miércoles, 8 de febrero de 2017

La gota que juzga

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal




Juzgar es una costumbre que el ser humano común ha ido adquiriendo con el desarrollo. El juicio constante a todos y a todo.

Y es algo absurdo porque ¿qué juzgamos?, ¿en base a qué juzgamos?
Si todo es cambio, ¿qué es lo que hay que juzgar? 

Al instante siguiente ya es distinto. 

El juicio nos hace presuponer cosas, nos hace equivocarnos, nos coloca en una posición rígida. Nos desgasta.

El prejuicio, que es juzgar antes de saber, antes de conocer, antes de experimentar, nos hace cometer errores y a lo peor nos hace perdernos experiencias y personas que nos pueden enriquecer. 

En realidad todo es enriquecedor, porque todo suma.

Y hablando de cambio, los primeros que cambiamos somos nosotros. Todo el tiempo, aunque no queramos. 

Y sí, también nos juzgamos. Constantemente.

Y nos condenamos a penas injustas. Nos auto castigamos. Eso sólo lo hace una especie en nuestro planeta, la nuestra.

Y ¿cómo podemos juzgarnos si apenas nos conocemos?, ¿si apenas sabemos de nosotros una parte externa, ese personaje construido de retales y vivencias, de subjetividad, de influencias y contaminaciones externas?

Sabemos poco de nuestro YO esencial, de nuestro yo real. 

Nos creemos el personaje y no profundizamos más. 

Y nuestra mente superficial y egocéntrica nos bombardea con pensamientos en forma de juicios y sentencias, presunciones e inventos, que nos hacen creer que las cosas son como las vemos, o como creemos verlas. 

Y vivimos enfrentados al mundo y a los demás, como si fueran ajenos a nosotros, cuando todos somos parte de un todo. 

Somos como células enfermas en un cuerpo, que es un todo como sistema, pero que nos enfrentamos a las otras células y al propio cuerpo del que formamos parte.

Y después creemos tener el don de la adivinación, creándonos ilusiones respecto al futuro en forma de expectativas, que a su vez, cuando ese futuro llega, como suele ser distinto de la expectativa ideada, nos hace juzgar. 

Siempre juzgar. Las cosas como buenas o malas, con impune subjetividad.

Somos tremendamente injustos la mayoría de veces.

Y no nos damos cuenta de que no hay nada escrito.

Es absurdo frustrarse cuando las cosas son diferentes a como habíamos pronosticado. Como en las quinielas de fútbol, son combinaciones aleatorias, pretendiendo adivinar un futuro sujeto a infinitas variables.

Y aquí, además del juicio y la negatividad asociada al mismo, aparece la preocupación,  esa emoción tan desgastante.

Si jugamos a la lotería o hacemos apuestas deportivas como las quinielas de fútbol, cuyo resultado está absolutamente fuera de nuestro control, ¿tendría sentido preocuparnos por esos resultados?. Ningún sentido.

Y ahora pregunto, ¿especular con el futuro no es lo mismo que especular con los resultados de una quiniela?

¿Podemos juzgarnos por no haber acertado una quiniela?, ¿o por no haber ganado la lotería?

¿Y qué sabíamos nosotros qué iba a pasar? 

Pues así con todo. 
Lo que vemos, creemos que es así como lo percibimos, mediatizado por lo que pensamos. Y creemos saber lo que va a pasar y lo que puede pasar. 

Y no podemos. Porque las posibilidades son infinitas. 

Infinitos futuros posibles, desde el que creemos más lógico hasta el que pueda parecernos imposible. 

Todos caben. 

Y sino pensad un poco en cómo han sido las cosas que habíamos pensado que iban a ser de otra forma totalmente distinta.

Cuántos chascos, cuántas frustraciones y decepciones, cuantos juicios inútiles.

Y la responsabilidad, ¿de quién es?, ¿nuestra?

Yo lanzó las preguntas.

Primero especulamos, después nos preocupamos y después nos responsabilizamos. 

Es de locos. 

En vez de disfrutar del momento, pasamos de él y nos ponemos a hacer el tonto con el futuro.

