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domingo, 28 de octubre de 2018

Lo único que permanece es el cambio 3 - Los tres Personajes



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Ya hemos visto en qué consiste el cambio y las diferentes  posiciones que puedes adoptar.

Avora quiero volver a destacar el concepto de compromiso, necesario para enfrentar con decisión el proceso de cambio y sobre todo el compromiso que tienes contigo y con todo lo que tiene que ver contigo. 

Tu vida es tu responsabilidad y comprometerte es la primera premisa del auto-respeto.

Empecemos con una frase: Ya que estoy aquí, voy a ESTAR completamente. Esto requiere prestar atención y trabajar la PRESENCIA. Esto significa estar plenamente, con todos los sentidos. Prestarte atención.

Estar, prestar atención, observar... ¿qué es lo que está pasando ahora? a tu alrededor, en tu entorno, en el mundo. ¿que es lo que esta pasándote? en tu interior. Date cuenta de lo que piensas y de lo que sientes.

Es habitual no prestar atención y no darse cuenta de lo que se siente, de lo que se piensa, ni tan siquiera de lo que pasa. 

Si el cambio requiere acción, para poder actuar es necesario tomar conciencia de dónde y cómo se está. Una vez logrado esto, que requiere un trabajo y un entrenamiento, hay que actuar, con lo que se tiene. No esperar a que las cosas cambien para hacer. Es mejor tomar la iniciativa y provocar ese cambio.

Al tomar conciencia lograrás dos cosas:

- Situarte
- Elegir

La primera es esencial para activar la segunda. Saber dónde estás para elegir adónde quieres ir.

Hay una sensación que marca la intensidad de este proceso: el dolor.

Hay un punto de dolor que es necesario alcanzar para decidir cambiar. Ese umbral es distinto en cada persona. Debes ser consciente de lo que te duele una situación o un estado para motivarte lo suficiente a cambiarla. 

No se trata de dolor físico, que es un tipo de dolor. Es dolor vital. Las situaciones, los acontecimientos, las sensaciones pueden provocarlo. Es la intensidad de ese dolor la que activa el deseo. 

Los pasos, por tanto, son: situarse, sentir, desear y actuar.

El deseo sin acción se queda en una simple idea, que sólo se materializará si se actúa.

Ahora estás en el punto de "dolor" suficiente para desear el cambio. Y tienes toda la libertad de escoger. Libertad de dirección.

Puedes ponerte en marcha como un "pollo sin cabeza", que corretea en todas direcciones y en ninguna. Es cuando cualquier cosa nos vale. 
No sabes el potencial que tienes de desarrollar tus capacidades.

Realmente los humanos estamos entrenados en la supervivencia, más que en crear nuestra realidad, así que hay que pararse y razonar. Una buena pregunta es: ¿qué hay en todo esto que a mi me vale la pena? Y desde ese razonamiento  enfocar. Te dará una pista de hacia dónde quieres ir y dejarás de ser un pollo sin cabeza correteando sin sentido porque pondrás cabeza y razonamiento.

Eres tres personajes a la vez. Imagina 3 círculos, uno grande y dos pequeños encima

¿A qué te recuerda? Sí, a Mickey. De estos tres personajes habló Walt Disney.
El primero, situado en la que sería la oreja izquierda es el Creativo, el segundo, que estaría en la oreja derecha es el Ingeniero y el tercero, situado en el círculo del centro es el Evaluador.

Los tres personajes conviven en ti. Vamos a ver el primero: El Creativo.

Para permitirle salir, es necesario que comiences a desarrollar hábitos. Para sacarlo hay que trabajar con él. Vive en el hemisferio derecho de nuestro cerebro.

Hay una cita de Einstein que dice:

" Los problemas no se pueden solucionar en el nivel de conciencia en el que fueron creados" Fíjate en las dos últimas palabras: "fueron creados" 

Los problemas se crean. Nuestro personaje creativo lo hace. Aunque no nos demos cuenta. Por eso hay traerlo al plano consciente y ponerlo a trabajar.

Así podrás conectar con los motivadores reales que son los que te llevarán a la acción.

¿Quiénes son los creativos más grandes? Los niños. Conecta con tu niño y se iluminará tu hemisferio derecho para crear una nueva realidad.

Es importante que observes cómo te hablas, qué te estás contando.

Es tu personaje creativo quien lo hace. Y con ese lenguaje está creando tu realidad.

Ten cuidado con lo que te dices, en especial con el lenguaje crítico hacia ti.

