miércoles, 8 de marzo de 2017

La Vida y el Cubo de Rubik (por Renata Arizcun, 11 años)

                     

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Para mi la vida es como un cubo de Rubik.

Porque la vida tiene muchas caras, depende de por dónde se mire.

Puede haber felicidad, tristeza, alegría, agobio...

Os voy a poner un ejemplo:

Imaginaros que yo fuera una estudiante magnífica, con unas notas estupendas, matrícula de honor...

Pero a uno/a de mis compañeros/as le cuesta mucho estudiar, suele suspender o aprobar con un 5.

Depende de por qué cara lo mires, puedes pensar que esa persona es vaga o también puedes pensar que se esfuerza un montón y aunque saque un 5 "pelao", a esa persona la basta, se conforma.

Otro ejemplo podría ser que otra persona "excelente" (de buenas notas y eso) y otra que suele suspender (más o menos la misma situación de antes) 
Pues imaginaos que hay un examen y la persona "excelente" saca un 6,5, y la que suele suspender saca la misma nota.

Seguramente la persona "excelente" estaría decepcionada.

Pero la otra estaría satisfecha de todo su trabajo.

To eso depende de la cara por la que lo mires...

Por eso, un cubo de Rubik es un buen ejemplo de vida, porque tiene muchas caras.

Depende del cubo de Rubik.


Gracias lectores. Si queréis comentar...


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Renata Arizcun

martes, 7 de marzo de 2017

El Duro Trabajo de Reinventarse 2

                     

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2




Continúo con la segunda entrega de "El Duro Camino de Reinventarse", que este tema da mucho de sí.

Como estoy haciendo el programa de Gestión del Cambio, aprovecho que hay mucho contenido interesante para trabajar y lo comparto por aquí, por si puede ser de ayuda.

Espero que sí.

Y creo que puede dar para alguna entrada más...

En la primera parte, estábamos subiendo por el tortuoso y empinado camino de ese reinventarse

(https://totconsultingsolutions.blogspot.com.es/2017/02/el-duro-trabajo-de-reinventarse.html)

Empinado y tortuoso, sí. Pero a medida que nos vamos adentrando y vamos subiendo, vamos entrenando. 

Al principio resulta muy penoso y cansado y uno no puede más que mirar al suelo, donde va a dar el siguiente paso.

Poco a poco vamos más ligeros. Primero porque aligeramos la mochila. Y después porque vamos estando más fuertes. Y más tarde porque las condiciones mejoran.

Esto nos permite ir poco a poco levantando la cabeza. Ya no estamos tan cabizbajos, mirándo fíjamente el camino. No.

A medida que vamos avanzando y levantando la vista, podemos ver algo más que el sitio en el que vamos a poner el pie. Podemos ver que alrededor hay paisaje. Cambiamos la perspectiva.

No todo es el camino y su dureza, o la dureza que percibimos. También está el entorno, el contexto. Y suele ser sorprendente.

Si podemos levantar la cabeza y mirar alrededor, todo cambia. Porque podemos comenzar a apreciar dónde estamos. Podemos ver que hay mucho más y que merece la pena. 

Paisajes, verde, cielo. Quizás agua, ríos, lagos, cascadas. Nubes, animales, silencio, viento..., quizás acantilados, mar...

No todo son piedras, arena, barro, camino empinado. Hay mucho aliciente alrededor.

Esto lo primero.

Hoy quiero hablar del principal compañero de viaje con el que contamos.

¿Adivinas quién es?

Exacto (para quien lo haya adivinado) Nosotros Mismos.

Ese es nuestro compañero. Inevitablemente vamos a transitar el camino con él. Y más nos vale llevarnos bien. Porque si no es así, realmente puede resultar muy penoso.

¿Qué le decimos a nuestro compañero de viaje?

Para esto vamos a hacer el ejercicio de colocarnos a su lado, como observadores y contemplarlo, sin juzgarlo. Sin juzgarnos.

Miremos su postura, su actitud, su mirada, su equipo. Miremos solamente.

Observemos su mochila. Esa pesada mochila que lleva a la espalda, con la que tiene que subir esa empinada cuesta.
Hay que decir que la cuesta es muy empinada al comienzo. Quizás no lo sea tanto, pero si se lo parece a nuestro caminante. 

Porque iba por un camino mucho más llano y llevadero, la mochila no le pesaba tanto y de pronto ese camino tiró para arriba, en un brusco cambio de pendiente.

