Mostrando entradas con la etiqueta equipo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta equipo. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de junio de 2017

Revisando el Equipo

    Acompañamiento para Gestión del Cambio    
  
                    
_
REVISANDO EL EQUIPO 

     
Esta entrada quiero dedicársela a mi querido sobrino Javier, que quiso ser bombero y que nos dejó a los 27 años. ¡Va por ti, Javier!


Cada mañana paso junto al parque de bomberos de mi localidad.

Todos los días, sin excepción, los veo sacar los vehículos de las cocheras y cómo proceden a comprobar sistemáticamente los equipos.

Ponen en marcha los camiones, conectan las sirenas, encienden las luces de emergencia y despliegan las escalas en toda su longitud.

Me gusta ver cómo subido en la cesta, se eleva hacia el cielo el bombero que despliega esa larga escala, la más larga, y comprueba que realice correctamente todos los movimientos que puede hacer. Rotaciones, inclinaciones, subidas y bajadas.

Esta mañana me quedé observando a un bombero mientras realizaba su trabajo meticuloso de comprobación de uno de los coches, provisto de unas persianas metálicas laterales. 

Las subía y bajaba manualmente, asegurándose su correcto funcionamiento, que se deslizaran sin atascos. También comprobó el interior. Creo que eran los paneles de instrumentación de las bombas de agua.

A veces he visto cómo otros bomberos desenrollaban completamente las mangueras y desplegaban las que van plegadas, para revisarlas y volverlas a recoger.

Y como salen los conductores con los camiones a dar una vuelta corta, acelerando, frenando...

Revisiones sistemáticas diarias. Sin pereza. Sin posponer las tareas. A conciencia.

Imagino que dentro de las instalaciones existirá un protocolo similar de comprobación exhaustiva de todo el equipo.

Hoy he pensado en ello conscientemente. Hasta ahora los había visto hacer ese trabajo de revisión cada día, sin darle más importancia. Y la tiene.

Los bomberos tienen que estar preparados y seguros de que todo está en orden y listo para entrar en operación.

De ello depende su eficacia a la hora de salir a un siniestro. También su seguridad.

En nuestra vida nos vamos encontrando fuegos que apagar, situaciones a resolver, lugares a los que acudir. 

¿Tenemos nuestro equipo revisado?, ¿sabemos que todo está al 100% listo para entrar en acción?

Me temo que, salvo alguna excepción, no es así.

Y claro, muchas veces no funcionan las cosas, no van bien. No estaban revisadas y listas. Me refiero al equipo que como seres humanos utilizamos a diario. Nuestro cuerpo y nuestra mente. Nuestros recursos personales para enfrentarnos a la acción diaria.

¿Está nuestro cuerpo al 100% de sus posibilidades?, ¿lo cuidamos?, ¿lo entrenamos?, ¿descansamos lo suficiente?, ¿nos alimentamos bien?

¿Cuidamos nuestra mente?, ¿trabajamos diariamente la plena conciencia?, ¿trabajamos nuestros pensamientos y emociones?, ¿la mantenemos limpia y alerta?

¿Cuidamos nuestra formación a todos los niveles? ¿Leemos?, ¿Estudiamos?, ¿Nos preparamos todos los días?, ¿cuidamos nuestras relaciones?, ¿nuestra espiritualidad?

Porque deberíamos hacerlo. Si queremos ser eficaces y estar plenamente operativos en las diferentes facetas de nuestra existencia para poder ser competentes como seres humanos y salir ahí fuera a vivir, es necesario que nuestro "equipo" físico y mental funcione a la perfección.

Al menos todo lo perfectamente posible, en relación a nuestra capacidad.

¿Y nuestra actitud?, ¿Habéis visto la que tienen los bomberos? No sólo al salir a una emergencia cuando suena la alarma en el parque. La que cada día entrenan. La proactividad a la hora de estar listos y preparados para lo que pueda suceder.

No saben lo que va a pasar, pero están preparados.

Nadie sabe lo que va a ocurrir. Qué tipo de intervención habrá que hacer. Qué habrá que resolver. Lo que es seguro es que la alarma sonará y tendremos que actuar.

Aunque hay muchas veces en las que no lo hacemos. Suena la alarma y no saltamos como un resorte, nos deslizamos por la barra y estamos listos, con todo nuestro equipo, con toda nuestra energía, con toda nuestra actitud para salir a toda velocidad.

