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domingo, 15 de julio de 2018

Talento Natural



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




En una sociedad en la que se ensalza tanto el talento y la habilidad en algunas disciplinas, lo que se genera es desigualdad y en muchos casos infravaloración, sentimiento de inferioridad, creencias limitantes, distorsión.

Está claro que ese niño o esa niña que con muy corta edad ya demuestra habilidades notables y es capaz de, por ejemplo, interpretar una complicada pieza al piano, o desplegar un virtuosismo e independencia asombrosos a la batería, o cantar como un profesional, o practicar cualquier deporte con maestría impropia de su edad, o realizar una obra artística asombrosa..., es admirable.

Vemos ejemplos a diario, especialmente en redes sociales, que nos sorprenden y provocan nuestra admiración.

Yo quiero hoy desde aquí, desde este modesto espacio de reflexión que comparto, reivindicar a todos los demás. No por dejar de admirar a las personas dotadas con esas capacidades, sino por hacerlo también con las personas que nunca van a salir en un vídeo viral en las redes o en Youtube.
 
Personas que con toda seguridad destacarán a lo largo de su vida en algún o algunos aspectos y que ya son especiales y admirables sólo por el hecho de existir. Y no digamos aquellas que lo son por sobrevivir en condiciones de vida en las que cualquier persona del "primer mundo" no lo podría hacer.

Quiero fijarme en ese tipo de virtuosismo vital, esa habilidad de supervivencia, esa capacidad de resistir y vivir cada día, cuando no tienen realmente casi posibilidades o muy pocas para hacerlo.

Y sin irme a esa realidad, más lejana si quieres, fijarme en las personas de mi entorno social, geográfico y laboral, que demuestran también a diario y sin ruido de lo que son capaces. Que pueden hacer bien muchas cosas, que pueden aprender y perfeccionarse como personas.
 
Muchos con pocos recursos, o con problemas familiares, de salud, personales... O gente sin aparentes dificultades que cada día viven y trabajan, con o sin sueldo y salen adelante.

Vivir ya es una habilidad sobresaliente.

Si tenemos en cuenta la complejidad extrema de nuestro organismo y la no menos compleja mente humana, ya hay suficientes motivos de asombro.

Si además con ese cuerpo y esa mente logramos conducirnos por la vida de una forma eficiente y sostenible y crecer, entonces la maravilla es aún mayor.

La vida misma, el desarrollo de la persona y su interacción con el medio ya son talentos naturales asombrosos.

El cómo esté configurado cada cual y las habilidades innatas que pueda traer "de serie" son aspectos que podemos tener en cuenta y admirar, claro que sí. Pero no hace personas mejores. En lo biológico, desde luego no. En lo social es otra cosa. En cualquier caso depende de en qué lugar del mundo se encuentre la persona, de su cultura, de su forma de ser, de su educación, etc.

Ni un miligramo de mérito voy a restar a aquellos que teniendo esos dones innatos los desarrollan, perfeccionan y comparten. Porque requieren mucho trabajo, aunque aparentemente parece que "les sale" sin más, especialmente en los más pequeños. Pero no son mejores. En lo concreto de la disciplina en la que destacan sí, es evidente. Cantan, pintan, tocan instrumentos, calculan, escriben, programan, o hacen cualquier otra cosa mejor que otras personas. Pero tienen muchos más aspectos en los que no destacan más que el resto y también algunos en los que están por debajo del nivel medio. 

Igualmente las personas que no muestran esas habilidades, tienen a buen seguro otras. Descubrirlas, ponerlas en valor y trabajarlas es cuestión de cada cual. Estar están. 

Admirémonos de momento simplemente por ser. Ser ya es algo sobresaliente.

Hace falta cuidarse un poco más, no abandonarse, creer en uno mismo y descubrir eso que nos hace diferentes, en lo que destacamos.

Nadie es más ni mejor que nadie. Todos los seres humanos tienen talento. Talento natural. Habilidades y mecanismos asombrosos, físicos y mentales. Hagan lo que hagan, destaquen en algo concreto o no. 

Descubre tu propio talento. Conócete, aprende. Observa qué eres capaz de hacer con más facilidad. No busques el aplauso ni la admiración. ¿Acaso un ave con su maestría de vuelo lo busca?, ¿o un felino se vanagloria de su agilidad o destreza en la caza? Todos somos geniales.

