Mostrando entradas con la etiqueta imaginación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imaginación. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de febrero de 2018

Cualquier Tiempo Presente



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






No es que no haya tenido nada que contar desde la última entrada que escribí, es que he estado viviendo. 
Bueno es lo que todos deberíamos hacer todo el tiempo. Realmente si lo hiciéramos, vivir, no tendríamos que contarlo ¿no?

Contar lo que vivimos también es vivir, no cabe duda, lo que ocurre es que si estuviéramos en el ahora al 100%, realmente no nos sobraría tiempo para nada más que eso. No nos sobraría nada para contarlo.

Vivir para contarlo, dicen. ¿Contar qué?, ¿Y a quién?
Cada cual está a lo suyo, a sus vivencias, a su historia. La de los demás no es que no importe, es que no es la nuestra, no podemos compartirla. Nos lo contamos a nosotros mismos.

Vengo comprobando que el tiempo verbal que más se usa en el lenguaje es el pasado. Las personas hablan constantemente de lo que han vivido. Incluso parece que se le da más valor a lo que ya se vivió, a las experiencias y tiempos pasados. En esta entrada, al comienzo utilizo el pasado: "he estado viviendo...", como si ahora no estuviera haciéndolo.

Hay una expresión que dice: "cualquier tiempo pasado fue mejor" o la que dicen las personas de cierta edad: "en mis tiempos...", como si ahora no fuera su tiempo.

Esos recuerdos de experiencias que ciertamente cimentan nuestro presente, son presentadas como tiempos mejores, como experiencias idealizadas por nuestra mente, magnificadas, dejando el ahora como algo peor, añorando esos tiempos.

En esos recuerdos nos vemos más jóvenes, más vivos. lo que es una paradoja, porque vivos estamos ahora, como lo hemos estado en todos los ahoras que hemos vivido. Otra cosa es que nuestra experiencia vital no nos llene en el momento presente y nos dediquemos a recordar y a soñar. Pasado y futuro.

Mucho pasado lastra el lenguaje y condiciona nuestra percepción del presente, a veces hasta anularlo. 

En vez de vivir lo nuevo, lo de ahora, muchas veces elegimos revivir lo ya vivido. Es como releer un libro o escuchar la música que ya escuchamos. ¿Por qué no lecturas y música nuevas?, ¿por qué no experiencias nuevas?, ¿qué sentido tiene quedarnos en lo que ya vivimos?

Al tomar conciencia de esto, he comprobado que hablar de ese tiempo pasado, resta importancia y valor al momento presente, al igual que cuando se sueña y se piensa en el futuro. 

El presente, ese tiempo, el único que tenemos y que sin embargo olvidamos. No prestamos atención a nuestro ahora y es un error. Porque es cerrar la puerta a la experiencia vital del presente.

Cuando regresamos una y otra vez a nuestro pasado, a cuando éramos más jóvenes, a ese otro tiempo en el que en nuestras vidas había otros paisajes, otras personas, otras vivencias y sensaciones, otros pensamientos. Tiempos de estudiantes, de menos preocupaciones, o al menos que recordemos. 

Idealizaciones de nuestra mente, seguramente alteradas. Porque la mente es selectiva y tiende a olvidar muchos aspectos. En cualquier caso los recuerdos son eso, lo que logramos recordar, adornado por nuestra imaginación.

Cualquier tiempo pasado es eso, tiempo pasado. Se terminó el momento de vivirlo y se vivió en su momento como fuese, mejor o peor. Ya no puede hacerse nada con eso, salvo dedicarle pensamientos, adulterados, con los huecos rellenados de imaginación.

No éramos mejores. En cada momento fuimos en presente. Y como en cada ahora hubo de todo. Ni mejor ni peor. Experiencias de vida en presente. 

En el presente no cabe pensar, sólo vivir. Pensar mientras se vive..., nos aparta de la experiencia del ahora. Normalmente se vive con referencias a lo ya vivido y se compara y se juzga. Aunque mientra se hace eso, los ahoras se suceden y pasan sin que nos demos cuenta.

¿Es una puesta de sol vivida mejor que la que estamos viviendo hoy? No lo es. 
Mientras pensamos en el acontecimiento pasado nos perdemos el que está sucediendo en este momento.

Lo pasado, pasado. Lo que pueda pasar, es eso, una posibilidad que puede no darse. Lo que ocurre ahora es lo que hay. Durante toda nuestra vida. No hay nada más.