Hay infinidad de factores externos fuera de nuestro control. Y si pensamos en términos de física cuántica ya no os digo. Las cosas son en función del observador. Hablaremos de esto, que es apasionante y tan difícil de asimilar por nuestra mente limitada y condicionada.

Tenemos que hacer un ejercicio de humildad serio. Yo no sé todo, digámonoslo a nosotros mismos. 

Sabemos muy poco, al menos sabe muy poco ese yo pequeño, ese personaje que creemos ser, aislado y egocéntrico. Y ese es el que juzga y el que piensa..., así nos va. 

Y así sufrimos tanto y nos decepcionamos constantemente y nos equivocamos y no aprendemos.

Nuestro Yo, el que somos realmente, el que forma parte del todo, ese sí que sabe. Sin mente propia, con la mente universal.

Es nuestra parte espiritual, que forma parte de la divinidad del todo, del Universo, de Dios, o de como cada cual quiera llamarlo. En cualquier caso, esa inteligencia superior de la que somos parte.

Y debemos delegar en ese YO, que es lo que realmente somos. Claro que antes debemos creer que somos ese SER y no ese personaje que nos creemos. 

Debemos hacer ese viaje hacia nuestro interior para poder despertar y dar el salto evolutivo necesario. Os sonará a misticismo o a patrañas de nueva era. Bueno, es normal. A nuestro ego no le gusta perder protagonismo ni individualidad.

Y ese ego, ese yo egótico no puede gestionar más que a su nivel limitado.

Como símil, imaginemos que somos una gota de agua en el océano. ¿Qué nos diferencia del océano mismo? somos el océano. 

No somos una gota de agua, somos el agua, fundidos con todas las demás miles de millones de millones de gotas, que creen ser gotas aisladas, sin darse cuenta de que son parte de un todo.

¿Podemos juzgar a las otras gotas?, ¿tiene sentido, desde este punto de vista pensar que podemos tener el control de algo?, ¿cómo podemos tener la perspectiva suficiente si nos consideramos gotas individuales, aisladas de las demás, a las que miramos y juzgamos tontamente? 

Desde el punto de vista de una simple y pequeña gota no podemos saber ni predecir nada, porque estamos a expensas de algo mucho más grande, que se comporta como un todo y ondula y vibra como un todo. 

¿Qué podemos saber nosotras, pobres y minúsculas gotitas?

Pero nuestro SER, que es agua misma fundida con todo el océano sí que sabe. Porque tiene la conciencia del todo y conoce el funcionamiento de ese todo, que es la masa completa del agua.

Vale, somos gotas pequeñas y frágiles. Pues busquemos. Miremos qué somos realmente. Cuando sepamos que somos agua (cosa que efectivamente somos) sabremos que no somos nada diferenciado, que somos parte.

Y desde ese conocimiento, las preocupaciones, los juicios, las especulaciones, las decepciones, dejarán de existir. 

Porque son cosa de la individualidad, de la gota, del ego que no admite ser agua, indivisible del resto de la masa única oceánica.

Creo que este ejemplo puede resultar ilustrativo. 

A mi me encanta el mar y me sobrecoge su majestuosidad y su comportamiento como un todo. No veo el mar como un conjunto de gotas individuales. 

Pues lo mismo con nosotros. Somos parte de algo gigantesco, tanto, que desde la escala universal somos prácticamente inexistentes.

Nuestra vida es la parte infinitesimal de un instante a escala cósmica.

Da vértigo, pero es así. 

Confiemos en ese todo al que pertenecemos. 

Seamos conscientes de eso y busquemos en nuestro interior la conexión. En nuestro YO, en nuestro SER, que es mucho más que un ser humano aislado, con sus problemas, sus miedos, sus ansiedades, sus vivencias, sus recuerdos.

No queremos verlo así. Nuestro personaje ahí no existe. La gota deja de existir en el océano.

Y como empecé hablando de juicio, de juzgar. ¿Juzgaríamos al universo? ¿Al océano?

¿A Dios? ¿Al todo?

