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domingo, 28 de octubre de 2018

Lo único que permanece es el cambio 3 - Los tres Personajes



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Ya hemos visto en qué consiste el cambio y las diferentes  posiciones que puedes adoptar.

Avora quiero volver a destacar el concepto de compromiso, necesario para enfrentar con decisión el proceso de cambio y sobre todo el compromiso que tienes contigo y con todo lo que tiene que ver contigo. 

Tu vida es tu responsabilidad y comprometerte es la primera premisa del auto-respeto.

Empecemos con una frase: Ya que estoy aquí, voy a ESTAR completamente. Esto requiere prestar atención y trabajar la PRESENCIA. Esto significa estar plenamente, con todos los sentidos. Prestarte atención.

Estar, prestar atención, observar... ¿qué es lo que está pasando ahora? a tu alrededor, en tu entorno, en el mundo. ¿que es lo que esta pasándote? en tu interior. Date cuenta de lo que piensas y de lo que sientes.

Es habitual no prestar atención y no darse cuenta de lo que se siente, de lo que se piensa, ni tan siquiera de lo que pasa. 

Si el cambio requiere acción, para poder actuar es necesario tomar conciencia de dónde y cómo se está. Una vez logrado esto, que requiere un trabajo y un entrenamiento, hay que actuar, con lo que se tiene. No esperar a que las cosas cambien para hacer. Es mejor tomar la iniciativa y provocar ese cambio.

Al tomar conciencia lograrás dos cosas:

- Situarte
- Elegir

La primera es esencial para activar la segunda. Saber dónde estás para elegir adónde quieres ir.

Hay una sensación que marca la intensidad de este proceso: el dolor.

Hay un punto de dolor que es necesario alcanzar para decidir cambiar. Ese umbral es distinto en cada persona. Debes ser consciente de lo que te duele una situación o un estado para motivarte lo suficiente a cambiarla. 

No se trata de dolor físico, que es un tipo de dolor. Es dolor vital. Las situaciones, los acontecimientos, las sensaciones pueden provocarlo. Es la intensidad de ese dolor la que activa el deseo. 

Los pasos, por tanto, son: situarse, sentir, desear y actuar.

El deseo sin acción se queda en una simple idea, que sólo se materializará si se actúa.

Ahora estás en el punto de "dolor" suficiente para desear el cambio. Y tienes toda la libertad de escoger. Libertad de dirección.

Puedes ponerte en marcha como un "pollo sin cabeza", que corretea en todas direcciones y en ninguna. Es cuando cualquier cosa nos vale. 
No sabes el potencial que tienes de desarrollar tus capacidades.

Realmente los humanos estamos entrenados en la supervivencia, más que en crear nuestra realidad, así que hay que pararse y razonar. Una buena pregunta es: ¿qué hay en todo esto que a mi me vale la pena? Y desde ese razonamiento  enfocar. Te dará una pista de hacia dónde quieres ir y dejarás de ser un pollo sin cabeza correteando sin sentido porque pondrás cabeza y razonamiento.

Eres tres personajes a la vez. Imagina 3 círculos, uno grande y dos pequeños encima

¿A qué te recuerda? Sí, a Mickey. De estos tres personajes habló Walt Disney.
El primero, situado en la que sería la oreja izquierda es el Creativo, el segundo, que estaría en la oreja derecha es el Ingeniero y el tercero, situado en el círculo del centro es el Evaluador.

Los tres personajes conviven en ti. Vamos a ver el primero: El Creativo.

Para permitirle salir, es necesario que comiences a desarrollar hábitos. Para sacarlo hay que trabajar con él. Vive en el hemisferio derecho de nuestro cerebro.

Hay una cita de Einstein que dice:

" Los problemas no se pueden solucionar en el nivel de conciencia en el que fueron creados" Fíjate en las dos últimas palabras: "fueron creados" 

Los problemas se crean. Nuestro personaje creativo lo hace. Aunque no nos demos cuenta. Por eso hay traerlo al plano consciente y ponerlo a trabajar.

Así podrás conectar con los motivadores reales que son los que te llevarán a la acción.

¿Quiénes son los creativos más grandes? Los niños. Conecta con tu niño y se iluminará tu hemisferio derecho para crear una nueva realidad.

Es importante que observes cómo te hablas, qué te estás contando.

Es tu personaje creativo quien lo hace. Y con ese lenguaje está creando tu realidad.