A mi me parece, y me pasa como a todo el mundo, que andar recordando y hablando en pasado acaba con nuestro presente. Tomar conciencia de eso me hace reflexionar sobre la importancia del momento presente y la importancia de vivirlo despierto y con conciencia. 

¿Cuánto de lo que ahora recordamos con nostalgica añoranza realmente pasó como nuestra mente nos muestra en los recuerdos?, ¿cuánto de todo aquello vivimos conscientemente?

Es probable que las experiencias de niñez y juventud si fuesen vivencias intensas en aquellos ahoras, en aquellos tiempos presentes. Los niños viven en un intenso presente, que poco a poco va conviertiéndose en pasado y se instala en nuestra mente en ese tiempo verbal.

Fíjate en cómo hablan las personas a tu alrededor, fíjate en como hablas tú. Si hay mucho tiempo verbal en pretérito pregúntate por qué. Qué está pasando ahora y por qué volver atrás. 

Hay tanto por vivir, tanto nuevo por experimentar, tantas cosas que no conocemos, tantas personas nuevas y lugares por conocer... Que las experiencias vividas nos ayuden a vivir un presente con más significado, con más sabiduría.

De acuerdo a esto, el tiempo presente siempre será más rico, al contar con toda la experiencia de lo ya vivido, con todo lo aprendido. 

Y del futuro, pues qué decir. ¿Cómo íbamos a imaginar cuando vivíamos ese presente pretérito que recordamos ahora con nostalgia que nuestro presente iba a ser como es?
No podíamos. Porque es como es ahora, no como pudimos imaginarlo. Igual que cuando estemos, si estamos en un presente futuro, con toda seguridad será muy distinto de como podemos ahora imaginar.

Cualquier tiempo presente es mejor. Los presentes pasados, ya vividos, fueron lo único y lo mejor en el momento de vivirlos. El futuro..., se verá y se experimentará en su momento. Que será presente cuando se viva y con toda seguridad diferente. Presente que será el mejor momento, el mejor tiempo, nuestro tiempo, como lo es ahora y como lo fue en el pasado cuando lo vivíamos. Ni mejor ni peor. No puede compararse lo que es con lo que no es. 

El pasado ya no es y el futuro aún no es. Mejor vivir el ahora, con toda la intensidad posible y con la menor distorsión temporal. Nuestra imaginación es potente. Nos distorsiona y nos hace cambiar el tiempo verbal y el tiempo vital.

Sólo hay un tiempo posible. Puede que esa idea nos incomode y prefiramos viajar en el tiempo a vivir el presente. Pero es una quimera. Un artificio mental.

Prueba a hablar en presente y saborear el ahora. Recrearte en lo que estás viviendo. 

Presentes pasados y presentes futuros no existen. No son ahora. Sólo existen en nuestra mente y como esta quiera presentarlos. Y eso depende al cien por cien de cómo estamos en este justo momento. 


Jorge Arizcun - COACHING ACTIVO

Febrero 2018





Sígueme en twitter: @jarizcun

lunes, 6 de febrero de 2017

Especular, Suponer y Comparar

Crecimiento Personal

ESPECULAR, SUPONER Y COMPARAR

Cuantas veces nos pillamos pensando en cómo será la vida de otras personas, de las que nada sabemos, especulando por apariencias externas y muchas veces comparándonos con ellas, presuponiendo que sus vidas son mejor o mucho mejor que las nuestras.

Sin ninguna base para hacerlo.

Cada vida es única y contiene sus cielos y sus infiernos. 

Todas y cada una. 

Y los cielos y los infiernos se condicionan a la escala de valores de cada cual.

Podemos estar desempleados y tener una bici como único vehículo y un día ver cómo otra persona, que nunca hemos visto, se baja a media mañana de un buen coche, elegantemente vestida (según lo que cada uno entienda por esto) suponiendo sólo por esas dos señales externas y materiales, que su vida es mejor que la nuestra...

Y esa persona, a su vez, puede observarnos montados en la bici y pensar qué suerte la nuestra, que podemos montar en bici a esas horas en las que él o ella tienen que trabajar. 

Quizás pensando también que nuestra vida pueda, en su imaginación, ser mejor que la suya. 

Y ninguna de las dos personas acierta.

Y ahondando más, podría generarse el sentimiento de envidia, que como el de los celos se basa en suposiciones de la mente.

Y es que la mente es una inventora de historias. 

Historias que nos provocan emociones y respuestas emocionales basadas en nada real.

Cuando pasamos por situaciones complicadas en nuestra vida, por problemas personales, laborales o financieros, hay en muchos casos una tendencia mental a la victimización, que nos coloca inconscientemente en una posición de inferioridad. Y desde esa posición, que es un filtro mental, vemos las cosas.

