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martes, 22 de septiembre de 2026

Muere joven

  

Acompañamiento para la gestión del Cambio




MUERE JÓVEN…, PERO MUERE

¿Te suena la frase “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”? Es chula, ¿no?

Se trata de una frase mítica que se ha convertido en todo un lema para muchos jóvenes y no tan jóvenes y que sugiere transgresión, vida al límite, adrenalina y coqueteo con el peligro.

Leer un libro, escuchar música tranquilamente, conversar con los amigos, vivir en armonía familiar, contemplar la naturaleza, la arquitectura, el arte, disfrutar de la gastronomía, cultivarse culturalmente, cuidarse…, ¡menudo rollo!

Para muchos mejor sumergirse en la filosofía del “carpe diem”, que es una expresión latina que significa “aprovecha el día” o “vive ahora”, que se inspira en el pensamiento del filósofo Epicuro, pero que está distorsionada en la cultura pop, rock y punk y se ha traducido en el consumo abusivo de drogas y alcohol, adopción de conductas de alto riesgo buscando adrenalina, conducción temeraria, deportes extremos, descuido de la seguridad en las alturas, transgresión de las normas,  sexo sin protección y prácticas violentas, frente a su verdadero significado, que no tiene nada que ver con desfases, riesgos o consumo insano, sino hacerse consciente de que el tiempo es fugaz y merece la pena buscar el equilibrio y paz mentales, la moderación y disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas. Aprovechar el presente, gozar la alegría y placer en este preciso momento.

La juventud y la vida se acaban, así que no se debe posponer nuestro bienestar, nuestro equilibrio y tampoco el amor hacia nosotros mismos y hacia los demás. Claro que hay que aprovechar este preciso momento, pero ¿aprovechar es jugártela?, ¿vivir al límite?

Esta filosofía se expresó de muchas formas en la música, en la pintura, en el cine y sobre todo en la literatura, en la que se convirtió en un tópico recurrente.

El tiempo es fugaz, en su expresión latina “tempus fugit” (el tiempo huye) y precisamente por eso, aprovecharlo es una muy buena idea. Hasta aquí todos de acuerdo. Pero aprovechar el tiempo no es exactamente acercarse a la muerte para morir pronto, o morir joven. No. No es eso lo razonable. No, funcionando así no va a quedar un bonito cadáver (un cadáver no es bonito, y menos el de alguien arrasado por su propia vida de desenfreno y riesgo), eso suponiendo que se muere.

Si sigues ese camino distorsionado de la expresión “carpe diem”, mejor muere. Porque es más que probable que las consecuencias de vivir deprisa y sin freno, te acompañen durante toda la vida y si esta es larga, largo se te va a hacer. Y penoso.

Tengo casos cercanos que han tenido suerte y, aunque lo han pasado mal o muy mal un tiempo tras el desenfreno y la velocidad, han seguido adelante y han encontrado el equilibrio. Estas personas valoran la vida de otra forma y disfrutan de una velocidad de vida más pausada, más reflexiva. Disfrutan de las pequeñas cosas, cultivan la paciencia, la calma, el autoconocimiento. Disfrutan de la literatura, de la música, de la naturaleza, de las relaciones sanas, de la salud.

También tengo otros casos cercanos de personas que no han tenido suerte y han padecido las consecuencias de esa mala vida hasta que han muerto antes de tiempo, víctimas de adicciones, accidentes, enfermedades derivadas, dejando cadáveres horrorosos, algunos no mostrables y los que sí podían mirarse, horrorosos igual para las personas que dejaron aquí sufriendo. Y las que no han muerto, arrastran las consecuencias de esa vida rápida y “excitante”. Las arrastran ellas y las personas que comparten vida con ellas, familiares, parejas, amigos, compañeros, etc. 

En algunos casos es una suerte no morir y en otros la suerte sería haber muerto.

Elegir el “carpe diem” del romanticismo de la adrenalina, la acción y el riesgo es una opción. Que esa elección sea un acto inteligente ya es otra discusión. La impulsividad no tiene en cuenta las consecuencias o no les da importancia. Muchas veces la gracia está en eludirlas, librarse. Acercarse al borde del abismo y no caerse. Pero muchas veces se cae y si se muere ya está. Todo se acaba. Las consecuencias son para otras personas allegadas. Si tras la caída se sobrevive, ojo a cómo se sale de esa sima, de ese despeñamiento. Puede ser sólo con rasguños, en el mejor de los casos, o con lesiones importantes, a veces irreversibles.

