Mostrando entradas con la etiqueta instante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta instante. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de septiembre de 2026

No te despistes

   

Acompañamiento para la gestión del Cambio



"No sabíamos que nos íbamos a hacer viejos tan rápido". 

Está frase se la he escuchado hoy a una vecina que acaba de regresar del hospital tras una intervención quirúrgica. Mientras estaba ingresada le han cambiado la bañera por un plato de ducha y ella, muy delgadita a su regreso, dice que eso tenían que haberlo hecho mucho antes, que no sabían que se iban a hacer viejos tan deprisa.

El tiempo pasa rápido. Hoy es el cumpleaños de mi madre, que falleció hace doce años, ¡doce ya!

Hoy cumpliría 93. Se fue con 81 y estos doce años han pasado deprisa, como pasarán los próximos doce.

Hay que tomar conciencia del paso del tiempo y de la impermanencia. Todo pasa y mucho más rápido de lo que pensamos. 

A medida que vamos cumpliendo años el proceso de envejecimiento se acelera y un día nos daremos cuenta y podremos decir la misma frase de mi vecina.

Cuando mi madre cumplió 80 años, le hicimos una fiesta sorpresa en un restaurante y ella decía que no le gustaba ni quería cumplir esos años. La vejez le alcanzó rápido y la muerte nueve meses después, demasiado rápido.

Yo pienso que mejor querer y aceptar el paso del tiempo y cambiar la bañera por el plato de ducha y adaptarse en la medida que se pueda al paso del tiempo. Vivir en lo posible con la máxima conciencia y agradecer cada día nuevo, que puede ser el último o el primero del resto que nos queda, que puede ser poco y no lo sabemos. Mi madre en su 80 cumpleaños no sabía que menos de un año después moriría. O quizás lo intuyera. No me lo dijo.

Sí me dijo, tras el ictus que le dio el mes de mayo siguiente: "no quiero morir".

Aprendí dos cosas, que la muerte viene cuando viene a por uno y que no querer es lo natural. Aceptarlo cuando se tiene conciencia es de valientes y cada día es un regalo. Es así, por duro y difícil que resulte ese último trecho.

Lo viví de cerca con mi suegro, que estuvo 6 meses en paliativos sabiendo que de esa residencia no saldría con vida y con mi padre, que se fue 42 días después que mi madre y pasó sus últimas dos semanas en otra residencia de paliativos, consciente de su final y tranquilo con su inminente destino.

Tenemos que saber que nos haremos viejos deprisa, a partir de un determinado momento, que será más o menos tarde dependiendo de muchos factores, algunos en nuestro control, como cuidarnos, hacer deporte, tener la cabeza activa, etc., pero otros absolutamente fuera de nuestro control, como una enfermedad, un accidente cardiovascular inesperado, una caída o cualquier otra cosa. Simplemente el fin de nuestro tiempo aquí.

Me pasa al perder de vista a gente, que después de no mucho tiempo sin verlos, o esa es mi apreciación, vuelvo a verlos en persona o en una imagen y me asombro del deterioro. 

¡Qué rápido pasa el tiempo! Los niños se hacen mayores muy deprisa, los acontecimientos se suceden sin parar, los avances y los cambios son muy rápidos. La vida es un instante. Así es. A escala cósmica prácticamente es nada.

Un sólo momento de conciencia es toda una vida.

Nos iremos. Y pasarán doce o quince años, así como si nada. Y seguirán pasando y seremos recuerdos cada vez más lejanos.

Vivamos. Vivamos con intención, enterándomos de los momentos, del máximo que podamos. Vivamos con la conciencia de que hoy no va a volver y que mañana igual no es.

No nos preocupemos tanto por todo. Apreciemos la vida y las personas con las que compartimos el camino durante trechos más o menos largos.

No nos apeguemos a lo material y aceptemos como parte de la vida el cambio, la pérdida, la desgracia, la alegría. Venga en el envoltorio que venga.