Claro, salimos malparados.

Uno no puede suponer porque sí, porque se siente mal, que los demás están mejor o mucho mejor. 

Porque estar bien o mal no son estados permanentes. 

Nada es permanente. 

Y todo el mundo tiene buenos y malos momentos, buenas y malas rachas.

Se puede estar muy bien económicamente y ser una persona desgraciada y al contrario, puede que no se tenga mucho, o se tenga casi nada y sentirse bien.

Es una cuestión de equilibrio y no tanto de observar a los demás, como de observarse a uno mismo. 

Porque todo es una proyección de lo que pensamos. 

Y de esa persona que nos parece con tan sólo verla un momento, que tiene una vida estupenda, por supuesto mucho mejor que la nuestra, no sabemos absolutamente nada más que lo que podemos comprobar: 

Que está viva porque se mueve, que sabe conducir, que se ha bajado de un coche y que va bien vestida. 

Subjetivamente puede gustarnos más o menos la persona, el coche o la ropa que lleva, pero no sabemos sí el coche es suyo, si la ropa es prestada y si esa persona está o no trabajando, porque igual le prestaron el coche y la ropa para ir a una entrevista de trabajo. 

Podría ser ¿no?

O que el coche sea de la empresa que está a punto de cerrar y esa persona va a ver a un abogado.

Vaya usted a saber. 

Y desde el punto de vista de la del coche, no puede saber si esa que monta en bici a media mañana es una persona con turno de tarde, o es ciclista.

Todo nos lo imaginamos. 

Si estamos pasando por una época difícil, los pensamientos siempre nos situarán en una situación de inferioridad... si les dejamos, claro.

Nada es lo que parece a primera vista. Nada. 

Y las apariencias externas nos dicen normalmente muy poco de las personas con las que nos cruzamos, porque no sabemos absolutamente nada de ellas.

Y voy aún más lejos. 

A veces, aunque las conozcamos, podríamos sorprendernos mucho de la realidad de cada persona. 

Matrimonios o parejas aparentemente perfectas de puertas para afuera y con una convivencia infernal o anodina. 

Ejecutivos de aparente éxito, con la salud dañada por el estrés y con su vida personal hecha un desastre. 

Empleados de los departamentos de limpieza, con los que podemos cruzarnos una mañana temprano de invierno, suponiendo que están pasando un montón de frío y que no les gusta su trabajo y que sin embargo llevan buena ropa laboral para el frío, les gusta su trabajo y el ambiente.

Y además su turno acaba a las 15h !! 

Y nosotros al atasco y la jornada partida y a lo mejor extendida...

No nos comparemos. 

Todo tiene su parte positiva y su parte negativa. 

Y esas partes no coinciden igual para las distintas personas, en su clasificación de positivas o negativas. 

Lo que para una persona está muy bien, para otra que se dedica a lo mismo no lo esta tanto, o lo percibe como negativo, según cómo sean la vida y las circunstancias de cada una.

Y todo puede cambiar de repente.

Lo mejor, según yo lo veo, es procurar tener siempre una percepción positiva de las cosas. En vez de clasificar como positivo o negativo, podemos hacerlo como más o menos positivo. Creo que es mejor.

Y debemos tener en cuenta que esa percepción de más o menos, es como el mercurio de un termómetro. Variable.

Cuanto más en positivo pensemos, la oscilación será menor.

Ya veis que todo está en la mente y que nada es absoluto, todo es relativo y depende de tantos factores que son cambiantes, que no merece la pena darle vueltas ni atender esos pensamientos, que lo que reflejan es un estado interno nuestro. 

Nada más, son percepciones que resultan de nuestras proyecciones. 

Y abandonarse a ellas puede ser muy nocivo.

Que la mente especule o suponga lo que quiera. Es algo que podemos observar y trabajar para controlar. 

Que tenemos mucha imaginación y nuestra mente mucha mala leche y malos aprendizajes.

Nadie es más ni menos, mejor ni peor. Nadie. 

Todos vivimos y viajamos por la montaña rusa de la vida, subiendo, bajando, lento, rápido, del derecho y del revés. 

Dónde nos encontremos cada cual, es cosa da cada cual.

Y recordad. Todo es cambio. 

Así que especular es tontería, es inventar por inventar. 

Neutralidad señores y señoras. No juzgar. 

Sólo observar y sobre todo observarnos, que todo es cosa nuestra. 

¡Y querernos más! (iba a decir ¡coño! pero no, que queda feo...)


Jorge Arizcun