sábado, 12 de agosto de 2017

En la Piscina



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Estoy escribiendo en la piscina. 

Estoy solo y tranquilo en esta tarde de verano. 

El agua azul resulta relajante, así como el sonido de los chorros de agua depurada que se vierten sin cesar en la superficie, desde las tres bocas por las que salen.

Es un sonido continuo. Agua golpeando agua.

La superficie de la piscina está agitada.

La verdad es que se está estupendamente aquí y ahora.

Estoy sentado a la sombra y hace un rato me di un chapuzón, por lo que no tengo calor en absoluto, pese a ser hora de alta temperatura.

Me estoy concentrando en el sonido incesante del agua al caer sobre la superficie de la piscina. 

Es un sonido compuesto lleno de matices, pues se compone del sonido que hace el chorro principal y el que hacen los mini chorros secundarios que se separan de aquel, las gotas sueltas al caer, el agua que se levanta en forma de salpicaduras al impactar los chorros y las gotas, que a su vez vuelven a impactar. Y la espuma que se forma, que crea un sonido de fondo casi imperceptible, como un siseo o vibración.

El agua de una piscina tiende a la quietud, no hace ruido por si misma. 

Sólo al ser agitada o conducida por tuberías hacia la depuradora, impulsada por bombas y devuelta de nuevo a la piscina, produce ese incesante y complejo sonido, que parece uniforme pero que no lo es, rompiendo esa quietud natural del agua simplemente estando en la piscina.

Ahora imagino mi Ser como una masa de agua contenida en una piscina e imagino mi mente como esos chorros que de forma incesante vierten agua que al impactar sobre la superficie, rompen esa quietud y esa calma.

Esos chorros representarían en esta metáfora, los pensamientos, que de forma incesante y ruidosa interrumpen esa calma, removiendo el agua y agitándola.

La superficie del agua en movimiento y el agua circulando en ese circuito cerrado que es la piscina y su sistema de depuración.

Pero esto no es así todo el tiempo. 

Está claro que si no hubiese movimiento del agua de ningún tipo, ésta terminaría por estropearse al no ser limpiada.

Pero hay momentos en los que los chorros cesan. 

Y el silencio que se produce de repente hace casi más ruido que el que hacía ese agua al salir de las tuberías y caer sobre la superficie.

Hay un "botón de apagar", que en el caso de las piscinas es accionado electrónicamente por un sistema automático y programado. 

En un momento predeterminado, clic y off... 

El agua se detiene, el circuito se para, las bombas se apagan. 

No hay chorros y nada interrumpe la quietud.

Encontrar y poder accionar a voluntad ese "botón de apagar la mente", al que se refería Eckhart Tolle, es una tarea difícil de lograr.

Detener el flujo incesante de pensamientos que como chorros de agua impiden la quietud y el silencio, que rompen la calma del agua cuando está en ese estado natural, simplemente estando, siendo, sin movimiento, es una habilidad que deberíamos entrenar todos los días, hasta tener la destreza de poder dar al botón de apagar, con el que lograremos no tanto eliminar los pensamientos, que estarán ahí, sino acallar la mente de juicios y llevarla a un estado de contemplación y aceptación.

Yo imagino mi estado de Ser como un lugar en mi interior similar a un lago o una piscina. 

Lleno de agua azul en calma.

Pero para acceder ahí, a esa calma, debo primero apagar esos chorros de pensamientos y juicios que la alteran.

Es increíble como muy poco tiempo después de cesar los chorros, la superficie del agua se queda en completa calma, sin producir sonido alguno.

Mirar una superficie de agua así de quieta y plana, nos induce a un estado de igual calma a nosotros.

Imagina que puedes apagar ese flujo, esas bombas que succionan e impulsan el agua. 

Que puedes hacerlo a voluntad. 

E imagina ese estado del agua, al recuperar la calma y la quietud, sin ruido, sólo estando. 

Y cuando lo veas en tu mente, respira lenta y profundamente y quédate ahí en silencio, en paz. 

El agua es tu Ser y su estado natural es ese. Quietud y calma.

Los pensamientos son necesarios, e inevitables, pero no lo es seguirlos, hacerles caso o identificarnos con ellos. Además existe ese espacio entre pensamientos donde se encuentra la conexión con la calma, con la paz.

