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viernes, 13 de diciembre de 2019

Volando



Acompañamiento para gestión del cambio



Cuando tienes sentimientos de abundancia y bienestar, la configuración de la realidad se ajusta a esos parámetros y tu vida se vuelve abundante y placentera.

No quiere decir que todo sea de color de rosa, ni que todo sea perfecto, pero como las cosas no son perfectas o imperfectas, buenas o malas, sino que "todo depende del cristal con que se mira" la percepción de la realidad que solo es, no de determinada forma, viene condicionada por el cristal, con el filtro a través del cual la ves.

En el caso de que esa lente sea la de la abundancia y el bienestar, la percepción será la del vaso medio lleno.

Desde esa percepción se te mostrará una realidad acorde con esa visión, que genera pensamientos y emociones alineadas con ella. Así que verás el vaso medio lleno y no medio vacío, que correspondería a una percepción de escasez y malestar.

¿Cómo sintonizar con esa percepción positiva? Hay una técnica, sencilla, que es la del Decreto.

Un decreto es una afirmación que has de elaborar de forma consciente y repetirla. Es como una señal lanzada al Universo, personalizada, en presente y con la conciencia de ser una realidad ahora y el agradecimiento por serlo.

Un ejemplo, que yo uso, para este mensaje poderoso de sintonización con la realidad vista desde ese prisma:
Como debe ser en primera persona y personalizado, es decir, que se refiere a ti y solo a ti, el comienzo del decreto deberá ser: "Yo, tu nombre y apellidos, y la afirmación.

Mi ejemplo: Yo, Jorge Arizcun Ceñal, tengo abundancia y salud
Y añades: Desde que tengo memoria.
Para que la afirmación se materialice en presente y se proyecte hacia el futuro, continúas con: Así sea, así es, está hecho.
Para terminar es necesario agradecer por esa realidad, símplemente. uno o varios Gracias.

El decreto queda así:
Yo, Jorge Arizcun Ceñal, Tengo abundancia y salud desde que tengo memoria. Así sea, así es, está hecho. Gracias, gracias, gracias.

Un decreto se asienta repitiéndolo, cuantas más veces mejor y durante días. Puedes hacerlo en voz alta o baja, como una oración, o bien pensando la frase conscientemente.
 
Ese mensaje es recogido por la inteligencia superior, el Universo, Dios, o como cada cual quiera denominarlo y la respuesta llegará.

Otra cosa importante es tener fe y no albergar expectativas. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. La expectativa supone tratar de condicionar la respuesta, pero eso no puede hacerse. Hay que creer y soltar. Esa respuesta vendrá en la forma que haya de venir.

Sintonizar con la frecuencia correcta viene determinado por la repetición. Nuestro cerebro se "programa" y se sitúa en esa frecuencia. La realidad se ve modulada y se alinea con la afirmación y la respuesta llega. En el modo correcto.

Este ejercicio es poderoso y logra transformar la realidad. 

El decreto es lo que quieres, lo afirmas sin pedirlo, lo fijas al presente y lo agradeces. Nada más. Cientos de veces, cada vez que te acuerdes, cada vez que puedas.

Yo lo hago mucho durante el camino en moto a mi trabajo, en momentos en los que necesito calmar la mente y re-sintonizar con mi presente, antes de dormir, cuando me ducho, paseando con mi perra..., siempre que es posible.

Y ¿qué puedo contar? Pues que funciona. Y funciona porque combina varias disciplinas en una. La fe, la ley de la atracción y el Ho'oponopono.Que realmente vienen a surtir el mismo efecto.
Palabras de alta vibración, como "Gracias" que repetidas actúan como llave, como código de apertura. La ley de la atracción dice que lo que pides se te da, pero es una interpretación. Más que pedir, se trata de afirmar. El cerebro entiende de afirmaciones en presente y en positivo y el Universo, o Dios que es la extensión de nuestra mente, también.

La abundancia aparece en la realidad y el bienestar también. Como es una percepción, lo es independientemente de la expectativa o de la idea prefijada que tengas sobre ambas cosas.

Con la sintonía correcta podrás ser abundante con mucho o con poco, el filtro estará puesto y todo será abundancia. Con la salud y el bienestar también.
Aunque tengas o contraigas una enfermedad, tu percepción enfocará a la parte positiva de lo que sea que aparezca en tu presente y lograrás fijarlo ahí.
 
