
Acompañamiento para la gestión del Cambio
MUERE JÓVEN…, PERO MUERE
¿Te suena la frase “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”? Es chula, ¿no?
Se trata de una frase mítica que se ha convertido en todo un lema para muchos jóvenes y no tan jóvenes y que sugiere transgresión, vida al límite, adrenalina y coqueteo con el peligro.
Leer un libro, escuchar música tranquilamente, conversar con los amigos, vivir en armonía familiar, contemplar la naturaleza, la arquitectura, el arte, disfrutar de la gastronomía, cultivarse culturalmente, cuidarse…, ¡menudo rollo!
Para muchos mejor sumergirse en la filosofía del “carpe diem”, que es una expresión latina que significa “aprovecha el día” o “vive ahora”, que se inspira en el pensamiento del filósofo Epicuro, pero que está distorsionada en la cultura pop, rock y punk y se ha traducido en el consumo abusivo de drogas y alcohol, adopción de conductas de alto riesgo buscando adrenalina, conducción temeraria, deportes extremos, descuido de la seguridad en las alturas, transgresión de las normas, sexo sin protección y prácticas violentas, frente a su verdadero significado, que no tiene nada que ver con desfases, riesgos o consumo insano, sino hacerse consciente de que el tiempo es fugaz y merece la pena buscar el equilibrio y paz mentales, la moderación y disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas. Aprovechar el presente, gozar la alegría y placer en este preciso momento.
La juventud y la vida se acaban, así que no se debe posponer nuestro bienestar, nuestro equilibrio y tampoco el amor hacia nosotros mismos y hacia los demás. Claro que hay que aprovechar este preciso momento, pero ¿aprovechar es jugártela?, ¿vivir al límite?
Esta filosofía se expresó de muchas formas en la música, en la pintura, en el cine y sobre todo en la literatura, en la que se convirtió en un tópico recurrente.
El tiempo es fugaz, en su expresión latina “tempus fugit” (el tiempo huye) y precisamente por eso, aprovecharlo es una muy buena idea. Hasta aquí todos de acuerdo. Pero aprovechar el tiempo no es exactamente acercarse a la muerte para morir pronto, o morir joven. No. No es eso lo razonable. No, funcionando así no va a quedar un bonito cadáver (un cadáver no es bonito, y menos el de alguien arrasado por su propia vida de desenfreno y riesgo), eso suponiendo que se muere.
Si sigues ese camino distorsionado de la expresión “carpe diem”, mejor muere. Porque es más que probable que las consecuencias de vivir deprisa y sin freno, te acompañen durante toda la vida y si esta es larga, largo se te va a hacer. Y penoso.
Tengo casos cercanos que han tenido suerte y, aunque lo han pasado mal o muy mal un tiempo tras el desenfreno y la velocidad, han seguido adelante y han encontrado el equilibrio. Estas personas valoran la vida de otra forma y disfrutan de una velocidad de vida más pausada, más reflexiva. Disfrutan de las pequeñas cosas, cultivan la paciencia, la calma, el autoconocimiento. Disfrutan de la literatura, de la música, de la naturaleza, de las relaciones sanas, de la salud.
También tengo otros casos cercanos de personas que no han tenido suerte y han padecido las consecuencias de esa mala vida hasta que han muerto antes de tiempo, víctimas de adicciones, accidentes, enfermedades derivadas, dejando cadáveres horrorosos, algunos no mostrables y los que sí podían mirarse, horrorosos igual para las personas que dejaron aquí sufriendo. Y las que no han muerto, arrastran las consecuencias de esa vida rápida y “excitante”. Las arrastran ellas y las personas que comparten vida con ellas, familiares, parejas, amigos, compañeros, etc.
En algunos casos es una suerte no morir y en otros la suerte sería haber muerto.
Elegir el “carpe diem” del romanticismo de la adrenalina, la acción y el riesgo es una opción. Que esa elección sea un acto inteligente ya es otra discusión. La impulsividad no tiene en cuenta las consecuencias o no les da importancia. Muchas veces la gracia está en eludirlas, librarse. Acercarse al borde del abismo y no caerse. Pero muchas veces se cae y si se muere ya está. Todo se acaba. Las consecuencias son para otras personas allegadas. Si tras la caída se sobrevive, ojo a cómo se sale de esa sima, de ese despeñamiento. Puede ser sólo con rasguños, en el mejor de los casos, o con lesiones importantes, a veces irreversibles.
Los animales se mueven por impulsos y por instinto. Y el instinto primordial es el de la supervivencia. Claro que corren riesgos, muchas veces por ignorancia (un perro cruzando una autovía, por ejemplo) otras veces por necesidad (hambre) Normalmente, en el caso de movimiento o acción no inconsciente, el cálculo del riesgo y el miedo a la consecuencia existen.
Miedo. Esa emoción muchas veces paralizante para salvar la vida y otras para arruinarla.
Demostrar que no se tiene miedo jugándose la vida es del género idiota. Un torero sabe el riesgo que asume pero entrena y entrena para minimizarlo, igual que un piloto de carreras, un boxeador, un escalador, un astronauta, un trapecista, un conductor o cualquiera que ejerza una actividad de riesgo. Pero hacerlo “a pelo” sin red de ninguna clase, sin medir el peligro y las consecuencias, es poco o nada razonable. Hay gente auténticamente descerebrada que pone en riesgo lo único que tiene, que es la vida, por unos momentos de excitación.
Hay también, por desgracia, personas que no eligen la muerte, la enfermedad o el infortunio. Algunas muy jóvenes que ven cómo se acercan al borde del abismo sin quererlo. Eso es un drama y es una falta de respeto a estas personas las actitudes de otras que se la juegan por diversión, por vicio, por inmadurez, inconsciencia, por moda…
Dicen que una buena terapia para aquellas personas que juegan con el riesgo es visitar un hospital con pacientes víctimas, con paraplejias, tetraplejias, amputaciones, quemaduras, problemas psiquiátricos, o cualquier otra consecuencia derivada de una vida rápida de riesgo.
Vive a una velocidad razonable. Como expresé en otra entrada, que el destino venga a por ti, no vayas tú a buscarlo. Disfruta, aprende, piensa. Tu cadáver no será bonito en cualquier caso, pero sí a lo mejor viejo tras una vida vivida. O joven pero también tras una vida vivida… para vivir y no para morir. Nadie sabemos cuándo nos llegará la hora, pero no adelantemos el reloj.
Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver es una solemne estupidez. Si no lo es para ti, discúlpame, sigue con tu diversión, tu impulso, tu adrenalina y suerte!