No. Muchas veces no hacemos caso a la sirena. Esa sirena que nos avisa de que tenemos que acudir. Nos paraliza.

¿Imagináis un cuerpo de bomberos así?

Seamos bomberos. Nuestro servicio de bomberos. Entrenados, valientes, con la actitud correcta y dispuestos para entrar en acción. Para actuar en nuestra propia vida.

Tengamos todo listo. Cuidémonos cada día. Y cuando suene la alarma... ¡vamos!, sin miedo. Seguros de nuestra capacidad, de nuestro valor, de nuestra preparación y lo más importante: de nuestro respeto y amor por nosotros mismos y los demás.

Jorge Arizcun
Junio 2017





Sígueme en tweeter: @jarizcun




jueves, 6 de abril de 2017

yo + YO. Equipo... con uno mismo.




    Acompañamiento para Gestión del Cambio 


                     Trick or Treat      Consultoría y Coaching





Trabajar en equipo... ¡Cuánto hay escrito sobre esto!

Al hilo de lo que escribí en un post anterior, basado en un vídeo de Alex Rovira, en el que se refería a cooperar o competir, reflexiono ahora sobre ese concepto, pero referido exclusivamente a uno mismo.

Uno es fundamentalmente dos personas: la exterior, la que los demás perciben como real, con sus roles bien marcados y un sitio en la sociedad, mejor o peor.

Y la interior, el YO real, esencia sin roles ni etiquetas con un sitio en el TODO, en el Universo. 

Nuestro YO Espiritual, o esencial. 

Realmente somos un Ser Espiritual en un cuerpo físico de persona, no exactamente dos personas.

El primero es un personaje, lo que creemos y lo que los demás creen que somos, que habla y se comporta de una cierta forma, predecible, y que trae de serie instalados determinados programas. 

Sí, como un ordenador. 

Ante un estímulo, una respuesta. 

A veces respuesta directa, sin estímulo real ninguno.

Bien. Normalmente estos dos "yoes" se encuentran separados, sin comunicación. 

Frecuentemente, si el YO interior quiere manifestarse, el ego, es decir, el personaje, el yo exterior, no le deja hacerlo y se impone bombardeando pensamientos para acallarlo, porque le teme. 

Una persona muy espiritual, muy en su centro y conectada con su YO interior no tiene demasiado apego al ego, o nada. 

Es normal que el ego no quiera eso.

Pero el ego es necesario en una justa medida. 

El yo exterior, aparte del personaje, es el  vehículo que interactúa con el medio, a través de los sentidos. 

Es necesario para situarse en el mundo exterior físico, hablar con los demás, alimentarse, vestirse, aprender... También es la parte física que reacciona a los estímulos mediante las emociones.

Pero el mundo exterior es una recreación de la mente. 

La mente, donde reside el ego, o desde donde dirige los pasos del personaje. 

Ahí es donde se generan los pensamientos, en la mente. 

Y los pensamientos normalmente son distorsiones. 

Cuanto más ego, más distorsión. 

Y cuanto más yo exterior, menos presente y menos conexión con el YO esencial, así que más aislados de la parte espiritual, más baja vibración, lo que nos sitúa en un plano físico, lejos del plano no mental, del plano espiritual, donde se ES de verdad, conectados directamente con el Universo, con la Fuente, de la que somos parte. 

Donde la vibración es la más alta.

Parece algo como muy místico, pero es así. Somos parte de un todo y hay un propósito universal que se nos escapa. 

No somos entes aislados, personajes independientes que campan aleatoriamente por la Tierra, dependiendo de la suerte.

No somos lo que creemos. 

No somos quienes creemos.

Entonces, desde este punto de vista, si aceptamos que nos componemos de un yo físico y un YO espiritual, ¿no es ilógico mantenerlos separados?

¿no sería mucho mejor unirlos, unirnos en uno? ¿Trabajar yo con YO? ¿Hacer equipo?

Ya sabemos la función del yo físico. 

Facilitemos al YO su trabajo, que es infinitamente más importante y que es el que nos va a proporcionar la Felicidad, que buscamos como locos con nuestro ego, con nuestro personaje. 

Ahí hay una parte, pero es pequeña. 

La fuente de la felicidad no está fuera, está dentro. 

Lo de fuera es como un sueño, como una recreación. 