Te dejo esta ilustración para reforzar esta reflexión, Descubre quién eres y de lo que eres capaz:





Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Julio 2018







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domingo, 29 de abril de 2018

Lo único que permanece es el cambio - Parte 2



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Una vez realizado el ejercicio de reconciliación que viste en la Parte 1, puedes afianzarlo escribiendo a tu niño o niña interior. Escribirle en los mismos términos en los que hiciste la conexión.

Este paso es importante, ya que te conecta con tu interior y te ayuda a responsabilizarte. Recuerda que es responsabilidad tuya cada decisión tomada. Que la reacción ante lo que ocurre es cosa tuya y es la que determina tu estado.

Lo realizado hasta aquí ya es un paso importante, si has logrado hacerlo. Un paso que determina el comienzo del cambio.

El cambio puede orientarse de dos maneras:

      - Reaccionando. Que es volver a lo mismo. Es un tipo de acción que no es muy útil. Similar a lo que hace una mosca al darse una y otra vez contra el cristal.

En este modo reactivo el personaje que adoptas es el de VÍCTIMA. Un personaje instalado en la queja que mira hacia el pasado buscando justificación y pospone la acción (“ya lo haré”, “tengo que…”) con lo que no se mueve del sitio, rehuyendo su responsabilidad y lamentándose.

    - Actuando. Actuar es acción en presente. Es la única acción válida y efectiva. Te hace tomar conciencia de que el único sitio y tiempo en el que es posible estar y hacer es el ahora.

En este modo de acción el personaje que adoptas es el de EXPLORADOR, que observa y analiza el pasado, extrayendo aprendizaje, sin rehuir su responsabilidad y se plantea a dónde quiere llegar, lo que quiere hacer y lograr. Objetivos que coloca en el futuro, consciente de que la acción para alcanzarlos sólo puede realizarse en el presente.

Adoptando este personaje eres consciente de la inutilidad del victimismo y la queja y transitas tus emociones con plena responsabilidad, aprendiendo con cada paso dado. Sin detenerte, aunque sientas miedo o cansancio.

El primer objetivo está en ti. Tú eres el motivo de tu propia vida y tu propia meta, por lo que es indispensable entrenar la actitud, para cambiar de un personaje a otro, del víctima al explorador, al aventurero.

La vida es un proceso de construcción. Siempre construimos en presente, desde donde estamos. Todo lo anterior constituye la base sobre la que construir algo nuevo.

No se trata de reconstruir nada. Se trata siempre de construir desde el ahora, con lo que tienes y desde donde estás. Reconstruir es tratar de repetir. Es reacción. Es dejar que se ejecute de nuevo el viejo programa. Desactiva el programa. Reiníciate.

Reiniciar es volver a iniciar. Es acción, no reacción.

En este punto, en el que seguramente has decidido qué personaje quieres ser, te invito a realizar un ejercicio que te va a resultar revelador. Se trata de la conexión visual. Es un ejercicio que puedes realizar con otras personas o a solas.

Ahora te recomiendo lo segundo. Busca un espejo, sitúate delante y establece la conexión mirando directamente a los ojos de la persona que tienes frente a ti, que eres tú. Mira con profundidad y sin apartar la mirada. Más allá de lo que ves en el plano físico, unos ojos con una forma y color determinados, ¿Qué es lo que ves?, ¿Qué emoción te transmite esa mirada?

Puede que veas, miedo, cansancio, desesperación… Mirando fijamente estás haciendo frente a esas emociones. Si te encuentras en un estado de paralización, verás miedo, angustia, desesperanza. Míralos de frente. Con descaro. Sin juzgar. 

Y sonríeles. Sonríe a esos ojos que te están dando la información, que te hablan. Vas a ver cómo cambian de expresión y vas a poder ver otras emociones en ese cambio, entre las que se encuentra la determinación.

Esta es una experiencia que puede resultar algo difícil, aunque es muy sencilla de realizar. Persiste. No apartes la mirada. La persona que tienes delante necesita esa conexión.

La determinación que asoma levemente necesita energía para crecer. Esa energía positiva puedes obtenerla de otra emoción a la que puedes invitar: La Rabia.

Rabia de estar así. Rabia de rebeldía. Rabia para negarte a ser víctima, para atreverte a salir de ahí, a explorar lo desconocido, a transitar con arrojo por la incertidumbre, sabiendo que te tienes a ti, con cada vez más fuerza interior.