Hace unos días en mi caminata matinal con mi perro, actividad en mi control para "retrasar" el envejecimiento, pasé como casi cada día por un camino junto al cementerio y vi varias imágenes que pueden resumir esto muy bien:

Primero un coche, un buen coche con alguien que iba al cementerio de visita, después otro coche, también buen coche, de la misma marca, este fúnebre, que llevaba a alguien a su última morada.

Después, junto a una puerta lateral del camposanto un vehículo distinto, nada lujoso, ni siquiera a motor, un carro para transporte de féretros. Y finalmente, por encima del muro una cruz. Un resumen en instantes del camino rápido del cambio, del despoje y la muerte:


 

Esa cruz asoma por encima de ese muro que separa el mundo de los muertos del de los vivos y nos recuerda que ahora estamos a este lado en nuestra vida, con nuestra salud, nuestros seres queridos y nuestras posesiones materiales, sin ser conscientes que perderemos la salud, las cosas y las personas. 

Que el paso del primer vehículo al último será más rápido de lo que pensamos y que después estaremos para siempre, como decía la canción de Serrat, en cautiverio sin poder salir del cementerio. El camino inverso no es posible, al menos en este plano, así que vivamos como si mañana fuera el día en el que iremos en ese carro de féretros y dejémonos de estupideces, preocupaciones e historias. 

Vivamos el presente y tratemos de vivir conscientemente el paso del tiempo, los cambios y las etapas vitales, aceptando que somos un instante, pero un instante precioso de luz en la eternidad.

No digo eterna oscuridad, ojo. Eternidad, que es la luz suplema, suma de todos los instantes de luz que han sido, que son y que serán.

No te despistes, que no te pille de sorpresa la vejez y vívela consciente de vivir, instante a instante y sin miedo.



Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Septiembre 2026


sábado, 14 de diciembre de 2019

Mi última semana




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Esta entrada la escribí 6 días antes de casarme y quiero con ella destacar una vez más la importancia de la conciencia plena aquí y ahora.

Esta es mi última semana.

Mi última semana antes de ¡casarme!

Esta mañana de lunes, yendo al trabajo en moto como cada día, iba pensando en el sábado, que es el día D, en los preparativos, en los invitados, en el tiempo que hará o no hará, en detalles de la preparación, en la celebración, en la novia, en nuestros hijos... en fin, pensamientos y pensamientos sobre ese día.

Hacía mucho frío y viento y llovía intermitentemente con fuerza. Condiciones nada favorables para ir en moto. Yo iba conduciendo y en mi cabeza todos esos pensamientos. Conducía en "piloto automático", algo muy peligroso siempre conduciendo y especialmente peligroso en un día como hoy.

En un momento determinado, sin que haya pasado nada que me alertase, he tomado conciencia de repente de la situación con un pensamiento: “es mi última semana”

Y me he dado cuenta de que no estaba a lo que tenía que estar y me he dicho en alto, “tío, ¿a qué estás? ¿no ves el tiempo que hace?” 

De inmediato he desechado los pensamientos sobre la boda para centrarme totalmente en la conducción de la moto con las condiciones climáticas adversas.

Mi última semana... Tras pensar en lo anterior, el significado bien podía ser otro. 

Si como consecuencia de estar distraído pensando en acontecimientos futuros a una semana vista, al ir conduciendo en moto, con el tiempo como estaba, si hubiese surgido algo inesperado, un obstáculo, un charco profundo, una ráfaga fuerte de viento, una incorporación inesperada de otro vehículo o cualquier otra cosa, podría haber tenido consecuencias graves, o quizás mortales. Entonces el significado de “mi última semana” en vez de referirse a mi última semana de soltero, lo haría sobre mi última semana sobre la tierra, o mi última semana entero, vaya usted a saber el alcance de esa luctuosa expresión…

No estar en el ahora, no estar presente y con atención plena a lo que sucede, especialmente si lo que sucede es que estás sentado sobre una máquina de dos ruedas, a ciento y pico kms por hora, en un día lluvioso y con viento, puede tener consecuencias graves o muy graves.

No está mal recrearse con acontecimientos por suceder, o visualizarlos. Pero no en cualquier momento y lugar.

