jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué te estás comiendo?



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Tu realidad es conformada por tus pensamientos.

Pensamientos que te vienen incesantes y que se cocinan en las ollas de tu cerebro (quizás de ahí la expresión de "se me va la olla"...)

Los pensamientos están hechos de ingredientes diversos que los conforman, unos pensamientos con más ingredientes y otros con menos.

Aspectos que influyen en el tipo de pensamiento, en el guiso que saldrá de esas ollas que nunca paran de cocinar. 

Aspectos de experiencias del pasado, influencias de personas, de lugares, culturales, morales, religiosos, heredados, vivencias reales e imaginarias, etc. 

Ingredientes que hacen que el resultado del guiso sea característico de tu cocina particular.

Una vez cocinados están listos para consumirlos y el comensal fijo de tu restaurante cerebral eres tú. 

El principal cliente, el que disfruta o padece los platos, que van saliendo sin que los pidas y que tienes la libertad de comer o no, aunque con demasiada frecuencia te los comes enteritos, aunque te sienten mal.

Y aunque no lo sepas ahora, entre plato y plato hay un espacio de tiempo posible, un intervalo sin comer que es posible ampliar.

Esta metáfora ilustra bastante bien el hecho de que tus pensamientos condicionan absolutamente tu existencia.

Muchas veces, demasiadas, son guisos que te sabes de memoria, de los que ya te has hartado de comer y aún así te los sigues zampando... ¡Y repites!

Realmente eres buen cliente de tu restaurante. Yo diría que con algo de adicción, o mucha, a sus platos, tus pensamientos que te comes sin pausa y que se repiten y repiten.

Y te cuesta tremendamente no comértelos. Crees que no puedes dejar de hacerlo (este pensamiento es un plato típico)

Muchas veces te sientan mal y no te encuentras bien después de comértelos.

Otras veces te los comes sin darte cuenta, uno tras otro, sin pausa, sin apenas respirar. Angustioso ¿no?

Porque no estás prestando atención, no estás presente.

¿Te comerías lo que te fuesen sirviendo en un restaurante sin haberlo pedido?, ¿Sin darte cuenta de lo que te estás comiendo?

No lo harías.

Pero con los platos que te sirve tu cerebro en forma de pensamientos incesantes, recurrentes y cocinados con los mismos ingredientes, sí lo haces.

Y es que te apegas a ellos. Realmente consideras que es la comida que debes comer. 

Y no es cierto. 

No todos, pero muchos no son saludables, y muchos no te gustan. ¡Y te los comes igualmente!

Tú y todo el mundo, salvo las personas que han logrado desarrollar la conciencia plena y la presencia plena, que son capaces de pararse, soltar los cubiertos, respirar...

Desarrollando esas habilidades es posible elegir, es posible desapegarse de esos pensamientos, rechazarlos, porque estando presente sabes lo que estás haciendo y no te vas a comer todo lo que salga de esas ollas, ni vas a estar comiendo todo el tiempo.

¿Por qué hablo de apego? Por la parte de costumbre que conlleva.

Tienes costumbre de comer ese tipo de guiso, costumbre de ese sabor, costumbre de esa textura y costumbre de no cuestionarte si te va bien o no, si lo quieres en ese momento o no lo vas a querer más. Costumbre de seguir comiendo sin detenerte y sin darte cuenta.

Te apegas a tus pensamientos. Tus pensamientos conforman tu realidad subjetiva. Por tanto te apegas a tu realidad. 

A lo que a ti te parece real.

Pensamientos. Muchos de ellos limitantes, saboteadores, pensamientos disfuncionales, perniciosos, que conforman tus creencias y que te comes sin pensar si te limitan o te potencian.

Tu cuerpo habla después y te sientes mal. No quieres sentirte así pero sigues comiendo y comiendo...

Puedes cortar con eso. 

Puedes empezar a identificar lo que no quieres, lo que no te gusta, lo que te limita, lo que te hace daño e igualmente lo que quieres, lo que te potencia y no te hace daño.