Mira de frente al miedo, con descaro, con valentía, con rabia. Niégate al victimismo y la queja. No te lamentes. Rechaza absolutamente dar pena. Ni a ti ni a nadie.

¡FALTARÍA MÁS! (di esto bien alto)

Bueno. Por ahora es bastante. En modo explorador estás. Si no lo estás, pregúntate si quieres estarlo o prefieres seguir en modo víctima. Vuelve al espejo, mírate a los ojos y diles con tu mirada qué quieres.

Si eliges el cambio, tienes un objetivo. Tienes trabajo que hacer. Busca tus herramientas de explorador y comienza a caminar. Respira fuerte, no mires atrás, levanta la cabeza, tantea el terreno y pisa con firmeza.

¡Adelante! Tienes todo lo que necesitas. Tienes la fortaleza, el conocimiento, la resistencia y el poder para controlar tus pensamientos. Tienes la responsabilidad de tus acciones. Busca en tu interior, apóyate en ti. Haz equipo contigo.

Van a aparecer dudas, pensamientos saboteadores, voces interiores que tratarán de desanimarte. Volverás a detenerte y tendrás tentación de volver a quejarte. Esos son los desafíos a los que te vas a enfrentar. Están en tu interior, no afuera.

Siendo consciente de esto no te pillará de sorpresa y sabrás lo que hacer. Hacer es la clave, seguir.

Acuérdate: Lo único que permanece es el cambio. El cambio es oportunidad, es crecimiento.

Cambia y crece. 

Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Abril 2018







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sábado, 17 de junio de 2017

Graduación



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 


   



Se acaba el curso escolar. Muchos estudiantes terminan ciclos educativos y se gradúan.

Ayer lo hizo mi hija ¿pequeña? que terminó la primaria.
 
La graduación, además del significado que supone completar un ciclo, conlleva muchas emociones.
 
Son muchas las vivencias acumuladas, muchas competencias adquiridas. 

Años en los que todo han sido cambios, físicos, mentales, del entorno.

Ayer, durante la ceremonia de graduación, me trasladaba por momentos con la mente al comienzo de esta etapa, 9 años antes. 

Todo ha cambiado. 

Los niños, con 9 años más, que dejaron de serlo y ahora son ya casi adolescentes (en muchos casos sin el casi) con una transformación física tremenda, que toma su verdadera dimensión cuando, como ayer, comparas con cómo eran cuando comenzaron la primaria.

Los padres. Por los que el tiempo va dejando huella de su paso. 

Las vidas de todos cambiadas. 

Los profes. Muchos ya no están y los que siguen, son diferentes.

El centro. También cambiado respecto a lo que era.

El entorno. El barrio, el país, el mundo.

Sólo (¿?) son 9 años y nada es igual.

Es la vida.
 
Tomar conciencia del paso del tiempo puede asustar. Puede dar vértigo indudablemente.

Pero puede ser también una oportunidad para revisar si ese tiempo ha sido vivido y qué ha significado ese cambio.

Celebramos la graduación de nuestro hijos. 

Y esa celebración nos incluye. También celebramos nuestro aprendizaje. Y nos graduamos con ellos, tras estos años de cambio.

¿Con qué calificaciones?, ¿con qué asignaturas aprobadas? 

Aprobadas todas. Pasamos de curso.
 
Cada uno sabrá sus calificaciones y su evaluación.

Ayer echaba de menos a algunas personas, como mis padres (lo que hubiese disfrutado y llorado mi madre)

Estos nueve años se han llevado personas, circunstancias, trabajos, cosas materiales...

Hemos hecho mucho esfuerzo para dejar ir todo eso que terminó y salió de nuestras siempre cambiantes vidas, haciendo sitio a todo lo nuevo que también ha llegado.

La canción de despedida del ciclo, en la ceremonia de graduación, nos incluye a todos y habla de todos.

Girando la cabeza en el salón donde tuvo lugar el acto, vi a todo el mundo con su birrete y su orla.

A todos. Niños, padres, profesores.
 
Todos nos graduamos ayer.

Feliz nueva etapa de cambio (aunque en realidad el cambio es continuo y somos nosotros los que lo parcelamos en etapas)
 
Se inicia un nuevo periodo escolar de 6 años hasta la universidad... Parece mucho. 

Depende de qué ocurra y sobre todo de cuánto de lo que ocurra lo vivamos conscientemente. 

