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sábado, 4 de abril de 2020

Tapar el sol con un dedo




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Estamos en el vigésimo día de confinamiento y ya parece que en algunos momentos algunas personas empiezan a escuchar las noticias sin darles la importancia, la tremenda y dramática importancia, que tienen.


Nos quedamos con esa cifra que impresiona y que quizás inconscientemente bloqueamos de alguna forma, comparándola con otras para minimizar su impacto.


Hoy, 4 de abril de 2020, tenemos casi 12 mil muertos en España y 60.000 en el mundo, probablemente muchos más.

Estas cifras cortan con sus filos de acero.


Pero hoy también tenemos en nuestro país 34.000 recuperados, lo que es una buena noticia desde luego, pero que no disminuye mágicamente la dimensión de la lacerante cifra de personas muertas por el virus.


Como tampoco lo haría decir la cifra de los que hoy no han muerto por el Covid-19, que son cuarenta y seis millones seiscientos cuarenta y ocho mil personas en nuestro país...


¿Podríamos anular casi totalmente el efecto negativo de la tremenda cifra de muertos diarios publicando la de "no muertos" diarios, mucho más grande, convirtiéndola en mucho menos tremenda o insignificante en comparación?


El titular hoy podría ser este: 

"En el día de hoy en nuestro país 46.648.000 personas no han muerto a consecuencia del Covid 19"


Siempre hablo de relativizar, siempre. Y de ampliar la perspectiva a niveles planetarios o cósmicos para tomar conciencia de lo insignificante que resulta todo lo referente a lo humano y mucho más lo de cada uno como individuo.


Pero hoy no puedo evitar colocarme en el nivel de percepción como individuo e impresionarme con ese dato de congéneres muertos por el virus. Y pienso que a cada una de las personas cercanas a las fallecidas, en nada va a consolarles las cifras de personas no fallecidas o personas curadas hoy. 

Al revés, sentirán la impotencia, la pena y la rabia por la fatalidad de que su familiar o amigo haya sido la desagraciada persona a la que le ha tocado el castigo de la muerte, entre los tantísimos seres humanos que hay, como la macabra oposición a ser agraciado con un premio cualquiera entre tanta gente.


Seguiré relativizando y seguiré ampliando el espacio de comparación, pero hoy no lo voy a hacer por respeto a esas personas muertas, sus familiares y amigos.


No voy a tapar el sol con un dedo anteponiendo la cifra de no muertos a la de muertos. O la de curados, espero que definitivamente, de este virus y sus consecuencias. 

Me alegro infinitamente por ellos y por todos los que seguimos vivos hoy. Pero esa cifra no va a hacer que ese dañino y lacerante destello de la otra cifra, la de los muertos, quede tapada.


Porque esa comparación es perversa. 

Hace muy poco nadie moría a consecuencia de este virus. Hoy en el mundo casi 60.000 personas han fallecido por el virus en tres meses. En España casi 12.000 en un mes (la primera víctima se reporto el 3 de marzo)


Esa cifra crece y crece día a día. Es cierto que muchas personas se curan, sí, pero esas vuelven al momento anterior a enfermar y siguen vivas. 

No hay comparación posible con las que fallecen. Esas dejan de existir para siempre. 

Los que sobreviven no suman a los vivos, ya lo estaban antes de la pandemia. Los que fallecen si restan de los vivos y suman a los muertos.

No me parece bien enfocar mal en esto. En otras circunstancias mortales como pueden ser muertes por violencia, o por accidentes de tráfico no se hacen esos recuentos. No veremos estos titulares:  

"En lo que llevamos de año no han muerto tantos millones de personas por violencia" 
"En el último fin de semana no han muerto tantos millones de personas en accidente de tráfico"

Sería esconder las cifras y hacerlas invisibles. Las víctimas y sus allegados no lo merecen.

Desde la dimensión y perspectiva espacial, la Tierra sigue siendo un planeta azul, ahora más azul si cabe, y la pandemia del coronavirus es algo reducido a una de las casi 9 millones de especies que habitan el planeta. En esos términos es insignificante. En los terrestres y humanos es algo muy preocupante y doloroso.

Mucho ánimo a todas les personas que han perdido a alguien cercano y mucho ánimo también para el resto. La buena noticia será la de disminución de contagios y fallecidos gracias al confinamiento. 