Puedes dar nuevas órdenes a la cocina para que cocine platos nuevos. 

Puedes hacerlo y lo harás, porque será más saludable.

No te apegues a esos ingredientes, a esos sabores, a esos guisos que son los que siempre has comido. 

Atrévete a probar cosas nuevas, a rechazar, a sugerir, a cambiar.

No puedes cambiar de restaurante, pero puedes hacer limpieza, reforma y hacer que funcione de otra manera y cocine otros platos distintos.

Eres el comensal y también el dueño del restaurante.

Puedes cambiar y descubrir cosas nuevas, guisos cocinados con ingredientes del presente, cocinados por ti ahora, presente en tu cocina, consciente de los platos y del espacio sin comer entre ellos, que puedes alargar si quieres...

¡Que aproveche!

Jorge Arizcun
Septiembre 2017





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martes, 12 de septiembre de 2017

¡Tú Eres Importante!



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 



Tú eres importante.

Tu existencia lo es. Tu forjas tu realidad y tu destino.

Tienes todo lo necesario, la capacidad y la potencialidad. 

Y la sabiduría.

Nadie puede cuestionarte, ni juzgarte. 

No debes nada a nadie. Tu vida es tuya y tuyos son tus deseos y tus sueños.

Que los condicionantes de tu pasado no te frenen. 

Que no te agarren los brazos del ayer y tiren de ti hacia atrás.

No sucumbas a los cantos de sirenas de las expectativas. 

Sólo están en tu mente.

Siente quien eres. No juzgues para que no te juzguen. 

Mírate con benevolencia porque eres alguien muy valioso, único y especial.

No te quejes ni menosprecies. Nada ni nadie es más que tú.

No te midas por lo que tienes, sino por lo que eres en esencia. 

No te compares porque es absurdo comparar universos y tu eres uno, con la maravillosa complejidad de tu ser, de tu cuerpo físico, de tu parte inmaterial, no comparable a ninguna otra persona, maravillosa en sí misma.

Siéntete parte, conecta con el Todo al que perteneces, del que provienes y adonde regresarás.

Agradece por tu existencia y por tu experiencia. 

Maravíllate por existir y por todo lo que te rodea.

Reconoce las infinitas posibilidades que tienes ante ti y siente la libertad de escoger.

No dejes que nada ni nadie te impida elegir. 

Vive todo lo que puedas, las experiencias, las emociones, sintiendo con el cuerpo y con el alma. 

Déjate guiar por la fuerza superior, la inteligencia que rige el universo y siente su poder, reconociéndote como parte.

Sin ti el todo no estaría completo, no sería todo.

Alégrate por ti y por los demás, que viven su experiencia vital, con sus cielos y sus infiernos. 

Respeta al prójimo, a las otras especies animales y vegetales, al entorno natural. Cuídalo, es tu casa y la de los demás seres vivos.

Piensa que lo extraordinario es vivir, la vida, de la que sólo tenemos noticia aquí, en este modesto planeta. 

No sabemos de más vida, ni si se repetirá.

Respeta la memoria de los que partieron antes. Viviendo, riendo, aprendiendo, gozando, cambiando, sintiendo.

Eres importante. Lo más importante de la creación para ti. 

Créete el privilegio de vivir y desde ahí camina. 

Respira, yérguete, observa, aprende y no te pares. No te han hecho para ser inerte. 

Eres puro cambio, constante vida y muerte. Siéntelo al respirar. 

Visualiza ese complejo sistema de sistemas que eres. Un milagro de la evolución.

Y no creas las voces internas o externas que pretendan simplificarte, etiquetarte y hacerte algo pequeño. 

Son mentira.

Eres mucho más y mejor de lo que a veces crees o te hacen creer. 

Siente lo que eres, siente que estás y que eres importante. 

Lo más importante.

Jorge Arizcun
Septiembre 2017





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lunes, 4 de septiembre de 2017

¡Hay sitio!



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Estás al volante de tu coche, dando vueltas y vueltas buscando aparcamiento.