Estando ahora en la piscina, tranquilamente, yo sólo, escribiendo, al tomar conciencia de esos chorros, que si no pienso en ellos ni los oigo, me parecen bastante estruendosos y algo molestos.

Y espero a que cesen de un momento a otro.

El agua no son los chorros. Puedo ignorarlos, hasta ni siquiera escucharlos.

El Ser no es la mente ni los pensamientos.

El Ser es la totalidad del agua, cientos o miles de litros, en calma. 

En la parte profunda de la piscina, el impacto del los chorros apenas se escucha y el movimiento del agua apenas se percibe.

Sobre esto reflexiono en esta apacible tarde de verano, en una piscina.

Tengo algo de calor de nuevo, voy a remojarme y me quedaré un momento en el fondo a experimentar físicamente esa calma.

Igualmente haré cuando no haya piscina en el exterior, sólo la interior. 

Sin focalizar en pensamientos, ni en chorros incesantes saliendo de la pared de la piscina e impactando en la superficie.

Porque habré encontrado el botón de apagar..., o el camino a mi espacio interior profundo, dejando los chorros ahí arriba, imperceptibles.

Feliz tarde de verano.

Jorge Arizcun
Julio 2021





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jueves, 10 de agosto de 2017

Perdónate y Acéptate



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Básandome en un post del blog "Los Cinco Minutos del Espíritu Santo"* quiero que reflexiones sobre el perdón y la aceptación a ti mismo o a ti misma.

Existen signos con los que puedes expresar ese perdón y esa aceptación.

Esos signos reflejan el amor y el respeto hacia tu persona.

Es muy habitual, especialmente en momentos difíciles en tu vida, que no te cuides como es debido y que te maltrates. 

Puedes descuidar tu aspecto.

Puedes insultarte.

Agredirte comiendo en exceso y de forma insana.

Puedes beber alcohol y fumar en exceso.

Puedes tomar drogas (ojo a las "legales" prescritas por los médicos y psiquiatras)

Puedes dormir demasiado y dejar de hacer cosas al caer en un estado de apatía y desinterés.

O bien no dormir ni descansar lo suficiente. 

Puedes descuidarte mucho, física y espiritualmente, entiendas como entiendas este último aspecto de tu ser.

Al dejar de ocuparte de ti, dejar también de alimentar el espíritu, el alma, dejar de leer, de adquirir conocimientos, de relacionarte con otros, de este o del otro mundo..., te desconectas.

La forma positiva de conducirte en esos momentos de zozobra, no conlleva hacer grandes cosas, ni gestas heróicas.


Puedes darte pequeños placeres, simples y cotidianos, que no te supongan un esfuerzo grande, ni te provoquen sentimientos de culpabilidad.

La cosas están para disfrutarlas, la vida está para disfrutarla.


Puedes probar a comer mejor, hacerlo lentamente, disfrutar más la comida.

Puedes regalarte un paseo agradable, con plena atención y sin pensar en lo que tienes pendiente de hacer.

Quizás quedar y disfrutar con tus amigos, a los que puede que tengas algo olvidados, y vivir su compañía como un regalo divino. 

Y agradecer por todo ello, que ha sido creado para ti, para que lo disfrutes.

Pueden ser muchas más cosas. Tomar conciencia de cuando te duchas, que puedes hacerlo, que disfrutas de la luz eléctrica, del agua corriente, de la tecnología, del ocio, del cuidado de la salud.

O también poniendo atención a tu entorno, cuidándolo, desde el lugar donde vives, tu habitación, la casa, el barrio, tu ciudad.

Agradeciendo tenerlo todo y poder disfrutarlo. Y también agradeciéndote todo eso que haces por ti, por los demás y por tu entorno.

No vale con perdonarte, orando en cualquiera de sus variantes y creencias, si después no caminas en la dirección de quererte a ti en tu día a día.

Ese Amor invisible y Universal, que en la religión católica es el Espíritu Santo y en otras la expresión de la divinidad como energía vital, te hace experimentar ese Amor hacia tu persona, en tu propio cuerpo.

Eres parte de esa energía, parte del Universo, parte de la Divinidad, de Dios, en cualquiera de sus manifestaciones, en cualquier cultura o confesión, incluso sin confesión religiosa alguna, eres parte del Todo Universal.