Del obsceno circo político y mediático, mejor no hablar... 


#yomequedoencasa


Jorge Arizcun
  


martes, 7 de marzo de 2017

El Duro Trabajo de Reinventarse 2

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal





2




Continúo con la segunda entrega de "El Duro Camino de Reinventarse", que este tema da mucho de sí.

Como estoy haciendo el programa de Gestión del Cambio, aprovecho que hay mucho contenido interesante para trabajar y lo comparto por aquí, por si puede ser de ayuda.

Espero que sí.

Y creo que puede dar para alguna entrada más...

En la primera parte, estábamos subiendo por el tortuoso y empinado camino de ese reinventarse

(https://totconsultingsolutions.blogspot.com.es/2017/02/el-duro-trabajo-de-reinventarse.html)

Empinado y tortuoso, sí. Pero a medida que nos vamos adentrando y vamos subiendo, vamos entrenando. 

Al principio resulta muy penoso y cansado y uno no puede más que mirar al suelo, donde va a dar el siguiente paso.

Poco a poco vamos más ligeros. Primero porque aligeramos la mochila. Y después porque vamos estando más fuertes. Y más tarde porque las condiciones mejoran.

Esto nos permite ir poco a poco levantando la cabeza. Ya no estamos tan cabizbajos, mirándo fíjamente el camino. No.

A medida que vamos avanzando y levantando la vista, podemos ver algo más que el sitio en el que vamos a poner el pie. Podemos ver que alrededor hay paisaje. Cambiamos la perspectiva.

No todo es el camino y su dureza, o la dureza que percibimos. También está el entorno, el contexto. Y suele ser sorprendente.

Si podemos levantar la cabeza y mirar alrededor, todo cambia. Porque podemos comenzar a apreciar dónde estamos. Podemos ver que hay mucho más y que merece la pena. 

Paisajes, verde, cielo. Quizás agua, ríos, lagos, cascadas. Nubes, animales, silencio, viento..., quizás acantilados, mar...

No todo son piedras, arena, barro, camino empinado. Hay mucho aliciente alrededor.

Esto lo primero.

Hoy quiero hablar del principal compañero de viaje con el que contamos.

¿Adivinas quién es?

Exacto (para quien lo haya adivinado) Nosotros Mismos.

Ese es nuestro compañero. Inevitablemente vamos a transitar el camino con él. Y más nos vale llevarnos bien. Porque si no es así, realmente puede resultar muy penoso.

¿Qué le decimos a nuestro compañero de viaje?

Para esto vamos a hacer el ejercicio de colocarnos a su lado, como observadores y contemplarlo, sin juzgarlo. Sin juzgarnos.

Miremos su postura, su actitud, su mirada, su equipo. Miremos solamente.

Observemos su mochila. Esa pesada mochila que lleva a la espalda, con la que tiene que subir esa empinada cuesta.
Hay que decir que la cuesta es muy empinada al comienzo. Quizás no lo sea tanto, pero si se lo parece a nuestro caminante. 

Porque iba por un camino mucho más llano y llevadero, la mochila no le pesaba tanto y de pronto ese camino tiró para arriba, en un brusco cambio de pendiente.

¡Uf! Frenazo. No puedo mantener el ritmo. La mochila ha doblado su peso y me tira para atrás. La sensación es intensa. La apreciación de dificultad se magnifica hasta extremos de pensar: No puedo.

Pero (cuidado con la palabra "pero", que es un gran borrador) en realidad sí que puedes.

El lenguaje crea realidades. Si dices que no puedes, no puedes. Eso es un hecho.

Es como si pusiésemos un filtro a la realidad. Un filtro con partículas limitantes que se activaran cuando el lenguaje fuese limitante, convirtiendo la realidad en aquello que decimos.

Cuando llega el momento de cambio y lo que era un camino cómodo y llevadero se convierte de repente en un difícil, empinado, irregular y estrecho sendero, lleno de piedras, espinos y resbaladiza arena, es absolutamente normal detenerse. Pero no detenerse para no seguir.

El camino por el que íbamos ha desaparecido, ya no existe. Tenemos sólo este por delante.

