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sábado, 4 de abril de 2020

Tapar el sol con un dedo




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Estamos en el vigésimo día de confinamiento y ya parece que en algunos momentos algunas personas empiezan a escuchar las noticias sin darles la importancia, la tremenda y dramática importancia, que tienen.


Nos quedamos con esa cifra que impresiona y que quizás inconscientemente bloqueamos de alguna forma, comparándola con otras para minimizar su impacto.


Hoy, 4 de abril de 2020, tenemos casi 12 mil muertos en España y 60.000 en el mundo, probablemente muchos más.

Estas cifras cortan con sus filos de acero.


Pero hoy también tenemos en nuestro país 34.000 recuperados, lo que es una buena noticia desde luego, pero que no disminuye mágicamente la dimensión de la lacerante cifra de personas muertas por el virus.


Como tampoco lo haría decir la cifra de los que hoy no han muerto por el Covid-19, que son cuarenta y seis millones seiscientos cuarenta y ocho mil personas en nuestro país...


¿Podríamos anular casi totalmente el efecto negativo de la tremenda cifra de muertos diarios publicando la de "no muertos" diarios, mucho más grande, convirtiéndola en mucho menos tremenda o insignificante en comparación?


El titular hoy podría ser este: 

"En el día de hoy en nuestro país 46.648.000 personas no han muerto a consecuencia del Covid 19"


Siempre hablo de relativizar, siempre. Y de ampliar la perspectiva a niveles planetarios o cósmicos para tomar conciencia de lo insignificante que resulta todo lo referente a lo humano y mucho más lo de cada uno como individuo.


Pero hoy no puedo evitar colocarme en el nivel de percepción como individuo e impresionarme con ese dato de congéneres muertos por el virus. Y pienso que a cada una de las personas cercanas a las fallecidas, en nada va a consolarles las cifras de personas no fallecidas o personas curadas hoy. 

Al revés, sentirán la impotencia, la pena y la rabia por la fatalidad de que su familiar o amigo haya sido la desagraciada persona a la que le ha tocado el castigo de la muerte, entre los tantísimos seres humanos que hay, como la macabra oposición a ser agraciado con un premio cualquiera entre tanta gente.


Seguiré relativizando y seguiré ampliando el espacio de comparación, pero hoy no lo voy a hacer por respeto a esas personas muertas, sus familiares y amigos.


No voy a tapar el sol con un dedo anteponiendo la cifra de no muertos a la de muertos. O la de curados, espero que definitivamente, de este virus y sus consecuencias. 

Me alegro infinitamente por ellos y por todos los que seguimos vivos hoy. Pero esa cifra no va a hacer que ese dañino y lacerante destello de la otra cifra, la de los muertos, quede tapada.


Porque esa comparación es perversa. 

Hace muy poco nadie moría a consecuencia de este virus. Hoy en el mundo casi 60.000 personas han fallecido por el virus en tres meses. En España casi 12.000 en un mes (la primera víctima se reporto el 3 de marzo)


Esa cifra crece y crece día a día. Es cierto que muchas personas se curan, sí, pero esas vuelven al momento anterior a enfermar y siguen vivas. 

No hay comparación posible con las que fallecen. Esas dejan de existir para siempre. 

Los que sobreviven no suman a los vivos, ya lo estaban antes de la pandemia. Los que fallecen si restan de los vivos y suman a los muertos.

No me parece bien enfocar mal en esto. En otras circunstancias mortales como pueden ser muertes por violencia, o por accidentes de tráfico no se hacen esos recuentos. No veremos estos titulares:  

"En lo que llevamos de año no han muerto tantos millones de personas por violencia" 
"En el último fin de semana no han muerto tantos millones de personas en accidente de tráfico"

Sería esconder las cifras y hacerlas invisibles. Las víctimas y sus allegados no lo merecen.

Desde la dimensión y perspectiva espacial, la Tierra sigue siendo un planeta azul, ahora más azul si cabe, y la pandemia del coronavirus es algo reducido a una de las casi 9 millones de especies que habitan el planeta. En esos términos es insignificante. En los terrestres y humanos es algo muy preocupante y doloroso.