Hay que despertar hacia el interior, en el mundo del YO real, en el que cabe todo y por supuesto el vehículo que nos transporta por el plano físico, que existe para poder experimentarnos.

La creación sirvió para eso, para que Dios, o como cada cual quiera llamarlo, esa inteligencia superior, pudiera experimentarse y no solo ser.

Pues nosotros, que somos piezas de ese ente infinito, somos vehículos de esa experimentación, como lo son todos los demás seres y objetos que conforman el Universo.

Hagamos equipo. Circulemos por el mundo en nuestro vehículo maravilloso que es nuestro cuerpo y mente físicos. 

Cuidémoslo y busquemos la guía y el camino por el que circular en nuestro YO esencial. 

Conectando ambos podemos lograrlo todo y podemos dejar de padecer. 

Podemos controlar nuestro cuerpo y nuestra mente y podemos acceder a planos más elevados de existencia. 

El punto de vista cambiará y veremos todo con mucha más claridad.

Yo ahora estoy en ese trabajo. No es fácil, te lo aseguro. 

Y a veces uno se pierde, mucho. 

Pero ha de frenar, observar, mirar hacia el interior y buscar el YO, que es la brújula, la que nos guía y nos sitúa. 

Digo que no es fácil, pero lo que también digo es que este despertar es lo que necesitamos. 

Encontrar nuestra esencia, nuestro centro, al que acudir, donde estamos seguros, donde todo esta bien. 

Entonces ese equipo funcionará de maravilla y hará que la experiencia vital sea plena. 

Seremos conscientes de que el plano físico es eso, uno de los planos, pero que no es lo único, ni lo real. 

Que es limitado y limitante. 

Aprenderemos qué son y cómo funcionan los pensamientos, cómo estos desencadenan emociones, sabremos identificarlas y sabremos qué reacciones producen en nuestro cuerpo. 

Y cuando esa conexión entre yo y YO se produzca, entonces tendremos el control y sabremos lo que es verdad y lo que no.

En fin, que me parece una muy buena idea intentar ese tándem trabajando en sincronía para ser felices. 

Acudamos a nuestro SER, a nuestro YO,  a nuestra esencia conectada con el resto del Universo. 

Ahí están todas las respuestas, toda la sabiduría y ahí está lo Real. 

Que no es ni mucho menos lo que nuestra mente percibe como real.

Ya lo explicó Platón en La Caverna.

Ánimo y a buscar y encontrar el camino para el encuentro en esa otra dimensión de nuestro Ser. 

El camino al despertar. 

Salgamos de la caverna, sólo que la salida, es hacia dentro...

Jorge Arizcun



domingo, 15 de enero de 2017

¿Jugamos al Parchís?



  Trick or Treat      Consultoría y Coaching



Hoy voy a hablar del parchís y de jugar.

Este juego, que ya es antiguo y muy conocido, principalmente en España, pero también en otras partes  del mundo, es un juego simple, como lo es el juego de la vida.

Se trata de llegar a la meta, al final de un recorrido que da unas cuantas vueltas, en el que el avance se determina por el valor que sale al tirar el dado y en el que no se está solo.

Se compite, como en la vida, y se juega en equipo, con las fichas de tu mismo color.

Y se avanza y se retrocede.

Pueden comerte y enviarte de nuevo al origen, donde permaneces hasta que sale el número que permite volver a empezar a caminar el largo camino, lleno de sorpresas, hasta llegar a ese espacio seguro donde no puede pasarte ya nada, una vez superados los obstáculos y haber perseverado con toda la fe en lograrlo.

Cada equipo tiene un color, todos quieren llegar, todos pueden llegar, pero hacen falta varias cosas.

Se han de dar varios factores.

Uno es el del factor suerte. En esto hay muchas teorías...

Hay que lanzar el dado y hay que decidir qué es lo que hacer.

Aunque a veces no puede decidirse nada. Con las fichas en casa, si no sacas un 5 no puedes incorporarte.

Se me ocurre un símil con la vida.

El 5 representaría la posibilidad de incorporarse a la partida, nacer.

Hay un componente de azar, o no, en el hecho de la posibilidad de nacer.

Aunque juega también su papel la estadística.

Saldrá el 5, tarde o temprano.

Una vez se incorpora la primera ficha al tablero, si nos ponemos en el punto de vista de la propia ficha, nuestra perspectiva es muy limitada.