Los animales se mueven por impulsos y por instinto. Y el instinto primordial es el de la supervivencia. Claro que corren riesgos, muchas veces por ignorancia (un perro cruzando una autovía, por ejemplo) otras veces por necesidad (hambre) Normalmente, en el caso de movimiento o acción no inconsciente, el cálculo del riesgo y el miedo a la consecuencia existen. 

Miedo. Esa emoción muchas veces paralizante para salvar la vida y otras para arruinarla.

Demostrar que no se tiene miedo jugándose la vida es del género idiota. Un torero sabe el riesgo que asume pero entrena y entrena para minimizarlo, igual que un piloto de carreras, un boxeador, un escalador, un astronauta, un trapecista, un conductor o cualquiera que ejerza una actividad de riesgo. Pero hacerlo “a pelo” sin red de ninguna clase, sin medir el peligro y las consecuencias, es poco o nada razonable. Hay gente auténticamente descerebrada que pone en riesgo lo único que tiene, que es la vida, por unos momentos de excitación.

Hay también, por desgracia, personas que no eligen la muerte, la enfermedad o el infortunio. Algunas muy jóvenes que ven cómo se acercan al borde del abismo sin quererlo. Eso es un drama y es una falta de respeto a estas personas las actitudes de otras que se la juegan por diversión, por vicio, por inmadurez, inconsciencia, por moda…

Dicen que una buena terapia para aquellas personas que juegan con el riesgo es visitar un hospital con pacientes víctimas, con paraplejias, tetraplejias, amputaciones, quemaduras, problemas psiquiátricos, o cualquier otra consecuencia derivada de una vida rápida de riesgo.

Vive a una velocidad razonable. Como expresé en otra entrada, que el destino venga a por ti, no vayas tú a buscarlo. Disfruta, aprende, piensa. Tu cadáver no será bonito en cualquier caso, pero sí a lo mejor viejo tras una vida vivida. O joven pero también tras una vida vivida… para vivir y no para morir. Nadie sabemos cuándo nos llegará la hora, pero no adelantemos el reloj.

Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver es una solemne estupidez. Si no lo es para ti, discúlpame, sigue con tu diversión, tu impulso, tu adrenalina y suerte!


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Septiembre 2026



domingo, 22 de marzo de 2020

Aplausos y Caceroladas




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 



Imagen: Ferrán Martín (@ferranmartin)


¿Qué nos hemos creído? 

Somos la especie humana. Una especie más en todo el complejo sistema natural. Pertenecemos al reino animal, concretamente al orden de los primates. Primates evolucionados y con inteligencia superior.

Pero no lo parece. Nos creemos los dueños de la Tierra y actuamos con tremenda irresponsabilidad, lo que no se corresponde para nada con esa inteligencia superior.

La Madre Naturaleza, que, como madre que es, merece nuestro respeto y cuidado, lejos de recibirlo, recibe constantemente lo contrario. Ese respeto al que deberíamos vernos obligados, nos lo pasamos por el forro con nuestra inteligencia superior. 

Somos una especie en una adolescencia crónica, que no madura y que atenta sin tregua contra las mínimas reglas de convivencia con nuestras hermanas, las demás especies de los reinos animal y vegetal. Una especie caprichosa y egoísta que con rebeldía falta al respeto a su madre y al resto de la familia. Tampoco respeta su propio hogar, degradando los ecosistemas, la tierra, los ríos, los mares, el aire que todos, humanos y no humanos, respiramos.

La Madre Naturaleza es paciente, pero llegado a un punto de actuación tan dañina en nuestro endémico egoísmo de especie adolescente, irreverente, maleducada, egoísta e insolidaria, reacciona, y esta vez lo hace sutilmente con un microscópico virus, que de forma selectiva sólo ataca a los seres humanos de forma agresiva y exponencial. La enfermedad que transmite no es mortal en exceso, en lo biológico, en una primera fase, pero tiene la capacidad de poner en serios aprietos a nuestro sistema social, desbordando la capacidad de atención a los infectados y colapsando la sociedad, pudiendo ser mucho más letal en ese escenario.

La Madre Naturaleza es la que manda. Y con esta sutilidad pone en tela de juicio lo humano en favor del conjunto de especies y ecosistemas. 

No te quepa la menor duda de que con especie humana o sin ella, la Madre Naturaleza continuará su curso y equilibrará el sistema.


Esta pandemia debería servirnos para reflexionar colectivamente y tomar conciencia del lugar que ocupamos en el hogar común, de nuestra responsabilidad y de nuestras obligaciones, que no se ven reflejadas por nuestro comportamiento irresponsable y rebelde.