En mi caso, puedo contar que tras una etapa de mi vida oscura, difícil, con pérdidas, con la salud mental mermada por un estado depresivo, con desesperanza, miedo, angustia, sentimientos de escasez, pensamientos de pobreza y malestar, inicié con la guía y la ayuda de ese algo superior a mi, que yo denominó Espíritu Santo, un camino de autoconocimiento, complementado por un proceso de coaching (acompañamiento a la acción) y por estudio y lecturas relacionadas con el crecimiento personal, el mismo coaching, el ho'ponipono, el mindfulness, meditación, el tratamiento de la ansiedad mediante acupuntura y terapia holística oriental, que lograron que fuese reduciendo paulatinamente la medicación química (ansiolíticos y antidepresivos)

Poco a poco, trabajando a diario, escribiendo, acudiendo a terapia psicológica y con fe y trabajo personal, llegue al punto en el que tomé contacto con esta poderosa herramienta que es el decreto y lo puse en práctica.

También lo he simultaneado y lo sigo haciendo con la repetición de palabras de alta vibración, que es el Ho'oponopono, la práctica de la atención plena (mindfulness) y la oración, que en realidad se complementan y finalmente son todo en uno.

¿Y qué ha ocurrido? Pues algo sorprendente. Todas las facetas de mi existencia se han ido arreglando, una por una, y se ha asentado un sentimiento de abundancia, salud, bienestar y gratitud que hacen que vea mi realidad ahora llena de presentes, en el sentido de regalos y en el sentido de aquí y ahora. 

Presentes en presente. Creo que muchos ya estaban ahí pero no podía ser consciente de ellos. 

He logrado, y tú también puedes hacerlo, despertar a una realidad que me sorprende, positiva, de abundancia y bienestar. En paz e independiente de los acontecimientos, de lo material y de lo externo. 

Este modo mental logra que aprecie lo externo como abundante y mi organismo, la parte material que me transporta y me conecta con el exterior, como saludable.

Hoy, y de ahí el título de esta entrada, me encuentro volando, en este preciso instante en el que estoy escribiendo. Estoy en un avión, rumbo a las Islas Canarias, tras haberme casado hace unos días, con una persona a la que en un modo mental distinto, aunque hubiese aparecido en mi vida, simplemente no habría visto.

Disfruto de una estabilidad laboral, en un trabajo y una empresa que me encantan, de una estabilidad familiar, personal y económica cada vez mayor y con unas perspectivas buenas, aunque sin expectativas. 

Sí con intención y enfoque, pero sin expectativas. Porque lo que tenga que ser, será y será bueno y correcto.

Vuelo hacia mi destino, que en este preciso momento se reduce a volar. Nada más.

Tú también puedes, da igual de donde partas. Trabaja en ti, aprende, escucha, respira, conecta, cree y construye tu decreto.

Y repite, repite, repite...

Ten fe y agradece. 
Todo el tiempo. 

Tu realidad se va a transformar y como yo, volarás.
Buen vuelo.





jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué te estás comiendo?



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Tu realidad es conformada por tus pensamientos.

Pensamientos que te vienen incesantes y que se cocinan en las ollas de tu cerebro (quizás de ahí la expresión de "se me va la olla"...)

Los pensamientos están hechos de ingredientes diversos que los conforman, unos pensamientos con más ingredientes y otros con menos.

Aspectos que influyen en el tipo de pensamiento, en el guiso que saldrá de esas ollas que nunca paran de cocinar. 

Aspectos de experiencias del pasado, influencias de personas, de lugares, culturales, morales, religiosos, heredados, vivencias reales e imaginarias, etc. 

Ingredientes que hacen que el resultado del guiso sea característico de tu cocina particular.

Una vez cocinados están listos para consumirlos y el comensal fijo de tu restaurante cerebral eres tú. 

El principal cliente, el que disfruta o padece los platos, que van saliendo sin que los pidas y que tienes la libertad de comer o no, aunque con demasiada frecuencia te los comes enteritos, aunque te sienten mal.

Y aunque no lo sepas ahora, entre plato y plato hay un espacio de tiempo posible, un intervalo sin comer que es posible ampliar.

