorado y los actores. Siempre independientemente, no somos en función de las cosas y no somos en función de las personas. Solo somos y todo depende de nuestra fuerza interior y de quién somos realmente, que es lo que nos toca averiguar.

Conectar con momentos difíciles que hayan tenido lugar en la vida es bueno. Hacer esa conexión y tomar conciencia del momento en que ocurrieron, quién estaba allí y lo más importante: como recordamos esos momentos, cómo sucedieron, qué emociones nos produjeron y como logramos superar esas situaciones.

Escribo esto durante un paseo por el monte con mi perro.

Cuando vas con un perro por el monte, aquel va igual, da lo mismo el terreno por el que vaya, da lo mismo si el camino es cuesta arriba, si tiene más o menos piedras, si es cuesta abajo, si tiene obstáculos. Da lo mismo, el perro va exactamente igual en cada terreno, tiene la misma zancada va caminando con ese trote característico con esos saltitos típicos en su andar y puede, si tiene interés, correr en una cuesta muy pronunciada hacia arriba, solamente depende del interés, solamente depende de él, no del terreno. 

El perro va a ir al mismo ritmo y va a aceptar que el terreno es cambiante sin más protesta, sin sentarse, sin desfallecer, simplemente va a continuar. 

Porque el perro no lleva carga mental, simplemente camina, trota, va y viene, explora, no lleva el peso que llevamos los humanos, el peso mental que nos hace desfallecer, frenar, juzgar. 

Él no lleva nada de eso. 

Simplemente cuando se despierta está al cien por cien. Si hace calor tira, si hace frío tira, si hace sol tira, si llueve tira. Tira todo el tiempo y se para a descansar cuando lo necesita físicamente, no porque su mente le diga "no puedes más", "esto es demasiado empinado", "hace mucho calor"... no, el perro tira porque está en su naturaleza y porque no tiene carga mental, por eso no pierde energía y le cuesta tan poco recuperarla. 

El perro pisa con decisión, con firmeza, con confianza y con fuerza, se adapta al terreno y transita por él tranquilo, sin miedo. 

Sólo necesita su fuerza interior, que se realimenta con su movimiento y con su actitud curiosa y constante. 

Esa es la fuerza interior que necesitamos y debemos potenciar y alimentar en esa espiral de energía que es necesario mantener girando.

Jorge Arizcun

domingo, 31 de marzo de 2024

¿Qué tiempo hace... en tu interior?

Acompañamiento para Gestión del Cambio
Crecimiento Personal




Hoy hace uno de esos días que invitan a no salir, a quedarse en casa, leyendo, o viendo la tele, tapados con una manta. 

Llueve, hace frío, hay una luz gris que nos lleva a cierto estado de ánimo.

Pero no. No es el día, ni el frío, ni la lluvia, ni la luz. Nada de eso nos puede llevar a ningún estado de ánimo. 

Sólo puede hacerlo nuestra mente, con nuestros pensamientos. Pensamientos incesantes que boicotean nuestra vida, si les dejamos.

Pero esto está ya dicho y redicho. De nada sirve repetirlo y repetirlo. Hay que hacer.

¿Y qué podemos hacer?

Pues muchas cosas. Pero no hace falta buscar cosas complicadas, no. Se puede hacer algo muy interesante que es no seguir esos pensamientos, parar  y observarlos.

Porque si la dejamos a la mente, que va a su aire, dominarnos, va a jorobarnos el día.

Podemos hacer cosas. Siempre hay algo que podemos hacer para no seguir a esos pensamientos, que tienden a paralizarnos con ese mensaje negativo. Hoy porque hace un día frío y gris, otro día porque hará un día caluroso y demasiado luminoso, o con mucho polen para la alergia, o con mucho viento..., da igual. 

La mente inventará pensamientos para que no hagamos.

Pues hay que hacer. Es la única manera. Hacer. Lo que sea. 

Para no hacer caso a esa voz de nuestro pensamiento que quiere que nos lamentemos, que no hagamos nada, que nos quedemos tirados, tapados, que durmamos o que nos anulemos con la tele durante horas.

Mejor será hacer. Moverse.

¿Qué nos gusta? Y ¿qué no nos gusta? Porque hay que hacer de todo, lo que nos gusta y lo que no, que son apreciaciones subjetivas.

Y sólo hay que ponerse.

El decorado es lo de menos. Me refiero al exterior, al tiempo, a la luz, a la lluvia o a lo que sea. 