¡Uf! Frenazo. No puedo mantener el ritmo. La mochila ha doblado su peso y me tira para atrás. La sensación es intensa. La apreciación de dificultad se magnifica hasta extremos de pensar: No puedo.

Pero (cuidado con la palabra "pero", que es un gran borrador) en realidad sí que puedes.

El lenguaje crea realidades. Si dices que no puedes, no puedes. Eso es un hecho.

Es como si pusiésemos un filtro a la realidad. Un filtro con partículas limitantes que se activaran cuando el lenguaje fuese limitante, convirtiendo la realidad en aquello que decimos.

Cuando llega el momento de cambio y lo que era un camino cómodo y llevadero se convierte de repente en un difícil, empinado, irregular y estrecho sendero, lleno de piedras, espinos y resbaladiza arena, es absolutamente normal detenerse. Pero no detenerse para no seguir.

El camino por el que íbamos ha desaparecido, ya no existe. Tenemos sólo este por delante.

Pero este panorama tan desolador es solo el inicio de esta nueva ruta. Y ¿sabes qué? Que ni es tan empinado, ni tan difícil, ni tan irregular ni estrecho, ni las piedras son tantas, ni tan grandes, ni los espinos lo pueblan todo y la arena no es resbaladiza todo el tiempo.

Lo que pasa es que lo comparamos con el anterior, al que estábamos acostumbrados y nos parece todo eso. 

Y además nos lo decimos. Con el lenguaje interior creamos esa realidad. Y por delante no es que tengamos un camino, sino que hemos levantado una pared vertical.

Por eso es muy recomendable observar bien y observarnos a nosotros mismos. Y observar lo que nos decimos.

Si yo soy mi único compañero de viaje y me encuentro con este cambio repentino, ¿qué me diría? 

¿Qué le diríamos a un compañero que fuese junto a nosotros caminando y que se encuentra con un cambio de desnivel y un camino más difícil de golpe?

¿No puedes?, ¿párate?, ¿abandona?, ¿déjalo?, ¿va a ser así todo el tiempo?, ¿olvídate de que mejore?, ¿sólo puede ir a peor?, ¿tú no vales?

¿O más bien le dirías a ese querido compañero de ruta ¡venga, ánimo!, ¡tu puedes!?

Yo creo que si lo miramos así, y nos miramos a nosotros con amor y con compasión, como ese compañero con el que caminamos, no nos diríamos esas cosas tan negativas y limitantes.

Porque esas cosas no se las diríamos a otra persona con la que fuésemos de ruta por la montaña. Nunca.

Entonces ¿por qué nos las decimos a nosotros? 

El camino puede endurecerse, mucho, de golpe. Sí.

Pero todos sabemos que son tramos, etapas. Que después viene un tramo más cómodo y más llano y más ancho.

Que tarde o temprano vuelve a descender. Que encontraremos agua. Que si hace mucho frío o mucho calor, o mucho viento, va a cambiar. Seguro.

Podemos parar para tomar aliento y para deshacernos de peso innecesario en la mochila. Esa pesada mochila. Pero no crear con nuestro lenguaje una realidad distorsionada que nos paralice. Porque no es verdad. No es real.

Los que habéis hecho rutas de montaña lo sabéis bien. Hay tramos difíciles y complicados, que forman parte de la ruta. Así es la montaña.

Recuerdo cuando alguna vez haciendo senderismo, mi hijo pequeño se enfadaba cuando el camino se empinaba y decía: - Jo, ¡hay cuestas!
Yo me sonreía y le decía, - claro, estamos en la montaña. Pero sigue que más adelante es más fácil y luego bajaremos.

Le animaba a seguir, le enseñaba que así es el monte y que por eso es tan especial caminar por él. Que no sólo es el camino. Le distraía con los paisajes, con la orientación, con la vegetación, con la fauna.

Igual que la vida. Igual. 

Es cómodo andar por terreno llano, o por la ciudad. Pero es monótono. No hay reto.

Pensemos así. Un reto. Otro reto. Podemos superarlos, claro que sí. Porque tenemos las condiciones, vamos bien equipados y vamos bien acompañados. Con la mejor compañía que podemos tener, la que más nos conoce y la que más debe queremos y a la que debemos querer. Nosotros mismos.

La vida es un camino. Un camino que va cambiando constantemente. Puede que a veces de forma imperceptible, pero siempre cambiando. 