Pero este panorama tan desolador es solo el inicio de esta nueva ruta. Y ¿sabes qué? Que ni es tan empinado, ni tan difícil, ni tan irregular ni estrecho, ni las piedras son tantas, ni tan grandes, ni los espinos lo pueblan todo y la arena no es resbaladiza todo el tiempo.

Lo que pasa es que lo comparamos con el anterior, al que estábamos acostumbrados y nos parece todo eso. 

Y además nos lo decimos. Con el lenguaje interior creamos esa realidad. Y por delante no es que tengamos un camino, sino que hemos levantado una pared vertical.

Por eso es muy recomendable observar bien y observarnos a nosotros mismos. Y observar lo que nos decimos.

Si yo soy mi único compañero de viaje y me encuentro con este cambio repentino, ¿qué me diría? 

¿Qué le diríamos a un compañero que fuese junto a nosotros caminando y que se encuentra con un cambio de desnivel y un camino más difícil de golpe?

¿No puedes?, ¿párate?, ¿abandona?, ¿déjalo?, ¿va a ser así todo el tiempo?, ¿olvídate de que mejore?, ¿sólo puede ir a peor?, ¿tú no vales?

¿O más bien le dirías a ese querido compañero de ruta ¡venga, ánimo!, ¡tu puedes!?

Yo creo que si lo miramos así, y nos miramos a nosotros con amor y con compasión, como ese compañero con el que caminamos, no nos diríamos esas cosas tan negativas y limitantes.

Porque esas cosas no se las diríamos a otra persona con la que fuésemos de ruta por la montaña. Nunca.

Entonces ¿por qué nos las decimos a nosotros? 

El camino puede endurecerse, mucho, de golpe. Sí.

Pero todos sabemos que son tramos, etapas. Que después viene un tramo más cómodo y más llano y más ancho.

Que tarde o temprano vuelve a descender. Que encontraremos agua. Que si hace mucho frío o mucho calor, o mucho viento, va a cambiar. Seguro.

Podemos parar para tomar aliento y para deshacernos de peso innecesario en la mochila. Esa pesada mochila. Pero no crear con nuestro lenguaje una realidad distorsionada que nos paralice. Porque no es verdad. No es real.

Los que habéis hecho rutas de montaña lo sabéis bien. Hay tramos difíciles y complicados, que forman parte de la ruta. Así es la montaña.

Recuerdo cuando alguna vez haciendo senderismo, mi hijo pequeño se enfadaba cuando el camino se empinaba y decía: - Jo, ¡hay cuestas!
Yo me sonreía y le decía, - claro, estamos en la montaña. Pero sigue que más adelante es más fácil y luego bajaremos.

Le animaba a seguir, le enseñaba que así es el monte y que por eso es tan especial caminar por él. Que no sólo es el camino. Le distraía con los paisajes, con la orientación, con la vegetación, con la fauna.

Igual que la vida. Igual. 

Es cómodo andar por terreno llano, o por la ciudad. Pero es monótono. No hay reto.

Pensemos así. Un reto. Otro reto. Podemos superarlos, claro que sí. Porque tenemos las condiciones, vamos bien equipados y vamos bien acompañados. Con la mejor compañía que podemos tener, la que más nos conoce y la que más debe queremos y a la que debemos querer. Nosotros mismos.

La vida es un camino. Un camino que va cambiando constantemente. Puede que a veces de forma imperceptible, pero siempre cambiando. 

Esos cambios pueden ser bruscos, mucho, pero no debemos recrearnos en eso, debemos aceptarlo y seguir. Adaptar el ritmo, que será más lento si se vuelve muy empinado y tiene más obstáculos. Adaptar la respiración, hacer más paradas, reponer energías...

Pero no decirnos cosas negativas, limitantes. Ni referidas al camino, ni a nosotros mismos. Ir paso a paso y levantar la vista a menudo para apreciar todo lo que nos trae. No sólo dónde pisamos. 

Porque la vida es todo. Lo que hay arriba, lo que hay abajo, lo que hay a los lados y en especial lo que hay dentro de nosotros.

Tenemos todo dentro. Sólo debemos buscarlo. Puede que no lo sepamos, pero es así. Estamos completos. Pero nos decimos tantas y tantas veces qué nos falta, buscando en el exterior, que no creemos en nosotros mismos.