Es lo de dentro lo que importa. El problema es que ese mal tiempo, o lo que percibamos cada uno como mal tiempo o desapacible, se instale en nuestro interior.

Porque no hay peor frío que el interior, ni peor humedad, ni peor oscuridad. Y sólo son pensamientos.

Tenemos que darnos cuenta de esto y repetirlo. Son pensamientos, que me provocan emociones, ante las que reacciono.

Uno puede somatizar como consecuencia de lo que piensa. Puede incluso enfermar.

Es muy potente la mente. Pero no lo es más que nosotros, que nuestro ser. 

Siendo de verdad, estando presentes y atentos, podemos combatir y derrotar a esos saboteadores mentales que son los pensamientos que nos dicen, vaya día, qué asco de tiempo, qué frío, qué calor, qué mierda...

Y ninguna de esas cosas son importantes, ni son buenas o malas, tan solo son. 

Es nuestra mente la que las etiqueta y la que produce reacciones físicas en nuestro cuerpo, la que puede alterarnos el ánimo.

La mente. Cuánto se ha escrito sobre ella y sobre los pensamientos.

Y cuánto hemos leído y escuchado, que no nos ha valido para nada, porque volvemos una y otra vez a los patrones de comportamiento y a las reacciones automáticas a esos estímulos.

Lo importante es: ¿cómo estamos realmente? En nuestro interior profundo. ¿Estamos en paz?

Si estamos en paz, nada de lo anterior nos puede ocurrir, porque estaremos vibrando en la misma frecuencia que el todo y aceptaremos sin juicios todo, tal y como venga.

No existe el mal tiempo, existe el tiempo atmosférico, que es cambiante y consecuencia de leyes físicas. Es necesario que sea así. Y es correcto y perfecto.

Que nos guste o no depende de nosotros. ¿Y por qué elegimos que no nos gusta?

Porque es una elección. Es ver las cosas de forma positiva o no. No quiero decir negativa, sino menos positiva, así vamos entrenando.

Todo tiene su parte buena, todo. Hasta los días grises y lluviosos.

Podemos disfrutar, viendo una buena película, tapados con la manta, sin lamentar nada. 

Apetecen esos días grises y desapacibles, porque si los vemos de forma positiva, nos invitan a pasar esas tardes calentitos en casa haciendo cosas que pueden hacerse en casa (no sólo estar en el sofá tragándonos lo que nos echen, desganados y tristes)

Pero también puede salirse a la calle, y puede ser gratificante, claro que sí, un paseo bien abrigados, buen calzado, ropa de agua, paraguas..., en compañía o solos. Y parar a tomar un café y leer un rato nuestro libro en la cafetería o conversar si vamos con alguien.

Bueno, hace frío, llueve, hace viento..., ¿y qué?

¿Qué tiene eso que ver con nuestro bienestar interior?

Si nosotros estamos bien, nada de eso nos va a afectar. Lo que no es correcto es pensar que estamos de una u otra manera en función del exterior. Ahí está el error.

¿Qué culpa tendrá la madre naturaleza de cómo nos encontremos nosotros?

Todo está bien ahí fuera. Es como es. Lo que debemos preguntarnos es por qué yo estoy así, melancólic@, triste, apátic@. Y en eso debemos trabajar.

¿Qué nos está pasando? Observémonos ¿por qué reaccionamos así?

Es importante conocernos, hacer por conocernos y no achacar a causas externas lo que nos pasa. Porque es dentro donde debemos mirar y actuar.

Podemos meditar, buscar la conexión con nuestro yo, hacer deporte y hacerlo con nuestro cuerpo, leer, escuchar música, escribir, como estoy yo haciendo ahora.

Trabajar, estudiar, jugar, caminar, cocinar, hacer bricolaje, planchar, conversar, hacer deporte, meditar...

Podemos hacer todo lo que nos apetezca hacer. Lo malo es que no nos apetezca hacer nada. Esa apatía, ese dejar pasar el tiempo sin aprovecharlo. Ese lamentarse.

Sólo nosotros decidimos dónde colocarnos, en la acción o en la inacción y el lamento.

No hay días grises. Hay días, con toda la gama de colores. Predominarán más unos u otros dependiendo de la estación. Y es lo correcto.

No dejemos que los pensamientos nos controlen provocando emociones a las que reaccionamos. La tristeza, la euforia, el miedo, el placer, el ánimo, son eso, emociones. 