Celebramos la vida. El cambio. Podemos hacerlo porque estamos aquí, viviendo. 

Y se acabará. Otros se graduarán. En sus cursos y en la vida.

¿Cómo serán las cosas dentro de 6 años?

Quién lo sabe...

No esperemos hasta entonces. 

Cada día nos graduamos de ese día vivido. 

De nosotros depende qué hayamos aprendido y cuales sean nuestras calificaciones.

Todas las asignaturas son necesarias.

Tengamos preparado el birrete para la celebración de nuestro graduación diaria. 

Celebremos el cambio. 

Jorge Arizcun
Junio 2017






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jueves, 15 de junio de 2017

Empieza, aunque falten cosas


    Acompañamiento para Gestión del Cambio    






Hoy voy a hablar sobre acción. 

Imagina que vas a hacer un puzzle. 

Lo tienes ahí, has abierto la bolsa de las piezas y las has volcado en la caja.

Y estás delante del tablero vacío y la caja llena de piezas esperando ser colocadas.

¿Qué haces?, ¿te pones a comprobar que estén todas las piezas?, ¿las cuentas?

¿O más bien te pones manos a la obra a construirlo?

Las piezas hay que irlas buscando, una a una y comenzar.

Cuando inicias algo puedes hacer dos cosas, no ponerte en marcha hasta tener todo lo que necesitas, o crees que necesitas. 

Esto puede alargarse mucho, porque siempre va a faltar algo. O no vas a saber de antemano la pieza que te va a encajar del puzzle.

O bien, empezar.

No digo que tengas que ir a lo loco, ni a ciegas, sin saber ni lo que quieres hacer.

En el caso del puzzle, tienes claro que quieres hacerlo, completarlo. Pieza a pieza. 

Se trata de arrancar. Empezar, ponerse en marcha aunque falten cosas, o no sepamos lo que falta.

Esperar a que las circunstancias cambien, a que llegue o cambie algo, esperar como quien espera el autobús, sentadito, sin hacer nada, sin saber siquiera el destino al que quieres ir, o sin ni siquiera ir a la parada...es la mejor manera de vivir en la pasividad. 

Tienes que tener un objetivo, el que sea, tomar un autobús, construir un puzzle, perder peso, ser feliz, salir de una situación que no te gusta, estudiar algo, lograr algo con un deporte, cambiar de trabajo, formar una familia, etc. 

Y ponerte en marcha. En acción.

Empezar a seleccionar piezas y probar si encajan, con paciencia, con tesón, con confianza. 

Si quieres empezar algo, tienes que empezarlo, por la primera pieza. 

Si es posible, tener una estrategia, por ejemplo buscar las esquinas del puzzle y las piezas que conforman el perímetro, que tienen un lado plano...

Un objetivo, una forma de comenzar. Y ponerse en marcha. 

Ese es el secreto. Lo demás va apareciendo.

Si tienes miedo de no lograrlo, no empezarás. Y es del todo imposible recorrer un camino si no te pones en marcha. Imposible.

Puedes escuchar a tu mente diciéndote que no lo conseguirás, que son muchas piezas, que el camino va a ser difícil, que no sabes qué te vas a encontrar. Puedes hacer caso a esa voz boicoteadora.

Y te quedarás ahí. Y las piezas no van a empezar a colocarse solas, ni el autobús va a ir a recogerte a tu casa, ni el camino va a ponerse a deslizarse bajo tus pies para que avances.

Hay un nivel de confianza que es necesario tener. Confianza en que encontrarás lo necesario, y en que avanzarás. 

Unas veces más rápido, otras más lentamente. 

Incluso puede que te atasques y tengas que encontrar una solución para seguir avanzando. O pedir apoyo, ayuda.

No esperes a tenerlo todo seguro y claro. Si te dieran un puzzle con las piezas numeradas, que no presentase ninguna dificultad, ¿qué sentido tendría?

Si supieses todo previamente con certeza, si no existiese el reto, ¿qué aprenderías? Nada. Te limitarías a hacer, sin aliciente, mecánicamente. 

Empieza, aunque falten cosas, aunque no sepas del todo. Aprende sobre la marcha, equivócate. Persiste. 

Será muy gratificante el logro, cuando lo consigas, pero también lo será el camino y el aprendizaje. 

Eso es crecer, Eso es vivir. Empieza ya.

Jorge Arizcun - Coaching Activo
Diciembre 2021






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