La vida es cambio. Necesario.

Y nosotros debemos transitar el camino, que no sabemos lo largo que va a ser ni adónde nos va a llevar, adaptándonos constantemente. Esa adaptación es la que nos mantiene en forma, la que nos mantiene vivos.

Prueba a observarte. Mira cómo afrontas las dificultades, cómo te hablas. 

Y tiéndete la mano para ayudarte a superar ese tramo difícil. Anímate, cuida de tu compañero, que eres tú. Solo así podrás en otros momentos caminar junto a otros, ayudar y dejarte ayudar. 

¿Negarías ese apoyo, ese ánimo, ese aliento, esa mano a otro? ¿Por qué a ti sí?

Reinventarse es una constante en la vida. El grado de reinvención lo marca el grado de cambio. 

Es cierto que hay vidas con caminos más llanos y constantes. Pero esos no ayudan demasiado a adaptarse, a crecer, a ser mejores. No enseñan tanto.

¡Vámos!, ¡Arriba! No es terrible. Es así. Aprende, reinvéntate. Busca en tu interior, aligera la mochila. Y levanta la vista. Respira fuerte, repón fuerzas y disfruta del camino, sea como sea, del paisaje y de tu compañero, que está ahí para ayudarte. Tú.



Jorge Arizcun




  

lunes, 13 de febrero de 2017

Relativizar


    Acompañamiento para Gestión del Cambio 

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal




Quiero compartir una experiencia que he vivido hoy y que me da pié para esta entrada.

Esta lluviosa mañana he participado en la primera sesión de un programa que se llama "Lanzadera de Talento"


Este programa, es una iniciativa de personas e instituciones de mi ciudad, para ayudar a personas desempleadas o que quieran cambiar de trabajo.

En esta sesión se han hecho las presentaciones de los asistentes al grupo de esta edición.

Y escuchando los testimonios de cada persona, me he dado cuenta de que hay muchas realidades, difíciles, algunas muy duras, pese a todo lo que nos están contando de recuperación económica y creación de empleo. En la banda de edad media de las personas que participan en este programa, esa realidad es muy difícil, digan lo que digan. 

Es un colectivo muy castigado y muy "en tierra de nadie" y en eso creo que soy objetivo, aunque depende...

Dicho esto, quiero destacar aquí dos cosas:

Una, que uno no debe consolarse por comparación. 

Y dos, que hay que saber relativizar.

Con la primera quiero destacar que si compararse supone conformarse porque uno perciba que los demás están peor, malo.

Comprobar distintas realidades a la nuestra nos ayuda a saber que no somos los más desgraciados del mundo y a descentrarnos del yo,yo,yo...

Todos tenemos una vivencia única, que no podemos comparar. Al menos no en lo global.

Él o ella está mejor o peor que yo, así en general. Es un error. 

Puede ser, y con matices, que en algún aspecto pueda estarlo, bajo nuestro criterio siempre subjetivo.

Y con la segunda, que puede sonar en la misma línea que en la primera, hay que ser consciente de que todo es relativo.

No se trata de compararse, sino de ser conscientes de que nuestra realidad es de una forma u otra, dependiendo de cómo se mire y respecto a qué. 

Y como la información de la que disponemos es siempre sesgada, y además manipulada descaradamente por nuestra querida e incansable mente, nuestra apreciación de la realidad siempre es relativa.

Relativizar es una palabra mágica. Nos indica que las cosas no son como parecen. Y podemos verlas desde diferentes ángulos y puntos de vista.

También la perspectiva de cada persona es cambiante y lo que hoy nos puede parecer de una manera, mañana nos puede parecer de otra distinta.

Nada es absolutamente como lo percibimos, ni como lo enfocamos. Físicamente es obvio. Nadie puede tener en el mismo momento el mismo punto exacto de vista de otra persona.

Mentalmente es igual. 

Hoy, escuchando la presentación de cada participante, he reflexionado mientras tomaba notas (siempre tomo muchas notas...) que cada uno vive su realidad desde su experiencia y la etiqueta. Y además se juzga o juzga a otro como responsables.

Y las cosas son, nada más. Ni buenas, ni malas. Y cuando te ofrecen mirarlas desde otro punto de vista, ¡hop! de repente cambian.