Nosotros no somos nuestras emociones. Y la reacción a las mismas es cosa nuestra.

Un día gris y lluvioso no afecta para nada a nuestra supervivencia, no supone ninguna diferencia en cuanto a la experiencia. 

Es un día para vivir, eligiendo y adaptándonos. Observando con atención qué es lo que sentimos y porqué.

Es más que probable que acontecimientos del pasado, relacionados con días como el de hoy, condicionen nuestro presente. Y hay que saberlo. Ser conscientes que todo es producto de nuestra mente. Y elegir.

Pudiendo elegir estar bien, que podemos, ¿por qué elegir lo contrario?

Hoy hace un gran día. Porque estamos vivos y podemos hacer muchas cosas. 

Recordemos que estamos vivos. Sólo eso debería bastar, pero a veces no basta. 

Sobre esto sí merece la pena reflexionar. 

Lluvia o sol, frío o calor, da igual. Eso es lo del exterior.

¿Qué tiempo hace en tu interior?

Jorge Arizcun
Octubre 2024

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domingo, 12 de noviembre de 2023

Nadie es de nadie

Acompañamiento para Gestión del Cambio 


Nadie es de nadie 
Te encuentras a las personas por circunstancias, digamos que por "casualidad", aunque las casualidades no existen. Existen las causalidades, que es distinto... 

Según esto, salvo la familia, que no eliges y que supuestamente has de "aguantar" toda la vida, los amigos y las parejas aparecen por algo y se cuelan en nuestra vida. Eso es algo que nosotros permitimos. Decidimos a quién le levantamos la barrera para que pase. 

De ahí a que aquel o aquella a los que se les permite franquear esa barrera, "tome posesión" va un trecho. 

Mucho trecho. Insalvable.

Nadie es de nadie. Y ninguna persona puede creer que otra es suya. Quien lo cree, tiene un problema serio. 

De la otra parte, quien se cree de alguien no tiene un problema menor.

Las personas, igual que entran salen. Deben hacerlo si así lo queremos. Es una simple cuestión de respeto. Si yo quiero estar con alguien y esa persona no lo quiere, tengo que respetarlo. No podemos apegarnos más que a nosotros mismos, y ni eso.

La posesión necesita... exorcismo. 

Es una agresión, es una invasión.

Nadie es de nadie. Ni los hijos son de los padres, ni los padres son de los s hijos, ni se es de la pareja, ni del amigo. Los posesivos son peligrosos: mi mujer, mi marido, mi madre, mi padre, mi hijo, mi amigo... 

Así hablamos, pero no está bien.

Nadie es de otra persona. O más bien, lo es desde su libertad de elegir. Y si se decide que hasta aquí, así debe ser. Si eso no se respeta, las situaciones se complican y mucho. 

Respetémonos. Reconozcamos la individualidad y la libertad de elegir, de cambiar, de tomar otros caminos y compañía de viaje.

Cada persona lo querría para si misma ¿no? 
¿Tú lo querrías para ti?

Pues no quieras algo distinto para los demás.

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Todo tiene solución

Acompañamiento para Gestión del Cambio 

Todo tiene solución y como puedes elegir, en tu mano está decidir tu nivel de excelencia. 

¿Cómo? 

Desarrollando nuevos modelos mentales. 

¿Cómo? 

Cambiando tu mapa del territorio, porque este no puedes cambiarlo, sólo puedes ocuparte del mapa.

Así tomas conciencia de que puedes cambiar tu foco, centrándote en la solución, dejando a un lado el problema, sea el que sea. 

Esto te conduce a mejorar tu nivel de excelencia como persona.

Cuanto más trabajes en cambiar tu mapa centrándote en las soluciones en vez de en los problemas, más mejorarás.
 
Más adelante veremos cómo cambiar tu mapa...

De momento céntrate en lo que deseas, en tu meta, tu objetivo, en ese cambio que quieres lograr.

En la medida en que interiorices que todo tiene solución, tomarás conciencia de la inexistencia de límites. Estos te los pones tú con tu mapa. 

Puedes llegar donde quieras y alcanzar el máximo nivel de excelencia si realmente te lo propones.

En este momento y en relación con lo que ahora quieres cambiar trata de definir tu meta, visualizándola y qué nivel de excelencia personal quieres lograr, en relación a esa meta, sin que te reste en otras áreas de tu vida. 

La excelencia de una parte debe sumar al conjunto.

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