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domingo, 19 de febrero de 2017

A VECES LOS SUEÑOS SE CUMPLEN

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





Esta es una frase que escuché este fin de semana en una presentación de fotografía, en boca de la fotógrafa que logró llevarla a cabo.

La vida tiene momentos tristes y momentos muy felices​. Esta vez le tocaba a esta fotógrafa uno de esos momentos de felicidad y plenitud, que se transmitía e irradiaba con su expresión, con el brillo de sus ojos y su sonrisa.

Claro que los sueños se cumplen. 

Ahí están, para perseguirlos y hacerlos realidad. 

En el caso de esta profesional, de la que, aparte de saber que es fotógrafa y que le ha llevado un año preparar el proyecto, no sé nada de su vida, ni de si en esa vida lo ha pasado bien, mal o muy mal. 

O las tres cosas.

Lo que está claro es que su expresión reflejaba la satisfacción por un sueño cumplido, t
ras perseguirlo, lo que conlleva creer en él, creer en uno mismo y trabajar para hacerlo realidad.

Tampoco sé las dificultades que ha tenido que superar, ni cuántas veces estuvo tentada de abandonar.

Todo eso quedó atrás y se suma a la satisfacción de haber superado los obstáculos y las voces que le sugerían, bien por mirar al pasado o por temor al futuro, que no lo intentara.

Ella perseveró y el resultado no sólo es por el magnífico trabajo realizado, sino por la fortaleza y la perseverancia.

Es un buen ejemplo de reflexión. Cuántas veces ni siquiera se intenta y queda ahí como un sueño incumplido, por no perseguirlo.

A veces un sueño, que puede parecernos descabellado poder cumplir, es precisamente el que podríamos hacer realidad si nos atreviéramos a pensar que es posible y diéramos el primer paso.

Y cuántas veces ese sueño que nosotros sí nos atreveríamos a intentar, no puede hacerse realidad porque no lo hacemos por miedo a lo que puedan decir o pensar otras personas.

Estamos llenos de miedos y de estereotipos de vida. 

Y la vida es todo menos un estereotipo. 

Es un campo de infinitas posibilidades. 

Creer es crear.

La realidad la creamos nosotros, si queremos y creemos que podemos hacerlo.

Porque uno de los saltos evolutivos importantes es el de llegar a saber que podemos crear nuestra realidad. 

No que podemos. Saber que lo hacemos constantemente. 

Y cuando se llega a ese estado de evolución personal, a los imposibles se les empiezan a caer las dos primeras letras y ese campo de infinitas posibilidades, en el que se incluyen todos los sueños, se nos abre. 

Y sabemos que querer es poder. 

Y nos atrevemos a dar ese primer paso en la dirección de nuestra intención, que es cumplirlo.

A veces los sueños se cumplen, pero no lo hacen ellos solos. 

Somos nosotros los que hacemos que se cumplan, creyendo que son posibles y que somos capaces. 

Sólo así nos podemos atrever a intentar hacer que se cumplan y podemos mirarlos de frente sin miedo, ni a nosotros ni a lo que puedan decir o pensar los demás.

Yo voy a intentar cumplir el mío, ¿y tú?

Por cierto, la exposición de fotografía fue una pasada. Y la satisfacción de la autora más.
Creer es crear.

Jorge Arizcun

jueves, 16 de febrero de 2017

El Duro Trabajo de Reinventarse

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal






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Bueno, reinventarse, reinventarse igual no es exacto, porque como suele decirse "está todo inventado".

Más bien podría decir, reconocerse o redescubrirse.

Como últimamente no paro de formarme y de descubrir y redescubrir cosas, hoy voy a compartir parte del trabajo de evolución que estoy haciendo y lo que me está enriqueciendo.

Adelanto que no es un camino fácil y llanito, l
o que en senderismo denominamos "nivel de dificultad medio-fácil" o directamente fácil.

No, es un camino duro, aquí no vale engañarse. 

Y a veces parece imposible, pero no lo es. 

Y la dificultad es siempre relativa. 

Depende de un factor necesario, la actitud.

Reinventarse conlleva desprenderse de muchos lastres. Es un ejercicio de desapego muy importante. 

Y a lo largo del camino, aunque sea una cuesta hacia arriba de la montaña, vamos poco a poco aligerando la mochila que cargamos y esa subida se nos hace menos dura.

En mi propio proceso de reinvención y reencuentro con quien soy realmente, la cantidad de cosas, recuerdos, personas, y programas de mi mente de los que me voy deshaciendo, al vaciar mi mochila, me están facilitando mucho seguir caminando, al aligerarse mucho la carga.
 