Mucho ánimo a todas les personas que han perdido a alguien cercano y mucho ánimo también para el resto. La buena noticia será la de disminución de contagios y fallecidos gracias al confinamiento. 

Del obsceno circo político y mediático, mejor no hablar... 


#yomequedoencasa


Jorge Arizcun
  


domingo, 13 de enero de 2019

Domingos



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 



¿Por qué esa sensación de que finaliza el fin de semana y la desazón consiguiente?

Puede que a ti no te pase y que el domingo sea un día más de la semana, distinto por ser festivo, ni mejor ni peor. 

Pero en general, entre los días del fin de semana el domingo se percibe como peor, especialmente por la tarde, al ser el preludio del duro comienzo de la semana, que representa el lunes.

El sábado se considera un día totalmente festivo, al no tener que trabajar (una mayoría) al día siguiente y el viernes es un día estupendo ya que desemboca de lleno en el tiempo de ocio.

Curiosa apreciación del tiempo y de los días.

Como siempre, es bueno hacer un ejercicio de relativización para equilibrar. 

Antes he puesto entre paréntesis que una mayoría tiene fin de semana como tiempo de ocio sin obligaciones laborales. Las personas que no lo tienen, evidentemente perciben todo lo anterior de forma muy distinta. Y aún voy más allá, las que no pueden trabajar, pueden ver con envidia a los que el lunes reanudan su trabajo, las que no pueden por estar enfermas, o vivir en situaciones vitales más extremas puede que ni se lo planteen. 

Así que, desde este punto de vista, resultante de relativizar, tener fin de semana es un lujo. Y trabajar durante la semana es un privilegio si lo comparamos con otras situaciones de personas que no pueden hacerlo.

Claro que hacia el otro lado podemos observar con la misma envidia que sienten esas personas a las que les gustaría disfrutar del fin de semana de ocio entre días laborables, a aquellas que no tienen que trabajar, para las que los fines de semana son una extensión a los cinco días precedentes, también sin obligaciones laborales o académicas. Personas jubiladas, o con situaciones económicas muy desahogadas, que no precisan trabajar para ganarse la vida...

Podemos mirarlo como queramos hacerlo. ¿Y si lo hacemos en positivo? 

Un Domingo es un día más para vivir. Una infinidad de posibilidades, un privilegio. Sea cual sea la situación que tengas es un regalo, como lo son el resto de días. El día siguiente ya vendrá, con lo que haya de traer. Trabajo, estudios, viajes, ocio... 

Da igual. Es VIDA, con mayúsculas. 

Míralo así y verás que no hay por qué estar mal, ni por que sentir desazón, ni malestar. Piensa que lo has disfrutado y piensa en todos los que no pueden hacerlo. Quizás alguna persona de las del otro lado, de las que no tienen que trabajar, ni estudiar, puede que te mire con envidia a su vez, ¿quién sabe?

La mejor forma de pasar un domingo por la tarde es vivirlo, con las posibilidades que ofrece una tarde de final de fin de semana en la que el tiempo parece que corre a otro ritmo. Se trata sólo de percepción y de pensamientos. 

La realidad es otra. Muy distinta. Mucho más profunda. 

Detén el programa mental "domingo por la tarde". Ese que hace tiempo quedó grabado y se dispara cada 7 días sin falta, provocando esas reacciones que sientes.

Aprovecha ese tiempo, ese ritmo más lento, el descanso, la actividad, lo que traiga. No es mejor ni peor que el lunes o que cualquier otro día. Cada uno es importante y único. Quítales el nombre y la carga de pensamientos que los clasifican y juzgan, y disfrútalos. 

No hay días de transición hacia otro día. Hay momentos sucesivos que vivir conscientemente. El domingo por la tarde no nos prepara para el lunes. Ni el viernes para el fin de semana. Son cada uno valiosos en sí mismos, con todos sus momentos. Y han de ser bienvenidos y disfrutados como vengan.