Ten cuidado con lo que te dices, en especial con el lenguaje crítico hacia ti.

Te pongo un par de ejemplos.

En vez de decirte "no lo estoy haciendo mal", frase que tiene negatividad implícita en las palabras "no" y "mal", que tu cerebro interpreta literalmente, además de extraer el mensaje "no lo estoy haciendo" (así funciona el cerebro humano...) prueba de esta manera:

"Lo estoy haciendo bien"

Es mucho mejor así, ya que directamente es un lenguaje en positivo.

La manera de hablarte puede darte pistas de cómo te estás relacionando contigo, a través de los mensajes que tu personaje creativo te dice.

En vez de decirte: "debo creer en mi", que implica un mandato y cierto reproche, prueba a cambiarlo por: "voy a creer en mi", que implica acción y determinación.

Vigila a tu yo creativo. Ponlo a trabajar para ir modificando la manera en la que te habla.

En este punto, te propongo un ejercicio poderoso, que si lo haces bien te va a ayudar mucho en tu trabajo de cambio.

Se trata de la experiencia de visualización.

Busca un lugar tranquilo y confortable. Adopta una postura de confianza, con los pies bien apoyados en la tierra, con el cuerpo relajado y la espalda erguida.

Escoge una música que te resulte relajante e inspiradora y, cerrando los ojos, respira tranquila y profundamente y visualízate dentro de tres años en aquello que sueñas.

Presta atención a los detalles, recréate en ellos, en lo que ves, en lo que escuchas, en lo que sientes.

Deja que tu yo creativo trabaje y te muestre ese futuro deseado, que te hable en presente de él.

Observa dónde, con quién y cómo estás. Concéntrate en estar allí ahora. Empápate de la vivencia. Experiméntala.

Sal de allí y regresa despacio, con la música, que quizás cuando vuelvas a escucharla te transporte a ese tiempo y lugar creados en tu mente para ser creados en tu realidad.

Todo es mental.

Y ahora, de nuevo en tu presente, tomando conciencia intensamente de dónde, cómo y con quién quieres estar dentro de esos tres años de tiempo, comprométete. 

Empieza a pensar y a escribir cómo hacer que eso que tu creativo ha proyectado se haga realidad.

Ese compromiso te dará determinación y te ayudará a decidir que quieres llegar y te empujará a la acción enfocada en tu meta.

Decide vivir con sentido, en su más amplio significado, con el rumbo puesto hacia tu meta, consciente de lo que te pasa y sacando el máximo partido de la experiencia, que es de crecimiento y evolución.

Con el creativo en control, la realidad se irá creando, materializando el deseo.

Adelante.

Ahora, aquí, pregúntate por qué haces lo que haces y si eso te acerca o te aleja de esa realidad visualizada.

Partes desde aquí y desde ahora, con tu yo creativo trabajando. No te conformes con el abanico limitado de opciones que crees que tienes. Deja que tu personaje creador te muestre más y explóralas.

Por último, anota cómo este propósito tuyo va a afectarte a ti, a tu entorno y al planeta.

Identifica aquello que te hace especial y toma conciencia de lo que eres capaz de lograr.

Te recomiendo que escribas, que anotes como en un cuaderno de bitácora tu experiencia.

Ánimo y hasta la próxima entrega de este apasionante viaje por el cambio.

Cree y crea.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Diciembree 2021







Sígueme en tweeter: @jarizcun

  


sábado, 22 de abril de 2017

¿En qué ESTÁS? Síes, Cuandos y Entonces


                     Trick or Treat      Consultoría y Coaching - Crecimiento Personal






Si...., entonces....

¿Te suena?

Mira la imagen.   

Si (lo que quieras poner), entonces me aceptarán

Si (lo que quieras poner), entonces tendré seguridad

Si (lo que quieras poner), entonces tendré satisfacción

Si (lo que quieras poner), entonces tendré valor

Si (lo que quieras poner), entonces me ocuparé

Si (lo que quieras poner), entonces perteneceré

Si (lo que quieras poner), entonces encontraré alivio

... me respetarán

...me apreciarán

...mi vida cambiará...


Me vale también si cambiamos "Si" por "Cuando"

Es muy importante lo que está entre paréntesis ("lo que quieras poner")

Y es significativa la palabra "entonces", que indica tiempo futuro condicionado a esos "síes" y "cuandos"

Desde luego, qué tramposo es el lenguaje. Y qué tramposa la mente, que mediante ese lenguaje nos promete futuros.

