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martes, 1 de noviembre de 2022

Pereza y procrastinación

 

  Acompañamiento para Gestión del Cambio 


¿Por qué tenemos pereza para hacer cosas que son beneficiosas para nuestra vida?

Por ejemplo, el ejercicio físico que contribuye notablemente a nuestra salud. O la práctica de la meditación, que fomenta el equilibrio, la calma y nos ayuda a estar presentes. O el ejercicio intelectual, el conocimiento (leer, estudiar…)

Nadie puede poner en duda que el deporte es salud física. Nadie puede poner en duda la importancia de una buena salud física, de una buena salud mental y una buena salud social. Salud es esas tres cosas, a las que podemos añadir el aspecto trascendental de nuestra existencia, que también es muy importante.

Gran parte de la población no se ocupa de su salud a través del deporte, la alimentación, el descanso, el equilibrio, el autocuidado, las relaciones saludables y el desarrollo intelectual y de las destrezas que fomentan nuestra competencia a todos los niveles.

La razón que se da es principalmente la falta de tiempo. Yo añadiría la escasa o nula motivación e interés.

La falta de tiempo deja de ser excusa si existe interés y motivación suficientes.

¿Cuántas veces comenzamos a cuidarnos física y mentalmente por prescripción médica, o cuando no hacerlo provoca problemas familiares, sociales o laborales?

Cuidarse físicamente crea las condiciones para el resto de aspectos, el mental y el social. Y nos disciplina, con lo que gestionamos mejor nuestro tiempo y combatimos la pereza.

La realidad es que procrastinamos y buscamos excusas No se trata de falta de tiempo, sino de su deficiente gestión, de nuestra tendencia a procrastinar, que es un hábito que podemos quitarnos si nos ponemos a ello.

Claro que la falta de tiempo y motivación son la excusa perfecta para seguir procrastinando, lo que da lugar a un círculo vicioso en el que finalmente no tenemos tiempo ni ganas para luchar contra la procrastinación. Procrastinamos dejar de procrastinar.

El verbo procrastinar significa "diferir", "posponer", "aplazar" y proviene del verbo latino procrastināre, formulado por el prefijo pro-, que remite a “adelante”, y el término crāstinus, por “día siguiente” o “mañana”.

¿Sabes que gran parte de la gente se considera procrastinadora crónica, con un hábito firmemente asentado? (uno de cada cinco adultos es procrastinador severo y la mitad de los estudiantes también manifiesta importante severidad en este hábito. Es mucha gente)

Lo que seguramente no saben es cómo la procrastinación, dejar para después o para mañana las tareas, es una causa importante de estrés, ya que supone el motivo de no pocos problemas, al ser tremendamente contraproducente en el ámbito profesional y en el personal, suponiendo una distorsión de nuestra percepción de la calidad de vida (creemos que tiene mayor calidad nuestra vida si posponemos tareas que no nos apetecen, nos aburren o no nos motivan por su dificultad o por su escasa dificultad)

El hábito de la procrastinación es causante de trastornos de ansiedad, estados depresivos, trastornos del sueño o alimentarios. En definitiva: estrés.

El estrés que produce el hábito de procrastinar puede cronificar esos trastornos, al ser un hábito que va a más (cuanto más procrastines, más vas a procrastinar) Esto podemos enlazarlo con las prácticas de bienestar, como por ejemplo el deporte y la disciplina que conseguimos haciendo ejercicio, que nos ayuda a combatir el hábito de posponer.

Romper el círculo vicioso no es sencillo.

No es sólo que dé pereza hacer cosas que cuestan o nos aburren. Es más que eso, se trata de toda una batalla que se libra en nuestro interior, en nuestro cerebro. No hay que considerar la procrastinación como pereza o incompetencia. Los estudios de neurociencia avanzada demuestran que se trata de un conflicto en el plano biológico, entre el sistema límbico y la corteza prefrontal, que son complejas áreas del cerebro  interconectadas.

El primero es un potente sistema que comprende las estructuras del cerebro que activan las emociones. Este sistema apareció en la escala filogenética, en nuestra evolución, antes que la corteza prefrontal, o córtex cerebral.

Esta última estructura, más evolucionada, encargada de los procesos complejos del intelecto, como el razonamiento, la resolución de problemas y la conciencia social, es considerada como el centro de la personalidad y es la que nos diferencia claramente del resto de las especies animales.

Cuando nos enfrentamos a una tarea que no nos resulta agradable o cómoda, la batalla entre los dos sistemas la gana el más antiguo, el límbico, el de las emociones y el instinto. Y procrastinamos. El sistema más reciente, el prefrontal, pierde. La razón pierde frente al instinto y la reacción inconsciente, al elegir la recompensa inmediata y el bienestar momentáneo, posponiendo la tarea sin pensar en las consecuencias y el malestar a medio y largo plazo.