Circulas cambiando de calle, girando a derecha y a izquierda, procurando no alejarte mucho del lugar al que quieres ir.

Quieres aparcar cerca. Normal. Se supone que si vas en coche es para estacionarlo cerca.

Te desesperas. No hay sitio.

Y sigues buscando.

En un momento dado, cuando te estás acercando a una intersección, aparece un coche que se incorpora a la vía por la que tu vas, delante de ti.

Enseguida te das cuenta de que anda buscando también sitio para aparcar su coche.

Vaya, piensas de forma inconsciente, o consciente... Competencia.

Claro, hay más como tú, haciendo lo mismo que haces tú. Tratando de aparcar. Y este ahora se ha colocado delante.

De repente se encienden las luces de freno del coche que te precede y pone el intermitente deteniéndose. 

Un coche más adelante está saliendo y dejando un hueco libre para aparcar... en el que va a hacerlo el coche que se puso delante, ahorta detenido y señalizando con el intermitente la maniobra que tu estás deseando hacer.

El intermitente te parece una señal  que rítmicamente te dijera: "voy-a-a-par-car-y-tú-no-ja-ja-ja..."

Te lo imaginas y te mosqueas. Notas como te sobreviene la ira y empiezas a pensar y después a soltar improperios contra el conductor o conductora (no sabes qué tipo de persona es) y contra el coche que conduce.

Si pudieras verte..., tomarías conciencia de lo absurdo de tu reacción.

Percibes la situación como algo negativo, como algo que esa persona y ese coche que apareció de la nada y se incorporó por delante de ti, te ha hecho personalmente, para joderte. Tuvo su oportunidad

La situación no es negativa ni positiva. Es así. 

La buena noticia es que ¡Hay sitio! y puede aparcarse. El hecho, ni bueno ni malo, es que este concretamente que queda ahora libre es para el coche que está detenido delante esperando para maniobrar.

Hay sitio. Es posible aparcar.

No sabes si la persona que conduce el coche que tienes delante con el intermitente puesto ha llegado y "besado el santo" como suele decirse, es decir ha llegado y de inmediato se ha encontrado con que ese coche sale.

No sabes si en cambio lleva mucho tiempo dando vueltas y al fin ha tenido su oportunidad.

No sabes si se ha tenido que alejar mucho del lugar al que quiere ir cuando estacione el coche.

No sabes nada. Sólo que otro coche se va en el preciso momento en el que este que tienes delante pasaba y que el sitio por tanto es para él.

Pero tu mente especula e inventa.

Podría no haberse dado cuenta y haber pasado de largo, pero el caso es que no lo hizo.

Podría ser alguien de paso o que acabara de ponerse en marcha dejando el sitio a otro coche y se estuviera marchando de la zona.

O alguien con alguna discapacidad que estuviera buscando otro tipo de estacionamiento especialmente señalizado y libre pera personas como ella.

Todo es posible. Pero ahí estás tú, acordándote de sus ancestros y profiriendo juramentos hasta en Arameo.

Sólo es la evidencia de que ¡Hay sitio! Sólo eso. 

Podría no haberlo y que nadie se moviese en horas.

Eso no ocurre normalmente. Lo normal es que haya sitio. Puede tardar más o menos pero hay. Las oportunidades aparecen, para todos.

Pero el sitio aparecerá cuando aparezca, no cuando tú quieras. Cuando te toque. 

Has de moverte y dar las vueltas necesarias, decidiendo en cada cruce si seguir recto o virar. 

Llegará. Ahora le ha llegado al coche de delante. Perfecto. Es para él. Alégrate.

Es su momento de aparcar. El suyo. Tras su espera, sus vueltas y revueltas. Más o menos lejos de su destino. Pero suyo, el que le tocaba.

Y ya está. Quédate con eso y deja de lamentarte por la suerte de los demás, que no es más que lo que les ha llegado con el mismo merecimiento que el tuyo.

Espera pacientemente a que el coche que te precede aparque, Su intermitente no te habla, sólo señaliza la maniobra.

