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domingo, 22 de marzo de 2020

Aplausos y Caceroladas




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 



Imagen: Ferrán Martín (@ferranmartin)


¿Qué nos hemos creído? 

Somos la especie humana. Una especie más en todo el complejo sistema natural. Pertenecemos al reino animal, concretamente al orden de los primates. Primates evolucionados y con inteligencia superior.

Pero no lo parece. Nos creemos los dueños de la Tierra y actuamos con tremenda irresponsabilidad, lo que no se corresponde para nada con esa inteligencia superior.

La Madre Naturaleza, que, como madre que es, merece nuestro respeto y cuidado, lejos de recibirlo, recibe constantemente lo contrario. Ese respeto al que deberíamos vernos obligados, nos lo pasamos por el forro con nuestra inteligencia superior. 

Somos una especie en una adolescencia crónica, que no madura y que atenta sin tregua contra las mínimas reglas de convivencia con nuestras hermanas, las demás especies de los reinos animal y vegetal. Una especie caprichosa y egoísta que con rebeldía falta al respeto a su madre y al resto de la familia. Tampoco respeta su propio hogar, degradando los ecosistemas, la tierra, los ríos, los mares, el aire que todos, humanos y no humanos, respiramos.

La Madre Naturaleza es paciente, pero llegado a un punto de actuación tan dañina en nuestro endémico egoísmo de especie adolescente, irreverente, maleducada, egoísta e insolidaria, reacciona, y esta vez lo hace sutilmente con un microscópico virus, que de forma selectiva sólo ataca a los seres humanos de forma agresiva y exponencial. La enfermedad que transmite no es mortal en exceso, en lo biológico, en una primera fase, pero tiene la capacidad de poner en serios aprietos a nuestro sistema social, desbordando la capacidad de atención a los infectados y colapsando la sociedad, pudiendo ser mucho más letal en ese escenario.

La Madre Naturaleza es la que manda. Y con esta sutilidad pone en tela de juicio lo humano en favor del conjunto de especies y ecosistemas. 

No te quepa la menor duda de que con especie humana o sin ella, la Madre Naturaleza continuará su curso y equilibrará el sistema.


Esta pandemia debería servirnos para reflexionar colectivamente y tomar conciencia del lugar que ocupamos en el hogar común, de nuestra responsabilidad y de nuestras obligaciones, que no se ven reflejadas por nuestro comportamiento irresponsable y rebelde.

Hemos tomado posesión de ese hogar común y no hemos tenido consideración con el resto de la familia natural, ni con la propia casa. No tenemos otra y eso se nos olvida.

Pensamos que esto que ocurre ahora es lo más importante. A escala de la Tierra como planeta dentro de un sistema planetario, la importancia de esta pandemia es insignificante. No digamos a una escala cósmica, que se nos escapa totalmente y de la que no somos ni conscientes.

A nuestra escala sí lo es. Pero más que lo que ocurre, lo importante es por qué está ocurriendo y sobre todo para qué.

No para que nos dediquemos a tratar de justificarnos, a pelearnos, a difamarnos, a desunirnos. No para que enfoquemos en la política, en la economía, en las diferencias. No, para eso no.

Eso es indicativo de que no entendemos nada con nuestra mente colectiva adolescente. Se trata de madurar y eso es lo que nuestra madre común trata de enseñarnos. Para eso es esto que ocurre.

Si no detenemos el absurdo comportamiento de bandos, de intereses, de desigualdades, si no levantamos la mirada todos a una para ver más allá de nuestra humana nariz y tomar conciencia de nuestro comportamiento como especie, este aviso no valdrá para nada y vendrán más y peores, sin duda alguna. 

Nuestra Madre no es humana, no está enfadada. Tan solo busca reequilibrar el sistema que la especie humana se empeña en desequilibrar.

Y si tuviera mente humana, que afortunadamente no, pensaría que no somos capaces de entender nada, persistiendo en nuestros comportamientos dañinos e incluso fomentándolos. No entendería que convivieran la solidaridad y la insolidaridad, reflejadas en aplausos y caceroladas. No comprendería nuestras reacciones ante una amenaza común, cada cual preocupado por lo suyo, cada individuo, cada colectivo, cada sociedad, incapaces de unirnos y actuar como especie con instinto de supervivencia.

Pero la Madre Naturaleza no tiene obviamente pensamiento ni razonamiento humano, limitado e inmaduro. Está por encima de nuestra pequeñez y si tuviera pensamientos humanos pensaría que no tenemos remedio y quizás que nuestra permanencia en casa así no puede continuar.

