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domingo, 27 de enero de 2019

Fantasmas



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






En ocasiones emergen espectros de nuestro pasado.

Antiguas relaciones encarnadas en personas que dejaron de compartir nuestro camino hace tiempo.

Son apariciones que a veces nos desconciertan y hasta nos asustan o como mínimo nos provocan cierta inquietud y siempre curiosidad. ¿Cuál es su aspecto actual respecto al que recordamos?, ¿qué se le ofrece?, ¿por qué aparece ahora?


Pueden ser reencuentros dichosos y placenteros o, por el contrario, pesadillas.
 
Personas que se instalaron en nuestro recuerdo, definitivamente en apariencia,y cuando entre las brumas del pasado aparecen en el presente, donde no están ni se les espera, nos despiertan esa inquietud inicial al remover esos recuerdos, que reposaban tranquilos en la memoria.


La vida no se detiene. No puede hacerlo. Y nosotros tampoco. 


Acontecimientos y personas se suceden a lo largo del tiempo. Algunas permanecen, aunque a medida que el tiempo transcurre van cambiando y no son las mismas que eran años atrás, pero el cambio se va asimilando al estar cerca y presentes en nuestra vida.

Las que salieron, siguieron su camino con cambios físicos y personales con el paso del tiempo. 


Si reaparecen de pronto puede resultar un choque importante. 

Además, dependiendo de la experiencia vivida en ese tiempo compartido, la cosa puede ser más o menos traumatizante.

No se trata de rechazar los reencuentros, para nada, sólo que hay reencuentros que no se esperan ni se desean, con personas que en su momento salieron felizmente de nuestras vidas y al aparecer es como si mientras caminamos una mano saliera de la tierra y nos agarrase de la pierna... Un espectro resucitado, aunque con dudoso aspecto, que quisiera frenarnos y llevarnos de nuevo hacia el pasado.

 
Esto puede parecer fuerte, es verdad, pero existen verdaderos fantasmas, algunos no muy agradables al aparecerse de repente.

 
El tiempo va realizando su trabajo, colocando y archivando todo aquello que no forma parte del presente. 


Los armarios, cajones, estancias y tumbas del pasado a veces se abren volcando su contenido en nuestro presente y es normal sentir que lo que reaparece está fuera de lugar, en mayor o menor medida.

Hay apariciones que pueden resultar agradables, despertando nostálgicos recuerdos que podemos rememorar con esas personas que regresan a nuestra vida. Y hay otros que lo que despiertan son recuerdos oscuros, desagradables, que no nos apetecen, que incluso rechazamos. 


Pesadillas de oscuros ayeres. Estos espectros mejor ahí, quietecitos en el olvido.

Cada uno tiene sus fantasmas. Cada uno sabe qué hacer cuando reaparecen y los sentimientos que despiertan. Que el pasado llame a la puerta del presente es una distorsión. Lo que vemos al abrirse esa puerta no tiene que ver con lo que en su momento se guardó, archivó o enterró.

 
Aunque hay veces que lo que reaparece es mejor, mucho mejor.

 
En cualquier caso son fantasmas que regresan. Que nos asusten o no es cosa nuestra. Si no perdemos de vista nuestro presente no hay por qué temer, ni por qué sentirse mal. Podemos observar sin juzgar. Podemos acoger o rechazar. Pero mejor no intentar volver atrás. Y mucho menos ir a despertarlos para que vuelvan a nuestras vidas. Es un juego peligroso con consecuencias impredecibles.

 
La vida transcurre hoy. Si algo de atrás vuelve, debemos ser conscientes que lo hace con una importante transformación, la que ha obrado el tiempo. A partir de ahí ya verá cada uno. Si es agradable, bienvenido. Si no lo es, cuidado...

 
No es por meter miedo. Pero el pasado es otro tiempo. No esperemos encontrar hoy lo mismo que quedó en el ayer. No es posible. En el ahora no caben los fantasmas de otro tiempo. Porque la vida es ahora.





Jorge Arizcun
COACHING ACTIVO
Enero 2019







Sígueme en tweeter: @jarizcun

sábado, 10 de febrero de 2018

Cualquier Tiempo Presente



    Acompañamiento para Gestión del Cambio 






No es que no haya tenido nada que contar desde la última entrada que escribí, es que he estado viviendo. 
Bueno es lo que todos deberíamos hacer todo el tiempo. Realmente si lo hiciéramos, vivir, no tendríamos que contarlo ¿no?

Contar lo que vivimos también es vivir, no cabe duda, lo que ocurre es que si estuviéramos en el ahora al 100%, realmente no nos sobraría tiempo para nada más que eso. No nos sobraría nada para contarlo.

Vivir para contarlo, dicen. ¿Contar qué?, ¿Y a quién?
Cada cual está a lo suyo, a sus vivencias, a su historia. La de los demás no es que no importe, es que no es la nuestra, no podemos compartirla. Nos lo contamos a nosotros mismos.

Vengo comprobando que el tiempo verbal que más se usa en el lenguaje es el pasado. Las personas hablan constantemente de lo que han vivido. Incluso parece que se le da más valor a lo que ya se vivió, a las experiencias y tiempos pasados. En esta entrada, al comienzo utilizo el pasado: "he estado viviendo...", como si ahora no estuviera haciéndolo.

Hay una expresión que dice: "cualquier tiempo pasado fue mejor" o la que dicen las personas de cierta edad: "en mis tiempos...", como si ahora no fuera su tiempo.

Esos recuerdos de experiencias que ciertamente cimentan nuestro presente, son presentadas como tiempos mejores, como experiencias idealizadas por nuestra mente, magnificadas, dejando el ahora como algo peor, añorando esos tiempos.