Hemos tomado posesión de ese hogar común y no hemos tenido consideración con el resto de la familia natural, ni con la propia casa. No tenemos otra y eso se nos olvida.

Pensamos que esto que ocurre ahora es lo más importante. A escala de la Tierra como planeta dentro de un sistema planetario, la importancia de esta pandemia es insignificante. No digamos a una escala cósmica, que se nos escapa totalmente y de la que no somos ni conscientes.

A nuestra escala sí lo es. Pero más que lo que ocurre, lo importante es por qué está ocurriendo y sobre todo para qué.

No para que nos dediquemos a tratar de justificarnos, a pelearnos, a difamarnos, a desunirnos. No para que enfoquemos en la política, en la economía, en las diferencias. No, para eso no.

Eso es indicativo de que no entendemos nada con nuestra mente colectiva adolescente. Se trata de madurar y eso es lo que nuestra madre común trata de enseñarnos. Para eso es esto que ocurre.

Si no detenemos el absurdo comportamiento de bandos, de intereses, de desigualdades, si no levantamos la mirada todos a una para ver más allá de nuestra humana nariz y tomar conciencia de nuestro comportamiento como especie, este aviso no valdrá para nada y vendrán más y peores, sin duda alguna. 

Nuestra Madre no es humana, no está enfadada. Tan solo busca reequilibrar el sistema que la especie humana se empeña en desequilibrar.

Y si tuviera mente humana, que afortunadamente no, pensaría que no somos capaces de entender nada, persistiendo en nuestros comportamientos dañinos e incluso fomentándolos. No entendería que convivieran la solidaridad y la insolidaridad, reflejadas en aplausos y caceroladas. No comprendería nuestras reacciones ante una amenaza común, cada cual preocupado por lo suyo, cada individuo, cada colectivo, cada sociedad, incapaces de unirnos y actuar como especie con instinto de supervivencia.

Pero la Madre Naturaleza no tiene obviamente pensamiento ni razonamiento humano, limitado e inmaduro. Está por encima de nuestra pequeñez y si tuviera pensamientos humanos pensaría que no tenemos remedio y quizás que nuestra permanencia en casa así no puede continuar.

Nuestro futuro depende de muchos factores. De corregir, si tal cosa es posible, nuestros comportamientos destructivos, de unirnos como especie, de madurar. Y aunque pudiésemos corregirnos colectivamente, no tenemos ningún control y esto que está ocurriendo puede ser poco para lo que puede ocurrir y que en nuestra inmadura mente colectiva ni nos planteamos. Lo que está claro es que si como especie logramos ser más responsables, contribuiremos al equilibrio que nuestra madre quiere.

Como muchos dicen, tenemos lo que merecemos y poco es para el constante daño que hacemos con nuestra ignorante inmadurez adolescente.

Este seguro que invisible intento de concienciación por mi parte, evidentemente es un brindis al Sol. A la vista está: Aplausos y caceroladas. Es lo que hay tristemente. Y el poder aplastante de la Naturaleza puede acabar acallando ambos.


Jorge Arizcun


sábado, 9 de febrero de 2019

Emociones mal gestionadas




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Es curioso el funcionamiento de la mente. Se pasa el tiempo produciendo pensamientos de los que derivan emociones, que condicionan la realidad.

Un ejemplo de mi propia experiencia:

Hace tiempo estuve raro, taciturno y enfadado por pensamientos que mi mente fabricó, tras un comentario que alguien cercano dijo sobre mi.

Uno de esos días fue mi cumpleaños y me fui de viaje familiar. Estuvo muy bien, pero debido a esos pensamientos no lo pude disfrutar plenamente. Había una emoción ahí que condicionó mi estado de ánimo. Reflexionando sobre ello concluí, como es lógico (aunque a veces la lógica no es tal) que las palabras que me afectaron fueron dichas por otra persona y que la responsabilidad de darles valor es absolutamente mía.

Fue mi mente la que hizo el resto. Y ahí estuve yo, malgestionando las emociones y jorobando mi cumple y mi viaje.  Yo, no quien dijo lo que fuera sobre mi.

La inteligencia emocional va justo de la gestión de las emociones. Una mala gestión de las mismas revela una deficiente inteligencia emocional. 

Poco inteligente he sido en lo emocional estos días.

He aprendido un poco sobre el tema, así que he trabajado en ello y te lo cuento aquí:

¿Qué es lo que ha pasado?