Ya lo haré mañana. Ya saldré a correr mañana (o nadar, o cualquier otro deporte) Este aspecto del ejercicio físico es el gran perjudicado al ser particularmente susceptible a la procrastinación. Mucha gente considera el deporte como algo desagradable y perciben esta tarea, que es necesaria, de forma negativa, hasta el punto de poder llegar a producir rechazo.

Detrás puede estar la percepción de falta de competencia, la falta de motivación, la falta de paciencia y la inconstancia, lo que produce una emoción desagradable, que es la frustración. La reacción instintiva de nuestro cerebro más primitivo es la evitación que se manifiesta en forma de procrastinación. Esto es válido para el deporte, para la dieta, para el estudio, los proyectos, las relaciones (“ya quedaremos”, “te llamaré uno de estos días”, ¿te suena?)

La implicación en la actividad física o mental intensa, según estudios realizados, genera un estado de activación que no nos resulta agradable.

Lo cierto es que tras la actividad física o mental tenemos en general mejor estado de ánimo, aunque el desarrollo de la tarea no nos resulte agradable mientras se está realizando (esta percepción puede cambiarse con diferentes técnicas)

Esto tiene que ver con el rechazo primario a salir de nuestra “zona de confort”, a vencer la inercia. Procrastinamos porque elegimos esa falsa comodidad (que a la larga resulta tremendamente incómoda)

Nuestro bienestar requiere de más acción, actividad física, mental, retos a superar, metas a conseguir. La procrastinación propone lo contrario, lo fácil, lo inmediato, precisamente lo que nos va a provocar malestar, desequilibrio e insatisfacción.

En referencia al deporte, un estudio reciente, realizado con una muestra de 621 personas (274 mujeres y 347 hombres) con edades comprendidas entre 18 y 83 años de edad, que mantenían la práctica de algún tipo de actividad física, demuestra que estas personas tenían una percepción de mayor calidad de vida y se sentían más saludables y despiertas, menos perezosas, más proactivas y por tanto con menor proprensión a la procrastinación.

En dicho estudio se concluyó que una práctica deportiva de un mínimo de dos horas y media a la semana, da como resultado, además de una mejor forma física, una percepción más positiva de la propia salud.

Esto es extrapolable a cualquier otra actividad. La percepción resultante es un estado de satisfacción sostenible, lo que es una motivación en sí mismo.

Como dijo un poeta inglés (Edward Young): “El tiempo perdido es la existencia; El tiempo utilizado es la vida”. No te limites tan sólo a existir, vive.

No se trata de llenar de años la vida, sino de llenar los años de vida. Procrastinando, posponemos hacer, posponemos vivir. Porque nuestra tarea vital es el bienestar a largo plazo. Y el hábito de la procrastinación nos aleja de ese bienestar. Nos aleja de nuestra vida.


Jorge Arizcun


lunes, 6 de marzo de 2017

Sube el Volumen

 Acompañamiento para la Gestión del Cambio 


(Pulsa la flecha de play para ver el vídeo)

Sube el volumen. Mira hacia afuera y observa cómo la gente está ocupada con sus vidas.

Y piensa: ¿por qué estoy aquí en este planeta?

¿Cuál es el significado de todo esto?, ¿La pena?, ¿La lucha?, ¿El amor?,  ¿A qué?

Tanto si eres creyente en Dios como si no, puedes tratar al menos de ser una buena persona..., el Amor puede ser una buena respuesta.

Una de mis películas favoritas, Interestellar, de cuya magnífica banda sonora es autor el gran Hans Zimmer (uno de mis compositores favoritos) te transporta a otra dimensión. En esta película se habla de los universos paralelos, de las distorsiones espacio-temporales.



No es fácil entenderla, es una película de las de discurrir y permite profundizar un poco en la relatividad y en las emociones.

Tiene mucha trama emocional.

Unos días antes de escribir esta reflexión le pregunté a mi hija de 11 años entonces:
- ¿Cómo estás?
Y me contestó: 
- ¡Viva!

Joer, en una sola palabra, cuántas cosas ¿no? Y dicha por una niña de 11 años, qué quieres que te diga...
 
Me puse a reflexionar (no es difícil eso en mi) y dando unas cuantas vueltas, muchas, llegué a Interestellar.

El cine es una buena referencia a tener en cuenta. Las películas cuentan historias de personas y de acontecimientos que les suceden y de lugares. Aunque, ojo, la historia más importante es la tuya propia, no te vayas a olvidar.

Las películas cuentan también historias del pasado y del futuro. 

Y en esas historias podemos ver el presente de los personajes.

También nos muestran las emociones. 


En esta cinta del director Christopher Nolan, se suman muchas cosas: Pasado, futuro, tiempo, espacio, emociones, ciencia...

