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lunes, 30 de enero de 2023

Donde hay patrón...

 

    Acompañamiento para Gestión del Cambio 





Esta frase que todos conocemos, o la gran mayoría, se refiere al mundo de la náutica y la marina. Pero es extensible a todos los ámbitos organizativos en los que existe una escala jerárquica.

En las organizaciones más evolucionadas que han adoptado organigramas planos, esta frase tiene una aplicación muy relativa e incluso no tiene aplicación ninguna, al haberse implementado modelos colaborativos plenos, con un trabajo intenso en la gestión de los equipos y el fomento de la responsabilidad.

Pero lo diferencial, lo que hace que estos modelos tengan éxito, es el trabajo en la actitud de los miembros de esos equipos que lideran en sus parcelas de responsabilidad y lo hacen también cuando, debido a la arquitectura de esos organigramas, deben asumir responsabilidades diversas, dentro del modelo colaborativo propuesto. Todos los miembros del equipo están para todos y todos comparten el liderazgo y la responsabilidad.

Ante una dificultad o un fracaso, todos los miembros del equipo asumen la responsabilidad, que es compartida. 

En este tipo de equipos, cuando se relacionan con otros equipos en un plano más amplio, logran coordinarse de una forma engrasada y sin fricciones. La visión de la organización indica el camino y los miembros de los equipos que interactúan, generan un equipo más grande, con la misma premisa colaborativa y de responsabilidad compartida.

En este tipo de organizaciones no hay cabida para lo que se denomina "escurrir el bulto", "mirar para otro lado", "eludir responsabilidades", "procrastinar", "escaquearse"..., en definitiva, no hay empleados o responsables estrella. No se mira a ninguno de los miembros en especial, salvo al que por circunstancias o cronograma del proyecto, haya asumido la responsabilidad y el liderazgo de esa etapa o fase concreta, con el consenso del resto. Pero este tipo de responsabilidad no es de jefatura sino de coordinación. 

No existe el "eso no es mi parcela", "esto corresponde a fulano o a fulana", no. Porque es cosa del equipo. La comunicación fluye en horizontal con la certeza de que todos los integrantes del equipo son conocedores de la información, de que el nivel de competencia es el mismo en todas las personas y que aunque existan especializaciones concretas en determinadas parcelas de gestión, cualquiera está capacitado para ocuparse de cualquier asunto, aunque el nivel competencial no sea el mismo. 

Es un modelo en el que no existe ese "ya te envié un mail", porque no se elude la responsabilidad y aunque se haya enviado un mail a otro miembro del equipo, eso no significa que me quito el asunto de encima, que lo paso y paso. No. En este modelo no se delega, se colabora y el envío de un mail es el inicio de una colaboración. 

Pero este modelo es utópico para muchas organizaciones, para la mayoría. Porque las inercias son en demasiadas ocasiones insalvables y los cambios hacia otros modelos, debido a esas inercias resultan tremendamente difíciles. 

Puede que algunas personas dentro de las organizaciones se vean con fuerza, energía y talento suficientes para dar un paso al frente e intentar iniciar ese camino, comenzando por convencer al escalafón superior del organigrama que se pretende aplanar. Son conscientes de las barreras que se van a encontrar, de las dificultades, de que pueden ser percibidas como una amenaza. 

La idea de estas personas puede ser brillante y puede escalar a esas estancias superiores. Puede también ser aprobada y puesta en marcha. Y ahí comienza el trabajo titánico de convencer a compañeros y tratar de implementar el modelo poco a poco. Estas personas tienen una dificultad añadida y es que además de su trabajo y responsabilidades habituales, de su día a día, tienen ese otro de implementación del nuevo modelo, que supone no sólo un trabajo de diseño del mismo, sino su puesta en marcha, hablando con el resto de miembros, convenciendo, creando procedimientos nuevos, estableciendo los objetivos, las formaciones, el seguimiento, los indicadores, los métodos de medición, reuniones, pruebas y errores..., en definitiva, un trabajo multidisciplinar, simultaneado con el trabajo habitual.

La alarma se ha creado, las personas construyen sus defensas, la dirección se impacienta y el proyecto se ve zarandeado desde muchos lados. Si no ocurre nada extraordinario que desestabilice el devenir habitual de la gestión, el proyecto puede ser viable. Pero si en ese periodo crítico de implementación ocurre algo imprevisto y de suficiente alcance, el proyecto de cambio, por muy bueno que sea en la teoría, ve acortados sus plazos radicalmente y la inercia se convierte en una corriente de arrastre casi imposible de vencer.