En el trabajo puedes tener distracciones que hagan que cometas errores o no te des cuenta de algo importante, o no te enteres de lo que te comunican, ¡qué sé yo! Puede ser cualquier cosa.

O en casa si no prestas atención a lo que te dicen o a lo que haces por estar pensando en acontecimientos futuros.

Mira por donde, puede ocurrir y fatalmente estas cosas pasan, que por pensar en ese maravilloso día, se pierda la atención en lo de ahora y en el caso de, como yo esta mañana, tener un accidente que impida poder vivir ese momento futuro, que nunca va a llegar.

No te distraigas con el porvenir, por cerca que esté, porque puede que esté realmente muy lejos, o sea inalcanzable. Y tampoco por lo maravilloso que a priori puede parecer, porque puede convertirse en algo terrible.

Lo que hay es lo que hay ahora, no hay nada más. Incluso me estoy distrayendo de mi presente recordando lo que pasó esta mañana. Pero bueno, lo que estoy haciendo ahora es escribir, con plena conciencia de hacerlo.

Dentro de una semana es muy lejos, aún no existe. Cuando esté ahí en ese momento que entonces será presente, sí que deberé ser plenamente consciente del mismo, que será como tenga que ser. Pero no antes. No ahora, que hay que estar a lo que se está.

De momento, sigue siendo mi última semana de soltero, queda un día menos, el vivido hoy, o el que debería haber vivido hoy (¿cuánto me he perdido?)

¿Y tú?, ¿en qué estás?, ¿has vivido tu día conscientemente o has estado dando garbeos mentales fuera de tu ahora? ¿te has dado cuenta de lo que has hecho, de lo que has hablado y escuchado, de lo que has sentido?

Yo finalmente sí me he dado cuenta de lo que he sentido cuando he tomado conciencia mientras conducía hacia mi trabajo del posible significado de “mi última semana”. 

He sentido miedo, me he sobresaltado y también he sentido enfado por haberme distraído. Emociones que me han ayudado, ya lo creo.

Por cierto, me casé y fue un día maravilloso que viví intensamente y con plena conciencia.

Jorge Arizcun

miércoles, 1 de marzo de 2017

Instantes de luz

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





Bueno, pues ya se va acabando este lunes.

El tiempo pasa rápido... ¿o no?

Realmente es para pensarlo. El tiempo. 

Hablaba en otra entrada de la relatividad, de que hay que relativizar. El tiempo sí que es relativo. Y tanto.

Y lo cierto es que el tiempo no existe, es una percepción y un invento humano. Solo hay un tiempo, el presente, el ahora. 

Y el tiempo es lo que hay entre el ahora y el siguiente ahora. ¿Qué siguiente ahora?, ¿el de una milésima de segundo después?, ¿el de un segundo después?, ¿el de una hora después?, ¿el de un día, o una semana, o un mes, o un año, o un siglo después? 

Pues ese tiempo no existe. Porque después no existe. Y cuando existe es ahora.

La percepción del paso del tiempo es eso, una percepción. Y la tenemos porque hemos tenido que inventar esa medida, al tener conciencia del pasado y del futuro.

Somos la única especie del planeta que usa el reloj. Y las unidades de medida establecidas son arbitrarias. Inventadas.

Si os fijáis, el tiempo no pasa igual para todo el mundo. Cuando se es joven, parece que el tiempo pasase lentamente y cuando se es viejo lo contrario.

Dependiendo de la actividad que se esté haciendo, la percepción del paso del tiempo es distinta.

¿Cómo detener el tiempo?  Solo hay una forma: vivir el presente, el exacto instante en el que se está vivo.

En el presente sólo existe el instante presente. Que no es tangible, ni medible. ¿Qué es un instante? Si eres un oso perezoso es una cosa y si eres una mosca es otra.

Es muy complicado de entender, por eso hemos puesto nombre a las fracciones de tiempo. Y vemos el tiempo como un continuo pasar, como algo lineal, que avanza desde el pasado hasta el futuro, pasando por el momento presente.

Pero el tiempo puede detenerse, o así podemos percibirlo nosotros, por ejemplo en una situación límite. 