Te pongo un par de ejemplos.

En vez de decirte "no lo estoy haciendo mal", frase que tiene negatividad implícita en las palabras "no" y "mal", que tu cerebro interpreta literalmente, además de extraer el mensaje "no lo estoy haciendo" (así funciona el cerebro humano...) prueba de esta manera:

"Lo estoy haciendo bien"

Es mucho mejor así, ya que directamente es un lenguaje en positivo.

La manera de hablarte puede darte pistas de cómo te estás relacionando contigo, a través de los mensajes que tu personaje creativo te dice.

En vez de decirte: "debo creer en mi", que implica un mandato y cierto reproche, prueba a cambiarlo por: "voy a creer en mi", que implica acción y determinación.

Vigila a tu yo creativo. Ponlo a trabajar para ir modificando la manera en la que te habla.

En este punto, te propongo un ejercicio poderoso, que si lo haces bien te va a ayudar mucho en tu trabajo de cambio.

Se trata de la experiencia de visualización.

Busca un lugar tranquilo y confortable. Adopta una postura de confianza, con los pies bien apoyados en la tierra, con el cuerpo relajado y la espalda erguida.

Escoge una música que te resulte relajante e inspiradora y, cerrando los ojos, respira tranquila y profundamente y visualízate dentro de tres años en aquello que sueñas.

Presta atención a los detalles, recréate en ellos, en lo que ves, en lo que escuchas, en lo que sientes.

Deja que tu yo creativo trabaje y te muestre ese futuro deseado, que te hable en presente de él.

Observa dónde, con quién y cómo estás. Concéntrate en estar allí ahora. Empápate de la vivencia. Experiméntala.

Sal de allí y regresa despacio, con la música, que quizás cuando vuelvas a escucharla te transporte a ese tiempo y lugar creados en tu mente para ser creados en tu realidad.

Todo es mental.

Y ahora, de nuevo en tu presente, tomando conciencia intensamente de dónde, cómo y con quién quieres estar dentro de esos tres años de tiempo, comprométete. 

Empieza a pensar y a escribir cómo hacer que eso que tu creativo ha proyectado se haga realidad.

Ese compromiso te dará determinación y te ayudará a decidir que quieres llegar y te empujará a la acción enfocada en tu meta.

Decide vivir con sentido, en su más amplio significado, con el rumbo puesto hacia tu meta, consciente de lo que te pasa y sacando el máximo partido de la experiencia, que es de crecimiento y evolución.

Con el creativo en control, la realidad se irá creando, materializando el deseo.

Adelante.

Ahora, aquí, pregúntate por qué haces lo que haces y si eso te acerca o te aleja de esa realidad visualizada.

Partes desde aquí y desde ahora, con tu yo creativo trabajando. No te conformes con el abanico limitado de opciones que crees que tienes. Deja que tu personaje creador te muestre más y explóralas.

Por último, anota cómo este propósito tuyo va a afectarte a ti, a tu entorno y al planeta.

Identifica aquello que te hace especial y toma conciencia de lo que eres capaz de lograr.

Te recomiendo que escribas, que anotes como en un cuaderno de bitácora tu experiencia.

Ánimo y hasta la próxima entrega de este apasionante viaje por el cambio.

Cree y crea.


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Diciembree 2021







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sábado, 11 de febrero de 2017

Sabiduría de la Incertidumbre

                     

Trick or Treat      Crecimiento Personal







Dos de las 7 Leyes Espirituales del Éxito, de Deepak Chopra (que nada tienen que ver con el éxito material) son, la quinta y la sexta: La quinta es la Ley la Intención y el Deseo y la sexta es la Ley del Desapego.

Hoy voy a escribir principalmente de la quinta, que tiene una relación directa con la siguiente.

Una de las partes que a mi más me llaman la atención es poder renunciar al apego al resultado.

Saber vivir en la "sabiduría de la incertidumbre"

Cuando vemos una película, estamos viviendo el presente y dejamos que transcurra con la incertidumbre de lo que va a pasar. No lo sabemos y ahí está lo bueno.

Lo mismo nos pasa al leer un libro, una novela. Podemos hacernos una idea de lo que puede pasar y hay giros inesperados que conducen a otro final distinto del que imaginábamos.

Igualmente, cuando salimos a la montaña, a hacer una nueva ruta, vamos viviendo paso a paso la experiencia y no vamos pensando en el final.
 

Procuramos disfrutar del camino.