No conoces a la persona que va al volante ni sabes nada sobre su vida ni sobre su momento vital.

Déjate de lamentos y sigue circulando. Tu sitio saldrá a tu encuentro. Presta atención. No sabes si algún otro te lo pasaste por no estar a lo que tenías que estar. 

Quizás pensando en que no hay sitio y todo lo derivado de ese pensamiento limitante.

Hay sitio. Seguro. Ve a por él.


Jorge Arizcun
Septiembre 2017





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jueves, 24 de agosto de 2017

¿No me das Miedo!



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 




Hoy quiero hablar sobre el miedo.

Esa emoción tan potente, tan presente y que tanto nos condiciona.

Al contrario de lo que puedes pensar, el miedo no es algo malo en sí mismo.

Las emociones no son buenas ni malas. Son útiles o inútiles, saludables o no saludables, en función de que nos sirvan para adaptarnos o no.

Ante los estímulos generas los pensamientos y estos generan en ti las emociones.

¿Qué son?

Son esos estados físicos resultantes de alteraciones fisiológicas que nos preparan para dar una respuesta a ese estímulo, externo o interno.

El miedo es una de las emociones básicas y una de las más útiles para esa parte primitiva de nuestro cerebro, situado en el tallo encefálico y que se conoce como cerebro reptiliano y que se ocupa de nuestra supervivencia.

Si te ataca un oso o un león, o te encuentras en una situación de riesgo cualquiera, caminando al borde de un abismo o en medio de un mar embravecido, el miedo es una emoción muy valiosa.

Desencadena respuestas fisiológicas necesarias para tu supervivencia, activando mecanismos físicos que provocan cambios increíbles en tu organismo en muy poco tiempo, para ponerlo en la mejor disposición posible para enfrentar esas amenazas externas, reales.

Pero ocurre también que esas respuestas fisiológicas pueden desencadenarse ante acontecimientos generados por nuestra mente, los estímulos internos.

Osos, leones, acantilados, tempestades, catástrofes... IMAGINARIOS.

Ante la pregunta de ¿por qué los miedos pueden paralizarte de tal forma que no eres capaz de reaccionar ante los problemas? la respuesta es que una de las consecuencias físicas que pueden desencadenarse ante la aparición del miedo es la paralización, el bloqueo.

Si el peligro es caerte al vacío, detenerte en seco sería una respuesta adaptativa adecuada.

Si te atacase un animal, podría ser todo lo contrario. Lo más adaptativo probablemente sería huir (aunque en determinadas circunstancias quedarte inmóvil podría ser lo mejor)

¿Y ante una amenaza interior, cuando el peligro percibido o intuido está solo en tu mente?

Miedo al futuro, al cambio..., la emoción es desencadenada por pensamientos de posibilidades futuras que percibimos como amenazantes. Tu voz interior te cuenta cosas que te provocan miedo.

En estos casos la mejor respuesta adaptativa es ACTUAR.

La acción es el único camino de evolución posible para adaptarte a situaciones de cambio, que son oportunidades para evolucionar.

Ante las oportunidades tienes dos opciones: 

- Quedarte donde estás, con lo que nada ocurrirá y la oportunidad no se materializará.

- O ponerte en marcha, aún con la incertidumbre, para crear algo nuevo y distinto.

La incertidumbre es no saber, es lo que hay fuera de nuestra posición actual conocida. No sabes qué va a ocurrir y te da miedo.

La certidumbre es estar en terreno seguro, sin miedo a que las cosas salgan mal.

La paralización es no querer salir de ahí. No es una respuesta evolutiva.

No permite el cambio.

Y te quedas haciendo lo mismo que hacías, esperando que ocurra algo distinto...

Visto todo lo anterior, ¿no crees que es mejor ponerse en marcha y salir de esa zona inerte de certidumbre?

Con miedo, Sí. Pero no hacerlo es rechazar la oportunidad y quedarte igual.

El cambio, aunque lo temas, te da esa oportunidad de crear algo nuevo, algo distinto para ti.