Pues cada vez que juzgamos hacemos eso. Pensemos en esto. Tomemos distancia de nosotros mismos para poder tener la perspectiva necesaria. Y para hacerlo, lo curioso es que debemos dirigirnos hacia nuestro interior. 

Porque ahí está la conexión, en nuestro interior, en nuestra parte espiritual, en nuestro YO.

Y en eso consiste nuestro viaje vital. En descubrir eso que realmente somos, sin juicios, sin cuestionarnos. Y aunque parece difícil, es mucho más sencillo de lo que creemos.

Y lo mejor, uno de los pasos importantes que hemos de dar es simplemente no juzgar. 

Al no juzgar, admitimos las cosas tal cual son y fluimos con ellas. 

Y automáticamente avanzamos un buen trecho en nuestro viaje interior.

Hay más pasos que dar, pero este es uno de los importantes.

Jorge Arizcun

                     

lunes, 6 de febrero de 2017

Especular, Suponer y Comparar

Crecimiento Personal

ESPECULAR, SUPONER Y COMPARAR

Cuantas veces nos pillamos pensando en cómo será la vida de otras personas, de las que nada sabemos, especulando por apariencias externas y muchas veces comparándonos con ellas, presuponiendo que sus vidas son mejor o mucho mejor que las nuestras.

Sin ninguna base para hacerlo.

Cada vida es única y contiene sus cielos y sus infiernos. 

Todas y cada una. 

Y los cielos y los infiernos se condicionan a la escala de valores de cada cual.

Podemos estar desempleados y tener una bici como único vehículo y un día ver cómo otra persona, que nunca hemos visto, se baja a media mañana de un buen coche, elegantemente vestida (según lo que cada uno entienda por esto) suponiendo sólo por esas dos señales externas y materiales, que su vida es mejor que la nuestra...

Y esa persona, a su vez, puede observarnos montados en la bici y pensar qué suerte la nuestra, que podemos montar en bici a esas horas en las que él o ella tienen que trabajar. 

Quizás pensando también que nuestra vida pueda, en su imaginación, ser mejor que la suya. 

Y ninguna de las dos personas acierta.

Y ahondando más, podría generarse el sentimiento de envidia, que como el de los celos se basa en suposiciones de la mente.

Y es que la mente es una inventora de historias. 

Historias que nos provocan emociones y respuestas emocionales basadas en nada real.

Cuando pasamos por situaciones complicadas en nuestra vida, por problemas personales, laborales o financieros, hay en muchos casos una tendencia mental a la victimización, que nos coloca inconscientemente en una posición de inferioridad. Y desde esa posición, que es un filtro mental, vemos las cosas.

Claro, salimos malparados.

Uno no puede suponer porque sí, porque se siente mal, que los demás están mejor o mucho mejor. 

Porque estar bien o mal no son estados permanentes. 

Nada es permanente. 

Y todo el mundo tiene buenos y malos momentos, buenas y malas rachas.

Se puede estar muy bien económicamente y ser una persona desgraciada y al contrario, puede que no se tenga mucho, o se tenga casi nada y sentirse bien.

Es una cuestión de equilibrio y no tanto de observar a los demás, como de observarse a uno mismo. 

Porque todo es una proyección de lo que pensamos. 

Y de esa persona que nos parece con tan sólo verla un momento, que tiene una vida estupenda, por supuesto mucho mejor que la nuestra, no sabemos absolutamente nada más que lo que podemos comprobar: 

Que está viva porque se mueve, que sabe conducir, que se ha bajado de un coche y que va bien vestida. 

Subjetivamente puede gustarnos más o menos la persona, el coche o la ropa que lleva, pero no sabemos sí el coche es suyo, si la ropa es prestada y si esa persona está o no trabajando, porque igual le prestaron el coche y la ropa para ir a una entrevista de trabajo. 

Podría ser ¿no?

O que el coche sea de la empresa que está a punto de cerrar y esa persona va a ver a un abogado.

Vaya usted a saber. 

Y desde el punto de vista de la del coche, no puede saber si esa que monta en bici a media mañana es una persona con turno de tarde, o es ciclista.