Estamos ahí situados y tenemos que echar a andar. No sabemos lo que nos vamos a encontrar ni lo que durará nuestra vida en el exterior.

Cuando sólo somos una ficha en el tablero, sólo podemos mover esa, en función de lo que salga en el dado en nuestro turno.

Cuando somos más fichas, lo que podríamos asimilar a distintas facetas de nuestra vida, o distintas personas afines en nuestro equipo (familia, amigos...) ya se activa la toma de decisiones, qué ficha mover.

En la perspectiva bidimensional pegados al tablero, todo es una incertidumbre y el control sobre el juego se limita a moverse a ver qué pasa.

La perspectiva, en el parchís y en la vida es muy importante.

Sólo tenemos que incorporar una tercera dimensión para tener una panorámica bien distinta y esclarecedora.

En la vida igual.

A veces no podemos ver nada, porque nuestra situación no nos lo permite.

Vivimos una "realidad bidimensional", lo que nos hace permanecer en una situación de incertidumbre, no sabemos dónde nos encontramos, no controlamos nuestras fichas (en el parchís son cuatro, pero podemos suponer unas cuantas más, bueno bastantes más en lo que es el juego de la vida)

Pero es un símil, gráfico y simple.

Si tomamos perspectiva, espacial, no temporal, la cosa cambia radicalmente.

Podemos ver nuestras fichas en el tablero, podemos ver la posición de las fichas de los demás y podemos tomar decisiones, limitar las incertidumbres y sentirnos en control, al menos de lo que nosotros vamos o debemos, o queremos hacer.

Está el factor dado (número que sale al tirarlo), lo que nos va deparando la vida, también está el factor número de fichas, nuestros diversos aspectos, y está el factor de las fichas de otros colores, que podríamos visualizar como factores externos que no podemos controlar y que debemos gestionar a medida que se nos exija decidir en función de sus movimientos o posición, defendiéndonos, atacando, etc.

Y como en la vida, el camino hay que hacerlo, con lo que venga.

Y hemos de jugar lo mejor que sepamos y aceptar las diferentes situaciones que van surgiendo a lo largo de nuestro camino.

Puede que nos encontremos atascados, porque fichas de otro color hayan puesto una barrera.

También que nos sintamos atrapados o en riesgo, por la amenaza de ser comidos. Si nos comen una ficha, volvemos al inicio, y esa ficha ha de volver a nacer, o renacer.

Podríamos compararlo a un fracaso, una pérdida, la que sea, tras la que debamos que reponernos y volver a empezar.

Hay que tirar los dados, eso es todo.

Y confiar y mientras seguir con las otras fichas.

A veces podemos avanzar mucho, si nos comemos fichas de otro color.

Y también podemos perder oportunidades si no estamos atentos, si estamos a otra cosa y tomamos una mala decisión o hacemos un mal movimiento por no estar con la atención plena en el juego.

Una tirada, un número y una posibilidad de comernos una ficha de otro color y avanzar, pero por no estar atentos, mover otra ficha y perder la oportunidad.

¿Cuántas veces nos pasa esto en nuestra vida?

Así que en el parchís tenemos las posibilidades, tenemos los avances, tenemos los bloqueos, los fracasos, las decisiones, tenemos que combinar los movimientos de todas nuestras fichas para avanzar hacia la meta, tenemos que reaccionar y tenemos que estar presentes, tenemos que recomenzar algunas veces, o muchas.

Es igual que en la vida. Un juego, unas reglas, una aventura, una meta, hay que ir dando pasos, tirar los dados, tener fe, aprender...
Y tener la máxima perspectiva posible.

¿Jugamos?
Venga, a tirar los dados. Si no se tira el dado no puede ocurrir nada y la partida se para. Sólo hay que tirar, confiar, jugar y pasarlo bien. Con todo lo que ocurra.

Me gusta el símil con el parchís. Con su colorido, con su camino, con nuestras decisiones.

Hay otros juegos y posiblemente una combinación de todos ellos reflejarían mejor la vida, que es muy variada y en la que se juegan muchas partidas a la vez.

Pero es bueno simplificar. La vida no es tan complicada, si no la hacemos nosotros complicada.

¡Ah! Siempre que es posible elijo el azul y me encanta la emoción y la incertidumbre al tirar el dado. y mi número es el 5...