En ninguno de los tres ejemplos nos apegamos al resultado. Vivimos el presente y dejamos que los acontecimientos se sucedan. Vivimos esa incertidumbre sin ansiedad.

En la vida, lamentablemente no. 

Muchas veces nos apegamos al resultado de las cosas y no disfrutamos del camino que debemos hacer para conseguirlas.

Un ejemplo que conozco. La búsqueda de un nuevo trabajo. 

Buscar un trabajo es en sí un trabajo (no remunerado) pero que requiere recorrer un camino. 

Dependiendo de cómo transite cada uno ese camino, será más o menos gratificante. 

La actitud es muy importante. 

Y el camino a recorrer es también muy importante. El resultado es la consecuencia de haber recorrido el camino con la actitud correcta.

Es incierto el resultado, por lo que apegarnos a una incertidumbre es absurdo. 

Pero la mente imagina y se apega a eso que imagina.

La incertidumbre es una constante en nuestras vidas. Nada está escrito. Así que vivir en la incertidumbre es toda una competencia. Es sabiduría. Es no apegarse al resultado. 

Porque el resultado es incierto. Y no puede haber apego a lo incierto.

El apego es como un ancla. Nos frena, nos retiene, nos limita.

Desapegarse es dar libertad al universo para que las cosas sucedan como hayan de suceder, sin ser condicionadas por los pensamientos, que generan las expectativas.

Es mucho más emocionante vivir con la  sabiduría de la incertidumbre.

Esta sabiduría no es fácil de alcanzar, porque la gran mayoría especula y vive condicionada al resultado.

Y ¿cual es el objetivo de vivir, sino el hecho mismo de vivir?

¿O acaso es el logro de cosas materiales, o relaciones, o felicidad? Todas cosas que vienen y se van.

La felicidad es algo intangible y subjetivo.

Como hace poco alguien me dijo, es la ilusión de estar vivo, de vivir. Ese es el objetivo.

La vida trata de vivir, no de conseguir nada, ni estatus, ni dinero, ni poder, cosas todas que pueden perderse.

Lo vemos constantemente.

Son gratificaciones para el ego, que se alimenta de lo externo.

Vivir es algo más que pasar los años que se nos conceden amasando fortuna, éxitos, fama, reconocimiento. 

No es tener, es SER. 

Y esto es difícil de asimilar en una cultura, como la occidental, que fomenta lo material y la individualidad.

Es un error. 

Todo eso es apegarse al ego, a lo material y a la necesidad de reconocimiento, de éxito, de dinero, de cosas, de fama. 

A la autocomplacencia, a lo exterior.

No nos llevaremos nada. Tal cual vinimos nos iremos. 

Entonces ¿para qué apegarse a nada? Se trata de disfrutar del camino, y ni al propio disfrute hay que apegarse, ni al camino mismo, que es cambiante. Ni a la vida siquiera, que es camino igualmente.

Mejor practicar el desapego, lo que nos permitirá vivir con lo que vaya viniendo y aceptando lo que se vaya yendo.

Yo, hasta hace muy poco tiempo disfrutaba de un estatus, de un reconocimiento, de una estabilidad económica, de un puesto fijo (¡JA!)

Y todo eso cambió y se fue. Y aquí sigo, tras experimentar el otro lado, la inestabilidad, la falta de identidad profesional, de reconocimiento por la actividad que dejé de realizar, la falta de un puesto fijo... Pero no he desaparecido ni me he volatilizado. 

Estoy aquí y sigo aprendiendo.

Y cuando uno se quita capas y va renunciando a cosas, se da cuenta que todo eso son superficialidades, que no afectan a la verdadera esencia de uno. Más bien, cuando están la mantienen oculta, tapada, ahogada.

Así que desapegarse de cosas, de personas, de roles, de creencias, es de lo más liberador.

Y cuesta, porque hay una emoción muy poderosa que nos condiciona mucho: el miedo.

Ayer vi una película de animación muy recomendable, "Zootrópolis", en la que se dice una frase que me ha resultado interesante y que anoté: 

"A lo único que hay que temer es al propio miedo". Y el apego contribuye mucho a fomentar ese miedo. Miedo a perder, a fracasar.

¿Acaso una margarita puede fracasar en su vida de flor? ¿O la abeja en su vida de insecto? ¿Quién los juzga?

Los humanos somos distintos, mucho más complicados y hacemos que nuestra vida sea complicada también. 

Demasiada mente. Demasiados pensamientos, demasiado ego, demasiado apego.