Esos cambios pueden ser bruscos, mucho, pero no debemos recrearnos en eso, debemos aceptarlo y seguir. Adaptar el ritmo, que será más lento si se vuelve muy empinado y tiene más obstáculos. Adaptar la respiración, hacer más paradas, reponer energías...

Pero no decirnos cosas negativas, limitantes. Ni referidas al camino, ni a nosotros mismos. Ir paso a paso y levantar la vista a menudo para apreciar todo lo que nos trae. No sólo dónde pisamos. 

Porque la vida es todo. Lo que hay arriba, lo que hay abajo, lo que hay a los lados y en especial lo que hay dentro de nosotros.

Tenemos todo dentro. Sólo debemos buscarlo. Puede que no lo sepamos, pero es así. Estamos completos. Pero nos decimos tantas y tantas veces qué nos falta, buscando en el exterior, que no creemos en nosotros mismos.

La vida es cambio. Necesario.

Y nosotros debemos transitar el camino, que no sabemos lo largo que va a ser ni adónde nos va a llevar, adaptándonos constantemente. Esa adaptación es la que nos mantiene en forma, la que nos mantiene vivos.

Prueba a observarte. Mira cómo afrontas las dificultades, cómo te hablas. 

Y tiéndete la mano para ayudarte a superar ese tramo difícil. Anímate, cuida de tu compañero, que eres tú. Solo así podrás en otros momentos caminar junto a otros, ayudar y dejarte ayudar. 

¿Negarías ese apoyo, ese ánimo, ese aliento, esa mano a otro? ¿Por qué a ti sí?

Reinventarse es una constante en la vida. El grado de reinvención lo marca el grado de cambio. 

Es cierto que hay vidas con caminos más llanos y constantes. Pero esos no ayudan demasiado a adaptarse, a crecer, a ser mejores. No enseñan tanto.

¡Vámos!, ¡Arriba! No es terrible. Es así. Aprende, reinvéntate. Busca en tu interior, aligera la mochila. Y levanta la vista. Respira fuerte, repón fuerzas y disfruta del camino, sea como sea, del paisaje y de tu compañero, que está ahí para ayudarte. Tú.



Jorge Arizcun




  

lunes, 6 de marzo de 2017

Sube el Volumen

 Acompañamiento para la Gestión del Cambio 


(Pulsa la flecha de play para ver el vídeo)

Sube el volumen. Mira hacia afuera y observa cómo la gente está ocupada con sus vidas.

Y piensa: ¿por qué estoy aquí en este planeta?

¿Cuál es el significado de todo esto?, ¿La pena?, ¿La lucha?, ¿El amor?,  ¿A qué?

Tanto si eres creyente en Dios como si no, puedes tratar al menos de ser una buena persona..., el Amor puede ser una buena respuesta.

Una de mis películas favoritas, Interestellar, de cuya magnífica banda sonora es autor el gran Hans Zimmer (uno de mis compositores favoritos) te transporta a otra dimensión. En esta película se habla de los universos paralelos, de las distorsiones espacio-temporales.



No es fácil entenderla, es una película de las de discurrir y permite profundizar un poco en la relatividad y en las emociones.

Tiene mucha trama emocional.

Unos días antes de escribir esta reflexión le pregunté a mi hija de 11 años entonces:
- ¿Cómo estás?
Y me contestó: 
- ¡Viva!

Joer, en una sola palabra, cuántas cosas ¿no? Y dicha por una niña de 11 años, qué quieres que te diga...
 
Me puse a reflexionar (no es difícil eso en mi) y dando unas cuantas vueltas, muchas, llegué a Interestellar.

El cine es una buena referencia a tener en cuenta. Las películas cuentan historias de personas y de acontecimientos que les suceden y de lugares. Aunque, ojo, la historia más importante es la tuya propia, no te vayas a olvidar.

Las películas cuentan también historias del pasado y del futuro. 

Y en esas historias podemos ver el presente de los personajes.

También nos muestran las emociones. 


En esta cinta del director Christopher Nolan, se suman muchas cosas: Pasado, futuro, tiempo, espacio, emociones, ciencia...

Da que pensar. Mucho si uno se pone:

Relatividad general, dilatación temporal, agujeros negros y paradojas asociadas a viajes en el tiempo.

Física teórica. 

A mi me apasiona. No soy ningún experto para nada, pero reconozco que toda esa información científica me hace tomar conciencia de lo relativo que es todo. Y me ayuda a lidiar con los "problemas" que percibo como tales en mi vida.