En esos recuerdos nos vemos más jóvenes, más vivos. lo que es una paradoja, porque vivos estamos ahora, como lo hemos estado en todos los ahoras que hemos vivido. Otra cosa es que nuestra experiencia vital no nos llene en el momento presente y nos dediquemos a recordar y a soñar. Pasado y futuro.

Mucho pasado lastra el lenguaje y condiciona nuestra percepción del presente, a veces hasta anularlo. 

En vez de vivir lo nuevo, lo de ahora, muchas veces elegimos revivir lo ya vivido. Es como releer un libro o escuchar la música que ya escuchamos. ¿Por qué no lecturas y música nuevas?, ¿por qué no experiencias nuevas?, ¿qué sentido tiene quedarnos en lo que ya vivimos?

Al tomar conciencia de esto, he comprobado que hablar de ese tiempo pasado, resta importancia y valor al momento presente, al igual que cuando se sueña y se piensa en el futuro. 

El presente, ese tiempo, el único que tenemos y que sin embargo olvidamos. No prestamos atención a nuestro ahora y es un error. Porque es cerrar la puerta a la experiencia vital del presente.

Cuando regresamos una y otra vez a nuestro pasado, a cuando éramos más jóvenes, a ese otro tiempo en el que en nuestras vidas había otros paisajes, otras personas, otras vivencias y sensaciones, otros pensamientos. Tiempos de estudiantes, de menos preocupaciones, o al menos que recordemos. 

Idealizaciones de nuestra mente, seguramente alteradas. Porque la mente es selectiva y tiende a olvidar muchos aspectos. En cualquier caso los recuerdos son eso, lo que logramos recordar, adornado por nuestra imaginación.

Cualquier tiempo pasado es eso, tiempo pasado. Se terminó el momento de vivirlo y se vivió en su momento como fuese, mejor o peor. Ya no puede hacerse nada con eso, salvo dedicarle pensamientos, adulterados, con los huecos rellenados de imaginación.

No éramos mejores. En cada momento fuimos en presente. Y como en cada ahora hubo de todo. Ni mejor ni peor. Experiencias de vida en presente. 

En el presente no cabe pensar, sólo vivir. Pensar mientras se vive..., nos aparta de la experiencia del ahora. Normalmente se vive con referencias a lo ya vivido y se compara y se juzga. Aunque mientra se hace eso, los ahoras se suceden y pasan sin que nos demos cuenta.

¿Es una puesta de sol vivida mejor que la que estamos viviendo hoy? No lo es. 
Mientras pensamos en el acontecimiento pasado nos perdemos el que está sucediendo en este momento.

Lo pasado, pasado. Lo que pueda pasar, es eso, una posibilidad que puede no darse. Lo que ocurre ahora es lo que hay. Durante toda nuestra vida. No hay nada más.

A mi me parece, y me pasa como a todo el mundo, que andar recordando y hablando en pasado acaba con nuestro presente. Tomar conciencia de eso me hace reflexionar sobre la importancia del momento presente y la importancia de vivirlo despierto y con conciencia. 

¿Cuánto de lo que ahora recordamos con nostalgica añoranza realmente pasó como nuestra mente nos muestra en los recuerdos?, ¿cuánto de todo aquello vivimos conscientemente?

Es probable que las experiencias de niñez y juventud si fuesen vivencias intensas en aquellos ahoras, en aquellos tiempos presentes. Los niños viven en un intenso presente, que poco a poco va conviertiéndose en pasado y se instala en nuestra mente en ese tiempo verbal.

Fíjate en cómo hablan las personas a tu alrededor, fíjate en como hablas tú. Si hay mucho tiempo verbal en pretérito pregúntate por qué. Qué está pasando ahora y por qué volver atrás. 

Hay tanto por vivir, tanto nuevo por experimentar, tantas cosas que no conocemos, tantas personas nuevas y lugares por conocer... Que las experiencias vividas nos ayuden a vivir un presente con más significado, con más sabiduría.

De acuerdo a esto, el tiempo presente siempre será más rico, al contar con toda la experiencia de lo ya vivido, con todo lo aprendido. 

Y del futuro, pues qué decir. ¿Cómo íbamos a imaginar cuando vivíamos ese presente pretérito que recordamos ahora con nostalgia que nuestro presente iba a ser como es?
No podíamos. Porque es como es ahora, no como pudimos imaginarlo. Igual que cuando estemos, si estamos en un presente futuro, con toda seguridad será muy distinto de como podemos ahora imaginar.

Cualquier tiempo presente es mejor. Los presentes pasados, ya vividos, fueron lo único y lo mejor en el momento de vivirlos. El futuro..., se verá y se experimentará en su momento. Que será presente cuando se viva y con toda seguridad diferente. Presente que será el mejor momento, el mejor tiempo, nuestro tiempo, como lo es ahora y como lo fue en el pasado cuando lo vivíamos. Ni mejor ni peor. No puede compararse lo que es con lo que no es. 

El pasado ya no es y el futuro aún no es. Mejor vivir el ahora, con toda la intensidad posible y con la menor distorsión temporal. Nuestra imaginación es potente. Nos distorsiona y nos hace cambiar el tiempo verbal y el tiempo vital.

Sólo hay un tiempo posible. Puede que esa idea nos incomode y prefiramos viajar en el tiempo a vivir el presente. Pero es una quimera. Un artificio mental.

Prueba a hablar en presente y saborear el ahora. Recrearte en lo que estás viviendo. 

Presentes pasados y presentes futuros no existen. No son ahora. Sólo existen en nuestra mente y como esta quiera presentarlos. Y eso depende al cien por cien de cómo estamos en este justo momento. 


Jorge Arizcun - COACHING ACTIVO

Febrero 2018





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