Feliz ahora, se llame como se llame.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Enero 2019







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lunes, 13 de febrero de 2017

Relativizar


    Acompañamiento para Gestión del Cambio 

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal




Quiero compartir una experiencia que he vivido hoy y que me da pié para esta entrada.

Esta lluviosa mañana he participado en la primera sesión de un programa que se llama "Lanzadera de Talento"


Este programa, es una iniciativa de personas e instituciones de mi ciudad, para ayudar a personas desempleadas o que quieran cambiar de trabajo.

En esta sesión se han hecho las presentaciones de los asistentes al grupo de esta edición.

Y escuchando los testimonios de cada persona, me he dado cuenta de que hay muchas realidades, difíciles, algunas muy duras, pese a todo lo que nos están contando de recuperación económica y creación de empleo. En la banda de edad media de las personas que participan en este programa, esa realidad es muy difícil, digan lo que digan. 

Es un colectivo muy castigado y muy "en tierra de nadie" y en eso creo que soy objetivo, aunque depende...

Dicho esto, quiero destacar aquí dos cosas:

Una, que uno no debe consolarse por comparación. 

Y dos, que hay que saber relativizar.

Con la primera quiero destacar que si compararse supone conformarse porque uno perciba que los demás están peor, malo.

Comprobar distintas realidades a la nuestra nos ayuda a saber que no somos los más desgraciados del mundo y a descentrarnos del yo,yo,yo...

Todos tenemos una vivencia única, que no podemos comparar. Al menos no en lo global.

Él o ella está mejor o peor que yo, así en general. Es un error. 

Puede ser, y con matices, que en algún aspecto pueda estarlo, bajo nuestro criterio siempre subjetivo.

Y con la segunda, que puede sonar en la misma línea que en la primera, hay que ser consciente de que todo es relativo.

No se trata de compararse, sino de ser conscientes de que nuestra realidad es de una forma u otra, dependiendo de cómo se mire y respecto a qué. 

Y como la información de la que disponemos es siempre sesgada, y además manipulada descaradamente por nuestra querida e incansable mente, nuestra apreciación de la realidad siempre es relativa.

Relativizar es una palabra mágica. Nos indica que las cosas no son como parecen. Y podemos verlas desde diferentes ángulos y puntos de vista.

También la perspectiva de cada persona es cambiante y lo que hoy nos puede parecer de una manera, mañana nos puede parecer de otra distinta.

Nada es absolutamente como lo percibimos, ni como lo enfocamos. Físicamente es obvio. Nadie puede tener en el mismo momento el mismo punto exacto de vista de otra persona.

Mentalmente es igual. 

Hoy, escuchando la presentación de cada participante, he reflexionado mientras tomaba notas (siempre tomo muchas notas...) que cada uno vive su realidad desde su experiencia y la etiqueta. Y además se juzga o juzga a otro como responsables.

Y las cosas son, nada más. Ni buenas, ni malas. Y cuando te ofrecen mirarlas desde otro punto de vista, ¡hop! de repente cambian.

Como digo, la tentación de compararse y por esa comparación sentirse mejor es una trampa de la mente. Uno es uno y no es en función de los demás.

Yo no me siento mejor viendo duras imágenes de refugiados, o de personas pasándolo mal, o en situaciones que a mi pueden parecerme incómodas, desde mi punto de vista de ciudadano occidental en España.

Pensad en esos pobres indígenas, que con un taparrabos como única vestimenta, tienen que buscarse el sustento pescando con arpones artesanales de caña, desde rudimentarias embarcaciones, en paradisiacas playas solitarias, de arenas blancas y palmeras, bajo el sol, en islas tropicales...

Sin tele, ni electrodomésticos, ni dinero, ni tarjetas de crédito, ni bancos, ni coche, ni sueldo... ¡Pobres!

¿Pobres? Pues qué queréis que os díga. Depende. 

¿Qué opináis? ¿quién está peor? Habría que preguntar uno por uno, a los de aquí y a los de la isla. 

Se puede vivir de muchas maneras. Y se pueden tener distintas experiencias a lo largo de la vida. Depende de con referencia a qué las miremos. 