El imprevisto o la circunstancia alterante de la gestión, casi de forma mágica se percibe como consecuencia directa del intento de implementar el nuevo modelo, atribuyéndose responsabilidades directas a quien o a quienes trataban de llevarlo a cabo, sin dar apenas tiempo casi ni para empezar. El día a día se complica debido a esas circunstancias e imprevistos y el proyecto se cae, se desmantela, cayendo como un castillo de naipes, que es como era apreciado por casi todos en el fondo.

La dirección recula y la inercia se adueña de nuevo de la gestión. 

Y en general todas las personas que miraban con recelo ese cambio, que como todos los cambios tiene el rechazo de antemano, respiran tranquilas, de nuevo seguras en lo conocido, en lo que "siempre se ha hecho", en "lo que funciona"

Y la dirección recupera con fuerza su papel de ordeno y mando. Como debe ser. 

Aunque hay organizaciones que lo logran, que vencen la inercia y se despojan de la caspa y el polvo de la inercia. Que se reinventan y que de la mano de esas personas soñadoras y molestas, que tratan de cambiar las cosas, los paradigmas y los viejos modelos, implementando no sin dificultad ese modelo colaborativo y evolucionado que supone de verdad un valor diferencial interno y externo.

Pero en las organizaciones, como en los barcos, donde hay patrón no manda marinero. Eso del liderazgo compartido, del modelo colaborativo, de la responsabilidad compartida, del todos a una, de la delegación eficaz por parte de la dirección, de la misión y la visión asumidas por todos los miembros, son experimentos. La disrupción es para otro tipo de organizaciones. Para determinados sectores tecnológicos o digitales... Demasiado moderno. Mejor lo conocido. Déjate de inventos.

Y esas personas soñadoras y valientes, las que tiran del carro y a la mínima les pasa el carro cargado de inercia por encima, se quedan en el camino a la espera de otra oportunidad de poner su talento de nuevo al servicio del cambio, convencidas de que encontrarán cómo, dónde y con quién. Entretanto, algo más grises, se pliegan al conocido ordeno y mando, de nuevo como uno o una más de la tropa de marinería, haciendo lo que siempre se ha hecho, lo que funciona (aunque no lo haga muy bien) y navegando en la inercia, cumpliendo órdenes.

Soñando, en los momentos de respiro de las tareas de siempre, con otras maneras, otros sistemas, otros modelos, otras personas..., suena la sirena de incorporación al servicio y de cumplir las órdenes sin cuestionarse nada. La "única forma" de llegar a buen puerto. La navegación de toda la vida, vamos.

Señor, sí señor!!


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Enero 2023



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martes, 1 de noviembre de 2022

Pereza y procrastinación

 

  Acompañamiento para Gestión del Cambio 


¿Por qué tenemos pereza para hacer cosas que son beneficiosas para nuestra vida?

Por ejemplo, el ejercicio físico que contribuye notablemente a nuestra salud. O la práctica de la meditación, que fomenta el equilibrio, la calma y nos ayuda a estar presentes. O el ejercicio intelectual, el conocimiento (leer, estudiar…)

Nadie puede poner en duda que el deporte es salud física. Nadie puede poner en duda la importancia de una buena salud física, de una buena salud mental y una buena salud social. Salud es esas tres cosas, a las que podemos añadir el aspecto trascendental de nuestra existencia, que también es muy importante.

Gran parte de la población no se ocupa de su salud a través del deporte, la alimentación, el descanso, el equilibrio, el autocuidado, las relaciones saludables y el desarrollo intelectual y de las destrezas que fomentan nuestra competencia a todos los niveles.

La razón que se da es principalmente la falta de tiempo. Yo añadiría la escasa o nula motivación e interés.

La falta de tiempo deja de ser excusa si existe interés y motivación suficientes.

¿Cuántas veces comenzamos a cuidarnos física y mentalmente por prescripción médica, o cuando no hacerlo provoca problemas familiares, sociales o laborales?

Cuidarse físicamente crea las condiciones para el resto de aspectos, el mental y el social. Y nos disciplina, con lo que gestionamos mejor nuestro tiempo y combatimos la pereza.