Mochila que he cargado en mi espalda mucho tiempo, toda mi vida.

Bueno, quizás desde los 7 años, que es cuando, según los expertos, terminó de llenarse mi cerebro de programaciones y comenzó a llenarse la mochila.

Cuando uno va a salir al monte, si no tiene mucha experiencia, suele cargar la mochila en exceso. La llena de "porsiacasos" y claro, pesa lo que no está escrito. 

Y mientras avanza por la ruta, piensa que el camino es muy exigente y duro, sin darse cuenta de que lo sería mucho menos con una mochila más ligera, o sin mochila incluso.

Todos los caminos tienen de todo, subidas, bajadas, obstáculos, zonas poco transitables, peligros, zonas llanas muy cómodas... 

Y además hay factores externos al propio camino y a nosotros como la climatología, que influyen notablemente en nuestra percepción de la experiencia de recorrer ese camino, muy distinto con lluvia, o con viento, o con mucho sol y calor.

El camino es el mismo todo el tiempo.

Pues cuando uno se adentra en la aventura de cambiar, y saca el explorador que tiene dentro, empieza un camino sin retorno que no sabe muy bien adónde le va a llevar. 

Y aquí hay otra cosa importante. No es adónde me va a llevar el camino, sino adónde quiero ir. 

Y viene la primera dificultad. Averiguar, elegir y decidir hacia dónde queremos ir.

En este punto no podemos engañarnos. Equivocarnos sí. 

Y cuando es por error la elección del camino, sí que hay retorno posible y posibilidad de cambio. 

Una elección errónea es empezar a caminar por el primer camino que aparezca, sin una intención clara. Sin un destino claro.

¿Hacia dónde quiero ir? 

El destino quizás no es tan importante, pero sí la dirección.

En un cambio vital, identificar ese camino y esa intención, mirando hacia un destino final, que puede que no alcancemos, es algo que requiere mucho trabajo con uno mismo.

La buena noticia es que somos ya unos cuantos los que hemos hecho, o estamos haciendo el proceso y podemos acompañar a otros que lo inician, en el descubrimiento de ese propósito, de esa intención y ese destino. 

Podemos ayudar a que otros encuentren su camino.

Reinventarse no es más que cambiar el sentido de nuestros pasos. 

Puede parecernos, cuando logramos identificar ese propósito, una empresa difícil o imposible. 

Pero las barreras las pone uno. Las pone la mente.

Uno de los objetivos, que prácticamente todos tenemos, es vivir lo más posible. Llegar a la ancianidad en buenas condiciones de vida y salud.

Pero no está en nuestra mano el tiempo que vamos a vivir. Sí cómo vivimos nuestro presente enfocados es ese objetivo.

Yo, lo que he aprendido en mi reinvención forzosa es que sólo cuento con hoy, con ahora.

Era imposible imaginar los cambios que me ha traído la vida, como lo es tratar de saber qué pasará mañana.

Así que vivir ahora es un aprendizaje que hay que hacer. 

Cuando la vida nos pone delante desafíos, pérdidas, cambios bruscos, nos da la oportunidad de aprender, de evolucionar, de observarnos, de cambiar y de decidir.

Y aunque cuando se está ahí abajo y hay que empezar a subir, todo nos parece imposible, no lo es. 

Sólo hay que dar el primer paso, eso sí, con intención. Y esto hay que trabajarlo. 

Vale, estoy aquí y así. Lo acepto. Y ahora ¿hacia dónde quiero ir?

No es sencillo. Pero hay que ser muy sinceros con nosotros mismos y trabajar para descubrirlo. Y mejor con ayuda.

Y de momento aquí lo dejo para no alargar está entrada demasiado.

En siguientes hablaré de cómo ser buenos compañeros de nosotros mismos y cómo se puede aprender eso.


Jorge Arizcun

sábado, 11 de febrero de 2017

Sabiduría de la Incertidumbre

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal







Dos de las 7 Leyes Espirituales del Éxito, de Deepak Chopra (que nada tienen que ver con el éxito material) son, la quinta y la sexta: La quinta es la Ley la Intención y el Deseo y la sexta es la Ley del Desapego.

Hoy voy a escribir principalmente de la quinta, que tiene una relación directa con la siguiente.

Una de las partes que a mi más me llaman la atención es poder renunciar al apego al resultado.

Saber vivir en la "sabiduría de la incertidumbre"

Cuando vemos una película, estamos viviendo el presente y dejamos que transcurra con la incertidumbre de lo que va a pasar. No lo sabemos y ahí está lo bueno.