¿Qué va a pasar?

No podemos saberlo. Así que juguemos para averiguarlo.

¡Feliz partida!

Jorge Arizcun
Enero  2017

lunes, 5 de diciembre de 2016

Adolescencia y trabajo en equipo


                     Trick or Treat      Consultoría y Coaching





Este post, está saliendo tal cual. Así lo voy pensando, tras un día intenso de emociones (de varios tipos...)

Hoy he recibido por whatsapp, de una buena amiga, un vídeo de Alex Rovira, que me ha gustado mucho, como suele gustarme todo lo que publica.

El vídeo, que voy a colgar al final del post para que lo veáis (se titula "Cooperar o Competir") habla de caricias...

Me he quedado con una parte que me ha llegado hoy mucho más, en la que se refiere a nuestros hijos, concretamente a nuestros adolescentes.

Qué etapa taaaaan difícil, especialmente para las personas, chicos y chicas, que la pasan, que en muy poco tiempo experimentan un cambio muy grande, físico y mental. Un torrente hormonal que pone patas arriba sus esquemas y de los nervios a sus padres...

Y ha coincidido que hoy mismo ha habido un conflicto con mi hijo adolescente, al que adoramos, pero que está en esa fase aguda en la que no se soporta ni a sí mismo. Todo lo cuestiona, todo lo discute, tiene argumentos para todo... y su espacio vital es el reflejo claro de ese desorden mental. Como él me dice que yo le digo siempre: "todo tirado" 

Rovira, en su vídeo nos dice que necesitamos caricias. Entendidas como feed back..., como retorno de reconocimiento y amor.

¿Qué quiere decir esto?

En el vídeo, Alex Rovira nos recuerda una frase de William Faulkner: "Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor"



Tremendo esto. El dolor no es una caricia positiva, es negativa, pero es un contacto. Existo para el otro. Soy algo.

Un chaval adolescente puede preferir que se le maltrate a que se le ignore. Los adolescentes, realizan constantes llamadas de atención, provocan, ponen a prueba nuestro cariño y tienen necesidad de reconocimiento, de saber que existen para nosotros y que son importantes. Son rebeldes por eso.

"Prefiero que me pegues antes que me ignores"
 
Comportamientos disfuncionales, clamando por la atención de quienes aman. Y necesidad de retorno de ese amor. Necesidad de sentirse queridos, aceptados. Necesidad de sentir que son visibles, que existen para nosotros, sus padres.

Esos malos comportamientos, son llamadas. Y si logramos, en vez de alterarnos, prestar atención, que sería la caricia positiva de la que habla Rovira, ambos podemos crecer. Padres e hijos adolescentes.

El insulto, la presión excesiva, no son eficaces, se acaban volviendo en contra. Con una presión excesiva puede mejorar el rendimiento a corto plazo, pero a la larga fijarán esa disfuncionalidad. Lo explica muy bien Rovira.

Si tú estás bien yo estaré bien. Ambos estaremos bien. Ese es el objetivo. 

Cuidar, respetar, dar alas. Refuerzo positivo. "Colleja" a veces, sí..., pero no es la forma. Hay que contrarrestar el efecto contraproducente lo antes posible.

Hay que tener sumo cuidado con las palabras, con lo que decimos en general y especialmente con lo que decimos a nuestros  hijos. Si les decimos cosas negativas harán cosas negativas, no porque sean malos, sino porque nos aman. Aunque nos parezca una contradicción.



Hablemos en positivo. No hablemos de problemas, sino de retos a superar. No hablemos de lo mal que lo has hecho sino de cómo podemos mejorar. 

Es importante lograr la superación sin comparación. Ni siquiera con nosotros mismos. En un enfrentamiento con un adolescente, compararlo con nosotros puede suponer un reto que aceptará gustoso, ya que nuestros fallos, que los tenemos, estarán bajo su lupa y los sacará a la luz a la mínima ocasión, provocando más conflicto.

Tampoco con otros, ni hermanos, ni compañeros. Nada de comparar.
Nada de destrucción con el lenguaje o con los hechos. Nada de violencia. 

¿Qué os parece trabajar en equipo con nuestro hijo o hija en esa difícil etapa? Porque hay que superarla y para eso hay que confiar. Trabajar en equipo es confianza y compromiso. 