Nuestro futuro depende de muchos factores. De corregir, si tal cosa es posible, nuestros comportamientos destructivos, de unirnos como especie, de madurar. Y aunque pudiésemos corregirnos colectivamente, no tenemos ningún control y esto que está ocurriendo puede ser poco para lo que puede ocurrir y que en nuestra inmadura mente colectiva ni nos planteamos. Lo que está claro es que si como especie logramos ser más responsables, contribuiremos al equilibrio que nuestra madre quiere.

Como muchos dicen, tenemos lo que merecemos y poco es para el constante daño que hacemos con nuestra ignorante inmadurez adolescente.

Este seguro que invisible intento de concienciación por mi parte, evidentemente es un brindis al Sol. A la vista está: Aplausos y caceroladas. Es lo que hay tristemente. Y el poder aplastante de la Naturaleza puede acabar acallando ambos.


Jorge Arizcun


domingo, 10 de marzo de 2019

Dimensiones vitales



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Eres un ente que puede representarse como una figura geométrica con cuatro vértices.

Puedes imaginarlo como un rombo similar al de la fotografía de la introducción, o como una figura romboide aunque no exactamente un rombo.

Los vértices son las partes que configuran lo que eres.

En uno se sitúa tu parte corporal, en otro tu parte mental, en el tercero tu parte emocional y en el cuarto tu parte espiritual.

La más importante es esta última. Es lo que realmente eres, tu esencia, tu SER, inmaterial y no finito.

Este Ser habita en un espacio físico, o más bien se mueve por el mundo en un organismo que se compone de 2 partes diferenciadas, que ocupan dos vértices de la figura geométrica que te representa: tu cuerpo y tu mente.

Esta última gobierna al cuerpo e interpreta a varios niveles la experiencia corporal en relación con el medio, con lo exterior.

El cuarto vértice es el resultado de esa experiencia física, interpretada por la mente y produciendo las respuestas adaptativas que son las emociones.

Cuerpo, mente, emociones: el vehículo en el que el alma, que lo trasciende, experimenta su fase terrenal.


Como el tiempo vital, determinado por la duración física del vehículo, es la experiencia como ser vivo mortal, que tu ser, tu alma, va a tener como pasajera en ese viaje para evolucionar antes de regresar a la dimensión previa al nacimiento, sólo tienes ese tiempo limitado para hacer de esa experiencia algo útil para el alma.

Por tanto, es tu responsabilidad cuidar lo más posible de ese vehículo, trabajando en tu cuerpo, su salud y forma física, en tu alimentación y tu descanso, además de cultivar el conocimiento en tu mente y desarrollando inteligencia emocional.

Veamos algo terrenal:

Imagínate en una circunstancia relacional como puede ser una entrevista en un proceso de selección, por ejemplo.

Mente y cuerpo deben estar alineados y el control emocional bien entrenado.

Un cuerpo descuidado, una mente no desarrollada y una pobre inteligencia emocional, darán como resultado un ser humano de baja energía (o de bajo nivel)

Esto se traduce en una actitud característica, que se percibe rápidamente, en especial por la otra parte de esa experiencia relacional que es la persona que te está entrevistando.

Si esta persona es experta en su trabajo y ha visto previamente muchos candidatos en distintos procesos de selección, enseguida se dará cuenta de esa falta de energía, que coloquialmente podríamos denominar "tufillo a fracaso", como una vez me dijo un formador que tuve.

Esto llévalo a cualquier otro aspecto de tu vida y de tus relaciones, proyectos, retos, metas...

Un cuerpo descuidado, una mente no cultivada y una baja inteligencia emocional es igual a baja energía, bajo nivel, baja eficiencia.

La experiencia vital debe tener esa "vitalidad", valga la redundancia.

Sino, el viaje de nuestro Ser será de poco provecho en términos evolutivos.

Conecta con esa figura geométrica de la que te he hablado y céntrate en los cuatro vértices. Observa cómo se interrelacionan los tres inferiores y cómo alimentan al vértice superior.

Y ahora pregúntate para qué has venido a este mundo y cómo quieres que sea el viaje de tu vida.

Nunca es tarde para corregir, para arreglar el vehículo, para adquirir conocimiento, para aprender de emociones. Nunca es tarde para poner a punto el vehículo en el que viaja el alma. Notarás que la energía aumenta, que eres más capaz, que subes de nivel y que evolucionas, aportando a tu ser, a tu esencia, una buena y útil experiencia de vida, que se llevará tu alma cuando regrese al Todo de donde proviene, enriquecida y evolucionada.

Te invito a empezar ya mismo, observándote desde el Ser, viendo el estado en el que se encuentra la parte terrenal de eso que eres y lo que está aportando a la otra parte, la espiritual. Y a partir de ahí decide. Merece la pena pararse y pasar por el "taller"

No sólo podrá durar más el viaje, su calidad será mucho mayor.