Lo mismo nos pasa al leer un libro, una novela. Podemos hacernos una idea de lo que puede pasar y hay giros inesperados que conducen a otro final distinto del que imaginábamos.

Igualmente, cuando salimos a la montaña, a hacer una nueva ruta, vamos viviendo paso a paso la experiencia y no vamos pensando en el final.
 

Procuramos disfrutar del camino.

En ninguno de los tres ejemplos nos apegamos al resultado. Vivimos el presente y dejamos que los acontecimientos se sucedan. Vivimos esa incertidumbre sin ansiedad.

En la vida, lamentablemente no. 

Muchas veces nos apegamos al resultado de las cosas y no disfrutamos del camino que debemos hacer para conseguirlas.

Un ejemplo que conozco. La búsqueda de un nuevo trabajo. 

Buscar un trabajo es en sí un trabajo (no remunerado) pero que requiere recorrer un camino. 

Dependiendo de cómo transite cada uno ese camino, será más o menos gratificante. 

La actitud es muy importante. 

Y el camino a recorrer es también muy importante. El resultado es la consecuencia de haber recorrido el camino con la actitud correcta.

Es incierto el resultado, por lo que apegarnos a una incertidumbre es absurdo. 

Pero la mente imagina y se apega a eso que imagina.

La incertidumbre es una constante en nuestras vidas. Nada está escrito. Así que vivir en la incertidumbre es toda una competencia. Es sabiduría. Es no apegarse al resultado. 

Porque el resultado es incierto. Y no puede haber apego a lo incierto.

El apego es como un ancla. Nos frena, nos retiene, nos limita.

Desapegarse es dar libertad al universo para que las cosas sucedan como hayan de suceder, sin ser condicionadas por los pensamientos, que generan las expectativas.

Es mucho más emocionante vivir con la  sabiduría de la incertidumbre.

Esta sabiduría no es fácil de alcanzar, porque la gran mayoría especula y vive condicionada al resultado.

Y ¿cual es el objetivo de vivir, sino el hecho mismo de vivir?

¿O acaso es el logro de cosas materiales, o relaciones, o felicidad? Todas cosas que vienen y se van.

La felicidad es algo intangible y subjetivo.

Como hace poco alguien me dijo, es la ilusión de estar vivo, de vivir. Ese es el objetivo.

La vida trata de vivir, no de conseguir nada, ni estatus, ni dinero, ni poder, cosas todas que pueden perderse.

Lo vemos constantemente.

Son gratificaciones para el ego, que se alimenta de lo externo.

Vivir es algo más que pasar los años que se nos conceden amasando fortuna, éxitos, fama, reconocimiento. 

No es tener, es SER. 

Y esto es difícil de asimilar en una cultura, como la occidental, que fomenta lo material y la individualidad.

Es un error. 

Todo eso es apegarse al ego, a lo material y a la necesidad de reconocimiento, de éxito, de dinero, de cosas, de fama. 

A la autocomplacencia, a lo exterior.

No nos llevaremos nada. Tal cual vinimos nos iremos. 

Entonces ¿para qué apegarse a nada? Se trata de disfrutar del camino, y ni al propio disfrute hay que apegarse, ni al camino mismo, que es cambiante. Ni a la vida siquiera, que es camino igualmente.

Mejor practicar el desapego, lo que nos permitirá vivir con lo que vaya viniendo y aceptando lo que se vaya yendo.

Yo, hasta hace muy poco tiempo disfrutaba de un estatus, de un reconocimiento, de una estabilidad económica, de un puesto fijo (¡JA!)

Y todo eso cambió y se fue. Y aquí sigo, tras experimentar el otro lado, la inestabilidad, la falta de identidad profesional, de reconocimiento por la actividad que dejé de realizar, la falta de un puesto fijo... Pero no he desaparecido ni me he volatilizado. 

Estoy aquí y sigo aprendiendo.

Y cuando uno se quita capas y va renunciando a cosas, se da cuenta que todo eso son superficialidades, que no afectan a la verdadera esencia de uno. Más bien, cuando están la mantienen oculta, tapada, ahogada.

Así que desapegarse de cosas, de personas, de roles, de creencias, es de lo más liberador.

Y cuesta, porque hay una emoción muy poderosa que nos condiciona mucho: el miedo.

Ayer vi una película de animación muy recomendable, "Zootrópolis", en la que se dice una frase que me ha resultado interesante y que anoté: 

"A lo único que hay que temer es al propio miedo". Y el apego contribuye mucho a fomentar ese miedo. Miedo a perder, a fracasar.

¿Acaso una margarita puede fracasar en su vida de flor? ¿O la abeja en su vida de insecto? ¿Quién los juzga?