Como digo, la tentación de compararse y por esa comparación sentirse mejor es una trampa de la mente. Uno es uno y no es en función de los demás.

Yo no me siento mejor viendo duras imágenes de refugiados, o de personas pasándolo mal, o en situaciones que a mi pueden parecerme incómodas, desde mi punto de vista de ciudadano occidental en España.

Pensad en esos pobres indígenas, que con un taparrabos como única vestimenta, tienen que buscarse el sustento pescando con arpones artesanales de caña, desde rudimentarias embarcaciones, en paradisiacas playas solitarias, de arenas blancas y palmeras, bajo el sol, en islas tropicales...

Sin tele, ni electrodomésticos, ni dinero, ni tarjetas de crédito, ni bancos, ni coche, ni sueldo... ¡Pobres!

¿Pobres? Pues qué queréis que os díga. Depende. 

¿Qué opináis? ¿quién está peor? Habría que preguntar uno por uno, a los de aquí y a los de la isla. 

Se puede vivir de muchas maneras. Y se pueden tener distintas experiencias a lo largo de la vida. Depende de con referencia a qué las miremos. 

Una situación que puede parecernos negativa, puede ser la puerta a una gran oportunidad.

Y lo de que todos estamos mal, o algunos están peor, no puede ser un consuelo, porque ¿qué gana uno pensando que otros están peor, o que muchos están como uno de mal? Sigue apreciando la situación como negativa.

No mejora en absoluto.

Relativicemos. 

Y si tenemos la suerte de conocer otras experiencias similares a las nuestras, o situaciones de otras personas parecidas, con todos los matices del mundo, a las nuestras, lo que debemos hacer es aprender de ellas. No compararnos.

Nadie está exento de pasar por un desafío complicado en su vida. No quiero llamarlo problema, porque entonces se convierte en uno. Desafíos, retos, situaciones complejas.

Mejor tratar de aprender, no tanto observando a los otros, ni juzgándolos o clasificándolos. Sino mirándonos a nosotros mismos. Observándonos siendo conscientes de cómo nos sentimos y de por qué nos surgen los pensamientos y emociones que nos surgen.

Porque es cosa nuestra. Y de esa observación es de la que tenemos que aprender.

Como todo es relativo, nos daremos cuenta que no hay una realidad mejor que otra y que lo que nosotros calificamos, o nombramos, o etiquetamos es cosa nuestra, de nuestra mente. De nuestro ego.

Hay distintas realidades, pueden ser parecidas en sí mismas, pero dependiendo de quién las viva y en qué circunstancias, son en realidad totalmente distintas y no comparables.

No comparemos, relativicemos. 

Y eso de bienestar por comparación no vale, es trampa.

Mal de muchos...

Jorge Arizcun

jueves, 2 de febrero de 2017

Propósito Vital. Querer es Poder. Hay que ponerse.

                     

Trick or Treat      Consultoría y Coaching






Hoy es hoy, la hora exacta es la misma de siempre: Ahora mismo, en este mismo instante. 

No hay otra hora posible, ni otro momento posible.

Estoy pensando en mi hijo mayor, que es pianista y que acaba de publicar un nuevo trabajo en su canal de Youtube. Excelente. Os lo recomiendo (y también suscribiros a su canal..., ¡claro!) 

Aquí os dejo el vídeo:



Es difícil lo que él hace, lo que persigue. Es admirable. 


Y es imitable, no me refiero a tocar el piano con la destreza que él lo hace (que le ha llevado muchos años) sino a la actitud necesaria para trabajar como él trabaja, hasta publicar el tema de unos pocos minutos, pero con muchas horas de dedicación detrás.

Él tiene claro su propósito vital. Y lo persigue, pese a las resistencias externas e internas.


Yo, que soy mucho mayor que él, aunque no tanto, tengo cada vez más claro mi propósito, que es exactamente en lo que estoy enfocado en este momento, tras años perdido por los caminos, que me han traído hasta aquí y de ahora en ahora. 


Hasta este ahora, este instante en el que estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer: Escribir. Reflexionar. Compartir. Ayudar.

Y sobre todo acompañar a otros para encontrar su camino.

Este post es una revelación. La de que me quiero dedicar a esto, quiero ayudar a los demás a ser y a crecer, desde mi propia experiencia de crecimiento personal. 