La realidad es que procrastinamos y buscamos excusas No se trata de falta de tiempo, sino de su deficiente gestión, de nuestra tendencia a procrastinar, que es un hábito que podemos quitarnos si nos ponemos a ello.

Claro que la falta de tiempo y motivación son la excusa perfecta para seguir procrastinando, lo que da lugar a un círculo vicioso en el que finalmente no tenemos tiempo ni ganas para luchar contra la procrastinación. Procrastinamos dejar de procrastinar.

El verbo procrastinar significa "diferir", "posponer", "aplazar" y proviene del verbo latino procrastināre, formulado por el prefijo pro-, que remite a “adelante”, y el término crāstinus, por “día siguiente” o “mañana”.

¿Sabes que gran parte de la gente se considera procrastinadora crónica, con un hábito firmemente asentado? (uno de cada cinco adultos es procrastinador severo y la mitad de los estudiantes también manifiesta importante severidad en este hábito. Es mucha gente)

Lo que seguramente no saben es cómo la procrastinación, dejar para después o para mañana las tareas, es una causa importante de estrés, ya que supone el motivo de no pocos problemas, al ser tremendamente contraproducente en el ámbito profesional y en el personal, suponiendo una distorsión de nuestra percepción de la calidad de vida (creemos que tiene mayor calidad nuestra vida si posponemos tareas que no nos apetecen, nos aburren o no nos motivan por su dificultad o por su escasa dificultad)

El hábito de la procrastinación es causante de trastornos de ansiedad, estados depresivos, trastornos del sueño o alimentarios. En definitiva: estrés.

El estrés que produce el hábito de procrastinar puede cronificar esos trastornos, al ser un hábito que va a más (cuanto más procrastines, más vas a procrastinar) Esto podemos enlazarlo con las prácticas de bienestar, como por ejemplo el deporte y la disciplina que conseguimos haciendo ejercicio, que nos ayuda a combatir el hábito de posponer.

Romper el círculo vicioso no es sencillo.

No es sólo que dé pereza hacer cosas que cuestan o nos aburren. Es más que eso, se trata de toda una batalla que se libra en nuestro interior, en nuestro cerebro. No hay que considerar la procrastinación como pereza o incompetencia. Los estudios de neurociencia avanzada demuestran que se trata de un conflicto en el plano biológico, entre el sistema límbico y la corteza prefrontal, que son complejas áreas del cerebro  interconectadas.

El primero es un potente sistema que comprende las estructuras del cerebro que activan las emociones. Este sistema apareció en la escala filogenética, en nuestra evolución, antes que la corteza prefrontal, o córtex cerebral.

Esta última estructura, más evolucionada, encargada de los procesos complejos del intelecto, como el razonamiento, la resolución de problemas y la conciencia social, es considerada como el centro de la personalidad y es la que nos diferencia claramente del resto de las especies animales.

Cuando nos enfrentamos a una tarea que no nos resulta agradable o cómoda, la batalla entre los dos sistemas la gana el más antiguo, el límbico, el de las emociones y el instinto. Y procrastinamos. El sistema más reciente, el prefrontal, pierde. La razón pierde frente al instinto y la reacción inconsciente, al elegir la recompensa inmediata y el bienestar momentáneo, posponiendo la tarea sin pensar en las consecuencias y el malestar a medio y largo plazo.

Ya lo haré mañana. Ya saldré a correr mañana (o nadar, o cualquier otro deporte) Este aspecto del ejercicio físico es el gran perjudicado al ser particularmente susceptible a la procrastinación. Mucha gente considera el deporte como algo desagradable y perciben esta tarea, que es necesaria, de forma negativa, hasta el punto de poder llegar a producir rechazo.

Detrás puede estar la percepción de falta de competencia, la falta de motivación, la falta de paciencia y la inconstancia, lo que produce una emoción desagradable, que es la frustración. La reacción instintiva de nuestro cerebro más primitivo es la evitación que se manifiesta en forma de procrastinación. Esto es válido para el deporte, para la dieta, para el estudio, los proyectos, las relaciones (“ya quedaremos”, “te llamaré uno de estos días”, ¿te suena?)

La implicación en la actividad física o mental intensa, según estudios realizados, genera un estado de activación que no nos resulta agradable.