Los humanos somos distintos, mucho más complicados y hacemos que nuestra vida sea complicada también. 

Demasiada mente. Demasiados pensamientos, demasiado ego, demasiado apego.

Vivir es simple, sólo hay que vivir y la vida va sola, casi sin nuestra intervención. Sólo tenemos que alimentarnos y descansar las horas que el organismo necesita.

Pero no, nuestra vida la llenamos de retos, de competencia, de búsqueda de logros, de dinero, de reconocimiento, de visibilidad. Todas necesidades del ego.

Se puede vivir casi sin nada, o con muy poco. El resto son necesidades creadas, a las que nos apegamos compulsivamente.

Afán por tener, por ser alguien, en vez de tan solo ser. Y ese alguien es nuestro ego, el de los apegos, al que le cuesta tanto disfrutar, incluso cuando se tiene el éxito social y material.

Ilusión por estar vivos, sin más. Eso es la clave de la felicidad. Lo demás son lo que nos venden.

El resultado de vivir, es la propia vida. Y el proceso de vivir incluye la propia muerte. 

¿Cómo vemos la muerte? ¿Como el resultado inevitable de la vida? Entonces qué, ¿nos apegamos a la muerte? No, ¿verdad?

Pero sí nos apegamos al resultado de un negocio, de una apuesta, de cualquier cosa que hagamos. Así nos llevamos las decepciones que nos llevamos.

No hay que apegarse ni a la propia vida.

Simplemente no hay que apegarse a nada. Si, como se explica en la Ley de la Intención y el Deseo, no fijamos la atención en el futuro, que es donde se situaría el resultado, sino en el presente, donde todo tiene lugar, si hacemos las cosas con conciencia del momento presente, entonces es cuando estamos realmente vivos. 

Porque el presente es conciencia.

Debemos tener en cuenta algo que condiciona toda esta ecuación: La Intención.

Puede que pensemos: pero la intención mira al futuro. Es verdad. Pero esta Ley contempla otra cosa importante: La atención. Y la atención es el presente, el ahora.

Combinando la atención con la intención, creamos materialmente el futuro. 

Porque el futuro se crea en el presente. Manteniendo la atención y teniendo la intención. Parece un trabalenguas, pero es la forma de no ver el futuro con apego. 

Porque estamos centrados en el presente. Es lo que se llama la intención desapegada. 

Es no luchar contra el presente, es vivirlo, pero con intención. No con expectativa. 

Porque solo se es en el presente. Y aquí y ahora no hay apego que valga. 

La intención es deseo sin apego al resultado. Si hago las cosas con la intención de..., pero vivo en el presente, no puedo apegarme al resultado. 

El deseo por si sólo, contiene el apego. Queremos que ocurra algo. 

La intención es distinta. Hago en mi presente las cosas enfocadas hacia un futuro posible, pero no me salgo del presente. 

No me coloco en el resultado, porque el resultado es incierto. 

Con la intención puedo proyectar hacia el futuro pero con la atención y la conciencia en el presente. Con el deseo la atención se va al futuro y aparece el apego al resultado.

El resumen, para entenderlo bien, es que la intención, con atención, crea el futuro. 

Atención al momento presente e intención hacia el futuro. ¿Dónde estoy y hacia dónde quiero ir? 

Como siempre es ahora, a medida que avance, dónde estoy es siempre el presente, es lo único que hay real. 

La intención dirige el siguiente paso, pero las posibilidades son infinitas. No puedo sólo tener en cuenta el destino, apegarme a él. Realmente sólo puedo tener en cuenta el camino.

Así que, aunque pueda parecer complejo, no lo es. Estemos en el ahora con atención y miremos hacia el futuro con intención. 

Como el futuro lo creamos en el presente, la combinación de ambas cosas nos llevará hacia donde queremos, porque lo iremos creando en el ahora, en el presente. Sin apegos.

Si caminamos con la atención puesta en el destino, en ese punto donde deseamos llegar, podemos despeñarnos por un barranco, al no tener la atención puesta en el presente. Así de fácil. Y luego, de camino al hospital, con varias fracturas, podemos lamentarnos lo que queramos. Ahí estaría el apego al resultado.

La sabiduría de la incertidumbre es todo un reto. 

Si se consigue, es un grandísimo paso para lograr vivir con la atención plena en el ahora, sin apegarnos a lo que vaya a pasar realmente. 

La magia es que la intención, combinada con el desapego, crea ese futuro desde el presente. 

Somos los creadores de nuestro futuro. ¿Qué futuro queremos?

Pues toda la atención en el presente. Así funciona. No deseemos. Hagamos con intención.

Jorge Arizcun