Da que pensar. Mucho si uno se pone:

Relatividad general, dilatación temporal, agujeros negros y paradojas asociadas a viajes en el tiempo.

Física teórica. 

A mi me apasiona. No soy ningún experto para nada, pero reconozco que toda esa información científica me hace tomar conciencia de lo relativo que es todo. Y me ayuda a lidiar con los "problemas" que percibo como tales en mi vida.

En la película, la humanidad no tiene futuro. 

A veces me pregunto por el futuro de la humanidad. 
Todo son dudas. 

Pero hay una esperanza en esa historia. 

Un "Ellos" que nos regalan un futuro. 

"Ellos", seres de otra civilización que viven en un espacio - tiempo de cinco dimensiones, paralelo a nuestro espacio- tiempo de cuatro dimensiones. 

"Ellos" han creado un agujero de gusano que conecta nuestra galaxia con otra galaxia (de nuestro universo o de algún otro universo paralelo) 
El punto de entrada se encuentra en las cercanías de Saturno. Y el punto de salida está en un sistema planetario con siete planetas en órbita alrededor de un agujero negro supermasivo.
 
Los protagonistas sólo visitan tres de ellos.

Estos seres que viven en cinco dimensiones incitan a un científico a proponer una misión espacial rumbo a ese sistema planetario, en busca de un planeta habitable que regale un futuro a la humanidad en alguno de los tres planetas: Miller, Edmunds y Mann.

¿Pero en cuál?

El protagonista, debe abandonar entre lágrimas a su hija, que se quedará en la Tierra y acabará siendo una famosa física teórica, completando el trabajo iniciado por el profesor que recibió la señal. 

Una teoría cuántica de la gravedad.

Complicadillo ¿verdad?

El espectador medio no tiene conocimientos de física y en la película varios protagonistas tratan de explicarle los conceptos básicos de la física de los agujeros negros en rotación, el horizonte de sucesos y la ergosfera, así como la diferencia entre la singularidad de un agujero negro de Schwarschild y uno de Kerr.

Cosa que realmente, al menos en mi caso, no lograron.

Pero, a lo que quiero ir es a la parte emocional. Ahí sí me manejo algo mejor.

Esta película marca un punto de inflexión al saber combinar los hechos científicamente posibles y predictivos de la ciencia en el futuro, en combinación con la fuerza impulsora de las emociones: Amor, Esperanza, Rabia, Deseo de Explorar, Inconformismo.

Fusión de la Razón con las Emociones que nos impulsan a actuar.

Ante el Desánimo, el Amor nos mueve para encontrar una solución razonable.

Inconformismo ante la mediocridad.

Sin Valentía no hay Superación.

El héroe moderno se arriesga para salvar a los demás.

Necesidad emocional de estar en conexión con los demás y de hacer algo que aporte soluciones a la sociedad.

En la película Interstellar podemos sentir la Ciencia, la Filosofía y las Emociones todas juntas e interdependientes. Eso es lo que hace diferente a esta película, que habla de mucho más que de viajes interestelares.

La actriz Anne Hatthaway, que encarna a una de las protagonistas, comenta:
 
"En Interstellar nos enfrentamos a la sensación de pérdida y sacrificio, las dos mayores emociones que puedes reflejar en el cine".

La película emociona y mucho. Abruma desde su espectacularidad épica.

Interestellar es un viaje a través de las estrellas hecho desde el corazón. 

Lo único que puede salvar a la humanidad del fin es la propia humanidad, el amor como fuerza capaz de todo, como recurso fundamental sobre el que edificar el resto. 

"Antes mirábamos hacia el cielo y nos preguntábamos  cuál sería nuestro lugar en las estrellas, ahora miramos hacia abajo angustiados por cuál será nuestro lugar entre el polvo" 

Esta frase, dicha por el protagonista, es una buena muestra de esas emociones de las que hablo. Esperanza, angustia...

Por encima de la ciencia están los sentimientos. 

Esta es probablemente la película de Nolan con más carga emocional. 

Todo se reduce al amor, el amor está por encima de la ciencia y lo racional. Esto enriquece la ficción y le aporta un valor mucho más humano. 

Al comienzo, la película se centra mucho en la construcción de los personajes para que podamos entender sus motivaciones y cómo se relacionan entre sí. 

Después hay una parte de acción, sin olvidar nunca el lado sensible, para acabar de forma muy emocional, con una emotiva escena

Y es que la base de todo es la relación entre un padre y su hija, un vínculo que está, para mi, muy bien creado y desarrollado.




En fin, emociones humanas, en un contexto de ciencia y aventura espacial.

No tengo que decir que el espacio me apasiona, también la ciencia y sobre todo las emociones.

Sube el volumen y a sentir.
(Si no has visto la película, la recomiendo)

Jorge Arizcun