Lo cierto es que tras la actividad física o mental tenemos en general mejor estado de ánimo, aunque el desarrollo de la tarea no nos resulte agradable mientras se está realizando (esta percepción puede cambiarse con diferentes técnicas)

Esto tiene que ver con el rechazo primario a salir de nuestra “zona de confort”, a vencer la inercia. Procrastinamos porque elegimos esa falsa comodidad (que a la larga resulta tremendamente incómoda)

Nuestro bienestar requiere de más acción, actividad física, mental, retos a superar, metas a conseguir. La procrastinación propone lo contrario, lo fácil, lo inmediato, precisamente lo que nos va a provocar malestar, desequilibrio e insatisfacción.

En referencia al deporte, un estudio reciente, realizado con una muestra de 621 personas (274 mujeres y 347 hombres) con edades comprendidas entre 18 y 83 años de edad, que mantenían la práctica de algún tipo de actividad física, demuestra que estas personas tenían una percepción de mayor calidad de vida y se sentían más saludables y despiertas, menos perezosas, más proactivas y por tanto con menor proprensión a la procrastinación.

En dicho estudio se concluyó que una práctica deportiva de un mínimo de dos horas y media a la semana, da como resultado, además de una mejor forma física, una percepción más positiva de la propia salud.

Esto es extrapolable a cualquier otra actividad. La percepción resultante es un estado de satisfacción sostenible, lo que es una motivación en sí mismo.

Como dijo un poeta inglés (Edward Young): “El tiempo perdido es la existencia; El tiempo utilizado es la vida”. No te limites tan sólo a existir, vive.

No se trata de llenar de años la vida, sino de llenar los años de vida. Procrastinando, posponemos hacer, posponemos vivir. Porque nuestra tarea vital es el bienestar a largo plazo. Y el hábito de la procrastinación nos aleja de ese bienestar. Nos aleja de nuestra vida.


Jorge Arizcun


domingo, 13 de enero de 2019

Lo único que permanece es el cambio - Parte 5



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 



Tras recorrer el camino del cambio en las cuatro entradas anteriores, vamos a seguir en esta quinta, explorando las barreras que nos autoimponemos.

¿Eres consciente de esas barreras que te pones? ¿De qué información sobre ti dispones? ¿qué grado de autoconfianza tienes?

Hoy vamos a traer al tercer personaje, el EVALUADOR.

Dos de las barreras con las que puedes encontrarte en tu trabajo de cambio son la pereza y la procastinación. ¿cual es el beneficio oculto que obtienes con estas actitudes?

El beneficio es parar, no seguir, no moverse. Quedarse en la zona de confort, que no es un buen sitio. Es un beneficio a corto plazo y supone un sucedáneo de la satisfacción.. Una falsa satisfacción. 

Tu mente te engaña y te boicotea. Las excusas para no seguir las fabrica tu ego, el personaje que crees que eres.

Es importante que identifiques patrones aprendidos en esas actitudes de inercia, de resistencia al cambio.

¿Por qué esa resistencia? Una gran parte de tu cerebro se ocupa de tu supervivencia. Cuando el cerebro está en esa función, todo son amenazas y en su intento de protegerte frente a ellas, provoca esas resistencias y rescata patrones aprendidos. Se generan emociones como la pereza que te llevan a posponer.

Muchas personas se ocupan más de los demás que de sí mismas. En situaciones de bloqueo personal, de miedo al cambio, es muy habitual que se tienda a ayudar a otros, que se enfoque en los otros. Es una manera de protegerse y justificarse ante ese cambio que hay que hacer y que no se quiere acometer.

Pero para ayudar a los demás, tu botella ha de estar llena. Llena de energía, de salud y de fuerza. Tienes que cuidarte, porque uno de los aspectos importantes que suele abandonarse o descuidarse es el autocuidado, mental y físico.

Si entregas tu vida a otros, olvidándote de ti, pierdes tu responsabilidad personal y el beneficio que obtienes es sentirte buena persona. Pero sólo en un aspecto, hacia fuera, hacia los otros. pero ¿y contigo? ¿eres buena persona contigo?

En los procesos de cambio, alcanzar la meta, el objetivo, es un éxito. En muchas ocasiones el miedo se sitúa en ese punto. Existe el miedo al éxito, que es miedo a la responsabilidad para alcanzarlo.