Pues me vas a disculpar, pero NO.

Rotundamente no.

Ojo, que yo he estado en eso, en fiar mi futuro a si ocurre tal o tal cosa, o a cuando ocurra.



Y es un error, ahora lo sé. 

Porque he pasado bastante tiempo condicionando el hacer, estar o sentir a unas circunstancias que habían de darse para que el futuro fuera de una manera determinada.

Las cosas pasan, ya está. Normalmente no de la forma que esperamos. 

Pero pasan ahora. En este momento.

No podemos condicionar nuestra vida a circunstancias que puede que no se den.

Voy más allá: ¿No te parece posible que las circunstancias se den precisamente si hacemos ahora?

Crear la realidad está en tu mano. Crearla en este instante.

Y es muy importante el lenguaje que emplees, lo que te digas, porque ese lenguaje va a influir y mucho en esa realidad que creas.

Aparca los síes y los cuandos. 

No condiciones tu vida, ni veas esos entonces. Mejor mira los ahoras.

¿Te acuerdas del cuento de "La Lechera"? Imagino que sí, porque es muy popular. Todos lo conocemos.

Imaginación de acontecimientos y consecuencias futuras basadas en "cuandos"

Una construcción mental. Un castillo en el aire que nos nubla la mente y nos saca del presente.

"Haré tal cosa y ocurrirá tal otra, "si pasa esto, entonces ocurrirá aquello", bla, bla, bla mental, que nos distrae, hasta que por esa distracción y no estar en lo que hay que estar, no ves por donde andas, tropiezas y el cántaro de leche se cae, se rompe y con él todos esos futuros creados por la mente.

Es A-HO-RA donde hay que estar. Plenamente. Conscientemente. 

Y contar con lo que eres, haces, tienes y cómo estás ahora mismo. 

No digo que no haya que proyectar, visualizar o imaginar. 

Pero hacerlo no puede significar no estar. No vivir y ocuparse en el presente.

¿En qué estás? En el título de esta entrada lo escribo con mayúsculas. Porque hay que ESTAR con mayúsculas.

Tu vida ocurre ahora. Lo que ocurra más adelante depende de muchos factores, pero no puedes posponerte a ti mismo. No puedes posponer ser. 

Ya veremos qué ocurre y como. Lo veremos en presente, si llega ese presente.

En el libro "Tus Zonas Erróneas", del recientemente fallecido Wayne Dyer, hay un párrafo que se me quedó grabado, pero que sistemáticamente no he tenido presente:

"Mira por encima de tu hombro, te darás cuenta que tienes a tu lado a una compañera que te acompaña constantemente. Tu propia MUERTE.
Puedes tenerle miedo o usarla en tu propio beneficio.
Siendo la muerte una propuesta tan eterna y la vida tan increíblemente breve, se tú mismo, goza, ama… puedes temer tu propia muerte o usarla para ayudarte a vivir positivamente."

¿Qué te parece esa compañía? 

Yo te recomiendo que la tengas presente. Que la mires. No para darte miedo, sino para no posponer y, como dice Dyer, vivir positivamente.

No fíes al futuro. No dejes de estar ahora. Haz las cosas en este instante, porque es el mejor para hacerlas.

Piensa en esa compañera, tu final en esta vida, en este plano terrenal. Como si fuese ahora. 

¿Dónde quedan esos "síes", esos "cuandos" y esos "entonces"? 

No esperes a ese momento para darte cuenta de que no estuviste, no hiciste, no fuiste.... Será ya tarde.

No quiero ser muy radical, bueno, un poco sí. Pero para ayudar.

El cántaro roto de la lechera puedes ser tú, en cualquier momento. Eso sí que es una certeza. Y con esa certeza presente... vive tu presente.

Con lo que hay. Con quien eres, con cómo y en qué estás, con lo que tienes, con lo que sientes. Y haz. No dudes. Haz.

Lo que quieras poner entre los paréntesis de las frases de la foto del principio, ponlo. Y da por hecha la consecuencia en presente.

Un sólo ejemplo: "Si tengo la actitud adecuada, entonces mi vida mejorará..." o "Cuando la tenga, entonces..."

¿Cómo construyes de nuevo esta frase? ¿Cuándo es cuando?, ¿Cuándo es entonces?