Esta metáfora ilustra bastante bien el hecho de que tus pensamientos condicionan absolutamente tu existencia.

Muchas veces, demasiadas, son guisos que te sabes de memoria, de los que ya te has hartado de comer y aún así te los sigues zampando... ¡Y repites!

Realmente eres buen cliente de tu restaurante. Yo diría que con algo de adicción, o mucha, a sus platos, tus pensamientos que te comes sin pausa y que se repiten y repiten.

Y te cuesta tremendamente no comértelos. Crees que no puedes dejar de hacerlo (este pensamiento es un plato típico)

Muchas veces te sientan mal y no te encuentras bien después de comértelos.

Otras veces te los comes sin darte cuenta, uno tras otro, sin pausa, sin apenas respirar. Angustioso ¿no?

Porque no estás prestando atención, no estás presente.

¿Te comerías lo que te fuesen sirviendo en un restaurante sin haberlo pedido?, ¿Sin darte cuenta de lo que te estás comiendo?

No lo harías.

Pero con los platos que te sirve tu cerebro en forma de pensamientos incesantes, recurrentes y cocinados con los mismos ingredientes, sí lo haces.

Y es que te apegas a ellos. Realmente consideras que es la comida que debes comer. 

Y no es cierto. 

No todos, pero muchos no son saludables, y muchos no te gustan. ¡Y te los comes igualmente!

Tú y todo el mundo, salvo las personas que han logrado desarrollar la conciencia plena y la presencia plena, que son capaces de pararse, soltar los cubiertos, respirar...

Desarrollando esas habilidades es posible elegir, es posible desapegarse de esos pensamientos, rechazarlos, porque estando presente sabes lo que estás haciendo y no te vas a comer todo lo que salga de esas ollas, ni vas a estar comiendo todo el tiempo.

¿Por qué hablo de apego? Por la parte de costumbre que conlleva.

Tienes costumbre de comer ese tipo de guiso, costumbre de ese sabor, costumbre de esa textura y costumbre de no cuestionarte si te va bien o no, si lo quieres en ese momento o no lo vas a querer más. Costumbre de seguir comiendo sin detenerte y sin darte cuenta.

Te apegas a tus pensamientos. Tus pensamientos conforman tu realidad subjetiva. Por tanto te apegas a tu realidad. 

A lo que a ti te parece real.

Pensamientos. Muchos de ellos limitantes, saboteadores, pensamientos disfuncionales, perniciosos, que conforman tus creencias y que te comes sin pensar si te limitan o te potencian.

Tu cuerpo habla después y te sientes mal. No quieres sentirte así pero sigues comiendo y comiendo...

Puedes cortar con eso. 

Puedes empezar a identificar lo que no quieres, lo que no te gusta, lo que te limita, lo que te hace daño e igualmente lo que quieres, lo que te potencia y no te hace daño.

Puedes dar nuevas órdenes a la cocina para que cocine platos nuevos. 

Puedes hacerlo y lo harás, porque será más saludable.

No te apegues a esos ingredientes, a esos sabores, a esos guisos que son los que siempre has comido. 

Atrévete a probar cosas nuevas, a rechazar, a sugerir, a cambiar.

No puedes cambiar de restaurante, pero puedes hacer limpieza, reforma y hacer que funcione de otra manera y cocine otros platos distintos.

Eres el comensal y también el dueño del restaurante.

Puedes cambiar y descubrir cosas nuevas, guisos cocinados con ingredientes del presente, cocinados por ti ahora, presente en tu cocina, consciente de los platos y del espacio sin comer entre ellos, que puedes alargar si quieres...

¡Que aproveche!

Jorge Arizcun
Septiembre 2017





Sígueme en twitter: @jarizcun


domingo, 13 de noviembre de 2016

Percepción Temporal


                     Acompañamiento para Gestión del Cambio


Un lugar cualquiera del tiempo.

Da igual 2016 que 3146. Es un número. Una referencia temporal que no influye en el momento presente, que es en sí mismo. 

No necesita el pasado ni el futuro, porque ninguno de los dos es.

Es un mes del año ahora.

En mi esquema mental temporal los meses se sitúan a modo de una cinta métrica y tienen diferentes tonos y luces.