En la película, la humanidad no tiene futuro. 

A veces me pregunto por el futuro de la humanidad. 
Todo son dudas. 

Pero hay una esperanza en esa historia. 

Un "Ellos" que nos regalan un futuro. 

"Ellos", seres de otra civilización que viven en un espacio - tiempo de cinco dimensiones, paralelo a nuestro espacio- tiempo de cuatro dimensiones. 

"Ellos" han creado un agujero de gusano que conecta nuestra galaxia con otra galaxia (de nuestro universo o de algún otro universo paralelo) 
El punto de entrada se encuentra en las cercanías de Saturno. Y el punto de salida está en un sistema planetario con siete planetas en órbita alrededor de un agujero negro supermasivo.
 
Los protagonistas sólo visitan tres de ellos.

Estos seres que viven en cinco dimensiones incitan a un científico a proponer una misión espacial rumbo a ese sistema planetario, en busca de un planeta habitable que regale un futuro a la humanidad en alguno de los tres planetas: Miller, Edmunds y Mann.

¿Pero en cuál?

El protagonista, debe abandonar entre lágrimas a su hija, que se quedará en la Tierra y acabará siendo una famosa física teórica, completando el trabajo iniciado por el profesor que recibió la señal. 

Una teoría cuántica de la gravedad.

Complicadillo ¿verdad?

El espectador medio no tiene conocimientos de física y en la película varios protagonistas tratan de explicarle los conceptos básicos de la física de los agujeros negros en rotación, el horizonte de sucesos y la ergosfera, así como la diferencia entre la singularidad de un agujero negro de Schwarschild y uno de Kerr.

Cosa que realmente, al menos en mi caso, no lograron.

Pero, a lo que quiero ir es a la parte emocional. Ahí sí me manejo algo mejor.

Esta película marca un punto de inflexión al saber combinar los hechos científicamente posibles y predictivos de la ciencia en el futuro, en combinación con la fuerza impulsora de las emociones: Amor, Esperanza, Rabia, Deseo de Explorar, Inconformismo.

Fusión de la Razón con las Emociones que nos impulsan a actuar.

Ante el Desánimo, el Amor nos mueve para encontrar una solución razonable.

Inconformismo ante la mediocridad.

Sin Valentía no hay Superación.

El héroe moderno se arriesga para salvar a los demás.

Necesidad emocional de estar en conexión con los demás y de hacer algo que aporte soluciones a la sociedad.

En la película Interstellar podemos sentir la Ciencia, la Filosofía y las Emociones todas juntas e interdependientes. Eso es lo que hace diferente a esta película, que habla de mucho más que de viajes interestelares.

La actriz Anne Hatthaway, que encarna a una de las protagonistas, comenta:
 
"En Interstellar nos enfrentamos a la sensación de pérdida y sacrificio, las dos mayores emociones que puedes reflejar en el cine".

La película emociona y mucho. Abruma desde su espectacularidad épica.

Interestellar es un viaje a través de las estrellas hecho desde el corazón. 

Lo único que puede salvar a la humanidad del fin es la propia humanidad, el amor como fuerza capaz de todo, como recurso fundamental sobre el que edificar el resto. 

"Antes mirábamos hacia el cielo y nos preguntábamos  cuál sería nuestro lugar en las estrellas, ahora miramos hacia abajo angustiados por cuál será nuestro lugar entre el polvo" 

Esta frase, dicha por el protagonista, es una buena muestra de esas emociones de las que hablo. Esperanza, angustia...

Por encima de la ciencia están los sentimientos. 

Esta es probablemente la película de Nolan con más carga emocional. 

Todo se reduce al amor, el amor está por encima de la ciencia y lo racional. Esto enriquece la ficción y le aporta un valor mucho más humano. 

Al comienzo, la película se centra mucho en la construcción de los personajes para que podamos entender sus motivaciones y cómo se relacionan entre sí. 

Después hay una parte de acción, sin olvidar nunca el lado sensible, para acabar de forma muy emocional, con una emotiva escena

Y es que la base de todo es la relación entre un padre y su hija, un vínculo que está, para mi, muy bien creado y desarrollado.




En fin, emociones humanas, en un contexto de ciencia y aventura espacial.

No tengo que decir que el espacio me apasiona, también la ciencia y sobre todo las emociones.

Sube el volumen y a sentir.
(Si no has visto la película, la recomiendo)

Jorge Arizcun