Una situación que puede parecernos negativa, puede ser la puerta a una gran oportunidad.

Y lo de que todos estamos mal, o algunos están peor, no puede ser un consuelo, porque ¿qué gana uno pensando que otros están peor, o que muchos están como uno de mal? Sigue apreciando la situación como negativa.

No mejora en absoluto.

Relativicemos. 

Y si tenemos la suerte de conocer otras experiencias similares a las nuestras, o situaciones de otras personas parecidas, con todos los matices del mundo, a las nuestras, lo que debemos hacer es aprender de ellas. No compararnos.

Nadie está exento de pasar por un desafío complicado en su vida. No quiero llamarlo problema, porque entonces se convierte en uno. Desafíos, retos, situaciones complejas.

Mejor tratar de aprender, no tanto observando a los otros, ni juzgándolos o clasificándolos. Sino mirándonos a nosotros mismos. Observándonos siendo conscientes de cómo nos sentimos y de por qué nos surgen los pensamientos y emociones que nos surgen.

Porque es cosa nuestra. Y de esa observación es de la que tenemos que aprender.

Como todo es relativo, nos daremos cuenta que no hay una realidad mejor que otra y que lo que nosotros calificamos, o nombramos, o etiquetamos es cosa nuestra, de nuestra mente. De nuestro ego.

Hay distintas realidades, pueden ser parecidas en sí mismas, pero dependiendo de quién las viva y en qué circunstancias, son en realidad totalmente distintas y no comparables.

No comparemos, relativicemos. 

Y eso de bienestar por comparación no vale, es trampa.

Mal de muchos...

Jorge Arizcun

lunes, 14 de noviembre de 2016

No tiene nada de malo pasarlo mal


                     Trick or Treat      Consultoría y Coaching


Este señor de la foto es el Doctor José Miguel Gaona, y es psiquiatra.
Yo he leído un libro suyo, muy interesante, titulado "Al otro lado del túnel", que según dice la sinópsis del mismo publicada en la web de La casa del Libro, trata de una aproximación divulgativa pero de carácter científico, realizada por este psiquiatra, a las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Con numerosos testimonios de personas españolas que han sufrido el «efecto túnel», se explica la secuencia más o menos completa de acontecimientos que anteceden a la muerte. Un viaje de salida de la vida con regreso a ella, en el que se tocan temas como: los sonidos de la muerte, la luz, viajes astrales, visitas de familiares muertos antes de la propia muerte, técnicas para acercarse a una ECM, etc.

Este tema, del que se ha escrito mucho, que yo sepa es la primera vez que es abordado por un médico y es muy recomendable. 

En una interesante entrevista en "La Vanguardia", el periodista Víctor-M.Amela, aborda una serie de preguntas a este doctor, que quiero compartir en este post.

Me parece interesante la reflexión sobre el "Síndrome del decaimiento" y sobre el uso del Triptófano, aminioácido esencial, que logra que la glándula pineal segregue la melatonina, que es una hormona cerebral, que favorece el sueño, ya que la serotonina es precursora de la hormona melatonina, vital para regular el ciclo diario de sueño-vigilia. También se observa un efecto antidepresivo debido a la serotonina y el efecto tranquilizante de la serotonina actúa como un ansiolítico.
La melatonina es la hormona que regula el reloj biológico de nuestro organismo (la habréis oído mucho como remedio natural del JetLag...)


Bueno, tras este rollo científico (aunque fácil de entender, creo yo) voy a transcribir aquí las preguntas y respuestas que me han parecido muy interesantes acerca del mencionado síndrome del decaimiento, tan habitual hoy en día y que tantos fármacos y tratamientos mueve.

Uno de sus intereses, me dice, es el síndrome de decaimiento... 
¡Cada vez es más frecuente! Precisamente una separación o una pérdida (de un ser querido, un trabajo...) pueden desencadenarlo.