Jorge Arizcun
  



sábado, 10 de febrero de 2018

Cuidar de ti



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Cuando hablamos de autocuidado, podemos pensar en estar arreglados, o en lucir bien. También en una alimentación saludable, hacer ejercicio, descansar, mimarnos...

Hay otro cuidado que olvidamos frecuentemente y que no tiene que ver con nuestra dimensión física. Es el cuidado del interior de nuestro Ser, el cuidado de lo que denominamos Alma.

Si eres capaz de reconocer que eres más que lo que físicamente ves o ven los demás, que eres más que un organismo vivo con todos sus sistemas biológicos y su complejidad, si eres capaz de reconocer que eres un ser espiritual que transita por la Tierra en un cuerpo físico, entonces estarás conmigo en que no se trata de cuidar sólo ese cuerpo físico.

Del cuidado que hablo es de lo que no es el cuerpo. Cuidarnos en nuestra esencia.

Muchas personas consideran que esto son patrañas, que no hay nada más que lo físico y que cuando lo físico se agota y se para, se acabó.

Es respetable y seguramente podrán argumentar buenas razones para pensar eso. 

Otras personas relacionarán de inmediato esa parte espiritual o trascendental con la religión. Si son creyentes, de la confesión que sea, les será fácil. Esa dimensión espiritual la relacionarán directamente con Dios, con el Espíritu Santo, con Jesús de Nazaret, con Alá, con Buda, o cualquier otra representación de la Divinidad.

Si no son creyentes, si son personas agnósticas o ateas, podrán relacionar esa dimensión trascendental con el Universo, con la Naturaleza.

De acuerdo a esto, cuidar de la naturaleza es cuidarnos a nosotros directamente.

Se trata de lo mismo. Esa dimensión que todos percibimos y que escapa a nuestra comprensión está ahí. Ese alma, esa fuerza que anima nuestro yo físico y que en su momento, sin que aún sepamos como, hizo que el corazón del embrión humano que todos hemos sido comenzara a latir espontáneamente en el interior del útero de nuestra madre. 

Es la fuerza latente de la Naturaleza, entendida como la energía Universal, la inteligencia superior que subyace en todo el universo y que conecta y da sentido a todo, en un equilibrio cósmico. 

Si consideras que esto es una realidad, entonces eres consciente o puedes tomar conciencia de ese Yo que realmente eres, que es mucho más que el cuerpo físico. 

Cuidarte entonces trasciende al cuidado de la dimensión física. Hablamos de la esencia, que es algo profundo que permanece oculto a nuestra mente que se mueve en el plano más superficial, permaneciendo inconsciente respecto al plano espiritual. 

Despertar, tal y como nos enseña Eckhart Tolle, es tomar conciencia de esa dimensión, que es mucho más que la física, que es la que nos conecta con el Todo. Es ahí donde la verdadera inteligencia, la espiritual, la universal, fluye y se manifiesta.

Y te pregunto. Si ya eres consciente de esto, ¿qué puede preocuparte o hacerte sufrir del plano físico? 

Despertar en esta conciencia es liberador. Está claro que el dolor físico y el provocado por los sentimientos, las emociones y las vivencias existen. Pero se reducen proporcionalmente al estado de conciencia alcanzado, al nivel de despertar que hayamos logrado.

Esto es evolucionar en la vida. No se trata de nacer, reproducirse y morir. Es mucho más. Infinitamente más. No lo podemos abarcar.

A más evolución personal, más conciencia del Ser, más conexión con la Inteligencia Universal, con la fuerza que ha dado la vida a tu cuerpo físico y lo mantiene en funcionamiento. Con la que lo detendrá cuando se agote físicamente. 

Volvemos al cuidado. Y ahora ¿qué vas a cuidar de ti?, ¿qué importancia vas a darle a tu físico? 

Tu salud física es importante. el cuerpo es tu vehículo, tu medio de contacto con el exterior. Tu salud mental también lo es. Pero desde el punto de vista del Ser, tu salud espiritual es lo más importante. 

Trabaja en ti, en lo profundo, en el Ser. Cuídate en tu esencia. Cuida tu alma. Cuida de ti y cuidarás del resto de la creación. Es lo más ecológico, lo más inteligente. Hazlo y el Universo te cuidará también. 

Jorge Arizcun - COACHING ACTIVO

Febrero 2018





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domingo, 26 de noviembre de 2017

Apariencias que Engañan



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





¿Con qué aspecto vas a salir hoy?

¿Cómo te vas a vestir?, ¿Cómo te vas a maquillar?

¿Qué cara vas a ponerle al mundo?

¿Y cual va a ser el decorado que vas a poner detrás?