Ten la actitud adecuada ahora mismo y en este mismo instante tu vida mejora. 

Seguro. 

En presente.

No esperes. La vida no espera.

Piensa en tu compañera...


La última noche de Boris Gruschenko (Woody Allen)


Jorge Arizcun









martes, 7 de marzo de 2017

El Duro Trabajo de Reinventarse 2

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





2




Continúo con la segunda entrega de "El Duro Camino de Reinventarse", que este tema da mucho de sí.

Como estoy haciendo el programa de Gestión del Cambio, aprovecho que hay mucho contenido interesante para trabajar y lo comparto por aquí, por si puede ser de ayuda.

Espero que sí.

Y creo que puede dar para alguna entrada más...

En la primera parte, estábamos subiendo por el tortuoso y empinado camino de ese reinventarse

(https://totconsultingsolutions.blogspot.com.es/2017/02/el-duro-trabajo-de-reinventarse.html)

Empinado y tortuoso, sí. Pero a medida que nos vamos adentrando y vamos subiendo, vamos entrenando. 

Al principio resulta muy penoso y cansado y uno no puede más que mirar al suelo, donde va a dar el siguiente paso.

Poco a poco vamos más ligeros. Primero porque aligeramos la mochila. Y después porque vamos estando más fuertes. Y más tarde porque las condiciones mejoran.

Esto nos permite ir poco a poco levantando la cabeza. Ya no estamos tan cabizbajos, mirándo fíjamente el camino. No.

A medida que vamos avanzando y levantando la vista, podemos ver algo más que el sitio en el que vamos a poner el pie. Podemos ver que alrededor hay paisaje. Cambiamos la perspectiva.

No todo es el camino y su dureza, o la dureza que percibimos. También está el entorno, el contexto. Y suele ser sorprendente.

Si podemos levantar la cabeza y mirar alrededor, todo cambia. Porque podemos comenzar a apreciar dónde estamos. Podemos ver que hay mucho más y que merece la pena. 

Paisajes, verde, cielo. Quizás agua, ríos, lagos, cascadas. Nubes, animales, silencio, viento..., quizás acantilados, mar...

No todo son piedras, arena, barro, camino empinado. Hay mucho aliciente alrededor.

Esto lo primero.

Hoy quiero hablar del principal compañero de viaje con el que contamos.

¿Adivinas quién es?

Exacto (para quien lo haya adivinado) Nosotros Mismos.

Ese es nuestro compañero. Inevitablemente vamos a transitar el camino con él. Y más nos vale llevarnos bien. Porque si no es así, realmente puede resultar muy penoso.

¿Qué le decimos a nuestro compañero de viaje?

Para esto vamos a hacer el ejercicio de colocarnos a su lado, como observadores y contemplarlo, sin juzgarlo. Sin juzgarnos.

Miremos su postura, su actitud, su mirada, su equipo. Miremos solamente.

Observemos su mochila. Esa pesada mochila que lleva a la espalda, con la que tiene que subir esa empinada cuesta.
Hay que decir que la cuesta es muy empinada al comienzo. Quizás no lo sea tanto, pero si se lo parece a nuestro caminante. 

Porque iba por un camino mucho más llano y llevadero, la mochila no le pesaba tanto y de pronto ese camino tiró para arriba, en un brusco cambio de pendiente.

¡Uf! Frenazo. No puedo mantener el ritmo. La mochila ha doblado su peso y me tira para atrás. La sensación es intensa. La apreciación de dificultad se magnifica hasta extremos de pensar: No puedo.

Pero (cuidado con la palabra "pero", que es un gran borrador) en realidad sí que puedes.

El lenguaje crea realidades. Si dices que no puedes, no puedes. Eso es un hecho.

Es como si pusiésemos un filtro a la realidad. Un filtro con partículas limitantes que se activaran cuando el lenguaje fuese limitante, convirtiendo la realidad en aquello que decimos.

Cuando llega el momento de cambio y lo que era un camino cómodo y llevadero se convierte de repente en un difícil, empinado, irregular y estrecho sendero, lleno de piedras, espinos y resbaladiza arena, es absolutamente normal detenerse. Pero no detenerse para no seguir.

El camino por el que íbamos ha desaparecido, ya no existe. Tenemos sólo este por delante.