Todo nos lo imaginamos. 

Si estamos pasando por una época difícil, los pensamientos siempre nos situarán en una situación de inferioridad... si les dejamos, claro.

Nada es lo que parece a primera vista. Nada. 

Y las apariencias externas nos dicen normalmente muy poco de las personas con las que nos cruzamos, porque no sabemos absolutamente nada de ellas.

Y voy aún más lejos. 

A veces, aunque las conozcamos, podríamos sorprendernos mucho de la realidad de cada persona. 

Matrimonios o parejas aparentemente perfectas de puertas para afuera y con una convivencia infernal o anodina. 

Ejecutivos de aparente éxito, con la salud dañada por el estrés y con su vida personal hecha un desastre. 

Empleados de los departamentos de limpieza, con los que podemos cruzarnos una mañana temprano de invierno, suponiendo que están pasando un montón de frío y que no les gusta su trabajo y que sin embargo llevan buena ropa laboral para el frío, les gusta su trabajo y el ambiente.

Y además su turno acaba a las 15h !! 

Y nosotros al atasco y la jornada partida y a lo mejor extendida...

No nos comparemos. 

Todo tiene su parte positiva y su parte negativa. 

Y esas partes no coinciden igual para las distintas personas, en su clasificación de positivas o negativas. 

Lo que para una persona está muy bien, para otra que se dedica a lo mismo no lo esta tanto, o lo percibe como negativo, según cómo sean la vida y las circunstancias de cada una.

Y todo puede cambiar de repente.

Lo mejor, según yo lo veo, es procurar tener siempre una percepción positiva de las cosas. En vez de clasificar como positivo o negativo, podemos hacerlo como más o menos positivo. Creo que es mejor.

Y debemos tener en cuenta que esa percepción de más o menos, es como el mercurio de un termómetro. Variable.

Cuanto más en positivo pensemos, la oscilación será menor.

Ya veis que todo está en la mente y que nada es absoluto, todo es relativo y depende de tantos factores que son cambiantes, que no merece la pena darle vueltas ni atender esos pensamientos, que lo que reflejan es un estado interno nuestro. 

Nada más, son percepciones que resultan de nuestras proyecciones. 

Y abandonarse a ellas puede ser muy nocivo.

Que la mente especule o suponga lo que quiera. Es algo que podemos observar y trabajar para controlar. 

Que tenemos mucha imaginación y nuestra mente mucha mala leche y malos aprendizajes.

Nadie es más ni menos, mejor ni peor. Nadie. 

Todos vivimos y viajamos por la montaña rusa de la vida, subiendo, bajando, lento, rápido, del derecho y del revés. 

Dónde nos encontremos cada cual, es cosa da cada cual.

Y recordad. Todo es cambio. 

Así que especular es tontería, es inventar por inventar. 

Neutralidad señores y señoras. No juzgar. 

Sólo observar y sobre todo observarnos, que todo es cosa nuestra. 

¡Y querernos más! (iba a decir ¡coño! pero no, que queda feo...)


Jorge Arizcun



                     

¿Es confortable?

                     

Trick or Treat      Consultoría y Coaching





Todos hemos oído hablar de la famosa zona de confort, en la que tarde o temprano, alguna vez o muchas todos nos instalamos.

Zona de confort.

¿Realmente es confortable la llamada zona de confort?

Aparentemente sí. 

Sin demasiadas alteraciones, sin demasiadas decisiones que tomar..., quizás, cosas simples. 

Aunque no estemos cómodos del todo, mejor esto que conocemos, sea como sea, a algo que vaya usted a saber...

Una pareja, un lugar, un trabajo, lo que sea. 

No cambiemos no sea que empeoremos. Y mientras, la vida pasando, día tras día, sin que pase nada extraordinario, instalados "cómodamente" en esa zona en la que nos sentimos seguros, puede que no tan cómodos, pero seguros.

Hace poco leí esta descripción que me resultó impactante:

"Aparente estado de comodidad que te lleva a la muerte en vida.
Justificación perfecta para no hacer, no crecer, no arriesgarse y no vivir."