Ayudar a descubrir qué es lo que realmente quieres hacer en tu vida, sinceramente, sin  condicionamientos mentales, pensamientos saboteadores que nos retienen y no nos dejan salir de nuestra inconfortable zona de confort. 

Que tiran de nosotros hacia atrás, nos asustan, nos dicen que no podemos, que abandonemos. Que ahí fuera está la incertidumbre y el peligro. Que mejor donde estamos, aunque estemos mal.

Pues yo no. Noto los tirones y las voces que me dicen "no lo hagas", "no puedes", "no sabes"


Pues SÍ voy a hacerlo, SÍ puedo. Y si no sé lo suficiente (nunca se sabe lo suficiente) pues aprendo (en ello estoy y estaré) y lo más importante: 


SÍ QUIERO. Así cómo en una boda... Pero conmigo. Me comprometo conmigo mismo. Respiro conscientemente, profundamente, conectando con mi interior. Observo mi postura, mi mirada, mi determinación. Lo que pienso. Lo que siento.

En este momento de mi vida, estoy trabajando con un coach, que está logrando que yo saque de mi interior ese verdadero propósito, quitando capas y capas de excusas, de falsas creencias, o al menos incorrectas. Que me está ayudando a observar y analizar cambiando la perspectiva. Y sobre todo, a encontrar el camino que quiero seguir desde hace mucho, pero que no sabía concretar.


Coaching para crecimiento personal. Introspección y búsqueda dentro lo que fuera es imposible encontrar. Movimiento para enfocar desde nuevas perspectivas.


Mapas mentales como herramienta tremendamente útil y visual, que me hacen ver claramente todos los aspectos que afectan a mi situación, que me indican dónde me encuentro ahora mismo, exactamente. Y que determinan el punto de partida, de ahora en adelante.


¿Y cómo he llegado hasta aquí?


¡Uf! Es una historia larga. Espero no aburriros...


El resumen podría ser: 

Cuando todo se cae y uno se cae con todo, pierde las referencias, pierde la seguridad, la fe y se ve en una situación de la que no tiene ni la más remota idea de cómo salir. 

Lo intenta y se cae de nuevo, se levanta tambaleante para volver a intentarlo. 

Una historia de pérdidas, de duelos. Primero en lo laboral: Crisis y pérdida de trabajo, tras 24 años en la misma empresa, casi desde sus inicios, con un gran desgaste emocional y personal. 

Un nuevo proyecto de emprendimiento empresarial que se cae, tras poco más de un año.

Y en lo personal: La pérdida de mis padres, con poco más de un mes de diferencia entre la partida de mi madre y la de mi padre. Impacto emocional muy grande. Devastador.

En el mismo año, un fatídico 2014 (no existen años fatídicos, lo sé, son como son y uno les pone el adjetivo...) también me separo de mi pareja, tras muchos años juntos y me cambio de casa, de la que me veo obligado más tarde a cambiar de nuevo..., impactos todos que también afectan a mis hijos.

Este tsunami de acontecimientos deja mi vida como un solar lleno de escombros.

Cuando las cosas vienen así, no puede hacerse mucho. Y en esos momentos, en cada acontecimiento, uno va reaccionando como puede, o como le sale. 


Y se queda finalmente con una gran sensación de vacío, con mucha duda existencial y se comienza a replantear la vida. 

Yo comencé ahí a hacerlo, despacio. Había muchas heridas y contusiones. Había que poner muchas tiritas en el corazón. 

Una por una. 

Con cuidado.


Y así lo hice, pero quedé asolado. Depresión, ansiedad, pastillas...

Y empecé a buscar respuestas, para averiguar de verdad qué diantres había venido yo a hacer aquí.

Empecé a estudiar en profundidad. Ya me había graduado en un programa de MBSR (Mindfulness) que me había ayudado mucho y que aún lo hace. 

Y me acerqué a Tolle, a Hay, a Cohelo, a Chopra, a Len. Descubrí el Ho'oponopono, la Cuántica, las Conversaciones con Dios, releí a Coelho, a Puig, a Dyer..., la Biblia, empecé a seguir a Mota... y decidí mi propia formación. 