Los problemas son oportunidades. Son empujones que te da la vida para avanzar, para evolucionar.

Cuando decimos: "ante un problema, una solución"  Solución = Acción

No hay otra. La acción es el motor.

Y la energía que alimenta ese motor es la actitud, que es tu capacidad para sacar lo mejor de ti, con lo que tienes, identificando lo que te está pasando, mirándolo directamente.

Así que el miedo es una emoción que puedes y debes usar en tu beneficio. Para sobrevivir y para evolucionar.

Míralo de frente y dile: "GRACIAS, no me das miedo"

Y si te ataca un oso ¡sal corriendo!


Jorge Arizcun
Agosto 2017





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lunes, 21 de agosto de 2017

Las Cosas


    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Las cosas están como están y son como son...

Las cosas. ¿Qué cosas?

¿Todas las miles de cosas que conforman nuestra percepción de la vida? 

Pues sí. Son como AHORA son.

Pero no todas están igual. Cada una está como ahora está.

Ahora, siempre ahora.

Nada es mejor ni peor en sí mismo, nada. Simplemente es.

Cómo nos parezca que es, ya es otra cosa. 

Y es cosa de nuestra mente.

Puede que ahora veamos algunas cosas de cierta forma y en próximos ahoras las veamos de forma distinta.

Por tanto, es nuestra mente y nuestra percepción de las cosas las que determinan que "son" o "están" de una u otra forma. 

Más bien que están, porque ser implica sólo eso, existir, sin más, sin etiquetas ni juicios.

Lo bueno de todo esto es una cosa: Que el hecho de percibir las cosas e incluso juzgarlas implica que nosotros somos, que estamos aquí, vivos y que podemos percibirlas.

Y esto no es poco. 

Piensa por un momento en ello. 

Todos deberíamos pararnos a pensar en lo que significa poder pensar, independientemente de lo que sea que pensemos.

Independientemente de las cosas y el juicio que podamos tener sobre ellas. 

Poder hacerlo significa que estamos vivos y que podemos ser conscientes.

Muchas veces la vida se va pasando entre pensamientos, juicios, comparaciones, vueltas y revueltas en un plano meramente superficial. 

Un poco más profundamente está la consciencia. 

En ese plano más profundo “las cosas” no son lo importante. Las cosas están en el exterior.

Al despertar a la consciencia, nos situamos inmediatamente en el ahora y podemos observar cómo y sobre qué pensamos.

Y surge esta reflexión que estoy compartiendo sobre el hecho de poder pensar, que es muy relevante.

Descartes decía: "cogito ergo sum"“pienso, luego existo”, "pienso luego soy"

Pero es al revés: Primero Soy y después pienso. 

Vamos desde lo profundo del Ser hacia lo superficial del pensamiento.

Primero soy y desde esa consciencia de existir puedo observar lo que sucede en un plano más superficial, que es en donde se encuentran los pensamientos.

Las cosas no son más que como nosotros las vemos. 

Existen porque las pensamos. 

Dije que son como son, pero es que ¡a lo mejor ni son!

Fíjate que podemos estar sufriendo por cosas que ni son, que ni están…, ni se las espera.

Así que volviendo al principio, ni las cosas están como están, ni son como son.

Están porque hacemos que estén y son porque queremos que sean. Así de simple.

Y además, son como queremos o decidimos verlas, sean cuales sean esas cosas, si es que son realmente y no un invento de nuestra mente, que tiene mucha imaginación.

En cualquier caso, sin más trabalenguas, detente y observa, desde dentro. 

No son las cosas las que están mal o bien. Son pensamientos. Todo son pensamientos.

Sin juicios, ni comparaciones con experiencias pasadas o que te contaron, sin expectativas, solo queda lo único posible, el ahora. 

Sin más, sin bien ni mal, sin cosas buenas o malas.

Vive, experimenta, ahora. Sin juicios ni valoraciones. 

Y pregúntate: ¿cosas?, ¿qué cosas?

Jorge Arizcun
Agosto 2017





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