Pero este panorama tan desolador es solo el inicio de esta nueva ruta. Y ¿sabes qué? Que ni es tan empinado, ni tan difícil, ni tan irregular ni estrecho, ni las piedras son tantas, ni tan grandes, ni los espinos lo pueblan todo y la arena no es resbaladiza todo el tiempo.

Lo que pasa es que lo comparamos con el anterior, al que estábamos acostumbrados y nos parece todo eso. 

Y además nos lo decimos. Con el lenguaje interior creamos esa realidad. Y por delante no es que tengamos un camino, sino que hemos levantado una pared vertical.

Por eso es muy recomendable observar bien y observarnos a nosotros mismos. Y observar lo que nos decimos.

Si yo soy mi único compañero de viaje y me encuentro con este cambio repentino, ¿qué me diría? 

¿Qué le diríamos a un compañero que fuese junto a nosotros caminando y que se encuentra con un cambio de desnivel y un camino más difícil de golpe?

¿No puedes?, ¿párate?, ¿abandona?, ¿déjalo?, ¿va a ser así todo el tiempo?, ¿olvídate de que mejore?, ¿sólo puede ir a peor?, ¿tú no vales?

¿O más bien le dirías a ese querido compañero de ruta ¡venga, ánimo!, ¡tu puedes!?

Yo creo que si lo miramos así, y nos miramos a nosotros con amor y con compasión, como ese compañero con el que caminamos, no nos diríamos esas cosas tan negativas y limitantes.

Porque esas cosas no se las diríamos a otra persona con la que fuésemos de ruta por la montaña. Nunca.

Entonces ¿por qué nos las decimos a nosotros? 

El camino puede endurecerse, mucho, de golpe. Sí.

Pero todos sabemos que son tramos, etapas. Que después viene un tramo más cómodo y más llano y más ancho.

Que tarde o temprano vuelve a descender. Que encontraremos agua. Que si hace mucho frío o mucho calor, o mucho viento, va a cambiar. Seguro.

Podemos parar para tomar aliento y para deshacernos de peso innecesario en la mochila. Esa pesada mochila. Pero no crear con nuestro lenguaje una realidad distorsionada que nos paralice. Porque no es verdad. No es real.

Los que habéis hecho rutas de montaña lo sabéis bien. Hay tramos difíciles y complicados, que forman parte de la ruta. Así es la montaña.

Recuerdo cuando alguna vez haciendo senderismo, mi hijo pequeño se enfadaba cuando el camino se empinaba y decía: - Jo, ¡hay cuestas!
Yo me sonreía y le decía, - claro, estamos en la montaña. Pero sigue que más adelante es más fácil y luego bajaremos.

Le animaba a seguir, le enseñaba que así es el monte y que por eso es tan especial caminar por él. Que no sólo es el camino. Le distraía con los paisajes, con la orientación, con la vegetación, con la fauna.

Igual que la vida. Igual. 

Es cómodo andar por terreno llano, o por la ciudad. Pero es monótono. No hay reto.

Pensemos así. Un reto. Otro reto. Podemos superarlos, claro que sí. Porque tenemos las condiciones, vamos bien equipados y vamos bien acompañados. Con la mejor compañía que podemos tener, la que más nos conoce y la que más debe queremos y a la que debemos querer. Nosotros mismos.

La vida es un camino. Un camino que va cambiando constantemente. Puede que a veces de forma imperceptible, pero siempre cambiando. 

Esos cambios pueden ser bruscos, mucho, pero no debemos recrearnos en eso, debemos aceptarlo y seguir. Adaptar el ritmo, que será más lento si se vuelve muy empinado y tiene más obstáculos. Adaptar la respiración, hacer más paradas, reponer energías...

Pero no decirnos cosas negativas, limitantes. Ni referidas al camino, ni a nosotros mismos. Ir paso a paso y levantar la vista a menudo para apreciar todo lo que nos trae. No sólo dónde pisamos. 

Porque la vida es todo. Lo que hay arriba, lo que hay abajo, lo que hay a los lados y en especial lo que hay dentro de nosotros.

Tenemos todo dentro. Sólo debemos buscarlo. Puede que no lo sepamos, pero es así. Estamos completos. Pero nos decimos tantas y tantas veces qué nos falta, buscando en el exterior, que no creemos en nosotros mismos.

La vida es cambio. Necesario.

Y nosotros debemos transitar el camino, que no sabemos lo largo que va a ser ni adónde nos va a llevar, adaptándonos constantemente. Esa adaptación es la que nos mantiene en forma, la que nos mantiene vivos.