Fuerte, ¿no?

Hace no mucho escribí sobre el parchís, haciendo una comparación del juego con la vida. En el parchís hay zonas seguras, la más segura de todas ellas es la "casa", de donde hay que salir para incorporarse a la partida... 

Y a la incertidumbre. 

Podemos elegir ni siquiera tirar los dados y no salir. 

No jugar, no arriesgarnos para ir a un lugar mejor, o simplemente para experimentar la aventura de tratar de llegar sin que nos coman. 

Pero en "casa" no ocurre nada...

¿Imaginas una partida con un sólo jugador y una sola ficha? 

Seguridad total. 

Sin peligros, pero avanzando sin más. Salir y llegar sólo tirando los dados

Qué aburrido ¿no?, ¿qué sentido tiene un viaje sin sorpresas, sin alicientes, sin retos? ¿Qué sentido tiene jugar solos? 

O ni siquiera jugar, permaneciendo sentados viendo cómo otros que sí están jugando pasan. Imaginando cómo les irá, qué sentirán.

Es como estar sentado en un sofá todo el día, viendo cómo viven y lo que hacen otros. 

Y la única decisión "importante" es cambiar de canal con el mando a distancia (que de no tener, igual hasta no nos levantamos para cambiar con los botones del televisor...)

¿Eso es confortable?, ¿qué aliciente tiene algo así?, ¿qué podemos aprender si nos perdemos nuestra propia vida aletargados? 

Eso sí, el sillón es muy cómodo. Pero hasta en el sillón más cómodo te acaba doliendo todo si no te mueves y estás ahí sentado horas y horas.

Hay que salir y atreverse a experimentar otras cosas. 

Puede ser paso a paso, despacio pero con determinación.

No es cuestión de adentrarse en lo desconocido a lo loco, no. 

Pero si hacer cosas distintas y nuevas para no ser meros espectadores y ser más protagonistas, nada menos que de nuestra propia vida.

Os adjunto el vídeo "¿Te atreves a soñar?" que explica muy bien esto de la zona de confort, en la que realmente no es tan confortable... ¿o si es confortable?


Jorge Arizcun

jueves, 2 de febrero de 2017

Propósito Vital. Querer es Poder. Hay que ponerse.

                     

Trick or Treat      Consultoría y Coaching






Hoy es hoy, la hora exacta es la misma de siempre: Ahora mismo, en este mismo instante. 

No hay otra hora posible, ni otro momento posible.

Estoy pensando en mi hijo mayor, que es pianista y que acaba de publicar un nuevo trabajo en su canal de Youtube. Excelente. Os lo recomiendo (y también suscribiros a su canal..., ¡claro!) 

Aquí os dejo el vídeo:



Es difícil lo que él hace, lo que persigue. Es admirable. 


Y es imitable, no me refiero a tocar el piano con la destreza que él lo hace (que le ha llevado muchos años) sino a la actitud necesaria para trabajar como él trabaja, hasta publicar el tema de unos pocos minutos, pero con muchas horas de dedicación detrás.

Él tiene claro su propósito vital. Y lo persigue, pese a las resistencias externas e internas.


Yo, que soy mucho mayor que él, aunque no tanto, tengo cada vez más claro mi propósito, que es exactamente en lo que estoy enfocado en este momento, tras años perdido por los caminos, que me han traído hasta aquí y de ahora en ahora. 


Hasta este ahora, este instante en el que estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer: Escribir. Reflexionar. Compartir. Ayudar.

Y sobre todo acompañar a otros para encontrar su camino.

Este post es una revelación. La de que me quiero dedicar a esto, quiero ayudar a los demás a ser y a crecer, desde mi propia experiencia de crecimiento personal. 


Ayudar a descubrir qué es lo que realmente quieres hacer en tu vida, sinceramente, sin  condicionamientos mentales, pensamientos saboteadores que nos retienen y no nos dejan salir de nuestra inconfortable zona de confort. 