Así que, esta tarde, ya que previamente había visto el vídeo, pude calmarme, ir a la habitación-leonera de mi querido y ahora desgarbado hijo adolescente, sentarme en su cama y preguntarle: ¿qué podemos hacer? 

Y lo primero ha sido hablar con más tranquilidad y exponer ideas. Hemos hablado de lo que nuestro entorno privado dice de nosotros, de los detalles (esos calcetines resecos, regados por la habitación, la ropa amontonada...) del desorden... 

Una persona que fue muy importante en mi vida, que era muy anciana y sabia, solía decir una máxima a sus hijos y a sus nietos: "El orden evita el desorden. Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio" 

Parecen obviedades, pero si uno logra conducirse así en todas las áreas de su vida y logra transmitirlo a los que le siguen, a sus descendientes, les estará dando una herramienta muy valiosa...

Así que nos hemos puesto creativos y aunque a regañadientes, la habitación ha vuelto a ser la de un ser humano civilizado y hemos planificado hacer un planning para el otro orden, el mental. Un planning de gran formato para la pared, que vamos a hacer para que comience a aprender a planificar bien, pero sobre todo para iniciar ese trabajo en equipo, que podremos extender a otras muchas facetas de la vida familiar.

Caricias positivas, confianza mutua y... compromiso. Luego no vale no hacerlo y que se quede ahí, en una idea. Para eso mejor no iniciarlo.

Os dejo aquí el vídeo:


Gracias Sr. Rovira, una vez más...

Jorge Arizcun
Diciembre 2016

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cuando crees en lo increíble


                     Trick or Treat      Consultoría y Coaching



   Hay ideas descabelladas, locas, que pueden resultarnos increíbles y extravagantes  o imposibles.

Cuando pensamos así, cuando algo nos parece imposible y tendemos a creer que no puede hacerse y que es mejor seguir "a lo nuestro" y olvidarnos, no sabemos si estamos perdiendo una gran oportunidad.

Hay ideas increíbles, que en manos de ciertas personas o equipos, tuvieron éxito y pasaron de ser sueños alocados a convertirse en maravillosas realidades.

Quizás, en un primer momento de análisis, esas ideas o proyectos pudieron encontrarse ridículos o irrealizables, o esas mismas personas que después los llevaron a cabo pensaran: "no es posible hacerlo, no valemos, no podemos."

Pero después triunfaron al ponerse a ello y llevarlas a cabo con trabajo, tesón y fe inquebrantables.

Un buen pensamiento es: "la vida es muy corta... ¿por qué no probar?"

Todo depende de la confianza que uno tenga en sus posibilidades (que son infinitas) de quién se rodee, en quién confíe, en su intuición y también en el punto de locura que se tenga, en el sentido de arrojo, de no tener miedo a salir a explorar, fuera de la "zona de confort"

También quizás en la suerte. Aunque ¿no es la suerte el resultado de todo lo anterior puesto a funcionar?

Lo que yo veo claro es que si no se da el primer paso, no se puede comenzar el camino. Si no se da el paso, el éxito no dependerá de nada ni de nadie, simplemente no será.

En mi experiencia personal y profesional he conocido casos y he vivido situaciones que me hacen creer que esas cosas increíbles se dan y son posibles. Y no me considero un lunático por eso, más bien creo que estar siempre a lo mismo nos hace grises y previsibles.

¿Por qué no? pienso...

Es evidente que no hay que lanzarse a todo, ni a ciegas. Pero hay que abrir la mente, los ojos, pensar, estudiar las cosas, explorar, informarse.

Cualquier proyecto hay que trabajarlo y siempre tienen momentos de avance, de retroceso, de espera en la que parece que nada ocurre (y que pueden ser desesperantes)

Pero hay que tener y mantener el convencimiento, para comenzarlos y permanecer trabajando en ellos con una visión de éxito. Con fe inquebrantable, tratando de disfrutar del camino, sabiendo que cada paso y cada obstáculo es necesario.

He visto casos de éxito, misiones aparentemente imposibles.

No los lideran locos. Los llevaron a cabo personas y equipos que creyeron en sus posibilidades y no tuvieron miedo a explorar y adentrarse en lo desconocido, en el sueño.

No tuvieron miedo a creer en sí mismos y en su capacidad de hacer realidad lo increíble.

Porque lo increíble es creíble cuando te lo crees.



Jorge Arizcun 
Noviembre 2016