Puedes hacerte dos preguntas, que te ayudarán a saber de qué te tienes que responsabilizar y qué es lo que quieres realmente, desde la libertad de elección que debes tener, sin ataduras de tu mente, ni encorsetamientos de tu ego:

¿Para qué?
¿Qué es lo que tiene sentido para mi?

Esas preguntas te pueden ayudar a trabajar en el afianzamiento de aquello en lo que sabes que eres bueno o buena. Te pueden ayudar a saber si estás haciendo lo correcto y vencer las resistencias.

Existe un ejercicio que puedes realizar en pareja, que consiste en escribir aquello en lo que consideras que vales y tienes capacidad de lograr, y pegarlas en una pared, cada una en un papel. Ponerte a una cierta distancia y tratar de ir a por ellas, mientras tu pareja de ejercicio opone resistencia a tu avance.

Es un ejercicio de conexión con uno mismo para ser capaz de escribir aquello en lo que te consideras competente y de esfuerzo para vencer las resistencias. No es tanto vencer físicamente las resistencias que son las propias barreras, que están en la mente, sino conectar con ellas, reconocerlas y descubrir el para qué, para qué están allí.

Muchas veces somos nosotros mismos los que creamos las barreras, los que nos sujetamos y ofrecemos resistencia al avance.

Es muy importante aprender a soltar lastre. Un globo no se elevará si no se desprende de ese lastre, ese peso adicional que lo mantiene en tierra. Es preciso soltar para partir, para volar. Ese lastre pueden ser barreras mentales, pueden ser personas, relaciones, cosas, lugares, trabajos...

Es importante identificar aquello que te sujeta y para qué lo hace. Muchas veces puedes encontrarte que no quieres causar problemas, hacer daño, no quieres iniciar el cambio porque este puede afectar a otros... pero simplemente has de tomar conciencia de cual es tu intención. Si esta es positiva y consideras importante el cambio primero para ti, entonces esa barrera puedes soltarla, porque será beneficioso también para tu entorno.

La vida es un proceso evolutivo PERSONAL. No es un proceso evolutivo para otros, es para ti. Tú eres quien evoluciona a lo largo de tu vida, y los demás están en su propio proceso de evolución, que no es el tuyo. 

Puede parecerte algo egoista esto, pero no tiene nada que ver con el egoísmo. Si tú no evolucionas, si no alcanzas tus metas, si no vas cumpliendo objetivos, serás un lastre para ti mismo y lo serás también para los demás. Reflexiona sobre ello. Si tú no estás bien, difícilmente vas a ser de ayuda a otros.

Una de las resistencias, de las barreras que se oponen a tus deseos de cambio son las creencias. Estas son programaciones mentales puras y duras. Tu mente desde que naciste fue grabando en el disco duro que es tu cerebro aproximadamente hasta los 7 años. En ese tiempo se fueron instalando programas y se fueron guardando datos y datos, que esos programas procesan.

Sirven para situarnos en el mundo, pero vienen de fuera, de nuestros padres y entorno familiar, del colegio, de las películas y lecturas, de la tele... Sirven para empezar. Con el tiempo muchas de esas grabaciones y programas se desactualizan y dejan de ser funcionales.

Identificar las creencias y determinar si son o no funcionales y útiles ahora, es un primer paso importante para vencer las resistencias que suponen la ejecución de esos programas mentales.

No todas son barreras. las creencias pueden ser de ayuda (funcionales) o puede que no te ayuden (disfuncionales) Son estas las que suponen un freno y una barrera.

En la PNL (Programación Neurolingüística) se establecen dos tipos de expresión:

1.- REACTIVA
2.- PROACTIVA

La primera se refiere a las justificaciones y las excusas y la segunda se refiere a la identificación de las barreras y cómo superarlas.

Hay un ejercicio muy interesante y potente que puede ayudarte. Tiene que ver con la identificación con las creencias limitantes, que son disfuncionales y en las que hay que trabajar.

Se trata de una secuencia de expresiones ordenadas, 5 en el tipo 1 y 5 en el tipo 2. 

1.- REACTIVO

a) "Si no fuera por..."
b) "yo podría..."
c) "hasta que..."
d) "yo no podré..."
e) "y mientras tanto yo..."

2.- PROACTIVO

f) "Dado que..."
g) "me impide..."
h) "y lo que quiero es..."
i) "lo que puedo hacer..."
j) "y qué más..."