Que tiran de nosotros hacia atrás, nos asustan, nos dicen que no podemos, que abandonemos. Que ahí fuera está la incertidumbre y el peligro. Que mejor donde estamos, aunque estemos mal.

Pues yo no. Noto los tirones y las voces que me dicen "no lo hagas", "no puedes", "no sabes"


Pues SÍ voy a hacerlo, SÍ puedo. Y si no sé lo suficiente (nunca se sabe lo suficiente) pues aprendo (en ello estoy y estaré) y lo más importante: 


SÍ QUIERO. Así cómo en una boda... Pero conmigo. Me comprometo conmigo mismo. Respiro conscientemente, profundamente, conectando con mi interior. Observo mi postura, mi mirada, mi determinación. Lo que pienso. Lo que siento.

En este momento de mi vida, estoy trabajando con un coach, que está logrando que yo saque de mi interior ese verdadero propósito, quitando capas y capas de excusas, de falsas creencias, o al menos incorrectas. Que me está ayudando a observar y analizar cambiando la perspectiva. Y sobre todo, a encontrar el camino que quiero seguir desde hace mucho, pero que no sabía concretar.


Coaching para crecimiento personal. Introspección y búsqueda dentro lo que fuera es imposible encontrar. Movimiento para enfocar desde nuevas perspectivas.


Mapas mentales como herramienta tremendamente útil y visual, que me hacen ver claramente todos los aspectos que afectan a mi situación, que me indican dónde me encuentro ahora mismo, exactamente. Y que determinan el punto de partida, de ahora en adelante.


¿Y cómo he llegado hasta aquí?


¡Uf! Es una historia larga. Espero no aburriros...


El resumen podría ser: 

Cuando todo se cae y uno se cae con todo, pierde las referencias, pierde la seguridad, la fe y se ve en una situación de la que no tiene ni la más remota idea de cómo salir. 

Lo intenta y se cae de nuevo, se levanta tambaleante para volver a intentarlo. 

Una historia de pérdidas, de duelos. Primero en lo laboral: Crisis y pérdida de trabajo, tras 24 años en la misma empresa, casi desde sus inicios, con un gran desgaste emocional y personal. 

Un nuevo proyecto de emprendimiento empresarial que se cae, tras poco más de un año.

Y en lo personal: La pérdida de mis padres, con poco más de un mes de diferencia entre la partida de mi madre y la de mi padre. Impacto emocional muy grande. Devastador.

En el mismo año, un fatídico 2014 (no existen años fatídicos, lo sé, son como son y uno les pone el adjetivo...) también me separo de mi pareja, tras muchos años juntos y me cambio de casa, de la que me veo obligado más tarde a cambiar de nuevo..., impactos todos que también afectan a mis hijos.

Este tsunami de acontecimientos deja mi vida como un solar lleno de escombros.

Cuando las cosas vienen así, no puede hacerse mucho. Y en esos momentos, en cada acontecimiento, uno va reaccionando como puede, o como le sale. 


Y se queda finalmente con una gran sensación de vacío, con mucha duda existencial y se comienza a replantear la vida. 

Yo comencé ahí a hacerlo, despacio. Había muchas heridas y contusiones. Había que poner muchas tiritas en el corazón. 

Una por una. 

Con cuidado.


Y así lo hice, pero quedé asolado. Depresión, ansiedad, pastillas...

Y empecé a buscar respuestas, para averiguar de verdad qué diantres había venido yo a hacer aquí.

Empecé a estudiar en profundidad. Ya me había graduado en un programa de MBSR (Mindfulness) que me había ayudado mucho y que aún lo hace. 

Y me acerqué a Tolle, a Hay, a Cohelo, a Chopra, a Len. Descubrí el Ho'oponopono, la Cuántica, las Conversaciones con Dios, releí a Coelho, a Puig, a Dyer..., la Biblia, empecé a seguir a Mota... y decidí mi propia formación. 