¿En qué consiste ese síndrome? 
Es un estado de ánimo bajo.
¿Qué síntomas lo delatan?                                                             Apatía, cansancio, desmotivación, agobio, estrés, inapetencia sexual, desgana, insomnio...
Todos lo hemos sentido alguna vez. 
Lo llamativo es que pasa cada vez más a menudo..., y a cada vez más personas.

¿A qué atribuye este síndrome? 
A nuestro bajo umbral de frustración.

¿Soportamos mal la frustración? 
Peor que nuestros padres y abuelos... Nosotros ocultamos la muerte, negamos el dolor, rechazamos la dificultad... Fíjate: nos diagnostican una enfermedad, ¡y nos sorprende!

Claro, ¿no? 
¡La enfermedad es normal, es parte de la vida! En vez de entenderlo así, nos preguntamos: "¿Cómo es posible?". Y seguimos: "¿Por qué yo?". Y concluimos: "¡No es justo!". Son pensamientos muy desvariados..
.

Ya. 
Hay un desenlace fatal en urgencias, ¡y buscamos culpables! Nos cuesta aceptar que lo normal es morirse, ¡y que lo excepcional es vivir! Nos creemos con derecho a todo, ¡felicidad incluida y garantizada! Abominamos del dolor físico y psíquico.

¿Y qué deberíamos hacer? 
Pues no vivir el dolor como trastorno y revés insoportable. "Estoy fatal por un duelo", me dicen en la consulta. "¡Recéteme algo para que se me pase rápido!", me piden. ¡Pues no, señor mío: ahora le toca pasarlo mal! Páselo mal.
¿Qué tiene de malo pasarlo mal una temporadita, eh? ¡Ya amainará!

O sea, que deberíamos elevar nuestro umbral de frustración. 
Si sobreproteges a tus hijos, ¡los desarmas frente a la frustración! Y se frustrarán más.

¿Receta? 
A mi hija de 21 años, que estudia Oceanografía en Canarias, ya le he dejado claro que al terminar... ¡nada de volver a casita!

Es usted coherente..., y rudo. 
¡He educado así a mis hijos desde niños! ¿Cuál es el objetivo último de la educación?

¿Cuál? 
Ayudar al hijo a ser independiente rápido.

¿Bajará más el umbral de frustración? 
Quizá la crisis nos enseñe a arremangarnos, y así frenemos esa tendencia. Colaboro como médico en África... y nadie allí padece síndrome de decaimiento: ¡encontrar qué comer les alegra sobremanera cada día!

¿Qué receta a sus pacientes con síndrome de decaimiento? 
Primero exploramos las causas de su decaimiento… y su umbral de frustración. Y en vez de enmascarar sus síntomas recetando alegremente antidepresivos, prefiero emplear el triptófano. Con eso puede bastar.

¿Triptófano? 
Es un aminoácido esencial. No es un fármaco, sino un suplemento alimenticio. Si abunda en sangre, tu cerebro podrá fabricar fácilmente serotonina..., ¡y te subirá el ánimo!

¿Qué es la serotonina? 
El neurotransmisor del bienestar, de la satisfacción, de la saciedad... Y así no necesitarás comerte un bollo (y engordar: ¡fatal!)

¿Dónde encuentro triptófano? 
En la farmacia. Una cápsula al día: no produce efectos colaterales ni adicción. ¡Disminuye la ansiedad y regula el ciclo del sueño!

Dormir bien es la mejor medicina, ¿no? 
Dormir mal facilita la tendencia depresiva.

¿Conclusión? 
Combinamos una baja tolerancia a la frustración... y una alta autoexigencia: ¡peligro!

Bueno, pues ya sabemos algo más. Aminoácidos esenciales que regulan la producción de hormonas del bienestar. ¿Por qué tanto antidepresivo y tanto ansiolítico? 

La vida es una montaña rusa, con subidas y bajadas, con calma y excitación, con expectativas y miedo. Es emoción. hay que vivirla.

"¿Qué tiene de malo pasarlo mal una temporadita?"

Fuente: La Vanguardia
12/06/2012 00:12 | Actualizado a 12/06/2012 21:26

      Jorge Arizcun 
Noviembre 2016