Abrí en Internet un proyecto de consultoría, al principio centrada en lo que podía aportar de mi experiencia profesional, trabajando con equipos comerciales, con los sistemas de calidad, con la dirección comercial, el marketing..., que finalmente he enfocado al crecimiento personal (y también profesional, que van ligados)

Retomé la escritura como vía de expresión y reflexión, para finalmente tomar la decisión de poner a disposición de todo aquel que quiera, mi ayuda, mi experiencia y mis conocimientos, adquiridos tras esa búsqueda intensa y frenética. 

Necesitaba respuestas y las he encontrado. Y sigo encontrando más cada día.

Todas están en mi interior. Todas.

Y tú también las tienes.


Y como en "El Alquimista" encontré mi propósito vital, que estaba ahí en mi, que sin saberlo ponía en práctica cuidando otros corazones rotos, ayudando en lo profesional desde un enfoque humanista, en lo personal, hablando con mucha gente y compartiendo reflexiones y vivencias.




Y aquí estoy, donde he estado siempre, porque siempre he estado aquí y ahora, no se puede estar ni ser en ningún otro momento y lugar, más que en estos.

Aprendiendo a SER, aprendiendo sobre las emociones, sobre los pensamientos, siguiendo con mucho interés a otros que están en lo mismo que yo y que han encontrado el mismo propósito. 

Re-descubriendo, reconociéndome.

Sabiendo que las dificultades son para crecer, para evolucionar. Que el cambio es bueno, es la esencia universal, es inherente a la vida.


Así que, desde aquí y ahora, totalmente decidido a seguir este camino, apasionante, incierto, vital.


Tengo un proyecto profesional, ambicioso, relacionado con la ingeniería de equipos y productos, en el campo del oil & gas, que puede darme, si finalmente arranca, la estabilidad y tranquilidad en lo económico y en lo material. Trabajo en él desde hace más de dos años con bastante desgaste. Aprendo y continúo, con mucha incertidumbre y dificultades, a veces con angustia y ansiedad.


Y también este otro proyecto de crecimiento personal, en el campo de la consultoría personal y pronto en el del coaching. 

Acompañamiento para gestionar el cambio. Esto sí me apasiona, no me angustia y me da tranquilidad. Aquí no hay ansiedad ninguna.

Hace poco escribí sobre fareros, sobre que yo quise ser farero (es verdad) porque sé que dar luz a otros, para que puedan continuar su travesía, reconociendo las señales, alejándose de los peligros, es una tarea que se lleva dentro. 


Ahora lo sé y ahora lo cuento.


Es en toda regla una "salida del armario" 

Ese director Comercial y ese consultor de grandes negocios, es en realidad un Farero. Y ahora puedo decirlo.


En ese pasado que no existe y que mi mente distorsiona, mi personaje creyó que era eso en lo que trabajaba, con una formación técnica y comercial, con una trayectoria profesional que parecía un camino interminable, pero que va terminando. 

Como todo.


Y ahora este cambio. Que da miedo, sí, pero bienvenido ese miedo. Porque no es un freno, es un aliciente.


"Hazlo. Y si te da miedo, ¡hazlo con miedo!" Es el lema de un programa en el que estoy participando de gestión del cambio y la incertidumbre y acompañamiento a la acción.


Pues por ahí van los tiros. Acción. La información y la formación no la busco, me encuentran a mi. 

La vida es cambio, con luces y sombras. Yo me he propuesto desde mi posición privilegiada y expuesta, ser el que ilumine, así que me subo a lo alto del faro para que la linterna esté en perfectas condiciones para iluminar todos los días, con buen o mal tiempo, a aquellos que se acerquen y estén navegando en la oscuridad.


Muchos nos hemos encontrado así y muchos y muchas os encontráis así. Pues aquí estoy para ayudaros a ver la luz y cambiar el rumbo para no estrellaros.


Es posible. Os lo aseguro. 

Mientras, seguiré lo que pueda con mi proyecto profesional, pero sobre todo seguiré escribiendo, estudiando y esperando día tras día poder ayudar y acompañar a quien me necesite y me elija para caminar juntos por un camino bien iluminado por este faro.


Ya tengo el método listo. No es difícil.  

Es querer y ponerse. Yo aquí estoy.


Jorge Arizcun
Febrero 2017

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