¿Y que pasa cuando morimos?, ¿se detiene el tiempo para nosotros?, ¿pasa el tiempo por nuestro recuerdo en la mente de los que quedan? 

Cuando Albert Einstein publicó su famosa teoría de la relatividad, de la que salió la famosa fórmula de: energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado, demostró que el tiempo físico es absolutamente relativo.

Si viajas a la velocidad de la luz, el tiempo se detiene. Tu llegas en un segundo, pero para los que se quedan en la tierra habrás tardado muchos años.

Además del tiempo físico existe el tiempo psicológico.
El tiempo físico depende del estado de movimiento del observador.

En el tiempo psicológico, hoy, cuando casi han transcurrido 24 horas para todos desde que comenzó, según esa escala de tiempo, la percepción de esas 24 horas es completamente distinta de una persona a otra. 

A unos se les habrá hecho eterno, a otros les habrá parecido muy corto y otros no habrán tenido conciencia del tiempo.

Hay personas que no llevan reloj, aunque todos con los dispositivos móviles, al menos en el primer mundo, tenemos acceso a uno y el tiempo se mide en todos lados, salvo como digo, en aquellos lugares en los que no hay acceso a la tecnología. Aún así, el paso de los días y las estaciones, suponen un patrón de medida.

Al igual que el tiempo físico es relativo, el psicológico también lo es. Aún más. 

Y hay algo que nos tiene en la incertidumbre más absoluta: ¿qué tiempo nos queda de estar vivos? ¿cuánto falta para el día o el instante de mi muerte?

Eso no podemos saberlo. Y esa incertidumbre puede ser angustiosa, si nos detenemos a menudo a pensar en ella.

Pero puede ser también un aliciente que nos incite a pensar que nuestra experiencia humana, corporal, terrenal, o como queramos llamar a nuestro tiempo vivos en nuestro cuerpo físico, no es proporcional al tiempo de reloj o de calendario que vivamos. 

Es lo que hagamos durante ese tiempo lo que vale. 

Si los instantes vividos plenamente conscientes pudieran iluminarse y los que han pasado desapercibidos permanecieran apagados, la suma de los instantes de dos personas que vivieran exactamente el mismo tiempo físico sería la misma.

¿Y si contáramos los instantes iluminados y los oscuros? Aquí sí que habría diferencias.

Los instantes apagados, son como tiempo que hubiésemos estado en coma. No vividos por nuestra conciencia.

La vida puede ser muy larga o muy corta, depende de cuánta luz sume. 

Esta es una forma bastante gráfica de verlo. Sin tantos tecnicismos. 

Es lo que hacemos con cada instante lo que vale, independientemente del numero de instantes en los que estemos vivos. 

Los instantes desperdiciados, o que han pasado sin estar nosotros presentes, son instantes de vida desperdiciados. Aunque los sentidos hayan estado ahí, percibiendo, ese presente, ese instante, no habrá sido vivido y será un instante apagado.

En la retícula de instantes que finalmente habrá conformado nuestra vida, la cantidad de instantes iluminados serán los que cuenten.

En nuestra mano está que el siguiente instante, que podría ser el último, sea un instante de luz. 

Poner luz en nuestra vida es cosa nuestra. Entrenar la conciencia del momento presente, no vivir en automático, es la fuente de energía de esa luz.

Ilumina tu vida. Sé consciente de ella. Vive.


Jorge Arizcun



domingo, 26 de febrero de 2017

La Vida Sigue

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal




La vida sigue

Y no espera por nadie. 

Todo pasa en instantes. Hasta la misma vida lo es.

Entonces, ¿por qué pararse? ¿por qué tanto preocuparse? Y ¿de qué? 
¿vale la pena?

Tengo una historia, mía, como la de muchas otras personas. Ni mejor ni peor. Ni buena ni mala. 

Ayer tuve que tomar una decisión. Una difícil decisión por su trascendencia. 

Y ese momento era impensable dos días antes. Porque era absolutamente imposible de prever.

Ayer tuve que decidir que a mi perra kyra le hicieran la eutanasia.