La energía que lo mueve todo es el Amor, entendido así, como ligante, como impulsor, como fuerza vital. Y para que fluya y te inunde, debes estar en esa sintonía, en sintonía con el Universo, con Dios. 

Es así. Agradece, perdónate, cuídate, acéptate y toma conciencia de que estás con vida y puedes disfrutar y apreciar todo lo que tienes, que no es poco.

Es una buena forma de conectar, de elevar tu energía, de abrir el canal con la parte espiritual, para que llegue bien la señal, la comunicación y la vibración universal.

En la religión católica el Espíritu Santo es amor invisible y quiere que experimentemos su amor en nosotros.

Pero necesita que la conexión esté abierta. 

Tanto si eres cristiano como si no, eres un ser divino y formas parte de algo muy vasto. 

No te aísles. 

Deja que el Amor te inunde y comienza amándote a ti en primer lugar. Perdónate, acéptate y cuídate.

Estarás cuidando esa parte del Todo y te conectarás con Él.


* Ref. Blog http://loscincominutosdelespiritusanto.blogspot.com.es/


Jorge Arizcun
Agosto 2017





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martes, 8 de agosto de 2017

¿Dónde Estoy?



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Aquí tienes el enlace al artículo publicado en Pulse de Linkedin en el que hablo de los periodos necesarios de adaptación y del esfuerzo que suponen. 

Que no vale en tiempo de cambio y descubrimiento no estar atentos. 

Que es necesario ir más despacio, ya que transitas una carretera desconocida.

Y que no hay que escuchar esa voz interior que te dice que espabiles, que no haces lo suficiente, ni lo suficientemente rápido... 

Ni a las voces externas, de otros, que opinan y juzgan sin saber el esfuerzo que haces para adaptarte y para transitar ese cambio.

Espero que te guste...







Jorge Arizcun
Agosto 2017





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lunes, 7 de agosto de 2017

Una decisión cualquiera - Parte 2



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 








¿Por qué enfocarte en las posibles consecuencias negativas de una decisión? 

¿Por qué no visualizar esa posibilidad positiva para ti, aunque pueda resultar improbable?

Sin la voz interior condicionándote, limitando las posibilidades a una o a muy pocas y seguramente negativas, el campo se abre y las consecuencias se igualan en cuanto a probabilidades. 

Esa probabilidad entre un millón que presupone nuestra mente puede ser la consecuencia, ¿por qué no?

Decide conscientemente. 


Todo es posible. 

Marca el teléfono del presidente de esa multinacional, igual te lo coge... 

Pregunta, decídete a preguntar sin temer la respuesta porque no sabes cual va a ser.

En el mundo de la venta sucede así. Por no preguntar, por no ofrecer, no se vende. 

Por el miedo a no ser bien recibidos, a ser rechazados, al mal genio que nos imaginamos de nuestro interlocutor, a una mala contestación...


Ahora dale la vuelta. 

Y piensa lo contrario, que te van a atender bien, que no habrá rechazo, que la persona con quien vamos a hablar es atenta, educada y está encantada de conocerte y de recibirte, que muestra interés por lo que le vas a ofrecer..., 

¿A que así es más fácil decidir llamar a esa puerta?

¿Y si es el cliente de tu vida?


¿Y si la diferencia entre hacer o no algo, decidirse en uno u otro sentido fuese vivir o no el acontecimiento, la experiencia, la relación personal o el trabajo de tu vida?


Y aún hay más. 

Aunque la primera consecuencia pueda ser aparentemente negativa, también puede haber resultado necesaria para evitar alguna otra mucho peor... 

Piensa en ello y revisa acontecimientos anteriores que de no haber sucedido, no habrían podido evitar consecuencias muy graves.


Por ejemplo, pierdes un tren o un avión y no haces ese viaje absolutamente necesario..., que de haberlo hecho quizás hubiese sido el último...


Todos sabemos de cosas así, que a otros les ha pasado. Igual no tan graves, pero seguro que a ti te han sucedido similares.


Una decisión con una primera consecuencia negativa a nuestro juicio, puede haber sido nuestra mejor decisión a la larga.


No hay nada escrito.


La expresión "ya veremos" deja abierta la puerta a cualquier cosa que pueda suceder.


¿Qué ocurrirá si hago esto? Ya veremos. 

En su momento. 

Cuando ocurra. 

Ahora ni idea. 

Que ocurra, deja que lo haga, abre la puerta a todas las posibilidades.