Llévalo a tu experiencia personal y pon ejemplos reales. Habla de tu objetivo y obsérvalo desde ambas partes, reactiva y proactiva.

Te pongo mi propio ejemplo:

1.-
a) Si no fuera por... 
la idea de "locura" que puede parecer pensar en un cambio de vida radical,
b) yo podría... 
mirar al futuro, hacia mi objetivo y centrarme al 100% en mi proyecto vital
c) Hasta que... 
no lo interorice y me deje de excusas
d) Yo no podré... 
avanzar hasta conseguirlo
e) Y mientras tanto yo... 
me quedo paralizado, atemorizado, con sensación de no poder y sufriendo, juzgándome. Busco otras alternativas menos gratificantes. Sobrevivo y no tomo las riendas.

2.-
f) Dado que... 
las excusas y las barreras mentales
g) Me impiden... 
avanzar con confianza hacia lo que quiero
h) Y lo que quiero es... 
caminar por ese camino, conscientemente y lograr mi propósito
i) Lo que puedo hacer... 
es centrarme todo lo posible en ello, estudiar, formarme, hacer las cosas como realmente quiero. Trabajar todos los días
j) Y qué más... 
Enfocarme en la meta con acciones concretas. Buscar trabajo de acuerdo con ese objetivo vital, en un emprendimiento propio o trabajando en un proyecto de otro. Integrarlo en mi vida. Abrir mi mente. Enfocar. vencer al miedo.

Esto pertenece a mi experiencia. En ese momento de miedo e incertidumbre previo al cambio. El cambio se produjo y enfoqué hacia lo que quería. Estudié. me hice coach y encontré trabajo. Vencí barreras, solté lastre, inicié una nueva relación de pareja,cambié de ciudad, encontré nuevos amigos, avancé.. Y sigo avanzando hacia nuevos objetivos.
Tú también puedes.

Lo dejo aquí por ahora, que sino la entrada es muy larga.
Seguiremos con nuestro personaje evaluador...


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Enero 2019







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domingo, 29 de abril de 2018

Lo único que permanece es el cambio - Parte 1



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 







Cuando te encuentras en la incertidumbre que provoca una etapa de cambio, suele haber una consecuencia directa: La paralización. 

El único antídoto que existe para contrarrestar esa consecuencia es la movilización.

Para poder salir de un estado de paralización, que lleva asociada una potente emoción, el miedo, tienes una capacidad que puedes trabajar: la Actitud. 

Te encuentras en un momento de tu vida, en unas circunstancias concretas de cambio, que te han llevado a ese estado de paralización y no encuentras la motivación suficiente para movilizarte, para salir de ahí.

El movimiento se demuestra andando, pero hay que dar el primer paso. Este paso no te va a llevar a donde quieres, pero basta darlo para salir de ese lugar inerte de parálisis. 

El miedo es en muchas ocasiones bloqueante. Te hace querer esconderte, replegarte. Y desde luego no te invita a dar ese paso, necesario para sacarte de ese estado de inercia. 

¿Qué necesitas? Actitud, entendida como querer dar ese paso. La actitud te ayuda a movilizarte, a tomar conciencia de lo que te está pasando y a hacer lo mejor que puedes en este momento, en las circunstancias en las que te encuentras y con lo que tienes.

Es todo un logro dar ese primer paso. Posible porque se ha activado la acción. Con la actitud correcta es posible darlo y conseguir ese logro, pequeño, pero necesario. Realmente alcanzar una meta o completar un cambio es un logro mayor que se compone de pequeños logros menores.

Con la actitud correcta es posible detener el pensamiento saboteador y tomar conciencia del momento en el que estás, de identificar los recursos y herramientas de los que dispones y construir desde ahí. 

La actitud correcta (porque puede haber actitudes incorrectas) para enfrentar ese cambio y salir de la paralización en la que te encuentras es aquella que te permite dar ese paso. La pregunta sería ¿qué es lo que tiene que pasar?

Puedes responder con un deseo sincero de desbloquearte, de buscar apoyo, de reorientarte, de motivarte y de obtener la energía necesaria para dar ese primer paso, tomando conciencia de que el cambio es una oportunidad.

La inercia es la fuerza que trata de frenar el cambio. Si logras ser consciente de que no se trata de una amenaza sino de una oportunidad para evolucionar, estarás enfocando desde otro ángulo y podrás mirar las cosas de otra manera, enfrentando la situación con otra actitud.