Normalmente nos arreglamos, nos vestimos y maquillamos para que otros nos vean bien.

Arreglamos y ordenamos nuestra casa para que otras personas vean que está limpia y ordenada.

¿Y por qué no para nosotros mismos? 

¿Cómo estamos de arreglados para nuestro interior, para nosotros?

Párate un momento a pensarlo. En cuántas ocasiones te arreglas o arreglas tu casa o lavas tu coche para los demás, para dar una imagen.

Y cuando sabes que nadie te va a ver, o no vas a recibir ninguna visita, ni vas a llevar a nadie en tu coche, dejas que el descuido, el desorden, el desaliño estén ahí. 

Nuestro aspecto exterior y el aspecto de nuestros decorados, reflejan en gran medida cómo estamos por dentro, en nuestro interior.

Cuidarnos y dar una buena imagen, no deja de ser un artificio, un maquillaje, un decorado para presentarnos ante los demás.

Lo importante no está ahí. Lo importante está en la imagen y el aspecto que nos damos a nosotros y el orden de nuestra casa mental. Ahí es donde sabemos el grado de cuidado, de limpieza y de orden que realmente tenemos.

Lo de fuera nos importa porque suele disfrazar el desorden y descuido interior. 

Las apariencias engañan, sobre todo a uno mismo.

Ordenar y limpiar nuestra casa interior, asear nuestro ser, cuidar nuestro aspecto espiritual, mantener nuestra esencia sin suciedad, logra que esa limpieza y buen aspecto afloren al exterior. Y se nota mucho.

Una persona limpia de espíritu luce limpia y aseada. No se maquilla ni tiene que disimular defecto alguno. No necesita un decorado en el que situarse porque allá donde se sitúe será su sitio.

Estas personas, limpias y ordenadas por dentro, lo están por fuera. No necesitan demostrar nada a nadie ni tapar sus "miserias" y "suciedades", sencillamente porque no las hay. Han hecho el trabajo en su interior y es suficiente. El exterior es eso, lo que los demás ven, o lo que nosotros queremos ver desde fuera.

¿Qué ocurre cuando el maquillaje ya no sirve? ¿Qué pasa cuando el paso del tiempo envejece y deteriora nuestro aspecto y los lugares y cosas en los que nos situamos y usamos?

Todos hemos visto personas que lucen a cualquier edad y en cualquier lugar. Que no exhiben su persona física ni sus posesiones. Que se cuidan por dentro transformando automáticamente su exterior.

No es cosa de un día. Es el resultado de una toma de conciencia de lo esencial, de lo que importa, de lo que realmente somos. No tiene que ver con el aspecto exterior, con lo que otros ven, o lo que vemos nosotros cuando nos miramos en un espejo, que no refleja quiénes somos, sólo el aspecto exterior, más o menos arreglado.

Imagina que estás en un lugar sin nadie a quien mostrarte y sin espejos en los que mirarte. ¿Qué cuidados te darías?, ¿te maquillarías?, ¿cómo tendrías tu casa y tus cosas?

¿Y tu interior? ¿Cómo cuidarías de ti como Ser Trascendental, como parte del Ser Universal? 

Suena muy esotérico, quizás sí, porque no nos percibimos así. No tenemos conciencia de lo que realmente somos y sólo cuidamos el exterior, las apariencias, los decorados. 

Ningún animal, excepto el ser humano, se maquilla ni altera de modo artificial su aspecto, simplemente porque al resto del mundo animal le da exactamente igual todo eso. No ponen sus guaridas, ni sus nidos para que otros los vean y les den su aprobación, o los envidien. Se comportan de forma "natural" en el más estricto sentido de la palabra.

No se miran en ningún espejo. Su percepción de sí mismos va más allá de sí mismos. No tienen ni necesitan esa conciencia. Es cierto que nuestras capacidades humanas son más elevadas, también lo son nuestros problemas e inquietudes. Pero esa conciencia en la mayoría de las personas se queda en la superficie y permanece dormida en lo profundo.

Despertar. Abrir los ojos en nuestro interior. Donde somos realmente. Sin trampa ni cartón, sin artificios. Donde no tenemos aspecto como lo conocemos, ni somos altos, bajos, jóvenes o viejos. Sólo somos. El cómo ahí no lo determina una apariencia ni una ubicación física. Lo determina el nivel de conciencia.

Ahí lo dejo. No eres lo que ves u otros ven, eres lo que no puede verse. Mantén limpio ese "lugar" y aseado ese "ser". Y te dará igual lo que nadie, ni tú mismo pueda juzgar por tu apariencia y tu decorado.


Jorge Arizcun - COACHING ACTIVO

Noviembre 2017





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