Decide. 

Es lo mejor que puedes hacer.


Siempre va a haber una última sorpresa, grande, probablemente inesperada, con consecuencias imprevisibles. 

Ni malas ni buenas. 

Una acción, una decisión te lleva a otra, a adaptarte, a caminar, a sortear, a admirar, a aprender, a evolucionar.


A vivir.


Vive, decide y deja que la vida te sorprenda. 

Todo puede pasar...

...y todo puede acabar en un instante.



Jorge Arizcun
Julio 2017





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Una decisión cualquiera - Parte 1



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






Una decisión cualquiera en un momento determinado puede ser la más importante de tu vida.

No puedes imaginarte las consecuencias de las decisiones que tomas y no es posible tener idea del tsunami que pueden desencadenar. 

Al tomar una pequeña decisión, que piensas que no puede traer más que consecuencias pequeñas, no eres consciente que la fortuna o el destino esperan siempre y pueden tenderte inesperadamente los brazos y transportarte a una realidad totalmente distinta.

No dejes de tomar decisiones. 

Abren puertas siempre. 

Y no sabes qué hay detrás de cada una.

No hay decisión pequeña. 

Lo que puede provocar, el cambio que puede suponer, que no puedes imaginar de antemano, hace que no pueda juzgarse una decisión como pequeña o como poco trascendente.

El presente que ha de venir está detrás de las decisiones que tomas ahora.

No decidir también es una decisión y tiene sus consecuencias.

Siempre decides, aunque no tengas conciencia de hacerlo. 

Siempre hay bifurcaciones en el camino y siempre eliges, aún sin darte cuenta. 

Aunque vayas en "piloto automático", pensando en otras cosas, decides. 

Hay una parte del cerebro que se mantiene alerta, entre otras cosas para que no te caigas en una zanja, por ejemplo. 

Y toma las decisiones que considera mejores, con la información de que dispone.

Si piensas en los millones de decisiones que tomas durante tu vida, puedes reconocer que no tienes problema en tomarlas. 

Lo haces todo el tiempo.

Lo que aquí quiero es llamar tu atención acerca de las consecuencias, las imprevisibles e impredecibles consecuencias.

La ventaja de tomar conciencia de las decisiones que tomas, que es la consecuencia de estar presente, de vivir plenamente el ahora consciente, es que puedes reconocer la importancia de esa "pequeña" decisión que tomaste en un momento determinado y la relaciones con lo que ahora mismo es tu realidad.

Como no sabes lo que va a ocurrir, ni si será bueno o malo, según tu percepción de las cosas, que es cambiante, no lo olvides, no dejes de decidir conscientemente.

Muchas veces no decides porque das las cosas por sentadas. Crees que "sabes" lo que va a suceder. 

Eso que consideras "lo más probable", no es más que una posibilidad más. 

Y en cualquier caso, ¿a qué temer?

Ahí está tu voz interior especulando, dando por supuestas cosas que de ninguna manera pueden darse por supuestas.

Un momento de felicidad puedes asociarlo perfectamente a ese raro instante en el que esa voz enmudece y puedes escuchar al mundo, sintiéndote en paz y armonía con él.

Entonces esa armonía se traduce en tranquilidad, respiras lenta y conscientemente y ves, oyes, hueles y experimentas con claridad.

Ese momento es posible crearlo. Sólo hay que decidirlo. 

Decide silenciar esa voz interior, que te está "traduciendo" a su idioma la realidad y desde ese silencio siente la felicidad de ser, de estar exactamente dónde estás, dentro de tu cuerpo. 

Viendo las cosas que te rodean, sintiendo cómo entra y sale el aire de tus pulmones y disfrutando del simple e increíble hecho de estar con vida.

Y desde ese estado, que con práctica no requiere mucho tiempo para alcanzarlo, tan solo unas pocas respiraciones conscientes, observa aquello ante lo que tienes que decidir, sin aventurar consecuencias. 

Permitiéndote no saber. 

Aceptando que todas las posibilidades existen.

Sin esa voz interior puedes dar rienda suelta a los sueños, visualizarlos, recrearte en ellos y jugar a elegir la posibilidad que quieras. 

Podrá suceder como lo visualizas o no, pero tu estado interior, el de tus células, estará alineado con esa visión, con esa intención.


Jorge Arizcun
Julio 2017





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