Vivir es simple, sólo hay que vivir y la vida va sola, casi sin nuestra intervención. Sólo tenemos que alimentarnos y descansar las horas que el organismo necesita.

Pero no, nuestra vida la llenamos de retos, de competencia, de búsqueda de logros, de dinero, de reconocimiento, de visibilidad. Todas necesidades del ego.

Se puede vivir casi sin nada, o con muy poco. El resto son necesidades creadas, a las que nos apegamos compulsivamente.

Afán por tener, por ser alguien, en vez de tan solo ser. Y ese alguien es nuestro ego, el de los apegos, al que le cuesta tanto disfrutar, incluso cuando se tiene el éxito social y material.

Ilusión por estar vivos, sin más. Eso es la clave de la felicidad. Lo demás son lo que nos venden.

El resultado de vivir, es la propia vida. Y el proceso de vivir incluye la propia muerte. 

¿Cómo vemos la muerte? ¿Como el resultado inevitable de la vida? Entonces qué, ¿nos apegamos a la muerte? No, ¿verdad?

Pero sí nos apegamos al resultado de un negocio, de una apuesta, de cualquier cosa que hagamos. Así nos llevamos las decepciones que nos llevamos.

No hay que apegarse ni a la propia vida.

Simplemente no hay que apegarse a nada. Si, como se explica en la Ley de la Intención y el Deseo, no fijamos la atención en el futuro, que es donde se situaría el resultado, sino en el presente, donde todo tiene lugar, si hacemos las cosas con conciencia del momento presente, entonces es cuando estamos realmente vivos. 

Porque el presente es conciencia.

Debemos tener en cuenta algo que condiciona toda esta ecuación: La Intención.

Puede que pensemos: pero la intención mira al futuro. Es verdad. Pero esta Ley contempla otra cosa importante: La atención. Y la atención es el presente, el ahora.

Combinando la atención con la intención, creamos materialmente el futuro. 

Porque el futuro se crea en el presente. Manteniendo la atención y teniendo la intención. Parece un trabalenguas, pero es la forma de no ver el futuro con apego. 

Porque estamos centrados en el presente. Es lo que se llama la intención desapegada. 

Es no luchar contra el presente, es vivirlo, pero con intención. No con expectativa. 

Porque solo se es en el presente. Y aquí y ahora no hay apego que valga. 

La intención es deseo sin apego al resultado. Si hago las cosas con la intención de..., pero vivo en el presente, no puedo apegarme al resultado. 

El deseo por si sólo, contiene el apego. Queremos que ocurra algo. 

La intención es distinta. Hago en mi presente las cosas enfocadas hacia un futuro posible, pero no me salgo del presente. 

No me coloco en el resultado, porque el resultado es incierto. 

Con la intención puedo proyectar hacia el futuro pero con la atención y la conciencia en el presente. Con el deseo la atención se va al futuro y aparece el apego al resultado.

El resumen, para entenderlo bien, es que la intención, con atención, crea el futuro. 

Atención al momento presente e intención hacia el futuro. ¿Dónde estoy y hacia dónde quiero ir? 

Como siempre es ahora, a medida que avance, dónde estoy es siempre el presente, es lo único que hay real. 

La intención dirige el siguiente paso, pero las posibilidades son infinitas. No puedo sólo tener en cuenta el destino, apegarme a él. Realmente sólo puedo tener en cuenta el camino.

Así que, aunque pueda parecer complejo, no lo es. Estemos en el ahora con atención y miremos hacia el futuro con intención. 

Como el futuro lo creamos en el presente, la combinación de ambas cosas nos llevará hacia donde queremos, porque lo iremos creando en el ahora, en el presente. Sin apegos.

Si caminamos con la atención puesta en el destino, en ese punto donde deseamos llegar, podemos despeñarnos por un barranco, al no tener la atención puesta en el presente. Así de fácil. Y luego, de camino al hospital, con varias fracturas, podemos lamentarnos lo que queramos. Ahí estaría el apego al resultado.

La sabiduría de la incertidumbre es todo un reto. 

Si se consigue, es un grandísimo paso para lograr vivir con la atención plena en el ahora, sin apegarnos a lo que vaya a pasar realmente. 

La magia es que la intención, combinada con el desapego, crea ese futuro desde el presente. 

Somos los creadores de nuestro futuro. ¿Qué futuro queremos?

Pues toda la atención en el presente. Así funciona. No deseemos. Hagamos con intención.

Jorge Arizcun