Prueba a observarte. Mira cómo afrontas las dificultades, cómo te hablas. 

Y tiéndete la mano para ayudarte a superar ese tramo difícil. Anímate, cuida de tu compañero, que eres tú. Solo así podrás en otros momentos caminar junto a otros, ayudar y dejarte ayudar. 

¿Negarías ese apoyo, ese ánimo, ese aliento, esa mano a otro? ¿Por qué a ti sí?

Reinventarse es una constante en la vida. El grado de reinvención lo marca el grado de cambio. 

Es cierto que hay vidas con caminos más llanos y constantes. Pero esos no ayudan demasiado a adaptarse, a crecer, a ser mejores. No enseñan tanto.

¡Vámos!, ¡Arriba! No es terrible. Es así. Aprende, reinvéntate. Busca en tu interior, aligera la mochila. Y levanta la vista. Respira fuerte, repón fuerzas y disfruta del camino, sea como sea, del paisaje y de tu compañero, que está ahí para ayudarte. Tú.



Jorge Arizcun




  

lunes, 27 de febrero de 2017

Ganarse la Vida

  

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Ganarse la vida. 

¿Qué diantres significa eso?

El lenguaje crea realidades y la realidad que esa frase crea es perversa. Hay que ganarse la vida. No vives y ya, como un delfín o un girasol, no.

Tienes que ganártela. Porque la vida no es un regalo, hay que poder pagarla.

El lenguaje es poderoso, ¿te das cuenta? Y se instala en el subconsciente. 

Yo me gané la vida por el solo hecho de nacer. Por eso ya me la gané. 

Pero, ¡ah no! ¡que soy un humano occidental! ¡del primer mundo!
¡ah!, ¡haber nacido de otra especie!  Se siente...

Y claro. Como la vida no te la has ganado, pues a ganársela. A sufrir. 

Y da igual. Te la ganas y un día ya no. 

No cuenta mucho lo de antes. Te jodes y a ganársela otra vez, porque la has perdido. 

Pero si yo estudié y he trabajado mucho y duro...

Ya. Pero eso fue antes. Ahora no. Ahora tienes que volver a ganarte la vida. 

¿No es absurdo y dramático esto?

¿Y si no me la ganó? 

Pues, prepárate para pasarlas canutas. 

Porque vas a pasarlo mal..

O no. Porque es decisión mía cómo lo paso.

Pero la sociedad en la que vivo es así. Si no produces no ganas. Si no ganas no vives. 

O sí.

¿Qué es vivir? ¿tener dinero para poder comprar? 

Demasiado superficial ¿no?

Y demasiado absurdo. 

Y demasiado terrible.

Yo tengo que venderme a cambio de dinero y así "me gano la vida", sino la pierdo.

Sin entrar en más análisis, es un disparate.

¿Te acuerdas de los indígenas de los que hablaba en otra entrada?
Sí, esos pobrecitos que vivían junto al mar y la selva, sin dinero en plena naturaleza tropical...
 
Puede vivirse de otra manera. Sin la competición por tener, por ganar, sin la amenaza de perder. 

La vida no se gana. Se vive. Pero parece que aquí no. 

Pues nada. Habrá que ganársela. Como sea. Y ¿ese como sea, qué? 

¡Cuidado!. Que puede ser de muchas formas, algunas no muy bien vistas o incluso rechazadas. 

Eso no, tienes que ganarte la vida decentemente. ¡Uf! Define eso...

De verdad que de puro absurdo es dramático. Este se gana la vida, este no... 

Así, tal cual.

Pero..., ¡no hay peros! Si no te la ganas, no te la mereces.

Mejor ser delfín o girasol. Pero eso no se elige.

Cuánta gente no se merece la vida porque no se la gana. Ganar o perder. De eso se trata. 

Algo habría que hacer ¿no? 

Se me ocurre que podemos ser personas, iguales. Seres vivos que se han ganado el derecho a vivir tan solo por nacer. No unidades de producción y consumo. 

Yo, de momento lo reflexiono, lo escribo y lo comparto. ¿Me gano la vida haciéndolo? Si cobro por ello sí. Sino no. 

Elijo seguir haciéndolo. Igual estoy haciendo el idiota. Espero que no. 

¿Me lees? 

¡Quita, quita!,  que tengo que ganarme la vida. 

¿Qué vida?


Jorge Arizcun