Es una cinta temporal que yo veo en perspectiva. Desde arriba pero en un lateral, para mi el izquierdo, de manera que enero queda a mi derecha y diciembre a mi izquierda. 

Yo lo veo como en una pequeña cuesta arriba, con enero más próximo y diciembre más lejano. A medida que van pasando los meses es como sí me aproximara y me situara cerca del mes en curso, aunque viendo los próximos y los pasados. 

Sí pienso en años todo se aleja y tengo esa perspectiva...

Y es todo una recreación mental. En mi mente es así y en la de cada cual será de otra manera distinta.

La época de fin de año la veo como sí fuese de noche, el invierno después de la Navidad para mi es blanco y va cambiando la luz y el color a medida que avanza hacia el verano. 

Pero es algo onírico, impreciso. Es mi mente. Y supongo que podría cambiarlo, aunque nunca hasta ahora me lo he planteado.

¿Por qué asocio esas imágenes a los meses, las estaciones, las semanas? ¿por qué esos colores y esas luces cambiantes?

Todo viene determinado por cómo he percibido el tiempo a lo largo de mi vida y por las vivencias que evoca cada etapa del año. En una repetición invariable, siempre la misma.

Ahora creo que es un rollo, que sea siempre igual. Así que, como es una recreación mental mía, basada en mi aprendizaje y en mi experiencia vital, decido ahora cambiarla. 

Puedo hacerlo. No será fácil, pero estoy convencido que será un magnífico ejercicio para desprogramar esa visión del tiempo, subjetiva.

¿Y cómo puedo cambiarla?
Hay dos formas de percibir el tiempo: con una percepción horizontal, que es la normal y que es la que yo percibo, o percibía hasta ahora. Y otra vertical.



En la horizontal podemos decidir estar en el centro y a un lado el pasado y a otro el futuro. Y en la vertical, sólo podemos estar en un lugar, el presente, pero en un nivel de conciencia más alto o más bajo.


¿Qué sentido tiene dar una dimensión horizontal a la percepción temporal?, ¿perspectiva? Bien, es una opción, pero puede inducirnos a salirnos del centro, e inclinarnos a retroceder o avanzar, lo cual es una distorsión, porque no se puede retroceder ni avanzar en el tiempo. 


Sólo se puede ser en este preciso instante. Momento a momento, sólo se es en el presente, sólo se está vivo ahí.

Lo otro es recreación mental, como la imagen lineal que he descrito, que puede imaginarse de mil formas y colores.

En la percepción vertical, sólo existe el ahora, el momento. Y la intensidad de la vivencia, de la conexión con ese ahora es la escala.


Siempre hay distracción mental, pero en este caso relacionada con el presente. Más bien, a mi modo de ver, tiene que ver con la mayor o menor distorsión respecto a ese presente. 

Y depende de si nos situamos en la superficie, es decir en el exterior, o en lo que hay debajo (como en un iceberg) es decir, en el interior. Tiene que ver con la vibración y la sincronización. A mayor vibración, mayor sincronización y mejor conexión con el YO, con la esencia, con  la inteligencia universal.

Cuanto menor vibración, menos sincronización y más lejos de ese YO. Pero en el presente.

Ya voy enrollando la cinta que hasta ahora recreaba mi percepción temporal. 

No hay antes ni después. 

No hay meses ni estaciones. 
No hay recuerdos distorsionados ni expectativas. 

Es un mes del año. 
No es verdad que el año nuevo "ya está aquí" porque no existe aún. Ni sé si existirá, ni nada de nada respecto al futuro. 

Si me imagino previamente la Navidad, tiro de recuerdos, de lo que mi mente puede proyectar como idea de la Navidad. 

Es una pérdida de tiempo y mientras se ocupa de eso, me distrae de hoy, de ahora, que es en donde soy y en donde sólo puedo ser.

Miro mi ahora de arriba a abajo y me sitúo en él. Y me toca trabajar mi presencia, mi vibración y profundizar. No hay más.

No es un mal cambio, no es un mal ejercicio, de hecho es el único ejercicio que puede provocar cambios en mi. 


Lo demás es mi mente inventando y sinceramente, ya estoy algo harto de inventos...


Jorge Arizcun 
En algún momento...