Siempre vas a tener como inseparables compañeras a tus voces interiores, esas que te hablan sin cesar y que no dejan de ser expresiones mentales de los pensamientos, guiadas por el ego, que trata de convencerte de que no tienes responsabilidad alguna de lo que sucede y que por tanto no puedes hacer mucho para cambiar.

Y no es cierto. Acallando esas voces interiores descubrirás que tienes el 100% de responsabilidad en el cambio. Porque no es lo que sucede lo importante, sino la posición que tomas ante lo que sucede. Eres responsable al 100% de la actitud con la que enfrentas los desafíos en tu vida. Ahora mismo, el desafío del cambio ante el que estás.

En esa situación de bloqueo y paralización es normal sentir una falta de energía notable. Un cambio de actitud es una fuente natural de energía, necesaria para reanudar la marcha.

El cambio es lo normal. Todo es cambio. Lo único que no cambia es el propio cambio. Es la naturaleza del Universo y del mundo. Un cambio constante, incesante.

La oportunidad aparece cuando conseguimos tener la actitud adecuada para pasar de un estado de certidumbre, en el que tenemos esa falsa sensación de seguridad y control, de saber lo que va a pasar, sin temor a errar, al estado de incertidumbre, en el que no sabes qué va a ocurrir. El primero es falso. No existe la certidumbre, aunque puedas creer que sí.

La incertidumbre es la que marca el momento siguiente, que es el momento para crear algo nuevo. Es el cambio mismo, el instante siguiente al presente. Absolutamente incierto y con todas las posibilidades.

Así que no te quedan muchas alternativas al cambio y la incertidumbre, porque son lo que hay todo el tiempo. 

¿Cómo has llegado a este momento?, ¿qué ha pasado en tu vida para que ahora estés donde estás y como estás?

Pues sea lo que sea, seguro que no lo habías previsto ¿verdad? Y sin embargo eres responsable 100%, aunque te cueste admitirlo. Especialmente de que te encuentres ahora como te encuentras, sin ganas, sin salidas, en parálisis.

Antes de seguir, te pido una cosa. Deja de mirar hacia afuera, buscando causas externas. Mira hacia tu interior, búscate ahí. No esperes encontrar lo que eres ahora, sino al niño o niña que vive en tu interior. Tu yo más puro. Concéntrate hasta que lo tengas delante de ti y mírale a los ojos, que son tus ojos. 

¿Qué puedes decirle? es probable que te surja el deseo de pedirle perdón. De decirle que sientes no haber estado ahí con él o ella, de haberte olvidado. Quizás desees decirle que le amas. Y quizá también sientas agradecimiento por seguir ahí y por haberos reencontrado. Díselo.

Este es un ejercicio de reconciliación con tu niño o niña interior. Contigo. 

¿Cómo es que dejaste sola a esa persona pequeña que eras? ¿Te sientes responsable? Siéntelo, porque lo eres. Y no es más que una certeza, no un reproche. Has ido eligiendo a cada momento, con cada vivencia, aunque no hayas sido consciente, cada paso ha sido una decisión tuya. para bien o para mal, ambas cosas muy relativas. Ahora puede que pienses que para mal...

Si lograste conectar con tu niño o niña interior, has dado un paso muy importante. El paso de reconocer tu responsabilidad. No te juzgues, tu yo inocente no lo haría. Ten compasión hacia ti. Hiciste lo que creíste mejor, lo que supiste hacer en cada momento, con lo que tenías y con lo que sabías. En vez de machacarte puedes probar a decirte: "Lo hiciste muy bien. Gracias"

Date las gracias. Dáselas a tu yo infantil con quien te acabas de reencontrar. Agradece haberlo encontrado. Agradece estar aquí. Agradece ser.

Puede que todo esto te parezca una tontería. Es tu elección. Porque tú decides lo que piensas y con lo que te quedas. Claro que aceptar la responsabilidad cuesta y no te gusta. Puede que pedirte perdón, decirte que te amas y agradecerte todo te resulte difícil, incómodo. Lo es. Pero no es difícil. Es un paso diferente a quedarte como estás y te conduce hacia otro lugar. ¿Hacia dónde? No lo sabes, pero sí sabes que ahí donde estás y como estás no quieres seguir.

Ya está. Ya lo has dado. Has comenzado el cambio...


Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Abril 2018







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