Abrí en Internet un proyecto de consultoría, al principio centrada en lo que podía aportar de mi experiencia profesional, trabajando con equipos comerciales, con los sistemas de calidad, con la dirección comercial, el marketing..., que finalmente he enfocado al crecimiento personal (y también profesional, que van ligados)

Retomé la escritura como vía de expresión y reflexión, para finalmente tomar la decisión de poner a disposición de todo aquel que quiera, mi ayuda, mi experiencia y mis conocimientos, adquiridos tras esa búsqueda intensa y frenética. 

Necesitaba respuestas y las he encontrado. Y sigo encontrando más cada día.

Todas están en mi interior. Todas.

Y tú también las tienes.


Y como en "El Alquimista" encontré mi propósito vital, que estaba ahí en mi, que sin saberlo ponía en práctica cuidando otros corazones rotos, ayudando en lo profesional desde un enfoque humanista, en lo personal, hablando con mucha gente y compartiendo reflexiones y vivencias.




Y aquí estoy, donde he estado siempre, porque siempre he estado aquí y ahora, no se puede estar ni ser en ningún otro momento y lugar, más que en estos.

Aprendiendo a SER, aprendiendo sobre las emociones, sobre los pensamientos, siguiendo con mucho interés a otros que están en lo mismo que yo y que han encontrado el mismo propósito. 

Re-descubriendo, reconociéndome.

Sabiendo que las dificultades son para crecer, para evolucionar. Que el cambio es bueno, es la esencia universal, es inherente a la vida.


Así que, desde aquí y ahora, totalmente decidido a seguir este camino, apasionante, incierto, vital.


Tengo un proyecto profesional, ambicioso, relacionado con la ingeniería de equipos y productos, en el campo del oil & gas, que puede darme, si finalmente arranca, la estabilidad y tranquilidad en lo económico y en lo material. Trabajo en él desde hace más de dos años con bastante desgaste. Aprendo y continúo, con mucha incertidumbre y dificultades, a veces con angustia y ansiedad.


Y también este otro proyecto de crecimiento personal, en el campo de la consultoría personal y pronto en el del coaching. 

Acompañamiento para gestionar el cambio. Esto sí me apasiona, no me angustia y me da tranquilidad. Aquí no hay ansiedad ninguna.

Hace poco escribí sobre fareros, sobre que yo quise ser farero (es verdad) porque sé que dar luz a otros, para que puedan continuar su travesía, reconociendo las señales, alejándose de los peligros, es una tarea que se lleva dentro. 


Ahora lo sé y ahora lo cuento.


Es en toda regla una "salida del armario" 

Ese director Comercial y ese consultor de grandes negocios, es en realidad un Farero. Y ahora puedo decirlo.


En ese pasado que no existe y que mi mente distorsiona, mi personaje creyó que era eso en lo que trabajaba, con una formación técnica y comercial, con una trayectoria profesional que parecía un camino interminable, pero que va terminando. 

Como todo.


Y ahora este cambio. Que da miedo, sí, pero bienvenido ese miedo. Porque no es un freno, es un aliciente.


"Hazlo. Y si te da miedo, ¡hazlo con miedo!" Es el lema de un programa en el que estoy participando de gestión del cambio y la incertidumbre y acompañamiento a la acción.


Pues por ahí van los tiros. Acción. La información y la formación no la busco, me encuentran a mi. 

La vida es cambio, con luces y sombras. Yo me he propuesto desde mi posición privilegiada y expuesta, ser el que ilumine, así que me subo a lo alto del faro para que la linterna esté en perfectas condiciones para iluminar todos los días, con buen o mal tiempo, a aquellos que se acerquen y estén navegando en la oscuridad.


Muchos nos hemos encontrado así y muchos y muchas os encontráis así. Pues aquí estoy para ayudaros a ver la luz y cambiar el rumbo para no estrellaros.


Es posible. Os lo aseguro. 

Mientras, seguiré lo que pueda con mi proyecto profesional, pero sobre todo seguiré escribiendo, estudiando y esperando día tras día poder ayudar y acompañar a quien me necesite y me elija para caminar juntos por un camino bien iluminado por este faro.


Ya tengo el método listo. No es difícil.  

Es querer y ponerse. Yo aquí estoy.


Jorge Arizcun
Febrero 2017

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