Una persona con la que tienes aparentemente una buena relación y una comunicación aceptable, según tú lo ves, un día te dice algo que te duele mucho, expresando con crudeza una grave acusación y con calificativos que para ti son un insulto.

Existen tres respuestas, de acuerdo a los tres cerebros de los que se compone ese cerebro que crees único y que se corresponden con tres zonas diferenciadas:

1.  El cerebro reptiliano, el más primitivo de los tres, situado en el tallo encefálico o bulbo raquídeo, formado como desarrollo posterior de la médula espinal. Este sistema primitivo rige las funciones vitales por debajo de la conciencia enfocadas a la supervivencia: la respiración, el metabolismo..., y también los instintos, las respuestas automáticas y reflejas.
Este es el tipo de cerebro que poseen los reptiles, las aves y los animales que no son mamíferos.
Este cerebro no es racional.

La respuesta de este cerebro al estímulo descrito, a esas palabras dichas sobre ti, es visceral. No median pensamientos. Es una respuesta de supervivencia pura y dura, una respuesta animal, primitiva. Lo interpreta como una agresión y la emoción automática es enfado, ira y agresividad.

2. El cerebro emocional o límbico. El sistema límbico apareció con los primeros mamíferos como consecuencia del desarrollo en la prehistoria de los sistemas visual y olfativo, que fueron vitales, junto con las funciones más primitivas del cerebro reptiliano, para su supervivencia.
Se formaron como una estructura que rodea el tallo encefálico. Esa estructura en forma de anillos facilitó el almacenamiento de la información y los recuerdos, desarrollándose la memoria y el aprendizaje.

La respuesta de este cerebro es más compleja y procesada, provocando emociones como la rabia, la tristeza, la preocupación...

Este cerebro emocional, en el ser humano está muy desarrollado y agrega un sistema de respuestas en forma de emociones al cerebro.

Su estructura se compone de tres partes diferenciadas:

- Corteza límbica
- Hipocampo
- Amigdala

Debajo de la corteza límbica están las otras dos partes. El hipocampo que se ocupa, junto a otras zonas cerebrales, del registro de los acontecimientos que almacena en los procesos de memoria.

La función de la amígdala es el registro de las emociones que se asocian a esos acontecimientos. Tiene también intervención en el proceso de memorización.

La estructura del hipocampo es esencial para el reconocimiento de cosas y personas y la amígdala añade el clima emocional.

En el caso que he descrito, el hipocampo interviene en el reconocimiento de las palabras y su significado y la amígdala en la generación de las emociones desagradables a partir de ese reconocimiento. Las dos son importantes en las relaciones y hacen que algo nos guste o no, el significado que las cosas, personas y acontecimientos tienen para nosotros y las emociones derivadas de ese significado.

3. El último sistema es el más recientemente desarrollado. Se trata del cerebro racional denominado neocortex, que en el ser humano alcanza el máximo desarrollo.
Está compuesto por capas superpuestas de neuronas por encima del cerebro límbico. Este sistema reciente ha permitido al enriquecimiento de la parte emocional, con los pensamientos racionales complejos, que añaden multitud de matices a las respuestas emocionales primarias. Contribuye a la supervivencia pero con un procesamiento intelectual, incorporando el razonamiento como nueva dimensión mental de gestión de las emociones.

La respuesta de este tercer cerebro en el caso que nos ocupa es la del análisis y el filtro racional. Lo que ahora estoy haciendo con la calma que aporta la inteligencia.

Si nos quedamos en la respuesta más inmediata puede ocurrir algo que suele tener consecuencias negativas y que se denomina "secuestro emocional"

El secuestro emocional se produce cuando la amigdala toma el control y se produce la reacción sin que intervenga el cerebro racional. La emoción sin filtrar te hace reaccionar con una respuesta primaria que tiene varios grados. En el extremo estaría la reacción violenta, desproporcionada, irracional.

Un grado más leve es la respuesta emocional que yo tuve en un principio y que no pasó apenas por el cerebro racional, quedándose en el límbico. No fue aplicada suficiente inteligencia para que esas palabras dichas sobre mi no me afectasen y las emociones derivadas no me provocaran ese malestar.

En fin, que comprendiendo cómo funciona el sistema emocional, puedes aplicar inteligencia para no permitir que la mente te secuestre y provoque respuestas no filtradas, o poco filtradas. 

Las emociones bien gestionadas, sean cuales sean, nos ayudan a domar a ese reptil primitivo o a ese mamífero primario que habitan en nuestro cerebro más antiguo.