Muchas personas se enfrentan a una decisión así y los que tienen mascota saben que es un momento muy duro, ya que afecta mucho y afloran emociones fuertes y encontradas.

Kyra estaba bien. Muy bien. Y antes de ayer ya no. Un problema interno medular la dejó paralizada de los cuartos traseros. De golpe. Así, de un día para otro.

Y también de golpe te ves envuelto en una vorágine de acontecimientos y sentimientos. 

En pocas horas todo cambia y se altera. Cuento lo de mi perra por el desenlace, que afortunadamente puede decidirse. La eutanasia es un derecho y una opción que tienen los animales. Las personas, salvo en algunos países, no.

Y cuando reflexiono ahora, un día después de lo que yo personalmente viví como un momento terrible, me doy cuenta que depende. 

Terrible para mi. No para kyra. Porque era lo mejor para ella. Tuvo suerte de que su dueño estuviese ahí para tomar la decisión. La mejor decisión para ella.

No la que me hubiera gustado tomar. 

Pero no es cuestión de gustos, si de lo que es correcto. 

Y aún esto depende. Correcto para mi, según yo lo veo. Para otra persona quizás no.

Al final es una decisión. Y hay que tomarla, en uno o en otro sentido. Y ocurre así, de repente. Sin esperarlo, sin poder prepararse.

Y al día siguiente te das cuenta una vez más que la vida sigue, que todos los seres tenemos nuestro tiempo y que es correcto así. Porque así funciona la vida.

Kyra era joven y fuerte. Tan fuerte y vital que su lesión la provocó su fuerza y su vitalidad. Vivió su tiempo con plenitud física, con mucho cariño y a tope. Como era ella. 

Vino en el momento justo y se fue cuando le tocó irse. Sin más. 

¿Podía preverse? No. Sucedió. Como sucede todo.

Por eso no vale la pena preocuparse. No es razonable tratar de saber del futuro. Ni del de mañana. Ni del de dentro de un momento. 

Kyra vivía en el ahora, sin preocupaciones. Sin comerse el coco. Cada momento. Intensamente. 

No se decía, "no corras tanto que te vas a romper", no. Corría todo lo que podía y siempre que podía. Era su naturaleza. Y la envidio.

Todo estaba siempre bien en su mundo. Un ser puro sin contaminación mental. 

Viviendo. Sin más.

No es mal espejo en el que mirarse. 

Yo creo que hay que aprender mucho de la naturaleza. De los animales. De los seres vivos, los ecosistemas. 

Pero de eso puedes darte cuenta si tras un acontecimiento como el que viví yo ayer, junto a mi querido hermano, que me acompañó y ayudo en este trance, tratas de sacar una enseñanza. 

Yo creo que la he sacado y que la experiencia valió la pena. Sino, ¿para qué las lágrimas?

Sólo para sentir la emoción que algo así provoca. Y para reflexionar: ¿qué tengo que aprender de esto?

Pues esta reflexión es parte de ese aprendizaje. 

Kyra no era mía. Era parte del todo, como todos los seres y objetos. Vino a mi vida y compartimos un tiempo. Y fue una experiencia buena para los dos y para los que compartieron también tiempo con ella.

Sin más. Vino y se marchó. 

Pero hay algo que se resiste a esta aceptación. La mente, el apego del ego
.

Hoy kyra vive en mi recuerdo de ella y mi vida continúa. En mi mano está sonreír ante ese recuerdo o sufrir porque ya no está. 

Estoy triste pero también contento. Todo ha sido como tenía que ser. No como yo hubiera querido que fuera. Y aceptarlo es crecer a partir de ahí.

La experiencia de ayer fue intensa. Pero ni buena ni mala. Sólo fue.

Y para terminar esta reflexión, en este día raro, un regalo que me hizo ayer mi hijo de 14 años con esta frase:

"Papi, cuando pierdes algo o a alguien querido queda un sitio para que venga algo o alguien nuevo. Y hay que esperarlo con ilusión"

Pues con ilusión lo espero y espero que sea tan maravilloso e intenso como lo ha sido kyra. 

Hasta siempre compañera. Y gracias por la enseñanza.




Jorge Arizcun