Ahora estoy bien. Entiendo por qué se producen las respuestas  y puedo aplicar la inteligencia a las emociones, que para eso tengo ese cerebro reciente que la evolución nos ha dotado a los seres humanos. 



Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Febrero 2019







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sábado, 10 de febrero de 2018

Cuidar de ti



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Cuando hablamos de autocuidado, podemos pensar en estar arreglados, o en lucir bien. También en una alimentación saludable, hacer ejercicio, descansar, mimarnos...

Hay otro cuidado que olvidamos frecuentemente y que no tiene que ver con nuestra dimensión física. Es el cuidado del interior de nuestro Ser, el cuidado de lo que denominamos Alma.

Si eres capaz de reconocer que eres más que lo que físicamente ves o ven los demás, que eres más que un organismo vivo con todos sus sistemas biológicos y su complejidad, si eres capaz de reconocer que eres un ser espiritual que transita por la Tierra en un cuerpo físico, entonces estarás conmigo en que no se trata de cuidar sólo ese cuerpo físico.

Del cuidado que hablo es de lo que no es el cuerpo. Cuidarnos en nuestra esencia.

Muchas personas consideran que esto son patrañas, que no hay nada más que lo físico y que cuando lo físico se agota y se para, se acabó.

Es respetable y seguramente podrán argumentar buenas razones para pensar eso. 

Otras personas relacionarán de inmediato esa parte espiritual o trascendental con la religión. Si son creyentes, de la confesión que sea, les será fácil. Esa dimensión espiritual la relacionarán directamente con Dios, con el Espíritu Santo, con Jesús de Nazaret, con Alá, con Buda, o cualquier otra representación de la Divinidad.

Si no son creyentes, si son personas agnósticas o ateas, podrán relacionar esa dimensión trascendental con el Universo, con la Naturaleza.

De acuerdo a esto, cuidar de la naturaleza es cuidarnos a nosotros directamente.

Se trata de lo mismo. Esa dimensión que todos percibimos y que escapa a nuestra comprensión está ahí. Ese alma, esa fuerza que anima nuestro yo físico y que en su momento, sin que aún sepamos como, hizo que el corazón del embrión humano que todos hemos sido comenzara a latir espontáneamente en el interior del útero de nuestra madre. 

Es la fuerza latente de la Naturaleza, entendida como la energía Universal, la inteligencia superior que subyace en todo el universo y que conecta y da sentido a todo, en un equilibrio cósmico. 

Si consideras que esto es una realidad, entonces eres consciente o puedes tomar conciencia de ese Yo que realmente eres, que es mucho más que el cuerpo físico. 

Cuidarte entonces trasciende al cuidado de la dimensión física. Hablamos de la esencia, que es algo profundo que permanece oculto a nuestra mente que se mueve en el plano más superficial, permaneciendo inconsciente respecto al plano espiritual. 

Despertar, tal y como nos enseña Eckhart Tolle, es tomar conciencia de esa dimensión, que es mucho más que la física, que es la que nos conecta con el Todo. Es ahí donde la verdadera inteligencia, la espiritual, la universal, fluye y se manifiesta.

Y te pregunto. Si ya eres consciente de esto, ¿qué puede preocuparte o hacerte sufrir del plano físico? 

Despertar en esta conciencia es liberador. Está claro que el dolor físico y el provocado por los sentimientos, las emociones y las vivencias existen. Pero se reducen proporcionalmente al estado de conciencia alcanzado, al nivel de despertar que hayamos logrado.

Esto es evolucionar en la vida. No se trata de nacer, reproducirse y morir. Es mucho más. Infinitamente más. No lo podemos abarcar.

A más evolución personal, más conciencia del Ser, más conexión con la Inteligencia Universal, con la fuerza que ha dado la vida a tu cuerpo físico y lo mantiene en funcionamiento. Con la que lo detendrá cuando se agote físicamente. 

Volvemos al cuidado. Y ahora ¿qué vas a cuidar de ti?, ¿qué importancia vas a darle a tu físico? 

Tu salud física es importante. el cuerpo es tu vehículo, tu medio de contacto con el exterior. Tu salud mental también lo es. Pero desde el punto de vista del Ser, tu salud espiritual es lo más importante. 

Trabaja en ti, en lo profundo, en el Ser. Cuídate en tu esencia. Cuida tu alma. Cuida de ti y cuidarás del resto de la creación. Es lo más ecológico, lo más inteligente. Hazlo y el Universo te cuidará también. 

Jorge Arizcun - COACHING ACTIVO

Febrero 2018





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